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De ser tapa de revista a ensuciarse las manos en la huerta: la nueva vida de Paula Colombini

30 October 2026 at 05:22

Para la nena que en el sur argentino apodaban “Kiruna” por la fuerza imparable de los tractores, el destino empezó a dibujarse en la sobremesa familiar en el barrio de Floresta. A sus 12 años, acostada en un sillón con los ojos cerrados, imaginó un futuro donde recorriese el mundo y todos girasen la cabeza para mirarla… Y lo logró, solo unos años después.

En el mundo de la moda de los ’90, Paula Colombini alcanzó gran relevancia internacional. Fue protagonista de campañas para marcas de renombre como Versace, Guess, Emporio Armani, Polo Ralph Lauren, CoverGirl, Gap, Revlon y Pantene, entre tantas otras.

Lejos de renegar del glamour que le dio solvencia, renombre y mucho mundo, Colombini entendió, casi a sus 40, que la voz que salía de su boca ya no le pertenecía. En esta nueva entrega de La vida después, la exmodelo reflexiona sobre la personalidad que construyó para sobrevivir a una industria implacable y la transformación que significó soltar el espejo para aprender a mirar lo invisible: los ciclos de la naturaleza, el valor del alimento cultivado por uno mismo y la calma de habitar, por fin, un presente “bien plantado”.

Paula Colombini empezó su carrera como modelo luego de un concurso de belleza en Bariloche, durante su viaje de egresados

Luis Novaresio: Decime, ¿quién es Kiruna?

Paula Colombini: Soy yo, chiquita, viviendo en el sur. Kiruna... Así me llamaba mi papá. Kiruna son los tractores en el sur, y como yo era bastante power, muy potente, mi papá me decía así.

LN: ¿Y quién es Paula Colombini?

PC: Bueno, yo soy una mujer, mamá de Matilde, hija de Luis y Araceli, hermana de Ramiro, tía de Emma, la mujer de Santi, la madrastra de Felipe… amiga de mis amigas, que son muy copadas. Toda esa mezcla es parte de lo que soy yo.

LN: ¿Cómo una chica de Floresta pasa a Nueva York siendo mega demandada? Contame un poco ese recorrido.

PC: Cerré los ojos a los 12 años y dije: “Chau, me voy a pensar”. Y me acostaba en un sillón, en la sobremesa, mientras todos terminaban de comer y me imaginaba literal cómo quería mi vida. Decía: “Bueno, yo quiero entrar a un lugar y que todos me miren, y quiero que se pregunten dónde está Paula. Paula está en tal lado, Paula está en tal otro. Esa es la vida que yo quiero”... nunca me había subido a un avión. Y así empecé a construir con laburo.

LN: Pero ¿inspirada en algo o pura...?

PC: En nada.

No me veo nada elegante. Soy un despelote, soy súper desordenada

LN: Pura imaginación.

PC: En mi casa no se veían revistas de moda, nada que ver. Yo soy de una generación donde recuerdo, a los ocho años, que lo que se hablaba en casa no se hablaba en el colegio: política y ese tipo de cosas. Pero nunca moda. Y así empecé a trabajar, y mi profesión en la moda me dio esto que yo había imaginado, a diferencia de mi profesión actual, que primero la ejerzo y después pienso cómo logro vivir de esto que me gusta. Fue a revés. Pero bueno, también me fui a pensar a los treinta y pico.

LN: Y el deseo en tu adolescencia era esto: viajes, ser mirada…

PC: Y ser famosa. Ese deseo me lo cumplió la moda, pero si seguía Antropología y hacía videos en la selva amazónica, también servía. O sea, yo lo que quería era viajar, ser reconocida y que la gente gire a mirarme. Quería eso.

LN: “Querías ser famosa”. ¿Qué es ser famoso?

PC: En ese momento, lo que yo me imaginaba era que la gente te reconozca, que la gente te valore. Finalmente fue sucediendo y no puedo juzgarlo, porque era esa persona, que no es la que soy hoy. Tengo partes de esa persona que fui, claramente, pero hoy te puedo decir que a mí lo que me gusta es el reconocimiento en lo que hago.

LN: ¿Cómo llegás entonces a la moda? Porque en casa, nada.

