La psicología detrás de las “backrooms”: por qué pueden aterrarnos los espacios vacios y monocromáticos
Esta primavera se estrenaba “Backrooms”, una película que nació de la forma más casual. Una fotografía normal, tomada en 2002 durante la reforma de un almacén de muebles en Wisconsin, dio origen en 2019 a uno de los fenómenos de terror más comentados de los últimos años: las backrooms. Subida a un foro de 4chan junto a una advertencia sobre el riesgo de “hacer noclip” entre paredes equivocadas, la imagen de un cuarto vacío con luces fluorescentes y moqueta amarillenta se convirtió en la base de una mitología digital.
Siete años después llegó a los cines de la mano de A24 y desató el interés de psicólogos, arquitectos y neurocientíficos por entender qué mecanismo mental activa el miedo a un espacio sin monstruos, sin oscuridad y sin nada que lo habite. Ahora esta película, junto a otras, representa casi un género de películas de terror en el que lo que da miedo no es un monstruo visible.
El concepto se expandió primero como creepypasta, la categoría de leyendas urbanas que crecen con aportes colectivos en foros y redes sociales. En 2022, el youtuber Kane Parsons, bajo el seudónimo Kane Pixels, trasladó la idea a un corto en formato de metraje encontrado que simulaba una cinta VHS de 1991: hoy acumula casi 100 millones de reproducciones y dio pie a una serie de 25 episodios. Parsons terminó dirigiendo la adaptación cinematográfica, estrenada en 2026, con buena recepción de crítica y público.
El terror no necesita una criatura, según la psicología
A diferencia de la mayoría del cine de horror, donde un personaje (sea un fantasma, demonio, asesino o criatura) genera el miedo mientras el escenario funciona como telón de fondo, en las backrooms es el espacio mismo el que produce la inquietud. “El punto de vista trae la experiencia aquí, y cuanto más aquí se siente la experiencia, más escalofriante”, explica el psiquiatra Arash Javanbakht, director de la Clínica de Investigación del Estrés, el Trauma y la Ansiedad en la Universidad Estatal Wayne. El experto atribuye parte del efecto a la perspectiva en primera persona, habitual también en los videojuegos, que impide ver lo que hay detrás y acentúa la sensación de claustrofobia.
Este tipo de temor responde a un concepto relativamente reciente en psicología: el creepiness. “Es una respuesta psicológica a situaciones caracterizadas por una ambigüedad de amenaza, es decir, sospechamos que puede haber un peligro pero no estamos seguros”, así lo define Mathias Clasen, codirector del Laboratorio de Miedo Recreativo en la Universidad de Aarhus, en Dinamarca. Se trata, según el investigador, de un terror más discreto que el de las películas tradicionales de sobresaltos.
“Nos sentimos incómodos en espacios que no tienen lógica”
El psicólogo Francis McAndrew, del Knox College y referente en el estudio de esta sensación, sostiene que un espacio puede resultar perturbador sin necesidad de criaturas: “Nos sentimos incómodos en espacios que no tienen lógica, y nos resulta cognitivamente arduo tratar de darles sentido”. El cerebro humano construye mapas mentales de su entorno y espera que los pasillos conduzcan a algún sitio y que las habitaciones cumplan una función; cuando esa expectativa se rompe, aparece el desasosiego, aunque la persona no logre explicar por qué.
El neurocientífico Alexander Diel, del Hospital Universitario LVR de Essen, en Alemania, investigó qué rasgos estructurales producen este efecto y encontró un patrón. Las imágenes que se califican como más inquietantes son una mezcla de ausencia de elementos esperados, posiciones erróneas como puertas que no conducen a ningún lado y repetición excesiva de patrones. Diel aplica a la arquitectura el concepto de valle inquietante.
Este concepto es tomado originalmente de la robótica para describir el rechazo que generan las réplicas humanas imperfectas. Según sus experimentos, la imagen original de las backrooms fue calificada entre las más perturbadoras por su monotonía y su vacuidad.
Un dato que el investigador destacó resulta contraintuitivo: la presencia de personas reduce la sensación de extrañeza en espacios públicos, pero la aumenta en los privados. En el caso de los lugares que deberían estar poblados, como un pasillo de oficina, la ausencia humana completa produce el mayor rechazo.
Los espacios liminales, un fenómeno que nació en internet
El término que engloba estos escenarios es el de espacios liminales, lugares de paso (pasillos, aeropuertos, centros comerciales) que resultan familiares y extraños a la vez cuando aparecen vacíos o fuera de su horario habitual. El concepto se popularizó en internet a partir de 2020, cuando las imágenes de espacios públicos desiertos durante los confinamientos por la pandemia impulsaron un movimiento estético en redes sociales que acumula más de 100 millones de visualizaciones bajo la etiqueta liminal spaces, según registros de TikTok.
Un hotel vacío de madrugada, un centro comercial después del cierre o un pasillo escolar en verano se convirtieron en objeto de fascinación colectiva, en parte por su vínculo con la memoria: muchas de estas imágenes recuerdan a lugares visitados en la infancia, aunque el espectador no logre ubicar el recuerdo con precisión. “Son espacios designados para la actividad humana, y sin embargo están completamente vacíos”, resumió a Sinc el arquitecto Anthony Chieh, director del estudio californiano AC-AD.
Precedentes en el cine, de Kubrick a Severance
Las backrooms no inventaron la idea de un espacio como generador de terror. El resplandor (1980), de Stanley Kubrick, construyó el Hotel Overlook como una estructura físicamente imposible, con ventanas que no deberían abrir al exterior y pasillos que no encajan en ningún plano coherente. Chieh replicó el edificio en un modelo 3D navegable y concluyó que el diseño carece de toda lógica arquitectónica, una decisión deliberada del director para transmitir desorientación. “Backrooms lleva esto más allá: todo parece familiar, desde la iluminación fluorescente a los interminables corredores de oficinas, pero no hay un destino claro ni una sensación de dirección”, señaló el arquitecto.
La serie Severance aplicó una lógica similar al entorno corporativo. Los pasillos de la ficticia Lumon Industries, diseñados por el escenógrafo Jeremy Hindle, son tan laberínticos que el propio elenco se perdía durante el rodaje. La combinación de luz fluorescente, mobiliario de mediados de siglo y ausencia casi total de decoración busca el mismo efecto que documentan los estudios sobre creepiness: una sensación de encierro que no necesita sobresaltos para instalarse.