Hay un momento del otoño en el que el silencio de Gallocanta empieza a romperse. Primero se escucha un sonido lejano, una especie de trompeteo que llega desde el cielo. Después aparecen las primeras formaciones de grullas, que sobrevuelan los campos antes de descender hacia la laguna. Algunas llegan después de recorrer miles de kilómetros. Otras apenas descansarán una noche antes de continuar su viaje hacia el sur.