PC: En casa nada de moda… Salí elegida “reina” en Bariloche, ¿viste cuando te ibas de viaje de egresados? En un lugar que ya no existe más, que se llamaba Cerebro... bueno, era la “Reina del Mariposón”. Después me habían elegido “Miss Elegancia”, nada que ver. A fin de año se hizo una fiesta en Bariloche con todas las que habían salido reinas, y me incluyeron a mí, que no había salido reina. Fuimos todas; yo fui con mi mamá y mi abuela, y ahí salí reina de todas. Me acuerdo que fue una experiencia alucinante. Fue una situación competitiva, entre comillas, pero de mucha camaradería. Uno de los premios era irme a Miami. Pensaba: “Me van a hablar en inglés, me van a hablar en otro idioma”. No lo podía creer. Volví y con otra amiga del colegio dijimos: “¿Y si estudiamos para modelo?”. Fui a la escuela de Tini de Bucourt y ahí ya me vio Ana Torrejón, y una editora de la revista Para Ti. Después me vio la agencia Ford y empecé, sin escalas, a hacer el recorrido que me había imaginado.

LN: Te voy a decir un prejuicio personal que ahora corroboro que era un buen análisis. Yo tengo el recuerdo tuyo de la elegancia llevada a la máxima expresión, y ahora te veo mover las manos y mirar, y digo: hay algo de elegancia innata. ¿Cuándo te enteraste de que podías mirar de esa manera elegante?

PC: Nunca. Tampoco tengo esa percepción sobre mí, para nada. De hecho, a veces me hacen comentarios y digo: “Pero esta no soy yo”. Me resulta sorprendente.

LN: Tengo una mala noticia para darte: sos elegante.

PC: No me veo… De hecho, no me veo nada elegante. Soy un despelote, soy súper desordenada. Me encantaría ser como la gente que tiene una cartera con un cuadernito, los anteojos, una lapicera y la compu. Yo voy con tres cuadernos, catorce mochilas, saco cosas, “¿qué escribí acá?”, la perra que va conmigo para todos lados... O sea, soy un despelote y no me siento nada elegante.

LN: Sos elegante igual, lo siento. Bueno, entonces me decías que empezaste a laburar, laburar, laburar y un día es Nueva York, sin una palabra en inglés. ¿Y qué pasó?

PC: Eso fue... ¡guau! Esto de la inconsciencia de la edad, de decir: “Yo me mando”. Tampoco con mucha plata, porque mis papás me pudieron dar solo un poco de guita y con eso me fui. Llegué a Nueva York, bajo y digo: “¿Qué significa exit?”. O sea, no sabía hablar inglés. Y aprendés. La necesidad, las ganas, el laburo... hacen que te vayas desarrollando. Y bueno, yo me moví.

LN: Y te fuiste a Nueva York para seguir laburando, para que te sigan reconociendo a escala.

PC: Para seguir creciendo en mi profesión. Y además entrás en esa: ¿dónde están los centros de la moda? “Bueno, Nueva York, por tu estilo te va a ir muy bien; Milán, París, no tanto, Japón…”. Vos te movés porque querés jugar en Primera o por lo menos querés intentarlo: hacer grandes marcas como CoverGirl, Gap, Armani. Me acuerdo la primera foto que vi mía publicada en la revista Para Ti: eran esos puestos de diarios en Floresta, sobre Rivadavia, en la esquina, donde ponían las revistas sobre unos banquitos, unas mesitas, porque ni puesto de diario formal era. Voy, veo que había salido y dije: “Bueno, yo de esto puedo hacer una profesión, puedo hacer una carrera”. Esa sensación me gustó, porque ahí ya era casi el moño completo: iba a poder viajar, tener reconocimiento y, eventualmente, mi economía.

Paula Colombini fue entrevistada por Luis Novaresio para La vida después (Jaime Olivos)

LN: “Por tu estilo te puede ir bien”, dijiste. ¿Cuál era tu estilo?

PC: Era latina, pero no tan “latina”. Eso es lo que veían las marcas: podía representar al mercado latinoamericano, pero tenía una mezcla un poco europea. No era rubia, pero tampoco tan morocha. Tenía una mezcla que resultaba interesante. Todas son eventualidades a las que empezás a prestar atención por el trabajo, por la carrera en sí.

