Este de calamares juega precisamente a otra cosa: buen sofrito, un fondo sabroso, el arroz en su punto y unos calamares que aportan carácter sin necesidad de más artificio. Una receta reconfortante, sencilla y muy agradecida, de esas que demuestran que un buen arroz caldoso no depende del lujo del ingrediente, sino de cocinarlo con mimo y dejar que el caldo haga su trabajo.