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El riesgo de Broncano: invitar a Abascal convencido de que rechazará la oferta

27 October 2026 at 23:03
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante su entrevista con David Broncano (d), en 'La revuelta'.

Irene Montero y Gabriel Rufián ya han hecho una paradita por La Revuelta de David Broncano en TVE, que, a diferencia de Jordi Wild, sí ha tenido con la formación política morada la deferencia tan habitual en esa casa hacia los morados.

Lo más llamativo de la entrevista de Broncano a Pedro Sánchez del pasado día 22 es que David Broncano quiso dejar claro que él había invitado al programa a Santiago Abascal y a Núñez Feijóo y que eran estos quienes no querían acudir. Curiosos estos tiempos en los que las invitaciones de los Broncanos y los Wilds ya no se conciertan llamando a jefes de prensa ni mandando cartas, sino que se formulan en antena y, si el invitado no responde, la culpa es suya. Broncano le pidió ayuda el pasado jueves a Sánchez con el tema de Feijóo, aunque insistió menos con el de Abascal, no vaya a ser que, de tanto insistir, el candidato verde acabe aceptando.

Y es que, aunque ahora, en tiempos de campaña electoral, Broncano esté obligado a disfrazarse de neutral y equidistante, resulta muy complicado cuando él y sus colaboradores tienen la hemeroteca que tienen en ese campo, según la cual Vox no es un partido más: hay que mencionarlo lo menos posible y, en su lugar, usar el mantra de "la ultraderecha", que es como decir "la amenaza fantasma", un aura deshumanizada que deambula por ahí. Ese fue el lenguaje que entrevistador y entrevistado utilizaron el día 22.

Antes del día 22, sólo dos políticos habían estado en el programa de Broncano. Manuela Carmena en La Resistencia el 22 de enero de 2020, y Gabriel Rufián en La Revuelta el 20 de octubre de 2025; los dos, por tanto, de una tendencia política muy determinada. Pero es que, además, cuando Gabriel Rufián, en aquella entrevista del día 20, preguntó a Broncano si invitaría a Abascal a su programa, este se apresuró a contestar con un contundente y escueto "¡No!", aunque su sueldo también lo paguen los tres millones de votantes de Vox.

No era la primera vez que Broncano saltaba como un resorte ante esa posibilidad. Ya en La Resistencia de Movistar, el 11 de octubre de 2019, cuando Gerard Piqué le preguntó si invitaría a su programa a Abascal (que por aquellas fechas acababa de estar por primera vez en 'El Hormiguero'), la respuesta de Broncano había sido idéntica: "¡No!". Pablo Motos vivió su primera gran cancelación por osar hacer aquella entrevista.

No era un tema personal. Su colaborador Marcos Martínez (Grison) ya expresó en el pódcast Tómatelo con vino, del 10 de junio de 2025, su convencimiento de que Vox nunca iría al programa La Revuelta. Lo decía como si considerara que no existe motivo alguno para que Vox se sienta poco estimado por ellos. El mismo Grison que, unos meses antes, en el programa A las Bravas de la Cadena SER, el 19 de diciembre de 2024, había soltado que no se puede ser negro y votar a Vox. Pero de buen rollito.

Si algo caracterizaba a Broncano en La Vida Moderna era que contra "el fascismo", que es lo que para ellos representa Vox, no se puede ser equidistante. El programa del 26 de mayo de 2020 en la Cadena SER fue cristalino a ese respecto. Frente a quienes buscaban poner al mismo nivel a los partidos a la derecha del PP, como Vox, y a la izquierda del PSOE, como Podemos, Broncano, Ignatius y Quequé tenían claro que no cabía tal equidistancia entre fascistas y antifascistas: "Es como decir: "Ni cáncer ni anticáncer". Hombre, no. El cáncer es una enfermedad y el anticáncer es la quimioterapia. No están al mismo nivel ni se tocan". No parecía que, en aquel momento, a Broncano ni siquiera se le pasara por la cabeza la posibilidad de que la etiqueta de "fascista" pudiera ponerse con suficiente ligereza como para convertirse en el arma ideal para deshumanizar a una opción escogida por unos cuantos votantes.

Como muestra de que TVE se mantiene fiel a esa idea de no ser equidistante con el fascismo, ahí está Silvia Intxaurrondo, quien, al comentar el pacto del PP y Vox en el Senado, se preguntaba a quién iban a votar ahora los seguidores del PP contrarios a juntarse con "homófobos, machistas y racistas". Bonitos adjetivos difundidos por la televisión pública que también pagan esos sucios "homóboides racistas" y "machirulos" que representan a la tercera fuerza política de este país. La deshumanización no es sólo cosa de la izquierda. Anda que no intentaron el PP y sus satélites deshumanizar a Podemos entre 2014 y 2019, como si sus integrantes fueran el ejército infiltrado de Hugo Chávez que venía a expropiarlo todo. Pero, en eso, reconozcamos que el ala diestra siempre es bastante torpe, no por falta de ganas, sino por falta de capacidad.

