“No dormir las horas adecuadas, sostenido en el tiempo, es un asesino silencioso”
Hay noches en las que dormimos ocho horas y aun así nos levantamos cansados. Mañanas en las que nos cuesta concentrarnos y tardes en las que cualquier decisión parece exigir un esfuerzo extra. No siempre es falta de voluntad. A veces, la explicación está en nuestra biología. El cerebro no funciona igual a todas horas, y lo que hacemos mientras dormimos condiciona cómo pensamos, aprendemos y gestionamos las emociones al día siguiente. Sin embargo, seguimos tratando el descanso como un tiempo que le robamos a la jornada, en lugar de entenderlo como una parte imprescindible de ella.
