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La combinación de ejercicios clave para reducir el riesgo de ACV: cómo armar una rutina efectiva y segura

30 October 2026 at 05:00
El accidente cerebrovascular ocurre cuando se interrumpe el flujo de sangre hacia una región del cerebro por la obstrucción o rotura de un vaso sanguíneo. (Imagen ilustrativa Infobae)

Una caminata a paso activo, una rutina breve con pesas y media hora de yoga pueden formar parte de una estrategia de prevención cardiovascular.

El médico deportólogo Jorge Franchella explicó a Infobae cuáles son las tres modalidades de entrenamiento que recomienda para proteger el corazón, mejorar la salud metabólica y sostener la autonomía física.

Un accidente cerebrovascular es una emergencia médica que sucede cuando se interrumpe el flujo de sangre hacia una parte del cerebro. Puede ocurrir por la obstrucción de una arteria, en el caso del ACV isquémico, o por la ruptura de un vaso sanguíneo, que causa un ACV hemorrágico.

La prevención incluye controles médicos, alimentación, descanso y el manejo de enfermedades como la hipertensión, la diabetes y el colesterol elevado. La actividad física ocupa un lugar central en esa lista. Para Franchella, no se trata de exigir al cuerpo al máximo desde el primer día, sino de construir una rutina posible y sostenida en el tiempo.

Caminar a paso activo mejora la salud vascular

La caminata rápida de intensidad moderada estimula el sistema circulatorio y ayuda a controlar la presión arterial y el colesterol. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La primera alternativa que recomendó Franchella es la actividad física aeróbica de intensidad moderada durante períodos continuos. Caminar rápido, andar en bicicleta, nadar o bailar son algunas opciones. Para quienes comienzan, la caminata tiene la ventaja de requerir pocos recursos y de poder adaptarse a distintos niveles de condición física.

“La caminata rápida de 30 a 45 minutos” es un ejemplo de esta modalidad, señaló el médico deportólogo. Su mayor aporte está vinculado con la salud vascular y la protección cardiovascular global.

La actividad aeróbica favorece el funcionamiento del sistema circulatorio y puede ayudar a controlar factores asociados con el riesgo de ACV, como la presión arterial alta, el exceso de peso, la glucosa elevada y las alteraciones del colesterol.

Para una persona adulta sin experiencia previa, Franchella sugirió caminar activamente cinco días por semana. El punto de partida puede ser una sesión de 20 a 30 minutos. Con el correr de las semanas, el tiempo puede aumentar hasta llegar a 45 o 60 minutos, de acuerdo con la respuesta de cada persona y la evaluación profesional.

La prueba del habla, para medir el esfuerzo sin dispositivos

La prueba del habla permite evaluar si el esfuerzo aeróbico se mantiene en un rango seguro sin necesidad de utilizar dispositivos electrónicos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

No hace falta un reloj deportivo para identificar si el esfuerzo se encuentra dentro de un rango moderado. Franchella propuso usar la prueba del habla como referencia práctica durante una caminata u otro ejercicio aeróbico.

La persona debería poder mantener una conversación con oraciones completas. A la vez, tendría que respirar más profundo y más rápido que en reposo, sin poder cantar con facilidad. La respiración puede sentirse exigente, pero debe permanecer controlable.

Esa percepción equivale aproximadamente a entre 11 y 13 puntos en la escala de Borg, una herramienta que mide cuánto esfuerzo siente una persona en una escala de 6 a 20. También representa entre el 40% y el 60% de la frecuencia cardíaca de reserva y un gasto de tres a cinco METs, una unidad que permite estimar la energía utilizada durante una actividad en relación con el reposo.

La idea no es alcanzar el agotamiento. El ejercicio debe resultar desafiante, aunque seguro y compatible con la condición física de quien lo practica.

El entrenamiento con pesas o bandas favorece el metabolismo y los músculos

El entrenamiento de fuerza con pesas o bandas dos días por semana favorece el control metabólico y preserva la masa muscular. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La segunda modalidad recomendada por Franchella es el entrenamiento resistido. Incluye ejercicios con pesas, bandas de resistencia, máquinas o el propio peso corporal. Su principal beneficio es la salud metabólica y el mantenimiento de la masa muscular.

