El diario de Amilibia: El Apolo quiere ser Obélix
Todo lo que el Apolo de la Moncloa hace en los mítines está programado, dicen, para «humanizarlo». Pero, ¿qué pasa cuando un dios se humaniza? Bueno, si el Perro Sanxe lo hiciera por la vía Disney probablemente se convertiría en Pluto, Golfo («La dama y el vagabundo») o Sllnky, el perro salchicha de «Toy Story». Pero tratándose del Apolo debemos atenernos a la mitología griega, donde se explica que, al tomar forma humana, los dioses se vuelven más vulnerables y ven acrecentadas las pasiones: ira, celos, sexo, amor, odio, violencia…Señala la mitología que la transformación puede ser solo temporal, un disfraz para seducir, ocultarse o poner a prueba los comportamientos humanos y sus debilidades. ¿Les cuadra la cosa viéndolo en los mítines bailar pasodobles con abuelas? El rey del transformismo fue Zeus: se convirtió en toro blanco para raptar a Europa, en cisne para tirarse a Leda, en águila para seducir a Ganímedes, en cuco para conquistar a Hera...
El Apolo no llegará a tanto: «La fuerza del amor» y el «Te quiero, Begoña» solo dan, se mire como se mire, para un culebrón turco. En la entrevista con Broncano («Si gano tendrás cuatro años más de La Revuelta») presentó su Gobierno como la «aldea gala» frente a los ataques fascistas. «Tiene su épica», remató. Ahí está: quiere ser Obélix, que de niño se cayó en la marmita de la posición mágica del druida Panorámix y de ahí su poderío, transformable en «Manual de resistencia». El Apolo cree vivir en la irreductible aldea gala y se ve propinando unas palizas descomunales a toda la tropa romana capitaneada por César Feijóo, insistente en el asalto a los muros monclovitas. Así que pronto lo veremos lucir la camiseta con el nuevo el lema de su campaña: «¡Están locos estos romanos!». Y si no es Obélix, será su perrito Ideafix, ¿no?


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