La izquierda se divertía
Hasta el siniestro toledano, la izquierda remontaba en las encuestas a base de arrumacos, bailes, bromas y bromitas, desparpajo, mucho desparpajo. Una fiesta, vaya. Y parecía funcionar.

Hasta el siniestro toledano, la izquierda remontaba en las encuestas a base de arrumacos, bailes, bromas y bromitas, desparpajo, mucho desparpajo. Una fiesta, vaya. Y parecía funcionar.

Si a alguien le quedaban dudas, el fútbol español ha capitulado ante el dinero, su dios. Nada extraño, tampoco nuevo. El episodio Mbappé-China deja una sensación de vergüenza ajena: los cacareados valores del fútbol y la Liga se han desplomado con tal rapidez que mejor replegar velas y admitir que el fútbol apasiona pero es tan edificante como los fondos buitres, la espantada de Bolsonaro o las contrataciones de mercenarios.

Kylian Mbappé aún está a tiempo de ganar el título de “amigo de China del 2026” si se apunta a un curso de reeducación, método muy del gusto del maoísmo (1949-1978), y se retracta por echarse unas risas a cuenta del meme que fusiona su rostro con el de Mao Zedong.

¡Quién llegase a ministro del Reino! Con esos despachos que gastan en Madrid, rodeado de asesores y asesoras y un secretario que te lleva la agenda: hoy cita en la peluquería, esta tarde embajador de Guatemala y por la noche las dos entradas para Los niños están bien en la fila que le gusta.
