«Cuando no hay justicia ni consecuencias, las tragedias se repiten»
El accidente ferroviario de Urda (Toledo) ha vuelto a golpear con fuerza la seguridad de la red ferroviaria española y reabre la herida de catástrofes recientes en las vías de nuestro país. La tragedia ha provocado una profunda ola de indignación y desolación entre las asociaciones de afectados por accidentes anteriores como Angrois y Adamuz. Para los portavoces de ambos colectivos, la secuencia de tragedias evidencia una falla estructural persistente y una falta de asunción de responsabilidades públicas que aboca irremediablemente a la repetición de los desastres.
El portavoz de la Asociación de Víctimas del Alvia de Angrois, Jesús Domínguez, criticaba ayer con dureza la reiteración de estas catástrofes en la infraestructura nacional. Para el representante del colectivo, el diagnóstico del problema resulta incuestionable. «La conclusión es muy sencilla: cuando no hay justicia ni verdad, ni responsabilidades ni técnicas ni políticas generales, pues las tragedias se repiten», aseguró a LA RAZÓN. Domínguez enfatiza que el patrón de impunidad se ha vuelto a reproducir en Toledo de manera dramática. «Pasó en Angrois, pasó en Adamuz y ahora, desgraciadamente, ha sido Toledo».
El portavoz recuerda que las constantes denuncias presentadas por los afectados derivaron en «dos procedimientos de infracción a España» por parte de las instituciones europeas, así como en un informe «demoledor diciendo que se tiene que repetir la investigación precisamente para no cometer errores, para subsanar errores y tomar medidas». Sin embargo, advierte de que «si se investiga mal», las deficiencias permanecen ocultas e intactas en la red.
Uno de los pilares del análisis de Domínguez proviene de la auditoría europea lograda tras años de movilización. Aquella investigación técnica sacó a la luz graves «deficiencias en todo el sistema ferroviario», constatando que «existían sistemas de seguridad sobre el papel, pero el personal no entendía en qué consistían» y que «no había ningún nexo entre la evaluación de riesgos y la vigilancia». Una brecha crítica en la operativa, recalca, ya que «sin esa vigilancia es imposible saber si el riesgo está bajo control».
Esta inacción continuada produce en las víctimas una «terrible sensación de impotencia y de ver que no sirve de nada». Domínguez denuncia que «aquí nadie asume ningún tipo de responsabilidad cuando hay una tragedia como pasó en Angrois como en Adamuz». Y precisamente allí, en el pueblo cordobés, el dolor ha vuelto a irrumpir entre los supervivientes nueve meses después. En entrevista con LA RAZÓN, Mario Samper, presidente de la Asociación de Víctimas del Descarrilamiento de Adamuz, apunta de forma directa a la cúpula del Ejecutivo tras el choque de trenes en Toledo. El presidente de la asociación reclama la renuncia del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez; del ministro de Transportes, Óscar Puente; así como de los máximos responsables de Adif y de la Agencia Estatal de Seguridad Ferroviaria (AESF).
«Los responsables... no es que tengan que dimitir ahora, sino que deberían haberlo hecho hace nueve meses», sostenía ayer, denunciando que durante este tiempo «por dejadez o asuntos burocráticos, injustificables desde luego, han permitido que la red ferroviaria siga igual que en el accidente de Adamuz».
Ante la envergadura del siniestro de Urda, el colectivo exige una medida de contención inmediata: «Que se pare la red ferroviaria». Para Samper, detener la alta velocidad resulta imprescindible para analizar el estado real de las vías, acometer inversiones y garantizar la seguridad antes de prestar servicio. «Estamos hablando de millones de pasajeros que han cogido el tren desde enero; no es un tema baladí, es un tema de prioridad nacional», enfatiza con vehemencia.
El impacto psicológico entre los afectados de Adamuz al conocer lo sucedido en Toledo ha sido devastador. «Ha sido terrible, un duro golpe», reconoce Samper, revelando que «todos los afectados por el accidente de Adamuz con los que he hablado hoy están llorando», abrumados por «una carga sentimental y psicológica tremenda a sus espaldas que reabre esta brecha y desgarra una herida abierta». Pese al dolor, la asociación ha volcado su apoyo en los damnificados de Toledo: «Desgraciadamente hoy hay personas que están peor que nosotros e intentaremos ayudarlos en la medida de lo posible».
Por último, Samper alerta sobre el colapso de la confianza pública y la imagen internacional de España. «La realidad es que la seguridad ferroviaria hoy en día no existe, demostrado por los acontecimientos», sentencia, al tiempo que denuncia carencias en la atención psicológica a las familias y cuestiona el prestigio del sector: «Ahora mismo somos el referente negativo mundial; ¿cómo podemos venderles trenes e infraestructuras a otros países si no mantenemos las nuestras?»


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