La izquierda ha salido en tromba contra el ministro de Transportes, Óscar Puente, por atribuir a un operario del centro de control de Adif la responsabilidad del accidente de Urda, que deja al menos 69 muertos y decenas de heridos. Al igual que este miércoles, Frente Amplio, el nuevo Sumar, todavía socio de Gobierno el PSOE, ha pedido de manera velada la dimisión del ministro y reclama "transparencia" ante la tragedia. "Es inaceptable que se señale a los trabajadores. Sólo un error humano no puede explicar una tragedia provocada por fallos en un sistema de seguridad complejo", ha declarado la candidata de la alianza el 29N, Ada Colau, en un comunicado.
De la misma manera que Colau, la candidata de Podemos, Irene Montero, ha reprochado al Gobierno que hable de "fallo humano" como principal causa del accidente. "¿De verdad quieren que nos creamos que toda la responsabilidad es de un trabajador? Van dos accidentes gravísimos en menos de un año. Adif registró en 2025 3.633 trenes afectados por fallos de señalización cuando en 2018 fueron 243. ¿De verdad nos quieren convencer de que el problema es un trabajador y no un sistema ferroviario sobrecargado donde ahora circulan muchos más trenes que antes, con un mantenimiento insuficiente y externalizado y con unos sistemas de seguridad que necesitan ser actualizados?", se ha preguntado la exministra.
Además, Montero ha cargo contra la filtración de los audios de las conversaciones que intercambió instantes antes del accidente el operador del centro de control de Adif y los maquinistas de ambos trenes accidentados. La candidata morada cree que se hizo "para señalar a un trabajador" y lo califica de "indecente". "Trabajadores, además, que llevan años denunciado que falta personal, que hacen jornadas sin descanso y que hoy mismo [por este jueves] habían convocado una huelga para exigir mejoras en los sistemas de seguridad y de prevención de fallos", concluye.
En las últimas horas, tanto desde el ámbito político como el sindical se ha reclamado la dimisión del ministro Puente, algo que fuentes del Gobierno aseguran que en estos momentos no está sobre la mesa. Desde Transportes han informado de su intención de informar de lo ocurrido en Urda en el Congreso el próximo martes.
Más de 1,5 millones de europeos sufrirán un ictus este año. Hasta un 90% de los casos podrían prevenirse con el control de los factores de riesgo vascular y con un estilo de vida saludable en el que no tiene cabida el tabaco ni el estrés.
Bien lo sabe Antonio García-Munté, de 67 años, quien el pasado 24 de marzo sufrió un ictus «estando en la bañera. Se dieron cuenta en casa porque empezó a salir agua por debajo de la puerta. Vino el 112 y en menos de dos horas me habían hecho una trombectomía y una fibrinolisis». Acababa de sufrir un ictus isquémico, el más común.
«Me dio en el hemisferio derecho del cerebro por lo que me perjudicó toda la parte izquierda del cuerpo. Estuve una semana ingresado en la UVI y dos semanas en planta», recuerda. A continuación, fue al Centro de Rehabilitación Fundación Instituto San José, en Madrid, donde estuvo casi dos meses. «De allí salí andando y hablando, pero el brazo izquierdo no lo movía nada y la pierna, a duras penas», reconoce.
"Mi objetivo era volver a pescar como hacía cada año, y he podido. El siguiente viaje será en junio"
Antonio García-Munté, paciente de 67 años
En junio ingresó en el Centro de Neurorrehabilitación CEN de Aravaca, donde ha recibido sesiones de neuropsicología y de terapia motora. Recuerda que le preguntaron cuál era el objetivo y no lo dudó: «Volver a pescar». Lo veían complicado, porque aunque él se acuerda «de cosas que hacía antes del ictus, no me he olvidado del inglés y he recuperado mucho el habla». También sufre cierto desequilibrio al caminar que hace que «cuando voy por la calle o por el pasillo tiendo a irme a la izquierda».
