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Una generación devorada por la ansiedad: el peaje mental de una sociedad que vive en alerta

25 October 2026 at 23:08

¿Qué nos empuja a buscar una explicación para cada cosa que pasa en nuestra vida? A medio camino entre la angustia de Sábato en El túnel y la lúcida renuncia de Antonio Gala —quien afirmaba que ser feliz exige darse cuenta de que nada es tan importante—, asoma la trampa de la ansiedad, que nace de la obsesión por dar respuesta a todas las preguntas. Y dominarlas. Paradójicamente, cuanto más irracionales y aciagas sean, más nos aferramos a ellas, como si ensayar el desastre nos blindara ante la tragedia.

La ansiedad puede comprenderse a través de la teoría de la intolerancia a la incertidumbre —desarrollada por Michel Dugas, Robert Ladouceur y Mark Freeston—, que define nuestra incapacidad para convivir con lo impredecible. La incomodidad ante la falta de certezas parece empezar a ganar terreno entre los jóvenes, ¿o es que se le está empezando a poner nombre a un malestar históricamente mudo? El reflejo del lastre cobra vida en los datos del Centro Reina Sofía que revelan que el 54,7% de los jóvenes que afirman haber sufrido algún problema de salud mental en el último año. Los trastornos de ansiedad figuran entre los más habituales y, además, son los únicos que continúan creciendo respecto a años anteriores. Unas cifras que permiten tomarle el pulso a una generación cuyo malestar ya no puede despacharse como algo anecdótico.

Una generación que aprende a vivir ansiosa aprende a limitar su vida

Pero ¿qué ocurre realmente en la cabeza de una persona con ansiedad? ¿Qué mecanismos convierten la incertidumbre cotidiana en una amenaza y por qué, a veces, la mente parece empeñada en imaginar precisamente aquello que más teme?

Las personas con ansiedad perciben el mundo como algo peligroso

La ansiedad no es un fenómeno puramente mental, sino una reacción multidimensional que afecta todo el organismo. Vanessa Fernández, doctora en Psicología, explica que esta emoción es una ''respuesta emocional normal y natural, la tenemos todo el mundo y aparece ante situaciones que interpretamos, aunque no lo sean, como amenazantes''. En el plano físico, el cuerpo reacciona con tensión, sudoración y un incremento de las frecuencias cardíaca y respiratoria. Sin embargo, es en el plano cognitivo donde la mente empieza a tejer una red de la que es difícil escapar: cuando esta se ve desbordada, el pensamiento se enfoca de manera obsesiva en la amenaza, magnificando los errores, anticipando catástrofes y minimizando la propia capacidad para afrontar los problemas.

En palabras de la doctora Fernández, ''la persona con ansiedad va a percibir el mundo de una manera peligrosa. Entonces, al percibir una situación como hostil, aparecerá un círculo vicioso en el que el cerebro creerá todo lo que le estás diciendo y liberará más ansiedad''. Esta distorsión no solo altera la percepción de la realidad, sino que paraliza la capacidad de reacción del individuo: el ansioso se bloquea, habla de manera entrecortada y evita de manera sistemática aquellas situaciones que percibe como conflictivas.

Una generación que no tolera el fracaso

Pero la ansiedad –esa que te impide adaptarte a lo que se escapa de tu zona de confort– domina la capacidad de amoldarse a las nuevas realidades; la patología de las nuevas generaciones ya no se circunscribe a hitos vitales concretos y delimitados en el tiempo, como podían ser los exámenes o la emancipación. Marina Díaz Marsá, psiquiatra y presidenta de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental, señala que nos encontramos ante un malestar mucho más difuso, crónico y anticipatorio, alimentado por la exposición digital permanente, la incertidumbre y la autoexigencia multidimensional.

La doctora Díaz Marsá advierte sobre el impacto de este estado de alerta sostenido en el tiempo y afirma de manera contundente que ''una generación que aprende a vivir ansiosa aprende a limitar su vida''. Este límite se traduce clínicamente en somatizaciones tempranas, una preocupante intolerancia a la frustración y a la incertidumbre. Según la experta, esto es consecuencia directa de un modelo educativo y social que ha reducido las oportunidades para experimentar el fracaso controlado y que, en cambio, refuerza la inmediatez a través de la tecnología.

