Un nuevoaccidente ferroviario, esta vez en el pueblo de Urda, Toledo, ha vuelto a poner a la alta velocidad en el centro de la tragedia. El choque entre dos trenes ha dejado, por el momento, un total de 69 fallecidos. En medio del caos ocasionado por este incidente, el pueblo volvió a movilizarse para ayudar a las víctimas, entre ellos, unas 20 personas con camisetas de Bukaneros, ultras del Rayo Vallecano, que auxiliaron a los heridos y echaron una mano a las distintas autoridades de la zona.
Según informó la Federación de Peñas del Rayo Vallecano, y confirmó 20minutos en el lugar del trágico accidente, los seguidores el combinado madrileño, que viajaban justo en el siguiente tren procedente de Sevilla, ayudaron en el rescate de los heridos e incluso los trasladaron hasta el polideportivo de Urda, que fue habilitado para aquellos que sufrieran heridas de menor gravedad.
"No íbamos a decir nada porque los compañeros de Bukaneros conocen bien lo que pensamos, pero viendo a cuántos les cuesta decir la palabra 'Bukaneros'... ya lo decimos nosotros: enormes, compañeros. Ánimo a todos los rayistas que, ahora mismo, están intentando llegar a sus casas", escribió la Federación de Peñas rayistas en su perfil oficial de X.
"Viajábamos justo en el tren de atrás. Se paró y nos bajamos. Tras observar el caos, preguntamos si podíamos ayudar o echar una mano con lo que sea. Nos dijeron que sí, y nos pusimos a ayudar", resalta uno de los aficionados a 20minutos, que se encargó, junto con el resto de voluntarios, de llevar comida y auxiliar al resto de gente herida hasta el citado Polideportivo y el colegio del municipio de Urda.
Estos seguidores volvían a sus respectivos hogares de la capital de España después de disfrutar de la clasificación del Rayo Vallecano para la segunda ronda de la Copa del Rey, tras vencer en una emocionante prórroga al Recreativo de Huelva, por 2-3.
Apenas habían transcurrido unos minutos del fatal accidente ferroviario de este miércoles en Toledo cuando la hija de Antonio García, el farmacéutico de la localidad de Urda, informó a su padre del siniestro. Antonio abandonó la vivienda sin despedirse, cogió su coche y recorrió los 7 kilómetros que separan Urda de la vía del tren de alta velocidad sin tener muy claro lo que se iba a encontrar al llegar, pero dispuesto a ayudar en lo que hiciera falta.
"Cuando llegué no había ningún coche y pensé que había sido un roce. Vi los dos trenes accidentados y a medida que iba andando iba aumentando la tragedia", declara el farmacéutico.
Al menos 68 personas han perdido la vida y otras tantas han resultado heridas, 15 de ellas de gravedad, este miércoles tras la colisión entre un AVE de Renfe y un tren de Iryo a la altura de Urda (Toledo). La fuerza del impacto ha dejado varios vagones descarrilados y ha desencadenado un amplio despliegue de los servicios de emergencia, mientras Adif ha suspendido la circulación ferroviaria de alta velocidad entre Madrid y Andalucía.
"Cuando llego a la hipotética cabina del AVE porque era un amasijo de hierros lleno de cadáveres y gente moribunda. Intenté calmar a la gente, diciendo que iba a venir la ambulancia, le coloqué la cabeza a una persona que me dio las gracias y vi a otro despidiéndose de su familia: 'Maite cuida de los niños'", relata Antonio. "Lo que más me enterneció fueron sus últimas palabras: 'Dios es bueno'. Había otro señor pidiendo muy suavemente una ambulancia y le vi que tenía el brazo seccionado".
Transcurridos unos minutos empezaron a llegar a la zona los servicios de emergencias, con ambulancias y helicópteros. Decenas de vecinos de los pueblos de la zona se acercaron también en sus coches para ayudar a trasladar a los heridos, para los que se habilitó el pabellón deportivo de Urda.
