Las flaquezas de la Dama de Hierro alemana: Angela Merkel o cuando el cuerpo de una canciller dice "basta"
Fue el rostro de las severas políticas de autoridad que ahogaron a varios países europeos, entre ellos España, durante la recesión que comenzó en 2008. Angela Merkel gobernó con mano dura no solo Alemania, sino que marcó la hoja de ruta y ejerció una influencia decisiva en la gestión de la crisis de toda eurozona, ganándose a pulso el sobrenombre de la nueva Dama de Hierro.
Pero esa férrea imagen de fortaleza se vino abajo en junio de 2019, cuando la canciller recibió en Berlín al entonces nuevo presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky, y las cámaras captaron unos extraños temblores en Merkel, quien parecía incapaz de controlar sus espasmos. Una señal de debilidad física que se repitió en varias ocasiones posteriores y que dio lugar a rumores preocupantes sobre su estado de salud.
Retirada de la política desde que dejó el cargo en noviembre de 2021, Merkel disfruta ahora de una vida mucho más relajada. En una entrevista con Johannes B. Kerner, el presentador del programa de televisión alemán “Bestbesetzung”, la excanciller echa la vista atrás y se sincera sobre los célebres temblores que dieron la vuelta al mundo, revelando que el origen de los mismos no era físico, sino emocional.
“Cuando sufrí aquellos temblores en 2019, durante unos honores militares, probablemente se produjo una liberación de toda la tensión acumulada, provocada por la muerte de mi madre o también por el hecho de que sabía que iba a dejar el cargo. En esos momentos, el cuerpo empieza a enviar señales cuando la mente ya no es capaz de controlar la situación. Y eso, desde el punto de vista humano, es algo muy positivo”, se sincera Merkel.
El duelo por la muerte de una madre hizo mella incluso en una de las líderes más severas que se recuerdan, aunque no tardó en hacer gala de su pragmatismo y buscar una solución que resultó bastante llamativa: “Cuando pasan estas cosas es importante darse tiempo o buscar fórmulas con las que uno pueda sentirse cómodo. Yo decidí que, a partir de ese momento, solo participaría en los honores militares sentada. La primera vez resultó un poco extraño, pero después todo el mundo se acostumbró”.
Aunque en aquel momento no era consciente del respiro que necesitaba para sobreponerse de la muerte de su madre, ahora que echa la vista atrás entiende que los temblores podrían obedecer a una llamada de auxilio de su cuerpo: “Probablemente, sí. Aunque en aquel momento no lo viví exactamente así, aquello también fue una señal de mi cuerpo que me decía: “¡Ahora para de una vez!”. Y eso es precisamente lo que hay que hacer”.


© Gtres


© Gtres