Tiranía y frivolidad en redes sociales

En este escenario, las redes sociales no actúan como una causa única, pero sí como un amplificador de las inseguridades y de la necesidad de aprobación externa. El cerebro adolescente, biológicamente sensible a la evaluación social, se ve expuesto a un triángulo lesivo para la autoestima: la comparación constante, la búsqueda de validación mediante likes y la exposición a vidas idealizadas; una idea apoyada por Rita, una paciente de salud mental con ansiedad crónica que cuenta a El Independiente lo frustrante que es no poder alcanzar nunca los estándares que se venden en las redes sociales: "No hablo solo de belleza, que al final es algo subjetivo. Hablo del ritmo de vida que parece llevar todo el mundo, de todos los libros que parecen tener tiempo para leer, de los sábados que salen a comer fuera, de las tres carreras y los dos másteres que tienen. De lo normalizado que está ese supuesto éxito que vemos constantemente y que, muchas veces, no es más que una fachada: una imagen de perfección que tiene poco que ver con la realidad y que esconde vidas mucho más complicadas de las que nadie habla".

Por su parte, Alberto Veira Ramos, profesor de Sociología en la UC3M, coincide en el impacto nocivo de esta hiperconexión y en cómo la pérdida de control sobre el propio tiempo libre se convierte en un caldo de cultivo para el malestar. El sociólogo reflexiona sobre las dinámicas de comparación que imperan en la actualidad y destaca que ''nos estamos continuamente comparando con la versión edulcorada que los demás suben de sí mismos a las redes. Eso no pasaba antes''. Esta tiranía de la felicidad obligatoria y del éxito empaquetado se convierte, según el experto, en una auténtica losa para el desarrollo de los jóvenes.

"Más Platón y menos Prozac"

A pesar del incremento en las consultas, los expertos coinciden en que una mayor alfabetización en salud mental ha permitido que los jóvenes identifiquen antes el sufrimiento y dejen de padecerlo en silencio, lo cual representa un avance social significativo.

Sin embargo, la respuesta a este problema no debe limitarse a la vía farmacológica. El consumo de ansiolíticos ha aumentado, y el uso prolongado de benzodiacepinas durante más de 4 semanas genera tolerancia, dependencia e interfiere directamente en el aprendizaje a la hora de elaborar estrategias para afrontar la ansiedad desde el plano mental y no químico.

Lejos de criminalizar la medicación –siempre que haya sido prescrita– faltan herramientas de autorregulación emocional y de autoconocimiento. En su análisis, Veira sugiere volver la mirada, también, hacia disciplinas tradicionales y formativas, señalando que ''en el sistema educativo se está dejando de enseñar herramientas de los filósofos clásicos para controlar el temperamento propio, las propias emociones y gestionar nuestros propios miedos''. Cita, en este sentido, el título de una obra de Lou Marinoff, "Más Plantón y menos Prozac" y alude a corrientes como el estoicismo, que ofrecen recursos valiosos para reducir la vulnerabilidad ante las opiniones ajenas y fortalecer la confianza en uno mismo.

Aprender a gestionar el tiempo, establecer rutinas saludables, asegurar la presencia y el apoyo familiar sin caer en la sobreprotección, y aprender a poner límites en las relaciones personales se perfilan como los pilares fundamentales para desactivar la alerta constante. Solo así se permitirá que los jóvenes se desprendan, de manera saludable, de la asfixiante máscara de la perfección. Quizá la verdadera renuncia de la que hablaba Antonio Gala no sea dejar de aspirar a más, sino dejar de vivir como si nunca fuéramos suficientes.

El 55% de los españoles ignora qué es el hígado graso y el 70% desconoce que puede derivar en trasplante

25 October 2026 at 17:58

El 55% de los españoles ignora qué es el hígado graso y el 70% desconoce que puede derivar en trasplante, una enfermedad que afecta a 10 millones de personas en España, según ha revelado la Guía de Práctica Clínica de la Asociación Española para el Estudio del Hígado (AEEH).

Con motivo de la celebración, el 30 de octubre, del Día Mundial contra el Cáncer de Hígado, la AEEH subrayó que el 25% de la población general española tiene hígado graso, según las estimaciones de su Guía de Práctica Clínica, aunque la mayoría ignora qué es y cuáles son sus riesgos reales.