Es irónico que aquel Broncano que tanto decía que no se podía ser equidistante ahora tenga que simular equidistancia para justificar que, en el programa estrella de TVE, asegure con la boca pequeña que ha invitado a Vox, cuando lo que menos les interesa a él y a sus padrinos políticos es que Santiago Abascal cruce la pasarela de La Revuelta. Pedro Sánchez basa, una vez más, su programa electoral en que, si no gobierna él, vendrá el fascismo en sidecar con Feijóo. Broncano y Grison bromearon con que Abascal y Feijóo no iban a su programa para no cogerles cariño, cuando lo paradójico es que ese es precisamente el motivo por el que a La Moncloa nada le gustaría menos que ver al barbudo del caballo aparecer por su "Revuelta", donde se correría el riesgo de acreditar que es un ser humano.

¿Se imaginan cómo reaccionarían ante esa entrevista Broncano, Grison, Castella y el gran jefe? Ojalá no tuviéramos que imaginarlo, porque, por una vez, los gurús de la comunicación del ala diestra de la política supieran jugar bien sus cartas y, en este caso, Vox aceptara esa entrevista. Y saludará a Broncano, a las productoras externas de TVE y a todos sus amigos. Hasta podría saludarles con un "Hola, aquí el cáncer, que decíais". Él sabrá, pero, si no va, ya sabe Abascal a quién le está haciendo el juego.

No es sólo una cuestión de estrategia para Vox, si no también de coherencia. Manuel Mariscal, diputado de Vox, retó en octubre de 2024 a Broncano a que invitara a Abascal antes de unas elecciones. A regañadientes o no, la invitación está cursada, aunque se haya hecho bajo el convencimiento de que la iban a rechazar. Es Vox quien tiene que decidir si será coherente o no.

Milei: cuando la derecha nos hace añorar el talante de Zapatero

21 October 2026 at 23:07

Isabel Díaz Ayuso y Alberto Núñez Feijóo se acercan a un grupo de micrófonos de periodistas para atender un canutazo y dejar claro, con un mensaje contundente hacia Javier Milei: "No seremos nosotros los que estemos cerca políticamente del señor Pedro Sánchez, pero el señor Pedro Sánchez fue votado por los españoles. Por eso exigimos al jefe de Estado de Argentina que se dirija con un mínimo de respeto al que sigue siendo el primer representante del poder ejecutivo del Reino de España".

Eso no va a pasar. Los políticos de la no-izquierda española (digo "no-izquierda" porque asumo que el término "derecha" les ofende) no van a salir en defensa del presidente del país tras ser atacado por un mandatario extranjero. Como mucho, dirán que, aunque no les guste lo que dice Milei, bien merecido lo tiene Sánchez por todas las barrabasadas que dijeron antes los sanchistas contra él.

El más encantado con las descalificaciones de Javier Milei será, precisamente, Pedro Sánchez, dado que le ayudan a que su electorado lo interprete como "el enemigo de la ultraderecha mundial". Y, dado que no parece fácil que consiga que Donald Trump o Netanyahu tuiteen contra él, ataca a la figura de la que sabía que podía obtener más fácilmente una réplica visceral e hizo todo lo que pudo por provocarle para lograr una réplica vehemente. Lo consiguió. Todo un respaldo del león argentino a nuestro Maquiavelo.

El problema de las formas de Javier Milei no es a qué relato electoral pueden beneficiar o perjudicar, sino el precedente que está fijando en la diplomacia mundial. Habla de presidentes de gobiernos extranjeros con las mismas maneras con las que hablaba de la clase política cuando ejercía de panelista. Él lo venderá como que así es más auténtico, dado que habla igual que antes de ser presidente, pero parece haber olvidado que, antes de ser presidente, hablaba a título particular, mientras que ahora que lo es, cuando se dirige a las instituciones de otro país, lo hace como máximo representante de toda una nación y de todos sus ciudadanos, y eso obliga a otras formas. Y lo grave no es solo que lo normalicemos, sino que una parte de la ciudadanía lo vea como algo elogiable y eso pueda provocar un efecto "contagio".

Fidel Castro se refirió en junio de 2003, cuando aún era el mandamás de Cuba, al presidente español de la época, José María Aznar, como "führercito". No era el lenguaje más apropiado, pero a un dictador tampoco se le puede pedir un gran respeto por las instituciones o por su pueblo. Silvio Berlusconi, siendo primer ministro de Italia, dijo que el Gobierno de Zapatero le parecía "demasiado rosa". Pretendía ser una broma, aunque no fuera la más adecuada para un primer ministro hablando públicamente de un Gobierno extranjero. George W. Bush no pasó de decir que "no sabía" si podía fiarse del Gobierno de España.

