El que se mueve no sale en la foto
Cuando uno pretende llegar a algo en el PSOE, conviene que se haya leído a los clásicos, más que nada, para que no te pase lo que a Francisco Martín Aguirre, espejo de esbirros del señorito, pero que cometió el desliz de apoyar a una candidata, Enma López, que no era del agrado de Ferraz, que apostaba por Reyes Maroto. Parece que, primero, le vetó Óscar López en las listas al Ayuntamiento de la capital y a la Comunidad de Madrid y, tras el adelanto electoral, el que fuera vanguardia del sanchismo contra Isabel Díaz Ayuso supo que tampoco iba a tener un puesto de salida en las listas electorales del 29 de noviembre, probablemente, sintió el despecho de los amantes preteridos y se largó en horas 24 dando un portazo. Con todo lo que él había hecho por el señorito, que hasta se pringó en un crowdfunding, «Bancal de Rosas», de dudosa legalidad para financiar su regreso a la Secretaría General socialista, y le despedían como a un cochero, sin posibilidad de aforamiento y a expensas de que le vuelvan a contratar en la empresa pública Tragsa, como a una Jessica cualquiera. Ya lo dejó bien explicado el eximio Alfonso Guerra con la frase «el que se mueve no sale en la foto», expresión que compendia la filosofía interna del socialismo patrio, y uno de esos políticos que, cuando se trataba de insultar al contrario, tiraba del fondo de armario de su enorme bagaje cultural y daba gusto escucharle. Nada que ver, por supuesto, con los pinitos de Óscar Puente, que de no ser por Internet y la Wikipedia, seguramente ni siquiera podría escribir correctamente «tahúr del Mississippi» o sabría quién era ese tal Pavía que entró a caballo en el Congreso, por rememorar los dos epítetos más conocidos dedicados por Guerra a Adolfo Suárez. Por cierto, dicho sea de paso, el ministro Puente ha tenido la dignidad de reprobar públicamente el portazo de nuestro atribulado Martín, lo que contrasta con la postura de Reyes Maroto, que le despedía con elogios que harían vomitar a un facócero. El caso es que nuestro exdelegado había recibido bastante apoyo entre las bases del Partido Socialista de Madrid, figurar en la vanguardia contra Ayuso tiene estas alegrías, y se encontraba entre el centenar de candidatos a formar parte de la lista a las generales, pero se había «movido» y el señorito no solo no paga traidores, sino que tiene aversión a esos tipos con criterio propio que, inexplicablemente, aparecen de improviso en todos los partidos. Además, si se cumple lo que pronostican las encuestas, bastante lío tiene el PSOE para recolocar al millar largo de asesores gubernamentales condenados al paro, como para repescar a gentes de dudosa disciplina, que pueden verse inclinados a exigir cuentas al señorito si se produce la presentida catástrofe electoral. Por si le sirve de consuelo al pobre Martín, decirle que este tipo de putadas es algo bastante habitual en el socialismo español, que cuando las cosas van bien presume de democracia interna, pero cuando se ponen cuesta arriba, los que mandan pierden cualquier escrúpulo y van con la navajilla de emascular abierta. A Largo Caballero, el «Lenin español», lo desalojaron de la presidencia del Gobierno de la República en mayo de 1937 tras una conspiración de los comunistas que contó con el inestimable apoyo de su compañero de filas, Indalecio Prieto. Y eso que Caballero no lo estaba haciendo peor que, por ejemplo, Pedro Sánchez, que nos ha llevado a los españoles al pelotón de los torpes.


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