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El mártir del escalafón: la epifanía moral de don Francisco

25 October 2026 at 23:08

Existe en la vida pública española una variedad fascinante de misticismo administrativo: la conciencia que solo despierta cuando se cierra la ventanilla de las prebendas. Hasta la tarde de este domingo, don Francisco Martín Aguirre, delegado del Gobierno en la Comunidad de Madrid, era un hombre de una flexibilidad espiritual admirable, capaz de digerir sapos institucionales con la serenidad de un faquir en hora punta. Sin embargo, bastó un ligero descuido tipográfico —la ausencia de su nombre en las listas del PSOE al Congreso y al Senado para el próximo 29 de noviembre— para que al caballero le sobreviniera, de golpe, un ataque agudo de dignidad. 

Si Evelyn Waugh hubiera tenido la fortuna de pasear por la calle Miguel Ángel en lugar de por Mayfair, habría encontrado en don Francisco al protagonista ideal para una secuela castiza de Merienda de negros. Nuestro hombre concibió la Delegación del Gobierno no como esa aburrida oficina encargada de velar por el orden público y la neutralidad institucional, sino como un pintoresco laboratorio de agitación lírica y despropósitos logísticos.

Su debut en el gran teatro del absurdo patrio quedará para siempre ligado a aquella mañana en la que, con la solemnidad de quien descubre la pólvora mojada, tuvo a bien instruirnos sobre el verdadero patriotismo. Según su exégesis, los herederos políticos de Bildu habían hecho infinitamente más por los españoles y por España que todos los ciudadanos de los «patriotismos de pulsera». Uno podía imaginar a don Francisco frente al espejo, ensayando el gesto de estadista audaz, sin sospechar que ni siquiera tamaño tributo verbal le garantizaría un modesto taburete en la Carrera de San Jerónimo. El hombre hipotecó el diccionario y ni siquiera le dieron el recibo. 

Pero su talento no se limitaba a la oratoria creativa; también brillaba con luz propia en el arte del caos urbano. Bajo su celosa tutela, la Puerta del Sol dejó de ser el kilómetro cero de las carreteras radiales para convertirse en un campamento estacional donde las tiendas de campaña florecían con la complacencia de su despacho, siempre tan comprensivo con el desorden ajeno cuando rimaba con la consigna propia. Y qué decir de la gloriosa estocada a la etapa final de la Vuelta Ciclista a España en el corazón de Madrid: porque nada proyecta mejor la imagen de una capital moderna y segura que la incapacidad —o el desgano— para garantizar que unos señores en bicicleta puedan dar pedales por la Castellana sin que el dispositivo gubernamental colapse entre excusas y sectarismos.

Tragó quina, defendió lo indefendible y convirtió su cargo en una trinchera de partido sin que un solo músculo de su ética protestara

Todo ello —los incendios dialécticos, el boicot tácito a la convivencia madrileña, el entusiasmo de comisario aplicado— lo ejecutó don Francisco con una sonrisa imperturbable. Tragó quina, defendió lo indefendible y convirtió su cargo en una trinchera de partido sin que un solo músculo de su ética protestara.

Y, de pronto, el milagro. Al comprobar que los arquitectos de Ferraz habían olvidado incluir su sacrificado apellido en el boletín de los elegidos, don Francisco descubrió que tenía principios. Se marcha hoy dando un portazo que pretende sonar a tragedia griega, aunque en realidad suene al tintineo melancólico de una aspiración frustrada. Es la «dignidad sobrevenida», esa virtud tardía que nunca asoma cuando se maltrata a los ciudadanos o se degrada una institución, pero que estalla con furia indomable en el preciso instante en que a uno le dejan sin escaño. Madrid pierde a un delegado, sí, pero la picaresca contemporánea gana a su mártir más involuntariamente cómico.

Sánchez y la máquina del tiempo

25 October 2026 at 19:18

Tras La Revuelta, el presidente le ha dado una entrevista a El País. La primera que da a un medio escrito después de anunciar el adelanto electoral. Ninguna sorpresa por lo que a la elección del medio se refiere.

Ahora bien, el titular del diario modifica en algo sustancial lo que dijo Pedro Sánchez. En la conversación, el presidente dice: "Pero un Gobierno de PP y Vox no representa una alternativa, es una auténtica involución. Supone retroceder 40 años, 50 años de golpe en debates como el aborto o la muerte digna...". Sin embargo, el título de la entrevista limita la horquilla temporal: "Un Gobierno del PP con Vox no es alternativa, es retroceder 50 años".