Antonio y su hija, María, han pasado la mañana yendo de la farmacia a los puntos habilitados para entregar medicamentos. "Me vine a la farmacia a por medicamentos, calmantes, gasas, opiáceos… de todo. Cuando volví la autoridad ya no me dejó pasar a esa zona, me fui hacia el Yrio que no era una tragedia menos. Aquello era catastrófico", relata Antonio. "La farmacia la hemos dejado vacía de analgésicos, calmantes, gases, sueros, no nos queda nada. Ahora vamos a ver si podemos seguir haciendo algo, estamos a lo que nos vayan pidiendo".
A última hora de la tarde, Antonio seguía en el entorno del colegio del pueblo, donde los que aún no conocían el paradero de sus familiares seguían esperando angustiosamente noticias asistidos por psicólogos voluntarios. "Lo único que quiero añadir es que si tiene algo de bonito esta tragedia es la solidaridad humana, la gente del pueblo, de Madridejos, de Consuela, de toda la zona, los sanitarios y la gente civil".
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Durante sus primeros meses de trabajo en una fábrica de muebles de Benicarló (Castellón), José Luis Cerdá, entonces un niño de 13 años, tenía que salir al patio cada vez que venía la inspección. Al cumplir 14 años, sin embargo, ya era completamente legal que un niño estuviera trabajando y eso es lo que hizo este castellonense que tiene ahora 73 años, trabajar y trabajar durante toda su vida.
Primero, en esa fábrica durante 25 años, después con su propio camión como montador autónomo de muebles y finalmente en una tienda del mismo sector en Vinaròs, también en Castellón. Con 55 años, y más de 40 cotizados, José Luis acabó en el paro y ya nunca más logró encontrar un empleo.
"Cuando se me acabó el paro cobré la ayuda de los 55 años, que serían unos 425 euros. Vivía con mi pareja y habíamos comprado un piso, pero ella se puso de baja, porque el empresario también la fastidiaba un poco y no le pagaba cuando le tenía que pagar. Venía la hipoteca y no la podíamos pagar, así que con 63 años, fui a mirar la jubilación y me quitaban un 13%", explica el jubilado, que ha hecho llegar su historia a 20minutos a través de nuestra comunidad, Ciudadano20. "No me cabía otra que cogerla, venían los recibos del banco y teníamos a la hija estudiando, así que no podíamos, no podíamos. Si cobrábamos 450, pues pasaríamos a cobrar 800 o así".
Cerca de 900.000 jubilados como José Luis tienen penalizaciones en su pensión por la aplicación de los conocidos como coeficientes reductores, por haberse jubilado antes de la edad legal, y todo ello a pesar de haber cotizado durante más de 40 años de su vida. Asociaciones como Asjubi40 llevan años reclamando la eliminación de los coeficientes reductores en las pensiones de quienes se jubilaron anticipadamente tras haber cotizado más de 40 años.
Las asociaciones lograron que en septiembre se tramitara una proposición de ley en el Congreso que contaba con el beneplácito de buena parte de los grupos políticos. El anticipo electoral del pasado 5 de octubre deshizo las Cortes, dejando el Congreso en manos de una Diputación Permanente formada por 69 diputados, y haciendo que el procedimiento para aprobar la ley de los pensionistas con coeficientes reductores se viera abruptamente interrumpido. Ahora, las asociaciones están reclamando que la ley sea aprobada por la Diputación Permanente antes de las elecciones y han convocado una manifestación en Madrid para este mismo sábado.
"Es una sensación de impotencia, de ver que he trabajado toda la vida, he cotizado más de lo que tenía que cotizar y me quitan un 13%; cobrando ahora, no llego ni a los 1.000 euros", declara José Luis Cerdá. "Hemos trabajado toda la vida y hemos levantado España. He vivido unas cuantas huelgas, pero, más que nada para luchar para que nos suban el jornal, que nos bajen las horas de jornada, que hemos conseguido muchas cosas y ahora estamos con un 13% menos y se te queda un poquito la cara de tonto porque dices: 'He luchado toda la vida, ¿para qué?'".