El músculo interviene en el uso de glucosa por parte del organismo. Por eso, desarrollar y conservar fuerza puede contribuir al control metabólico, junto con la alimentación, el descanso y los tratamientos que indique cada médico.

La pauta inicial consiste en realizar esta actividad dos días por semana, con jornadas no consecutivas, durante 20 a 30 minutos. La intensidad debería ser ligera o moderada. Una alternativa es completar 1 o 2 series de 8 a 12 repeticiones para cada grupo muscular importante.

Piernas, espalda, pecho, hombros, brazos y zona media del cuerpo pueden trabajarse con movimientos adaptados. La técnica tiene prioridad sobre el peso utilizado. Aumentar las cargas de forma gradual permite que músculos, articulaciones y tendones se adapten sin exponerse a exigencias innecesarias.

Yoga y tai chi ayudan al equilibrio, la movilidad y el control corporal

La práctica semanal de yoga o tai chi estimula el equilibrio corporal y ayuda a sostener la autonomía en las actividades diarias. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El tercer grupo abarca el entrenamiento de movilidad, equilibrio y control corporal. Puede incluir clases de yoga, tai chi, ejercicios posturales, elongación y tareas específicas para la estabilidad.

Franchella recomendó practicar estas actividades dos o tres días por semana, con sesiones de 15 a 30 minutos y una intensidad suave. Una clase de tai chi o yoga de media hora constituye una opción posible.

El beneficio principal se relaciona con la longevidad funcional. Se trata de preservar las capacidades físicas necesarias para las actividades de todos los días, como levantarse de una silla, subir escaleras, trasladar objetos, caminar con seguridad o mantener el equilibrio ante un tropiezo.

Errores frecuentes al iniciar una rutina de ejercicios

El chequeo médico previo al inicio de una rutina deportiva detecta factores de riesgo y evita exigencias desmedidas en personas sedentarias. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Entre las equivocaciones habituales de las personas sedentarias que comienzan a entrenar, Franchella mencionó empezar sin una evaluación de salud previa, elegir actividades demasiado demandantes y aspirar a una baja de peso inmediata.

También advirtió sobre la falta de descanso, la comparación con personas ya entrenadas y la idea de que “más duro es mejor”. Esa mirada puede llevar a abandonar la actividad por cansancio, frustración o lesiones.

El especialista sostuvo que todas las personas deberían realizarse un chequeo previo antes de iniciar una rutina. Esa consulta permite revisar antecedentes, medir la presión arterial, detectar factores de riesgo y ajustar el ejercicio cuando existen enfermedades cardiovasculares, diabetes, arritmias, dolores articulares u otras condiciones.

Dormir entre 7 y 9 horas por noche, reducir el tiempo sentado durante el día y sostener una alimentación saludable también forman parte de una rutina orientada al cuidado cardiovascular.

Otras claves preventivas

La Mayo Clinic recomienda controlar la presión arterial, dejar de fumar y mantener hábitos saludables para reducir el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular, incluso después de un episodio previo o un accidente isquémico transitorio. El seguimiento médico durante la hospitalización y después del alta también puede influir en la prevención.

Hay más de 50.000 casos anuales de ACV en Argentina y remarcan la urgencia de solicitar asistencia médica inmediata ante los primeros síntomas (Imagen Ilustrativa Infobae)

La actividad física aeróbica ayuda a reducir la presión arterial, mejorar los niveles de colesterol bueno y favorecer la salud del corazón y los vasos sanguíneos. Se aconsejan 30 minutos de ejercicio moderado la mayoría de los días, con un aumento gradual del tiempo; la Asociación Americana del Corazón recomienda 150 minutos semanales de actividad moderada a intensa o 75 minutos de actividad intensa.

Una alimentación con frutas, verduras, frutos secos, aceite de oliva y cereales integrales puede contribuir a disminuir el riesgo. Comer cinco porciones o más de frutas y verduras al día es una de las pautas señaladas, junto con la reducción del colesterol y de las grasas saturadas y trans.

El control de la diabetes puede requerir cambios en la alimentación, ejercicio, pérdida de peso o medicamentos si esas medidas no bastan. Mantener un peso saludable también ayuda a reducir factores asociados, como la hipertensión, las enfermedades cardiovasculares y la diabetes.

