En el corazón del Parque Nacional de los Pirineos, bajo la imponente vertiente occidental del Palas y junto a los lagos de Arrémoulit, se levantaba un refugio con una contradicción difícil de ignorar: un entorno natural de enorme valor paisajístico a caballo entre España y Francia acogía a los montañeros en unas instalaciones que ya no respondían a las necesidades actuales. La falta de espacio había obligado a recurrir incluso a grandes tiendas exteriores para alojar a los visitantes de este privilegiado enclave del Valle de Ossau.