Los 750.000 millones de dólares en inversiones de los gigantes tecnológicos solo este año están dejando huella en las cuentas de las compañías que esta semana han presentado sus resultados. El juicio en los mercados está siendo severo.
Christine Lagarde ha publicado un video en las redes en el que aparece con algún bendaje en la cara a causa de una intervención quirúrgica, como si fuera una guerrera que saliera de una batalla, en su caso contra la inflación. La francesa sale con heridas, pero con la batalla de momento casi ganada, aunque la guerra no ha terminado aún.
Christine Lagarde (1956, París) siempre ha sido una mujer muy solicitada. En el 2003, cuando vino a Barcelona para participar en un acto de Esade y presidía el bufete Baker & McKenzie, su teléfono no paraba de sonar. Mantener una conversación con ella era difícil, como pudo comprobar este diario en una entrevista. En los años siguientes, esta abogada se convertiría en una de las mujeres más influyentes del planeta, siempre en el ámbito económico. Primero como ministra de Economía de Francia, bajo la presidencia de Nicolas Sarkozy; después como directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), y finalmente como presidenta del Banco Central Europeo (BCE). Lagarde siempre se ha sentido cómoda en los pasillos del poder.
Solo en cuatro ocasiones en la era moderna de la política monetaria la Reserva Federal de EE.UU. se ha atrevido a subir los tipos de interés antes de las elecciones de medio mandato.