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Europa se asfixia: hasta cinco grados más en 2100

27 October 2026 at 13:12

Los meses de julio y agosto de 2026 ya han quedado grabados en la memoria del continente europeo como el "verano de la verdad". Una denominación que refleja una realidad cada vez más asfixiante: más de 35.000 personas perdieron la vida a causa de las intensas olas de calor.

La Comisión Europea presentó este martes el nuevo Marco Europeo de Resiliencia Climática, una estrategia legislativa que busca cambiar de raíz la forma en que los Estados miembros anticipan y gestionan los riesgos ambientales. El objetivo es pasar de la reacción tras la catástrofe a una estrategia de prevención que involucre a instituciones y empresas.

Y es que la advertencia más impactante que lanzan la comunidad científica y las autoridades comunitarias no se refiere al pasado, sino al futuro más próximo. Las elevadas temperaturas que este año paralizaron ciudades y campos, marcando el verano más caluroso jamás registrado, serán recordadas como las más frescas que registrará Europa en las próximas decadas.

“La primera y más eficaz medida de adaptación al cambio climático consiste en combatir sus causas fundamentales”, defendió este martes en rueda de prensa la vicepresidenta ejecutiva de la Comisión, Teresa Ribera. Con todo, advirtió, “aunque nos esforcemos por reducir las emisiones, debemos prepararnos para los efectos del cambio climático, que no son justos ni se distribuyen de manera equitativa". Ribera señaló que Europa “carece de la preparación necesaria” y es nuestra responsabilidad “minimizar los costes y el sufrimiento que esto conlleva”.

El balance de los últimos meses revela hasta qué punto el cambio climático ha dejado de ser una amenaza para convertirse en una crisis del día a día. En solo una temporada, los incendios forestales calcinaron cerca de 700.000 hectáreas de terreno y destruyeron unos 12 millones de toneladas de cultivos.

Grandes arterias fluviales del continente, como el Danubio, el Rin y el Garona, se redujeron a niveles mínimos históricos, comprometiendo el transporte de mercancías, la navegación y la seguridad energética.

La factura económica de estos fenómenos extremos también es considerable. Las pérdidas de producción asociadas a las olas de calor de 2026 en 30 países europeos se estiman en 113.000 millones de euros, y las pérdidas para el sector agrícola provocadas por la sequía podrían alcanzar hasta los 90.000 millones. Sin embargo, según la Comisión, solo el 25% de las pérdidas por catástrofes naturales en la Unión cuentan con cobertura de seguros.

Estas cifras tienen una explicación física: Europa es un continente que se calienta al doble de la velocidad media mundial. Aunque el Acuerdo de París fijó el objetivo de limitar el aumento de la temperatura global a 1,5 C, los modelos científicos asumen ya como inevitable que se pase temporalmente dicho límite.

Las proyecciones actuales, según la Comisión, prevén un calentamiento global de 1,5 C para 2030, 2 C para 2050 y hasta 3 C para finales de siglo. Traducido a nuestro continente, esta trayectoria global implica que las temperaturas medias podrían elevarse entre 4 y 5 C hacia el año 2100. De hecho, los gases de efecto invernadero ya alcanzaron niveles récord en 2025, según la Organización Meteorológica Mundial.

El comisario del Clima, Wopke Hoekstra, advirtió que es necesario tener estos datos en cuenta “a la hora de planificar nuestras ciudades, construir infraestructuras o puentes, y a la hora de gestionar nuestro territorio, nuestros edificios y, por supuesto, nuestros recursos”. Para ilustrar esta necesidad, Hoekstra recordó que un país como España, acostumbrado a las sequías y las olas de calor ha sufrido últimamente graves tormentas.

La nueva propuesta legislativa busca que la resiliencia climática sea un filtro obligatorio antes de aprobar cualquier proyecto público, lo que influirá en las inversiones y en la gestión del suelo. La Comisión anunció la puesta en marcha de un plan para olas de calor destinado a proteger la salud de la población vulnerable, la creación de una alianza de seguros climáticos para mejorar las coberturas, y una nueva iniciativa del agua centrada en la eficiencia y la lucha contra la sequía. Además, Bruselas identificará los 100 territorios europeos más vulnerables para encauzar recursos y asesoramiento prioritario.

La ley busca simplificar la burocracia sustituyendo cuatro instrumentos de planificación fragmentados por un único plan estratégico nacional de resiliencia climática por cada Estado miembro.

Adaptar las infraestructuras, las ciudades y los campos a las nuevas condiciones climáticas requerirá una inversión estimada de 70.000 millones de euros anuales. Pero los análisis de la Comisión destacan que cada euro invertido en adaptación genera un retorno de entre 2 y 10 veces su valor en pérdidas y daños evitados. Además, el plan “no solo busca mitigar costes, sino también posicionar a las empresas europeas a la cabeza de un mercado global de tecnologías y soluciones de adaptación que alcanzará los 3,5 billones de euros en 2050”, lo que representa una oportunidad económica e industrial clave para las empresas del continente.

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