Fumar aumenta el riesgo tanto para quienes consumen tabaco como para quienes están expuestos al humo de segunda mano. Abandonar el cigarrillo reduce ese riesgo, mientras que los medicamentos pueden ser necesarios para controlar la presión arterial o el colesterol cuando los cambios de hábitos no son suficientes.

El abandono del hábito de fumar y una dieta con abundantes frutas y verduras reducen las probabilidades de sufrir un ataque cerebral (Imagen Ilustrativa Infobae)

Más de 50.000 ACV por año en Argentina

La Fundación Favaloro informó que en Argentina más de 50.000 personas sufren un ACV cada año. Aunque más del 80% de los casos ocurre en mayores de 65 años, el problema también afecta a adultos jóvenes.

El estudio JACARANDA registró que el 7,5% de los ACV sucede en personas jóvenes en el país. A nivel internacional, una investigación publicada en la revista Neurology indicó que la incidencia de ACV entre adultos de 20 a 54 años pasó de 33,9 casos por cada 100.000 habitantes en 1993-1994 a 62,18 en 2020.

Controlar la presión arterial, no fumar, mantener un peso saludable, tratar la diabetes y el colesterol, moderar el consumo de alcohol y atender las arritmias son medidas que ayudan a reducir el riesgo. También resulta esencial reconocer los síntomas: dificultad repentina para hablar o comprender, debilidad de un lado del cuerpo, desviación de la boca, alteraciones visuales o pérdida del equilibrio.

“Ante la sospecha de un ACV, no hay que esperar a que los síntomas desaparezcan: es necesario llamar al servicio de emergencias de inmediato”, afirmó Santiago Claverie, jefe de la Unidad de ACV del Hospital Universitario Fundación Favaloro.

Selena Gomez y Demi Lovato revivieron una escena de 2009 con vestidos de inspiración princesa

29 October 2026 at 22:30
Selena Gomez y Demi Lovato recrearon la estética de Programa de protección para princesas, la película que protagonizaron en 2009

Las referencias a Programa de protección para princesas, la película que Selena Gomez y Demi Lovato protagonizaron en 2009, volvieron a aparecer en una producción fotográfica para Rare Beauty. La sesión recuperó códigos visuales de aquella historia, aunque trasladados a un registro actual: vestidos de siluetas rígidas, tiaras, accesorios de color y propuestas de belleza que acompañaron la identidad de cada una.

Lejos de reproducir de forma literal el vestuario de sus personajes, ambas artistas partieron de elementos reconocibles de la película para construir estilismos con una mirada contemporánea. El resultado combinó referencias a los cuentos de hadas, guiños a la moda de los años 2000 y piezas de inspiración de pasarela.

La composición también retomó parte del universo visual del filme. Las dos aparecen sentadas sobre una pila de valijas vintage en tono verde oliva, con coronas y objetos asociados a la trama original. Selena sostiene una caña de pescar, una referencia al personaje de Carter Mason, una adolescente que vive cerca del agua y debe proteger la identidad de una princesa extranjera.

La escena funciona como punto de partida para mostrar dos interpretaciones distintas de la estética real. Mientras Gomez optó por una silueta larga y de construcción más clásica, Lovato llevó esa misma idea a una versión breve, con contraste de tonos y una impronta más pop.

Selena Gomez llevó un vestido azul verdoso con corset y falda asimétrica

Para su look, Selena Gomez eligió un vestido strapless de tafetán azul verdoso, un tono que remite al atuendo que llevaba Carter Mason en la secuencia de graduación de Programa de protección para princesas. La prenda se construyó a partir de un corset estructurado, de escote recto y hombros descubiertos.

Selena Gomez lució un vestido strapless de tafetán azul verdoso, con corset estructurado y falda asimétrica

La falda introdujo el mayor movimiento de la pieza. El diseño combinó pliegues, drapeados y una terminación irregular que se extendía en una cola lateral. Esa asimetría alejó al vestido de una silueta de gala tradicional y reforzó el carácter editorial de la producción.

El corset de escote recto y la falda con volúmenes concentraron la estructura del look de Gomez. La elección del tafetán aportó cuerpo a la prenda y permitió que los pliegues conservaran su forma en las imágenes.