LN: ¿Pero vos te veías guapa?

PC: ¿Sabés qué? Hay algo muy raro, y es que yo sentía que servía para eso, que estaba bien, que evidentemente me ayudaba el físico. Pero después perdés la dimensión, porque es difícil: uno se siente inseguro igual. Es muy loco cómo funciona la mente y la imagen. Entrás en ese mundo donde no hay parámetros. ¿Por qué te eligen a vos y no a otra? Hay diez mil variables. Y yo me fui construyendo con esas variables que me llenaron de inseguridades y a la vez me hicieron muy fuerte. Porque pisás el fondo, pero tenés que salir siempre: yo en el fondo de la pileta no me quedo nunca. Hoy, con los 53 años que tengo, miro y digo: “¿Me estás jodiendo? ¿Yo no me sentía bien? ¿Estamos todos locos?”.

LN: ¿Y cuándo volviste a imaginar, como a tus 12 años, lo que querías?

PC: Yo volví a tener este pensamiento interno a los 38 años, cuando mi vida hizo un quiebre. Creo que ese fue el momento, aunque uno lo viene masticando, que fue cuando me separé. No puedo disociar mi vida privada, ¿viste? No es que soy una cuando trabajo y otra en casa; soy siempre la misma.

LN: Al que separa, no le creo nada.

PC: Yo no puedo, no me da; para mí es todo lo mismo. Y en un momento dije: “No me reconozco”. El tono de voz, las cosas que comentaba en las entrevistas... Dije: “Esta no soy yo”. Y bueno, tampoco en la relación. Me acuerdo de haber dicho: “Bueno, me separo ahora que tengo mucho tiempo por delante”. Yo dejé de laburar fuerte como modelo a los 29 años, hace mucho tiempo, y empecé a navegar por otras cosas: tuve un local de ropa, trabajé como actriz, conduje... Empecé una búsqueda y volví de nuevo a mí. Y estaba Matilde, mi hija. Mis padres ya vivían afuera, por eso mis amigas son mi familia. Tomé decisiones.

LN: Dijiste algo muy interesante: te cansaste de escuchar un relato que no era el tuyo, tu voz te era ajena. Y ahí te separaste, colgaste los botines de modelo, te volviste...

PC: ¿Y qué hacía, Luis? ¿De qué iba a trabajar? Si de lo que se suponía que tenía que seguir laburando, no me interesaba.

LN: ¿Renegás de tu carrera como modelo?

PC: No, para nada. Viste que es como los chicos: primero puteás a tu mamá para alejarte de ella, pero después la abrazás de nuevo. Pienso que con mi trabajo pasó lo mismo: tomo lo que me sirve de ese momento, que es haberme hecho un nombre, la posibilidad de hoy estar hablando con vos, de exponerme... Porque a mí me encanta exponerme. Soy muy extrovertida. El tema era: ¿hablar de qué? De lo que a mí me resulta interesante.

LN: Moria Casán tiene una frase que me parece muy impactante: “Yo no compro lo que vendo. Este es mi laburo, vengo, muestro mi producto, pero yo no soy mi producto; soy mucho más que eso”.

PC: Entiendo perfecto lo que dice y lo relaciono con lo que le podría decir a una chica que quiere ser modelo. Pero yo elijo ser mi producto: yo soy Betarraga, soy el suelo, soy la tierra. Quiero estar enredada y metida en todo eso; elijo ser lo que vendo, ser de lo que quiero hablar y de lo que quiero escuchar.

LN: Te leí una vez decir: “Soy huertera”.

PC: Re huertera. Y soy una huertera que te propone huertas diferentes a las que por ahí plantea el mercado: propongo huertas integradas con plantas nativas. Te propongo que tengas un jardín que sea un banquete que te alimente a vos, a tu marido, a tu hijastra y a los polinizadores que lo visitan. Que tengas un jardín que sea una película y no una foto. Que veas belleza, porque me encanta hablar de la belleza: encontrar belleza en el ritmo de lo que pasa dentro de un ecosistema. De eso puedo hablar y quiero hablar.

LN: ¿Cómo pasás del ritmo de 200 kilómetros por hora de modelar en Nueva York para marcas alucinantes al ritmo de estar atenta a los polinizadores y a la huerta? ¿Cómo se cambia ese ritmo?

