«El AVE pasó por la otra ventana destrozando todo a su paso»
Además de curar las heridas físicas de los heridos tras el choque de trenes en Urda es necesario trabajar en paralelo con otras no tan visibles pero cuyos efectos son igual de demoledoras: las relacionadas con la salud mental. La atención psicológica es clave en estos casos para hacer frente a los traumas sufridos no solo por quienes viajaban en los trenes, sino también por todos aquellos que acudieron a ayudar en los primeros instantes tras la tragedia y que se encontraron con un escenario «dantesco», como señaló a LA RAZÓN José Manuel Pastrana, párroco de Consuegra.
Es el caso de Miguel Ángel, que viajaba en el Iryo y que aunque físicamente está bien, vivió una experiencia ese día que será difícil de olvidar. Diez minutos antes del impacto fue a tomar café al vagón posterior –en el que casi no ha habido supervivientes– y al volver se cambió de lado porque viajaba con unos recién casados filipinos en unos asientos de mesa y decidió dejarles «tranquilos» y aprovechar para leer. Miguel Ángel afirma que escuchó un ruido tremendo, y «sabiendo que se acercaba a mi vagón simplemente esperaba la muerte». El AVE «pasó justo por la otra ventana, destrozando todo a su paso», recuerda.
Cuando todo quedó en calma, tras comprobar que no había sufrido heridas, junto a otros viajeros comenzaron «a evacuar a la gente herida de nuestro vagón», sacándola por el fuelle de conexión con el vagón de delante, que estaba arrancado de cuajo, «y nuestro vagón se quedó inclinado unos 30 o 45 grados». El panorama era impactante: asientos y mesas volando volando, gente por el aire...
Al salir al aire libre decidieron ayudar a la gente de los últimos vagones. Miguel Ángel no duda en señalar que «el cerebro humano no está preparado para lo que vi» en ese momento, aunque como aspecto positivo destaca que ese día ayudó «mucha gente joven». Para finalizar, acaba pidiendo que «recéis por las personas heridas, los fallecidos y sus familias, hay que hacerlo y mucho».
Otro español de los que nunca podrán olvidar lo ocurrido el pasado miércoles es Salvador, un agente de la Guardia Civil de la Comandancia de Toledo que rememora cómo fue el rescate de Almudena, una chica sevillana atrapada en uno de los vagones que había volcado: «Le agarramos la mano y ya no la soltamos», rememora.
En un vídeo difundido a través de las redes sociales por la Guardia Civil, Salvador recuerda visiblemente emocionado cómo fueron estos momentos en los que llegó con sus compañeros de la Unidad de Seguridad Ciudadana de la Comandancia de Toledo al lugar del accidente, pasadas las 9:30 horas, y escucharon a «una chica gritar dentro» del vagón 8 de uno de los trenes, que estaba volcado.
«Nos tumbamos, tuvimos que pasar arrastrándonos por el vagón y no la veíamos», señala. Tras un rato sin verla, «apareció su mano, tenía heridas», por lo que procedieron a taponarlas. También se afanaron en «sacar todo lo que tenía» encima que le aprisionaba y, a continuación hablaron con ella, que estaba consciente.
Les contó que se llamaba Almudena y dedujeron que era de Sevilla porque tenía «una pulsera verde, de una hermandad».
«Tras una hora y pico luchando» la chica pudo ser rescatada del vagón, aunque Salvador lamenta que «fue la única persona que pudimos rescatar de allí con vida».
Esa misma tarde preguntó a unos amigos que tenía en el Hospital de Toledo «si había llegado una chica que se llamaba Almudena, que era de Sevilla» y si le podían decir si estaba viva, lo que le pudieron confirmar. Además, también pudo hablar con el novio de la chica, Julio, que le confirmó que estaba viva y que «está bien».
«Estaba frustrado hasta que supe que estaba viva porque al final fue la única persona que salió», dice emocionado Salvador.
Ejemplos como los anteriores ponen en evidencia la importancia que tiene la atención psicológica no solo a las víctimas y sus familiares, sino también a los integrantes de los equipos de rescate y voluntarios que acudieron a ayudar esa mañana.
En este sentido, en el Centro de Atención a Familiares (Casa de Ejercicios) que se ha habilitado en Toledo, un equipo de 27 psicólogos presta asistencia a los alrededor de 40 familiares que permanecen alojados a la espera de noticias sobre sus seres queridos.
Guillermo Fouce, del Comisionado de Salud Mental y Psicología sin Fronteras, destaca a la prensa que la labor de los psicólogos del centro consiste en acompañarles en esta situación de «dolor e incertidumbre», y estar con ellos «en cada uno de los momentos que se van a ir produciendo».
La espera es «un torbellino de emociones, que van cambiando a lo largo del tiempo, pero todas son normales», añadió, y se les explica que lo que les está pasando es «normal» en estas circunstancias, informa Efe.
«Es estar, acompañar, escuchar. Muchas veces simplemente con la mirada, con la presencia, sin tener que decir nada», continuó.
Respecto a los profesionales y voluntarios que han intervenido, el psicólogo se desplazó a Urda para ofrecer su apoyo a los vecinos de esta localidad toledana, situada a unos 8 kilómetros del lugar del siniestro, que fueron los primeros en llegar a la zona cero.
El objetivo es que también ellos puedan tener un «espacio seguro de expresión emocional» para asumir lo ocurrido, indicó.
La atención, prosiguió, es igualmente necesaria «a más largo plazo»: en el caso de los familiares, «cuando uno vuelve a casa, abre»y comienza a ser «consciente» de lo ocurrido, y en el de los efectivos de emergencia, cuando finaliza su intervención.
Retirada de enseres
En lo que respecta a las tareas en el lugar del accidente, el portavoz de la Guardia Civil, Pedro Pablo Garrido, indicó que aunque «los trabajos en los trenes van a ir sobre la marcha» sí se prevé poder levantar varios de los vagones afectados. Garrido explicó que el dispositivo sigue activo y que el servicio aéreo sobrevuela la zona con drones «para no tener ninguna intrusión y poder trabajar con seguridad».
Respecto a la retirada de enseres, Garrido comentó que el procedimiento con las maletas consiste en identificarlas «de diferentes maneras» –algunas vienen identificadas ya con el nombre de la persona– y que lo que la Guardia Civil hace es guardarlas «en un lugar seguro, en el que nadie pueda tener acceso» para posteriormente entregárselas a Iryo y Renfe, informa Ep.
No obstante, el portavoz confirmó que dos unidades caninas siguen trabajando sobre el terreno de forma coordinada con las grúas para que una vez que se mueva el amasijo de hierro, el perro y su guía «entren con seguridad y puedan hallar algún tipo de resto biológico».


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