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La reflexión de Woody Allen sobre el negocio del cine: “Los estudios conciben sus proyectos para hacer dinero, y las películas están destinadas al más bajo denominador común”

28 October 2026 at 06:30
Woody Allen. (Europa Press)

Woody Allen (Nueva York, 1935) cumple 91 años este 30 de noviembre y, al menos por ahora, no parece dispuesto a jubilarse. El polémico director estadounidense se encuentra desde principios de octubre en Madrid rodando su película número 51, una comedia romántica ambientada en el mundo diplomático que pasará durante seis semanas por más de treinta localizaciones de la región. El Ayuntamiento y la Comunidad Autónoma de Madrid han financiado la cinta con 1,5 millones de euros cada uno. En total, tres millones de euros para “promocionar” Madrid como destino turístico, según figura en los contratos.

El proyecto supone además el regreso de Allen al cine después de que en 2023, tras estrenar Golpe de suerte, asegurara que quería retirarse porque hacer películas se había vuelto “agotador”. La jubilación, sin embargo, ha durado poco. “No me quiero retirar del cine aún”, aseguró el pasado 1 de octubre, durante la presentación del proyecto que contó con José Luis Martínez Almeida e Isabel Díaz Ayuso, y donde definió la capital como el escenario “perfecto” para una historia con “romance, intriga e infidelidad”. Tampoco es la primera vez que España se convierte en escenario de una de sus películas. Será la tercera después de Vicky Cristina Barcelona (2008), rodada en Barcelona y Asturias, y Rifkin’s Festival (2020), ambientada en el Festival de San Sebastián.

La financiación de la película volvió a poner encima de la mesa el dinero que destinan las arcas públicas madrileñas, y más teniendo en cuenta que el presupuesto del gobierno de Ayuso este 2026 para ayudas a la producción de largometrajes es en total de tres millones de euros.

Una financiación con polémica

El dinero, precisamente, es una cuestión sobre la que Allen reflexionó hace más de dos décadas. En 2002, al recoger el Premio Príncipe de Asturias de las Artes, el cineasta comparó el Hollywood con el que había crecido con el cine europeo que descubrió después de la Segunda Guerra Mundial. Así, recordó que Fellini, Buñuel, Kurosawa, Bergman, De Sica o Truffaut le hicieron descubrir que una película podía ser algo más que entretenimiento: “Enseguida nos dimos cuenta del potencial que tenía el cine para convertirse en una forma de arte”, dijo.

Su diagnóstico sobre la industria estadounidense de aquel momento fue bastante menos amable. “Actualmente, los Estados Unidos han entrado en un periodo poco creativo en cuanto al cine. Los estudios conciben sus proyectos para hacer dinero”, afirmó, antes de lamentar que muchas producciones estuvieran destinadas al “más bajo denominador común” y que la tecnología hubiera terminado imponiéndose sobre las historias. “El elemento humano se ha perdido por completo”, sentenció.

Woody Allen filma su nueva película en las calles de Madrid (AFP)

Allen fue todavía más gráfico al hablar de las cifras que movía Hollywood: “Se gastan cientos de millones y se pierden cientos de millones en un fin de semana. Se gastan más dinero en publicidad en una película que todo el dinero que Buñuel se gastó en toda su vida haciendo películas. La situación se ha desmadrado por completo”, añadió, para concluir: “Espero que los europeos sigan liderándonos y guiándonos en nuestro camino, porque al final de Estados Unidos no nos está llegando nada”.

María Terremoto, la cantaora que da voz a “la mejor escena” de ‘La bola negra’: “Es un momento de catarsis, de pena, de dolor y de angustia. En el rodaje se respiraba magia”

28 October 2026 at 04:30

Milo Quifes, o mejor dicho, su personaje, Carlos, está borracho en una taberna. Es Granada, 1932. La bola negra, la última película de Los Javis, ha empezado hace un rato mientras el personaje de Quifes tiene una presión enorme que se le agalopa en su propio pecho. Es homosexual. Lo sabe el joven y lo intuye casi toda la ciudad. Por eso no es de extrañar que, pese a su insistencia para formar parte del Casino de Granada, le hayan otorgado una “bola negra”.

De vuelta a la taberna, Carlos baila y se entrega. La cámara le sigue; se tambalea hasta llegar a la cantaora: “Si algún día yo a ti te llamara / Y tú no vinieras (...) La muerte amarga / La muerte amarga, compañerita mía / yo la apeteciera”. Le toca la cara para reconfortarle mientras canta. Ella es María Terremoto (María Fernández Benítez; Jerez de la Frontera, 1999), la mujer de 27 años, heredera del clan de cantaores Terremoto.

María Terremoto en 'La bola negra'.

“La mayoría de la gente me dice que para ellos es la mejor escena de la película y la que más les ha llegado”, cuenta en una entrevista con Infobae España. No solo lo dice ella o quienes la escriben. También los miles de comentarios que inundan las redes sociales desde que en mayo, coincidiendo con el Festival de Cannes —donde se presentó la cinta y donde Los Javis ganaron Mejor Dirección— se compartió un clip de dicha escena de apenas un minuto y medio de duración. Durante el torpe baile de Carlos, una de las bailaoras le entrega una bola de billar blanca. Es la aceptación de sí mismo.

Ahí es donde entra la voz de María en la Seguiriya de los valientes. Fue el compositor y músico Raül Refree el que apostó primero por ella, y segundo porque el tema a interpretar fuera una seguiriya, “un palo del flamenco que está asociado a la pena, al dolor, a la fatiga, a la angustia. Y es un momento de catarsis“. La letra, que habla de una ausencia tan insoportable que lleva a desear la muerte, también conecta con otro de los personajes de la historia, interpretado por Mona Martínez, que le confiesa a Carlos que ha perdido a su hijo. ”Creo que le venía como anillo al dedo".