Pero, sin duda, el gobernante extranjero que, antes que Milei, más lejos había llegado a la hora de descalificar a un presidente español fue Hugo Chávez, jefe de Estado de Venezuela, cuando acusó en 2007 a José María Aznar de ser un "fascista de la calaña de Adolf Hitler" y un tipo que daba "asco y lástima" y que no era humano, porque "las serpientes son más humanas que los fascistas".

Es curioso que ahora que José Luis Rodríguez Zapatero es el primer expresidente del Gobierno español imputado/investigado por la Justicia quienes lo quieren defender se centren en sus leyes ideológicas (en su gestión económica sería difícil), pero excluyan de sus elogios los dos puntos más favorables del legado de Zapatero: su RTVE y su talante. No pueden elogiar la RTVE de Luis Fernández porque, al hacerlo, pondrían en evidencia a la de José Pablo López, que fue la detonación final de aquella. Y no pueden elogiar el "talante" de Zapatero porque dejarían en evidencia el estilo de Pedro Sánchez.

El eslogan del sanchismo es, al más puro estilo de aquellos empalagosos mítines de Obama: "Yo soy el bien, la bondad y el amor", y, por tanto, mi enemigo representa el mal y el odio. Obama también se hacía acompañar por Michelle en sus actos, pero ella no tenía que responder judicialmente por cátedras. El zapaterismo era otra cosa. Era el de aquel que era capaz de elogiar al líder de la derecha la misma noche electoral y decir: "Ha sido un digno adversario".

En manos de Feijóo y Ayuso podría haber estado desautorizar los insultos de Milei para demostrar el respeto institucional que merece quien aún es el presidente

Y el zapaterismo escenificó su mejor momento cuando le paró los pies al comandante Chávez, que se pensaba que ese presidente iba a reírle las gracias y se encontró con un ZP que pedía (exigía) respeto para Aznar porque, aunque él no estaba nada cerca de la posición política de Aznar, este "fue votado por los españoles" y hacía que muchos ciudadanos nos sintiéramos orgullosos de nuestro presidente aquel día y de su talante.

Los mismos motivos que pueden tener Feijóo y Díaz Ayuso para despreciar lo que representa políticamente para ellos Pedro Sánchez los tenía Zapatero respecto a lo que representaba para él Aznar. Si para Feijóo y Ayuso podría suponer un riesgo político desaprobar públicamente a Milei, incluso de cara a una parte de su propio electorado, el mismo problema podía haber tenido Zapatero entonces, que sabía muy bien lo mucho que una parte de su electorado podía reprocharle que defendiera al Aznar de la guerra de Irak, el 11-M o el Prestige.

Pero Zapatero lo hizo aquel día. Y en ese campo mostró un respeto que no han tenido otros líderes políticos, ni de la izquierda ni de la antiizquierda. Ahora toca deshumanizar. No se le puede pedir a Santiago Abascal que sea patriota y defienda a su presidente, dado que ese presidente y todo su equipo llevan deshumanizándolo a él desde que entró en el Congreso. Pero en manos de Feijóo y Díaz Ayuso podría haber estado desautorizar los insultos de Milei para demostrar el respeto institucional que merece quien aún es el presidente designado por el Parlamento democrático español ante los ataques de un gobernante extranjero.

La única excepción que recuerdo fue la de Luis Herrero en 2009. Cuando era eurodiputado del Partido Popular, se enteró, por el periódico Libération, de que Nicolas Sarkozy, presidente francés de derechas (o de no-izquierda), había dicho que Rodríguez Zapatero, presidente español, le parecía "no muy inteligente". Y cuando la mayoría de los representantes de la oposición apostaban por utilizar a Sarkozy para demostrar lo desacreditado que estaba Zapatero, Herrero comentó ante las cámaras de TVE que Zapatero era su presidente y que la próxima vez que se cruzara con Sarkozy le diría: "¿De qué vas, enano?". Quizá no era la forma más caballerosa de responder, pero sí de demostrar que, como español, defendía a su presidente, aunque fuera de la otra trinchera, ante el ataque de un mandatario extranjero. Igual por cosas como esa Rajoy lo sacó de sus listas.

Pero difícilmente se verán en Esther Muñoz o en Tellado actitudes como las de aquel Luis Herrero de 2009. El deplorable estado del respeto de los políticos hacia las propias instituciones que representan queda acreditado por el hecho de que el mayor referente de talante en 2026 tenga que seguir siendo Rodríguez Zapatero.

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