El vestido fue acompañado por una tiara de cristales, uno de los elementos que conectó de forma más directa la producción actual con la estética de la película. En lugar de llevarla como único accesorio protagonista, Gomez sumó una gargantilla de perlas con el orbe característico de Vivienne Westwood. La combinación cruzó una referencia de fantasía con un objeto vinculado a la moda británica.

En los pies, eligió sandalias de tiras finas y taco alto en tonos menta y malva. El calzado mantuvo la paleta de colores fríos del vestido, aunque introdujo una variación pastel que evitó una combinación monocromática.

El maquillaje, realizado por Hung Vanngo, se apoyó en una piel de acabado luminoso, rubor líquido Hope en los pómulos y labios nude rosados. La propuesta evitó los contrastes marcados y dejó que el vestido y los accesorios concentraran el foco visual.

El peinado, a cargo de Renato Campora, siguió la misma línea. Gomez llevó el cabello suelto, con raya al medio y ondas pulidas. El beauty look recurrió a tonos suaves para acompañar el vestido sin competir con la tiara ni con el corset.

Demi Lovato reinterpretó el vestido de princesa con un minivestido amarillo mostaza

Demi Lovato tomó como referencia a Rosalinda Montoya, la princesa a la que interpretó en la película, aunque reemplazó los vestidos de largo tradicional por un minivestido strapless amarillo mostaza. La prenda se diferenció de la propuesta de Gomez por su largo, por la paleta cálida y por una construcción de mayor volumen en la falda.

El reencuentro de Selena Gomez y Demi Lovato formó parte de una producción vinculada a Rare Beauty

El diseño presentó un cuerpo estructurado y una falda acampanada en línea A. También incluyó texturas tridimensionales y apliques florales que aportaron relieve a la superficie. El resultado se acercó a una silueta de inspiración sesentista, con un acabado que mantuvo la referencia a la indumentaria de una princesa.

Una tiara alta de filigrana plateada completó el conjunto. El accesorio contrastó con el amarillo mostaza del vestido y reforzó el vínculo con el personaje de Rosalinda, aunque el resto de las elecciones se alejaron de un estilismo ceremonial.

Lovato incorporó dos brazaletes de resina translúcida azul y zapatos de taco alto en punta, confeccionados en satén rosa. El amarillo del vestido, el azul de los brazaletes y el rosa del calzado construyeron el contraste cromático central del look. En lugar de limitarse a una gama de tonos dorados o neutros, el estilismo sumó colores complementarios con referencias a la estética pop.

El maquillaje siguió esa búsqueda. La artista eligió el rubor líquido Virtue, labios delineados en café con brillo y pestañas definidas. La combinación dejó el protagonismo en la piel y en el contorno de los labios, sin recurrir a sombras intensas.

El cabello negro fue peinado hacia un costado con ondas menos marcadas que las de Gomez. Ese acabado aportó una apariencia más relajada frente a la estructura del minivestido y la altura de la tiara. La elección de un peinado lateral equilibró la geometría del vestido y la presencia de los accesorios.

Las tiaras y las valijas vintage unieron dos versiones de una misma referencia

La producción construyó un diálogo entre las dos propuestas a partir de accesorios y objetos escenográficos. Las tiaras funcionaron como el vínculo más evidente con el argumento de Programa de protección para princesas, mientras que las valijas vintage y la caña de pescar recuperaron el contraste entre la vida cotidiana de Carter Mason y el mundo de Rosalinda.

La película planteaba el encuentro entre una joven estadounidense y una princesa que debía ocultarse fuera de su país. En las imágenes actuales, esa oposición se trasladó a la ropa. Selena Gomez optó por un vestido largo, con proporciones de gala y accesorios de inspiración clásica. Demi Lovato, en cambio, llevó una versión corta, de colores más contrastados y con una silueta que remitió a la moda pop.

La dirección de estilismo evitó presentar ambas propuestas como conjuntos idénticos. Cada una conservó una identidad propia, aunque los colores, las coronas y el escenario mantuvieron una narrativa compartida. El azul verdoso de Gomez recordó el vestuario de Carter, mientras que el amarillo de Lovato remitió a la paleta asociada a Rosalinda.

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