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Received — 28 October 2026 ⏭ Infobae - America & Mundo

El secreto que esconde el ADN de un pájaro hawaiano frente a un mal que llegó hace más de un siglo

28 October 2026 at 21:22
Los mieleros hawaianos perdieron defensas contra la malaria al evolucionar en un archipiélago aislado de ese parásito (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las investigaciones sobre 35 ejemplares de ʻamakihi de Oahu hallaron 582 variantes genéticas vinculadas con la infección por malaria aviar en esta especie de mielero hawaiano, mediante análisis de sangre y la comparación de sus genomas en Hawái.

El estudio, publicado en Ecology and Evolution y divulgado por The Wildlife Society, busca explicar por qué algunas poblaciones de baja altitud resisten mejor una enfermedad que ha reducido drásticamente a las aves nativas del archipiélago.

El trabajo fue realizado por John Neddermeyer y sus colegas, quienes analizaron ejemplares de ʻamakihi de Oahu (Chlorodrepanis flava). Los resultados abren una posibilidad para los programas de conservación, aunque sus aplicaciones aún no están definidas.

Mientras los investigadores buscan precisar el efecto de cada modificación genética, el control de los mosquitos sigue siendo la medida considerada más eficaz para proteger a las aves de Hawái.

La malaria aviar alteró el equilibrio de las islas hawaianas

La llegada de colonos europeos introdujo mosquitos y aves portadoras de la enfermedad a finales del siglo XIX (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las islas hawaianas tienen apenas unos 7 millones de años, un período breve desde la perspectiva evolutiva. Los pinzones llegaron después de la formación del archipiélago y, con el tiempo, dieron origen a distintas especies de mieleros adaptadas a las condiciones locales.

En esa etapa inicial, las aves vivían en un territorio libre de malaria. Al evolucionar en Hawái, perdieron parte de la resistencia a la infección que tenían sus antepasados, ya que desarrollaron adaptaciones que resultaban más útiles para su ambiente insular.

La situación cambió con la llegada de colonos europeos, que introdujeron mosquitos y aves portadoras de la afección parasitaria a finales del siglo XIX y comienzos del XX.

Neddermeyer explicó que la ausencia previa del parásito pudo favorecer cambios negativos: “Es posible que se produjeran algunas mutaciones perjudiciales que los hicieran muy susceptibles a la enfermedad”.

El impacto fue especialmente fuerte entre las especies de zonas bajas, que también enfrentaban la pérdida de hábitat asociada al colonialismo. En las áreas más elevadas, el frío limitaba la presencia de mosquitos y ofrecía una protección relativa. Los valles y las playas, en cambio, carecían de esa barrera climática.

Una resistencia distinta

Las bajas temperaturas en las zonas elevadas limitaron la presencia de los mosquitos y preservaron refugios para las aves (Imagen Ilustrativa Infobae)

La malaria aviar causó la extinción de especies nativas y dejó a otras con poblaciones reducidas. Sin embargo, su efecto no fue idéntico en todos los mieleros. El ʻamakihi de Oahu registró pérdidas, pero se mantuvo en una situación más favorable que especies emparentadas de otras zonas del archipiélago.

Para estudiar esa diferencia, el equipo tomó muestras de sangre de las 35 aves y determinó cuáles estaban infectadas. Después, examinó el genoma completo de cada ejemplar y buscó patrones que coincidieran con la presencia o ausencia del parásito.

“Buscamos asociaciones entre los cambios genéticos en nuestras muestras y la prevalencia de la infección por malaria”, señaló el autor. La prevalencia es la proporción de individuos que presenta una enfermedad dentro de un grupo determinado.

El análisis identificó 582 variantes genéticas asociadas con la infección. Una parte relevante de esos cambios se relacionó con la regulación del calcio, un elemento que interviene en distintos procesos de las células sanguíneas.

La regulación del calcio puede limitar al parásito

La regulación adecuada del calcio en los glóbulos rojos dificulta la multiplicación del parásito en la sangre (Imagen Ilustrativa Infobae)

El calcio cumple una función en el desplazamiento del parásito de la malaria por el torrente sanguíneo y en su reproducción dentro de las células. Algunas funciones genéticas podrían regularlo mejor en los glóbulos rojos, lo que dificultaría la multiplicación del organismo infeccioso.

