Dar la cara ya no es igual que antes del mundo digital. ¿No era entonces la cara, tanto o más que el nombre, el primer elemento de identidad? Las redes sociales han extendido la actitud de esconder o disfrazar la identidad para aprovechar el anonimato u ofrecer otra versión de la persona que se considera más conveniente. Incluso muchos de los que ponen su cara en las redes (en selfies u otras publicaciones) usan filtros o retoques y la persona real poco tiene que ver al final con la digital.