Despedidos cerca de los 60
Muchas de las personas afectadas por estos coeficientes reductores se vieron abocadas a la prejubilación tras ser despedidos con edades cercanas a los 60 y haber sido incapaces de reincorporarse al mundo laboral. Alfonso Serrano, que tiene ahora 72 años, pasó toda su vida laboral en la multinacional española de infraestructuras y construcción Ferrovial.
"Cuando tenía 14 años vino una constructora a mi pueblo, en Cuenca, Ferrovial. Y me metí allí de pinche, claro, iba a pasar lista y hacía los recados. Y allí seguí toda la vida, trabajando de administrativo, hasta que me echaron, el 25 de marzo del 2010", recuerda Alfonso, que también ha hecho llegar su historia a 20minutos a través de nuestra comunidad, Ciudadano20. Alfonso vive actualmente en Torrevieja, Alicante, junto con su mujer, que no cobra ningún tipo de pensión tras haber sido ama de casa toda la vida.
Tras quedarse en el paro en plena gran recesión con 56 años, encontrar trabajo de nuevo era una utopía. La economía familiar se basó en el subsidio del desempleo y la indemnización por despido, que utilizó también para pagar el convenio especial con la Seguridad Social, un mecanismo que permite a una persona seguir cotizando por su cuenta cuando deja de trabajar para mantener o mejorar sus derechos de cara a la jubilación. Con todo, a los 61 años, tuvo que acabar jubilándose.
Lo veo bien. No tenían que habernos quitado nada porque hemos estado toda la vida trabajando y cotizando
"No tenía más remedio porque entre los cinco años, los 800 euros que pagaba por el convenio y todo eso, pues el dinero de la indemnización se voló y tuvimos que jubilarnos, me tuve que jubilar porque si no, no podía seguir así", declara Alfonso, cuya pensión actual sufre una penalización del 24%. Tras vender su primera vivienda en Torrejón de Ardoz, Madrid, la pareja se ha mudado a Torrevieja, Alicante.
"La vida tranquila sí la tenemos, pero los gastos son los gastos", declara el jubilado, que ve con cierta esperanza la posibilidad de que se acabe aprobando la ley que elimine los coeficientes reductores para personas en su situación. "Lo veo bien. No tenían que habernos quitado nada, porque hemos estado toda la vida trabajando y cotizando".
Miedo al futuro
No solo los pensionistas actuales están atentos al futuro de la ley que eliminaría los coeficientes reductores. Muchas personas que aún no están jubiladas ya se ven abocadas a una pensión reducida en los próximos años si no hay cambios legislativos. Es el caso de Tomás Gutiérrez, un charcutero que fue despedido tras 40 años "al servicio de la empresa" y con una perspectiva más que complicada en el mundo laboral.
"Ahora mismo estoy en la situación de que me mandan al paro con 60 años, que es lo que estoy viendo, como las noticias están como están, pues es que no tienes dónde agarrarte", declara Tomás, que también ha hecho llegar su historia a 20minutos a través de nuestra comunidad, Ciudadano20.. "La charcutería funciona ahora todo con paquetes, ya no se despacha a mano. Y sobra personal, pero qué casualidad que sobramos los antiguos, los que teníamos los sueldos más altos".
Los intentos por volver al mercado laboral han resultado hasta el momento infructuosos y Tomás ya ha empezado a hacer cálculos de cuánto podría verse penalizada su pensión si tiene que jubilarse cuando pierda el subsidio por desempleo.
"Todavía tienes iniciativa, tienes ganas, tienes, pero vas, llegas a un trabajo; no, no cubre el perfil; no, ya le llamaremos, eh, pero bueno, es que claro, no cubres el perfil, es que lo que quieren es un chaval de 25 años y que sepa de todo", declara Tomás. "De un 17% a un 30% me pueden quitar en la pensión. Por mucho que yo quiera hacerlo, no hay otra. Después de una vida trabajando. Eché tres años en una tienda, el servicio militar y 40 años ahí. Tú fíjate qué vida".
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