En este tiempo, ha mejorado «muchísimo». Tanto es así que en septiembre cumplió su sueño y se fue a pescar a Eslovenia. «Consulté con mi neuróloga y me dijo que sí, si me encontraba bien, y me fui con mi mejor amigo. Hay que meterse con un vadeador (el traje de pesca) en firme irregular porque hay piedras y corrientes y pude hacerlo».
Una experiencia que, según él, también le ha hecho mejorar su motricidad fina: «Hacer nudos de pesca era casi imposible, pero in situ espabilé y los pude hacer. Aunque tuve que pensar mucho y eso me dio dolor de cabeza».
«Es el noveno año que voy», dice con orgullo y no será el último. Está ya «pensando no en septiembre, sino en junio porque es la mejor época para pescar». Su sueño: «Volver a hacer mi vida normal. Volver a trabajar, soy autónomo y no me voy a jubilar mientras tenga la cabeza en su sitio. A mi edad tener la sombra de esa posible dependencia me lastraba mucho el ánimo y verme independiente me ha ayudado», dice Antonio, que resultó ser «diabético, hipertenso y fumador desde los 14 años». Lleva mal dejar de fumar. De hecho, hace poco se llevó un buen susto porque había vuelto a fumar y al ir a recargar el mechero «se me cayó gasolina en la mano y acabé en la unidad de quemados de La Paz».
Como él, uno de cada cuatro españoles sufrirá un accidente cerebrovascular a lo largo de su vida, una enfermedad que no entiende de edades: hasta un 20% de los casos se produce en menores de 50 años. Además, su incidencia está aumentando entre los jóvenes por los malos hábitos, según la SEN.
No es el caso de Rodrigo Muñoz, de 26 años, que sufrió un aneurisma cerebral por el que tuvo que ser operado en 2024 por una malformación de nacimiento: «Nada más llegar al hospital me abrieron el cráneo y me drenaron toda la sangre. Esa operación a vida o muerte duró 6 horas. Estuve tres meses sin cráneo y me operaron 4 veces en las que me abrieron y me cerraron, pero sin parte del cráneo porque se me infectó en la primera operación. En total estuve 68 días en el hospital, 10 de ellos en coma».
"He mejorado bastante el habla. Antes leía 20 palabras por minuto y ahora 200"
Rodrigo Muñoz, paciente de 26 años
Ya en el hospital sus padres se pusieron a buscar centros de rehabilitación. «Llevo casi dos años en el CEN. Entré sin poder hablar, sin poder andar ni mover ni sentir la mano derecha y ahora hago deporte, esquí y natación paraolímpicos, puedo conducir... La verdad es que hago vida normal y he mejorado bastante el habla». Y tanto. Rodrigo ha pasado de tardar «1 minuto en leer 20 palabras en voz alta a decir 200». También han trabajado con él la destreza fina con un guante de electroestimulación, por ejemplo, que hace que note mejor la mano. Y quiere seguir mejorando, «sobre todo ganar más independencia porque, aunque hago de todo, hay cosas, como partir la comida, para la que necesito ayuda», explica este joven, militar de infantería de marina destinado a la Guardia Real.
«Ahora estoy de baja, y mi intención es volver en un puesto adaptado o lo que haya. Tengo que pasar otro tribunal médico para ver qué puedo hacer y qué no. Y acabo de empezar a estudiar Psicología. Porque a raíz de todo esto explicó en redes sociales las cosas, hablo de salud mental, de recuperación y me escribe mucha gente (tiene más de 150.000 seguidores) pidiéndome consejos de todo tipo. Me he dado cuenta de que así ayudo a mucha gente y me gusta hacerlo».
Dos edades, dos etapas de la vida interrumpidas por el ictus, una enfermedad en la que las primeras horas son vitales, también empezar cuanto antes con la rehabilitación. «La neurorrehabilitación marca la diferencia en la evolución paciente. Tras un ictus, los primeros momentos son cruciales. Gracias a la neurorrehabilitación, es posible reducir secuelas, también aunque pase tiempo, sobre todo en personas jóvenes, porque tienen el cerebro más plástico», explica Cristina Vázquez, cofundadora del CEN.