“Una buena parte de estos alelos estaban asociados con la regulación del calcio”, indicó el investigador. Los alelos son versiones diferentes de un mismo gen y pueden influir en determinadas características de un organismo.

Según los hallazgos, una regulación más eficaz del calcio podría reducir las oportunidades de reproducción del parásito y dar al sistema inmunitario mejores condiciones para responder. Los individuos resistentes o que sobreviven a la infección suelen contar con defensas capaces de atacar los glóbulos rojos afectados.

El riesgo aumenta cuando el sistema inmunitario destruye células sanguíneas sin distinguir si están infectadas o no; esa reacción puede provocar anemia, una condición en la que disminuye la capacidad de la sangre para transportar oxígeno, y llevar a la muerte del ave.

Los investigadores buscan el origen de esos rasgos

La destrucción indiscriminada de células sanguíneas por parte del sistema inmunitario causa anemia letal en las aves (Imagen Ilustrativa Infobae)

El equipo todavía no puede determinar con certeza si las variantes detectadas benefician o perjudican a los mieleros en todos los casos. Tampoco sabe si esos cambios surgieron en las últimas décadas como respuesta al resurgimiento de la enfermedad o si existían desde mucho antes.

Para aclarar ese punto, los científicos necesitarían estudiar genomas de ejemplares antiguos conservados en museos, de aproximadamente un siglo de antigüedad. Esa comparación permitiría establecer si los rasgos estaban presentes antes de la introducción de la malaria aviar.

Identificar con mayor precisión las modificaciones responsables de la resistencia podría servir para elegir individuos destinados a programas de cría en cautividad y reintroducción.

Por ahora, la investigación sitúa a la genética como una herramienta potencial, mientras el control de los mosquitos permanece como la principal estrategia de conservación en Hawái.

Los halcones de hombros rojos producen más crías hembras en territorios con mayor disponibilidad de presas

28 October 2026 at 13:43
Las hembras de halcón de hombros rojos pesan un 25% más que los machos y demandan más energía durante su etapa de desarrollo (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un estudio concluyó que los halcones de hombros rojos (Buteo lineatus) producen una mayor proporción de crías hembras en los territorios de mejor calidad.

La investigación, liderada por Cheryl Dykstra en zonas rurales y suburbanas de Ohio, analizó datos recogidos entre 2004 y 2016, y vinculó la disponibilidad de presas con el sexo de los polluelos.

El trabajo publicado en Journal of Raptor Research y divulgado en Phys.org, se centró en una especie de rapaz de tamaño mediano que vive en bosques, suburbios y áreas urbanas.

Los investigadores buscaban determinar si las condiciones de cada territorio, especialmente la cantidad de alimento disponible, incidían en la proporción de machos y hembras que nacen en los nidos.

Los territorios con más presas concentran más hembras

Los halcones de hombros rojos producen una mayor proporción de crías hembras en los territorios con alta disponibilidad de presas (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los resultados indican que los espacios con mejores condiciones para la caza generaron más polluelos hembra. La relación aporta una posible herramienta para que los biólogos evalúen el estado de los hábitats donde vive la especie, cuya presencia en entornos urbanizados es cada vez más habitual.

Las hembras de halcón de hombros rojos pesan cerca de un 25% más que los machos. Esa diferencia implica una mayor demanda de energía durante su desarrollo, por lo que la producción de descendencia femenina podría resultar más difícil cuando la comida escasea.

El equipo partió de la hipótesis de que invertir en hembras puede representar una ventaja reproductiva para los padres, ya que ellas pueden comenzar a reproducirse antes que los machos y, por lo tanto, aportar sus genes a la población en una etapa más temprana.

La investigación señala que los adultos pueden ajustar la proporción sexual de sus crías antes de que los huevos eclosionen. En este caso, los nidos ubicados en territorios de mayor calidad presentaron una mayor presencia de individuos femeninos, un patrón que ya se había observado en otras aves rapaces.

Más factores definen el sexo de las crías

La ventaja reproductiva de las hembras radica en su capacidad de iniciar la reproducción antes que los machos de la especie (Imagen Ilustrativa Infobae)

El análisis identificó otras variables asociadas con el sexo de los polluelos: las crías únicas tuvieron una probabilidad más alta de ser hembras, mientras que los huevos puestos más tarde durante la temporada presentaron una mayor posibilidad de dar origen a machos.