Milo Quifes da vida a Carlos, un joven de Granada que es sometido a la bola negra por el casino de la ciudad.

Una vez hecha la composición, que surgió en casa de Los Javis, quedaba llegar a plató. “Estaba nerviosa porque, al final, es un terreno que yo no controlo, aunque lo que haga sea cantar y recitar y a mí me encante interpretar”. “Para mí no fue incómodo, o sea, al revés, fue muy guay y ellos son muy cariñosos y maravillosos, la verdad”. A esto había que sumarle que Milo Quifes no había bailado nunca.

La cantaora había ensayado la secuencia apenas un día antes, pero sin el actor, a quien ni siquiera conocía. “No sabía que esa escena era con Milo, no tenía ni idea”, confiesa. Cuando llegó al rodaje, la taberna ya estaba ambientada y el equipo llevaba varios días preparando la coreografía bajo la dirección de Belén Martí Lluch, que ya trabajó en La Mesías o Mariliendre, serie que corre a cargo de Suma Content, la productora de los cineastas. Sin embargo, una vez que empezó a sonar la música, todo fluyó con naturalidad. “Allí había una energía y un aura que no te lo puedo describir. Era como que se respiraba magia”, asegura. “Fue muy bonito trabajar con Milo. Me parece una persona maravillosa y un pedazo de actor. A mí también me lo puso muy fácil”.

Lorca, fiel compañero: “Dejó una escuela para aprender a ser libre”

Antes de comenzar la seguiriya, Terremoto recita un fragmento de Yerma, una de las tragedias más conocidas de Federico García Lorca, para el que los directores sí que le dieron indicaciones sobre cómo interpretar. “Aunque no esté ahí [en la película] su figura presente todo el tiempo, es que se respira Lorca. Se respira en todo”, asegura la cantaora sobre la cinta de Los Javis, cuyo poeta entronca las tres líneas temporales que forman la cinta.

Su admiración por el autor se remonta a su infancia, cuando tenía apenas seis años, cuando descubrió Bodas de sangre en el colegio. “Con esa edad tampoco es que entiendas muy bien el concepto de esa obra, pero a mí me maravilló”, recuerda. Romancero gitano, el Zorongo y Sonetos del amor oscuro son algunas de las obras que menciona mientras habla de él. “Es que se me pone la piel de punta, porque me encanta”, confiesa, en quien también se ha inspirado para algunos de sus temas, como Indomable, una colaboración con el zaragozano Juano Bona que reinterpreta y adapta libremente Zorongo Gitano.

El impulso artístico que el granadino ha cogido en los últimos años se aprecia en el cine —también en la literatura y en la música—, no solo con La bola negra, sino también con el documental La voz quebrada, estrenado hace unas semanas, o Enlorquecido: Solo el misterio nos hace vivir; el homenaje del cantaor Miguel Poveda también en formato documental.

“Yo creo que él vino al mundo con un cometido en la vida, que no solo era dejarnos un legado literario inmenso y una fuente inagotable de su poesía. También vino con el propósito de, en tiempos donde escaseaba la libertad, los derechos de las mujeres, de las personas homosexuales, de los gitanos, de cambiar la forma de ver las cosas”, reflexiona. ”Creo que dejó una escuela para aprender a ser libre, a ser feliz, a amar, a querer, a sentir y a ver la vida de la manera que tú quieras. En aquella época hubo personas que sufrieron hambruna, asesinatos, discriminación, marginación y torturas. Me parece una aberración lo que se hacía. Y Lorca vino a romper con todo eso, hasta el punto de su muerte", reivindica. “Yo creo que todo el que le descubre abre una puerta interna dentro de él. Para mí es como un ser celestial, un estandarte de la libertad y de la literatura”, asegura. “Él amaba el flamenco, y al flamenco le ha dado mucho y le ha regalado mucho. Para mí sigue vivo. Que después de tantísimos años siga presente en los corazones de tanta gente me parece brutal”.

Imagen de 'La bola negra'. (Elástica Films)

Coincidiendo con el estreno de La bola negra en Estados Unidos —llegó el pasado 16 de octubre—, la jerezana cree que esto solo servirá para exandir la figura de Lorca. “Me pone muy feliz que el habla hispana llegue allí y se vea la película en español. Creo que se merecen sentirla de verdad, con la respiración, con la tos que le entra al actor en un momento concreto, con cada detalle. Tienen que vivir la película”, reivindica.

Y pese a que en España la cinta va por su sexta semana en cines —superando los 31 millones de euros recaudados—, la cantaora no pudo verla hasta hace apenas unos días. La experiencia la dejó completamente sobrepasada. “Salí con los ojos de haberme hartado de llorar, consternada. No quería hablar de la película ni de nada. Me quería tomar una tila y acostarme”, recuerda. Verse en la gran pantalla también fue toda una experiencia: “No quería que me mirara nadie. Pensaba: ‘¿Soy yo? Estoy en el cine’“. Y pese a que quiere que haya una próxima vez, por ahora está dando forma a su próximo disco, para el que no quiere ponerse plazos. ”Quiero que esté muy cuidadito, que sea un disco muy bien tratado. Aunque no le guste al que lo escuche, por lo menos que diga que está impoluto“, explica. Y advierte: “Creo que la gente no se lo espera y que va a impactar mucho, sobre todo al sector flamenco, pero me da igual. Yo quiero que se enteren de lo que vale un peine”.

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