No creo que los entrevistadores hayan querido manipular lo que dijo el presidente. Más bien le han corregido en un error de bulto, acertando en lo que, en realidad, quería decir.

En los viajes en el tiempo diez años son importantes. Sobre todo para un país que pasó de una dictadura a una democracia. Hace 40 años, en España el PSOE llevaba gobernando 4 años. El principal problema de España era ETA y la derecha no suponía ninguna alternativa real. Sin embargo, hace 50 años no se habían producido todavía las primeras elecciones democráticas y faltaban aún dos años para la aprobación de la Constitución; es decir, era una España predemocrática, todavía con el franquismo políticamente vivo.

Sánchez dijo a bulto lo de los 40 o 50 años y no cayó en la cuenta de lo que significaba ese lapso de 10 años. El País lo arregló para que no hubiera dudas: un Gobierno del PP y Vox nos llevaría de cabeza al franquismo.

Lo que da miedo es la España que es incapaz de convivir, que es a lo que nos está llevando el presidente

Los viajes en el tiempo en política tienen mucho peligro, aunque a algunos no nos sentaría mal recuperar la juventud de un plumazo. Si eso fuera posible, el voto de los mayores de 60 años lo tendría asegurado la derecha.

Había una serie en los años 60 que se llamaba así, El túnel del tiempo, que cada semana nos hacía viajar al pasado o incluso al futuro utilizando una máquina que daba un poco de vértigo cuando se ponía a funcionar. De la época de los romanos al futuro de la guerra de las galaxias, aunque mucho más cutre. Pero era ciencia ficción.

Por mucho que quieran, que dudo que lo quieran, ni el PP ni Vox nos pueden llevar a los años 70. España ha cambiado tanto que ni siquiera la derecha más cerril propondría ahora la eliminación de las conquistas que se han llevado a cabo en el último medio siglo. Sólo los incautos pueden caer en la trampa del miedo. Es quizás la única alternativa que le queda a un Gobierno corrupto y a un presidente que ha intentado laminar el Estado de Derecho. Y eso sí que es una realidad. En contra de la evidencia, Sánchez quiere ganar sobre la base del miedo: lo que viene será peor.

Marrullero como es, Sánchez nos propone un viaje en el tiempo a una época muy anterior: pretende llevarnos a los años 30, con su Frente Popular, con sus fascistas, con la guerra de los buenos contra los malos, que, fatalidad, ganaron los malos. Con la apropiación indebida de un gran poeta, Federico García Lorca, que pertenece a todos los demócratas, incluso a los de derechas.

En su intento de eliminar la alternativa (¿hay acaso algo más antidemocrático?), Sánchez ha dibujado una línea roja que divide al país entre demócratas y fachas. Recordaba hace poco García Castellón en estas páginas cómo el estalinismo calificó de socialfascistas a los partidos socialdemócratas. Todo lo que no era comunista, era fascista. Luego, cuando le convino a Stalin, se modificó la doctrina para permitir la creación de los frentes populares, donde los comunistas debían convivir con los socialistas para combatir el fascismo. Ya no eran fascistas.

Ese viaje en el tiempo, noventa años atrás, a mí me da mucho más miedo que el otro, aunque ambos sean imposibles. La norma de que todo vale contra el fascismo (aquí y ahora, una coalición de PP y Vox) nos lleva a una dinámica de enfrentamiento civil que ya está aflorando, como hemos visto esta semana en el intento de boicot a los mítines de Abascal o en los disturbios de Barcelona.

La huelga general, esa que se han inventado UGT y CCOO para hacerle la campaña a un Gobierno que les ha atiborrado de subvenciones, es otra prueba de ese intento de dividir al país en dos, de enfrentarnos a los que no comulgamos no con unas ideas, sino con unas prácticas nefastas para la democracia, con los que se aferran a una izquierda que tiene más de pose que de realidad.

Lo que da miedo no es ese viaje a los años 70 que nos augura Sánchez si gana la derecha, sino la España que es incapaz de convivir, que es a la que nos está llevando el presidente.

How Trump could challenge or undermine the midterm election results

26 October 2026 at 11:37

Election officials, activists, voting-rights lawyers, legal experts and other watchdogs of U.S. civil society have spent the past year and a half warning about what they describe as a campaign by U.S. President Donald Trump to undermine confidence in the conduct of free and fair elections. Their concern is that he is laying the groundwork to overturn the outcome if it does not favor the Republican Party.

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26 October 2026 at 10:25
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