PC: Ni te imaginás… encima al ritmo de lo que no se ve, que es el suelo. Estamos parados arriba de una cantidad de vida infinita. Un amigo me enseñó que en una cucharada de café de tierra hay más seres vivos que personas en todo el planeta Tierra, y vivimos gracias a ellos. Paso de lo que se ve a lo que no se ve. ¿Y cómo paso? No lo sé. Tal vez siempre estuvo ahí: esto de acostarme a pensar e imaginarme lo que quiero para mí, cómo quiero vivir, con quién me quiero vincular, de qué quiero hablar, qué cosas me sorprenden... Quiero una adultez y una vejez que no pare de sorprenderme y donde no tenga que hablar de mi estética. No me interesa. No quiere decir que no me cuide o no vaya a la dermatóloga, pero no quiero pasarme la vida pendiente de la proteína, del colágeno o de no sé qué. Elijo que no, porque además no tengo tiempo: divido el día entre estudiar, trabajar en la huerta, caminar o simplemente no hacer nada, que también me gusta.

LN: Ya escucho la voz del que dice: “Claro, ella no se quiere ocupar de la estética porque es bella”.

PC: Luis, te voy a decir algo: cuando tuviste una estética tan hegemónica como la que yo tenía de chica y laburabas de eso, con los años no hay manera de que mejore; siempre va cambiando para peor. Yo lo veo así, pero lo aprendí y me amigué. En un momento fui mi peor hater, la persona que más se criticaba era yo. Entonces, cuando alguien me hace un comentario poco amigable, me da igual: yo ya me lo dije antes, ya me respondí y me volví fuerte en eso. Sé que estoy más grande, sé que puedo estar más gorda, sé que tengo canas. A las personas con las que comparto no les importa nada de eso; les interesa la propuesta.

En la huerta encontré un montón de respuestas. ¿Cómo pasás de un mundo al otro? Yendo hacia adentro. En plena pandemia me puse a pensar: ¿Qué sé hacer? Y sabía sembrar, cosechar, producir algo tan elemental como el alimento. Me pregunté cómo me había separado de eso y quise volver. Y acá estamos.

Paula Colombini y Luis Novaresio mano a mano en La vida después (Jaime Olivos)

LN: Hay algo súper interesante en el mensaje que diste, creo que lo resumiría en: “Me pasé 30 años mirándome al espejo y casi no veía a quién estaba mirando; veía el producto que mostraba. Me cansé de escuchar la voz que tenía porque no era la mía”. Capaz que dejando un rato de lado el espejo y la voz impostada, apareció lo que tenías ganas de escuchar.

PC: Y apareció lo que entiendo que siempre tenemos dentro. Lo vinculo de nuevo a la huerta: es esa semilla que tiene todo el potencial para nacer; espera las condiciones propicias —la humedad, la luz, la temperatura— y germina. Quiero mucho a la persona que fui; estoy hecha de todo eso. Estoy hecha de Kiruna, de Paula de Floresta, de Paula de Nueva York, de mis padres viviendo afuera, de haberme separado y de haber criado con mucho esfuerzo y en soledad a mi hija. Estoy hecha de todo eso y lo abrazo, pero también estoy hecha solo de lo que hay hoy: de este presente.

LN: ¿Qué le dice esta Paula del presente a la Paula de las tapas de revista?

PC: “Disfrutá, disfrutá, disfrutá. Viví más allá de tu trabajo; tu vida no es solo trabajar”. Hice lo mejor que pude y lo hice bastante bien. Habrá mil cosas para mejorar, pero hoy tengo una mirada piadosa, amorosa y comprensiva hacia mí. Si todos pudiésemos llenarnos de eso y derramarlo hacia la sociedad —sobre todo quienes tienen la posibilidad y el poder—, seríamos una comunidad con más compasión. No hablo de lástima ni de valores en un sentido religioso, sino de una sociedad donde se priorice cuidar la salud del otro, darle educación, bienestar y posibilidades reales de desarrollo. En definitiva, sentirnos más humanos.

LN: Me encantó conocerte.

PC: A mí también me gustó mucho la charla. Gracias, Luis.

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