Esta última relación se mantuvo independientemente de la calidad del hábitat, es decir, el momento en que se pone y eclosiona un huevo también puede incidir en el sexo de la cría, aun cuando el territorio disponga de más o menos presas.

La identificación del sexo es posible desde las tres semanas de edad, a partir de la longitud de las patas y los pies. Esa característica permitió al grupo de investigación construir una base de datos durante años sobre poblaciones instaladas en contextos rurales, suburbanos y urbanos.

Dykstra lleva tres décadas dedicada al estudio de esta especie en Ohio. Su equipo obtuvo acceso a distintas poblaciones gracias a colaboraciones con varios actores locales, lo que permitió comparar nidos de escenarios con condiciones ambientales diferentes.

Las ciudades suman nuevos riesgos

Los huevos puestos en etapas tardías de la temporada presentan una mayor probabilidad de producir crías macho (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los hallazgos adquieren relevancia para la protección de los individuos que se adaptan a ciudades y suburbios. Los halcones urbanos afrontan riesgos distintos de los que viven en ambientes forestales, por lo que los planes de conservación deben contemplar esas diferencias.

Una de las próximas líneas de investigación será determinar si estas rapaces están expuestas a rodenticidas, sustancias destinadas a controlar roedores. La preocupación surge porque los halcones de hombros rojos se alimentan ocasionalmente de ratas, una posible vía de contacto con esos productos.

“También creemos que es probable que las aves urbanas sufran más colisiones con vehículos que las aves rurales, lo que repercute en la mortalidad y en las tasas de renovación poblacional”, afirmó Dykstra.

El grupo prevé mantener las actividades de participación pública, entre ellas el anillamiento de polluelos. La práctica consiste en colocar identificadores en los ejemplares jóvenes para facilitar su seguimiento y acercar al público a la conservación de las rapaces.

“La relación entre los humanos y las aves adaptadas a los entornos urbanos es fundamental para la conservación”, sostuvo Dykstra. Sobre los ejemplares jóvenes, agregó que “pocas personas pueden resistirse al atractivo de un polluelo de ave rapaz torpe y medio emplumado”.

Por qué la visión extraordinaria de un crustáceo podría abrir una puerta inesperada en el tratamiento de enfermedades inflamatorias

27 October 2026 at 22:55
El análisis de diecisiete opsinas detectó doce pigmentos verdes, tres proteínas del rango infrarrojo y dos variantes biestables azul-naranja (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un equipo de la Universidad de Lieja y la Universidad Humboldt de Berlín identificó que varios pigmentos visuales de la gamba mantis (Neogonodactylus oerstedii) actúan como interruptores reversibles de luz: se activan y desactivan al recibir colores específicos.

El hallazgo, publicado en Science Advances, surgió tras medir una por una las 17 opsinas presentes en la banda media de sus ojos. La investigación busca resolver por qué este crustáceo tiene cerca de 30 pigmentos visuales, frente a los tres pigmentos de cono que emplean los seres humanos para percibir el color.

Para los humanos, estas opsinas podrían convertirse en una herramienta para estudiar y regular señales celulares vinculadas con enfermedades cardiovasculares, neurológicas e inflamatorias.

La banda media concentra la visión del color

La banda media del ojo de la gamba mantis concentra las opsinas responsables de la visión del color (Gentileza, estudio: Sintonización espectral y señalización de rodopsinas diversas y sensibles al rojo lejano en los ojos de la gamba mantis, publicado en Science Advances)

La visión se basa en proteínas llamadas opsinas, que capturan la radiación luminosa y la convierten en una señal eléctrica que el cerebro puede interpretar. Al unirse al retinal, una molécula derivada de la vitamina A, forman los pigmentos visuales o rodopsinas presentes en los fotorreceptores de la retina.

En los insectos y crustáceos, el ojo está dividido en numerosas facetas: distintas zonas pueden especializarse en detectar luz ultravioleta, azul o verde. En la gamba mantis, los dos hemisferios del ojo están separados por una región central conocida como banda media, que se encarga de la visión del color.

El grupo internacional utilizó una plataforma de expresión in vitro —fuera de un organismo vivo— desarrollada por Marjorie Liénard, investigadora de GIGA-ULiège.