Esta es la principal conclusión del primer Barómetro del Hígado Graso, un estudio sociológico llevado a cabo por la Federación del Hígado en España (FEH) sobre una muestra de 1.512 personas, que analiza el grado de conocimiento de la población sobre esta afección, conocida clínicamente como patología hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica (Masld/MASH).

Los resultados de la investigación, que se enmarca en un mes enfocado en la sensibilización sobre el cáncer de hígado, revela una llamativa falta de cultura hepática básica: el 49% de los españoles no considera que el hígado sea un órgano vital.

Esta desconexión se acentúa entre los jóvenes: solo uno de cada tres personas de entre 18 y 24 años, sabe que el hígado es indispensable para vivir. Además, el 87% de la población reduce el papel de este órgano casi en exclusiva al procesamiento del alcohol, ignorando su función clave en el metabolismo o la regulación del azúcar en sangre.

Amenaza silenciosa

Este desconocimiento sobre las funciones del órgano se refleja también en el grado de información sobre la propia patología. El 55% de los encuestados admitió que no sabe qué es el hígado graso: un 10% no ha oído hablar jamás de él y un 40% conoce el término, pero ignora en qué consiste.

A esto se añade la desinformación sobre su evolución clínica y pronóstico. Un 35% de la población ignora que se trata de una condición silenciosa que avanza sin mostrar señales ni causar malestar hasta fases avanzadas, un porcentaje que alcanza el 50% entre los menores de 35 años. Asimismo, un 32% cree erróneamente que es una dolencia irreversible, omitiendo que, detectada a tiempo, se puede revertir.

A este respecto, el vicepresidente de la Federación Española del Hígado en España, Josep María Martínez Rodríguez, explicó que "el hígado graso es la gran epidemia silenciosa del siglo XXI. El hecho de que más de un tercio de la ciudadanía no sepa que avanza sin presentar síntomas dificulta enormemente el diagnóstico precoz y la intervención oportuna en atención primaria".

Trasplante de hígado

El estudio revela que la población desconoce que el hígado graso afecta a todo el organismo y repercute directamente en la salud cardiovascular: el 70% de los españoles ignoran que el avance del hígado graso sin tratamiento puede derivar en la necesidad de un trasplante hepático.

Además, gran parte de la población no es consciente de sus consecuencias vasculares más graves, ya que el 46% desconoce que esta patología incrementa las probabilidades de sufrir un ictus y un 41% ignora su vínculo con los infartos de miocardio.

Del mismo modo, se suele pasar por alto su relación con otras afecciones de gran prevalencia en España, de forma que un 35% no la asocia con la diabetes tipo 2 y un 34% tampoco la conecta con la hipertensión arterial.

Uno de los hallazgos más destacados del informe es el sesgo social que rodea a la patología: el 92% de los españoles sostiene que el propio paciente es el responsable de padecer la enfermedad.

Malos hábitos

En este sentido, un 77% atribuye su origen únicamente a 'malos hábitos' individuales (dieta y sedentarismo), mientras que solo un 24% comprende el peso determinante de los factores genéticos y metabólicos.

Por otro lado, el 53% de los encuestados considera que el hígado graso es una patología exclusiva de personas con sobrepeso u obesidad. Esta percepción genera una falsa sensación de seguridad en personas con un índice de masa corporal normal que padecen disfunción metabólica, lo que contribuye a retrasar su diagnóstico.

"Atribuir el hígado graso únicamente al estilo de vida es una simplificación injusta y peligrosa. Creer que es exclusivo de personas con sobrepeso o culpabilizar al enfermo genera un estigma que aleja a los pacientes de las consultas y hace que muchas personas con peso normal ignoren que también están en riesgo", apuntó Martínez Rodríguez.

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25 October 2026 at 04:30
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Francia detecta el primer caso del virus Shamonda en humanos en un paciente inmunodeprimido fallecido

22 October 2026 at 19:13
El único caso del virus Shamonda detectado en humanos corresponde a un paciente con una enfermedad grave en el sistema inmunitario que murió a inicios de octubre. El Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades explicó que la víctima era más proclive a infecciones que la población general e informó de investigaciones para determinar "si el virus causó o contribuyó a su muerte y cómo adquirió la infección". Las autoridades no ven ningún riesgo para la salud pública.

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