Las bolsitas de té de plástico liberan hasta 2.498 partículas de microplásticos por taza, además de BPA y ftalatos, según un nuevo estudio
Preparar un té parece tan sencillo como calentar agua y dejar una bolsita en la taza. Sin embargo, cuando está fabricada con plástico, también puede desprender partículas que acaban en la bebida. Y eso no es lo único que han encontrado unos investigadores turcos.
Un estudio de la Universidad Recep Tayyip Erdoğan, publicado en Science of Food, ha detectado hasta 2.498 microplásticos por taza en bolsitas sintéticas, además de sustancias químicas utilizadas en productos plásticos. El hallazgo no significa que todas las marcas contaminen igual ni demuestra que beber ese té provoque enfermedades.
Tres minutos en agua caliente bastaron para liberar miles de partículas
Los científicos compararon 14 marcas de té en bolsitas y otras 14 de té a granel en supermercados de Turquía. Solo cuatro marcas utilizaban bolsitas de plástico, concretamente de poliamida, un material parecido al nailon. Las otras diez estaban hechas de papel o celulosa.
Para comprobarlo, sumergieron las bolsitas sintéticas durante tres minutos en agua a unos 95 grados. Después analizaron el líquido y encontraron entre 555 y 2.498 partículas de plástico por taza, dependiendo de la marca. Las fibras identificadas correspondían al material de las bolsas.
En el té a granel aparecieron cantidades mucho menores, equivalentes a entre 0,3 y 2,4 partículas por ración. Eso sí, las hojas sueltas se analizaron directamente, no preparando una infusión idéntica, así que la comparación no es perfecta. Aun así, apunta a la propia bolsita como una fuente de contaminación. Las hojas tampoco están libres de residuos: los microplásticos llegan también a otros alimentos.
El BPA y los ftalatos añaden otra preocupación
Las cuatro infusiones preparadas con bolsitas de plástico también contenían bisfenol A (BPA) y ftalatos, sustancias que pueden pasar de ciertos materiales a los alimentos. Preocupan por sus posibles efectos sobre las hormonas y otros procesos del organismo, aunque encontrarlas en una muestra no demuestra por sí solo un daño.
Los autores calcularon que el BPA de una taza podía representar hasta el 21,7% de la ingesta diaria tolerable utilizada como referencia. Por eso no convierte automáticamente la bebida en segura: recibimos exposición por otras vías y la Unión Europea ya ha restringido el BPA en materiales destinados al contacto con alimentos.
Además, otros estudios con animales han relacionado ciertos microplásticos con alteraciones del hígado. Este trabajo, en cambio, no examinó efectos sobre la salud de personas.
Asimismo, queda otra limitación: el método solo identificó partículas mayores de 100 miras. Las más pequeñas no entraron en el recuento, de modo que la cifra real podría ser superior. Para reducir esta exposición, los investigadores aconsejan elegir té a granel y utilizar un infusor de metal o cerámica.


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