El trabajo incorporó también estudios electrofisiológicos, que permiten registrar las respuestas de las células a señales eléctricas, realizados en el laboratorio de Peter Hegemann, profesor de biofísica de la Universidad Humboldt de Berlín.

El análisis de las 17 opsinas mostró que 12 eran pigmentos verdes estándar, semejantes al pigmento verde humano. Otras tres correspondían a proteínas visuales infrarrojas, entre ellas dos proteínas rojo-azul que se ubican cerca del límite entre la luz visible y la infrarroja. Las restantes eran opsinas biestables azul-naranja.

Una visión que alcanza el rojo lejano

Una micrografía detalla la división anatómica del ojo compuesto de un crustáceo, con la banda media numerada y los hemisferios delimitados (Crédito: Gentileza, estudio: Sintonización espectral y señalización de rodopsinas diversas y sensibles al rojo lejano en los ojos de la gamba mantis, publicado en Science Advances)

Liénard señaló que se trata de la primera descripción de esos pigmentos en un animal que emplea el mismo cromóforo que los humanos, es decir, la molécula que absorbe la radiación luminosa dentro del pigmento visual.

Según la investigadora, la combinación de estas proteínas con los filtros de color del ojo permite una sensibilidad que alcanza los 687 nanómetros.

Alina Pushkarev, biólogo marino del laboratorio de Hegemann, explicó que los filtros presentes en el órgano visual complementan la función de las opsinas. Esa combinación permite que el sistema alcance longitudes de onda correspondientes a la luz roja lejana, próxima al infrarrojo.

Cuatro pigmentos exhibieron un comportamiento distinto al de la visión humana. Dos de ellos se activan con luz roja y se desactivan con luz azul y los otros dos se activan con luz azul y se apagan con luz naranja.

En las personas, la absorción de un fotón —una partícula de luz— cambia la forma del retinal hasta que este se separa de la opsina. Luego necesita regenerarse para volver a participar en la visión, ese proceso explica la permanencia temporal de manchas en el campo visual después de mirar una fuente luminosa intensa.

La reversibilidad permitiría que el sistema visual continúe activo

La interacción entre las opsinas y los filtros oculares permite registrar longitudes de onda de luz roja lejana de hasta 687 nanómetros (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los pigmentos biestables, en cambio, pueden reactivarse con un segundo fotón que devuelve el retinal a su estado anterior. “El sistema visual permanece operativo de forma continua”, explicó Camille Brouillon, biofísico de la Universidad Humboldt de Berlín, al describir la consecuencia de ese mecanismo.

El equipo también identificó el mecanismo molecular que provoca la modificación de sensibilidad entre el rojo y el azul. Los resultados plantean que la gamba mantis podría emplear combinaciones distintas de compuestos visuales de acuerdo con la iluminación del entorno.

Liénard comparó ese posible ajuste con “usar gafas de sol durante el día y una linterna al anochecer”. Bajo luz intensa, cuando los pigmentos sensibles al ultravioleta, azul y verde se saturan, las opsinas rojas continuarían operativas. Durante el amanecer y el anochecer, el animal podría utilizar sus 12 opsinas verdes y sus pigmentos azules biestables.

Aún falta demostrar cómo usa el crustáceo esa información para encontrar presas, evitar depredadores o defender su territorio. Los investigadores indicaron que harán falta experimentos de comportamiento, una tarea compleja por las características de estos depredadores.

Opsinas para regular señales celulares

Cuatro pigmentos biestables de la gamba mantis cambian de estado con la absorción de luz sin esperar la regeneración de la célula. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El estudio plantea posibles usos en la optogenética, técnica que controla la actividad de las células con luz. Estas opsinas pertenecen a los receptores acoplados a proteínas G, conocidos como GPCR, que activan cadenas de señalización dentro de las células.

La señalización de las proteínas G está relacionada con enfermedades cardiovasculares, neurológicas e inflamatorias, y es objetivo de una proporción relevante de los medicamentos aprobados.

Las proteínas visuales que se activan con rojo y se desactivan con azul podrían funcionar como interruptores moleculares para regular esas vías de manera reversible.

La luz roja penetra con mayor profundidad en los tejidos y causa menos daño celular que la radiación azul o ultravioleta; sin embargo esas aplicaciones aún no se han desarrollado. El equipo trabaja para lograr una señalización más selectiva, buscar proteínas similares en especies próximas y determinar qué hace biestables a algunas.

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