Un Atlético sólido y paciente que aguantó el arranque ambicioso del Levante para después superarle con un fútbol con seda y vértigo en varios tramos del partido se subió en la sobremesa de este sábado a lo más alto de la tabla con un triunfo incontestable. A la espera del Barcelona-Alavés de esta noche, fue una victoria a la altura de un líder. El Atlético salió beneficiado del último clásico, le quitó tres puntos al conjunto de Hansi Flcik y mantuvo la ventaja de un punto con el Madrid. Eso le permitió presionar a ambos antes de sus duelos de esta jornada con su rotundo triunfo en una visita que le suele resultar incómoda.
A fines del siglo XX, la avenida Corrientes, de Buenos Aires, estaba repleta de librerías y cines. Hoy hay menos, pero quedan algunas cosas. Entre otras, el cine Lorca, la librería Hernández y, no se sabe hasta cuándo, la disquería y librería Zivals. Ocupa la esquina emblemática de Corrientes y Callao desde hace 55 años. El local, enorme, es propio. Les va bien. Tienen 35 empleados y un catálogo de más de cincuenta mil títulos entre música y libros. Ahora, el gobierno de la ciudad planea expropiarla y demolerla para construir el vestíbulo de una estación de la línea F del subterráneo. A comienzos de 2026, la misma legislatura que debe votar su expropiación declaró a Zivals Sitio Destacado de la Cultura. Sus propietarios no se oponen al subte: plantean desplazar el acceso unos metros, a un pasaje peatonal, y ubicar el vestíbulo en el subsuelo. Sostienen que si en esa esquina hubiera un edificio de diez pisos, ese sería el camino que hubieran elegido las autoridades, y no la expropiación. En conversaciones con el gobierno, escasas y ripiosas, les ofrecieron una “salida de convivencia”: cederles, cuando la estación esté construida, un espacio en el primer piso. Para eso, Zivals debería permanecer cerrada por tres años: una desaparición discreta, sin escándalo. El Estado tiene diversas formas de borrar la idiosincrasia de las ciudades: usa la impunidad o la indiferencia. En 2019, el gobierno de Buenos Aires permitió que se inaugurara, en el barrio de Villa Crespo, el mega estadio Movistar Arena con capacidad para 15.000 personas, un proyecto privado que destruyó la vida calma del vecindario. En Madrid, la librería Tipos Infames tuvo que cerrar porque el costo del local que alquilaban en Malasaña aumentaba drásticamente por causa de la gentrificación. Y Maricarmen, ya se sabe. En Madrid, en Buenos Aires, en todas partes, el Estado es una inmobiliaria brutal que arrasa imponiéndose por la fuerza o mirando, cómplice, hacia otro lado.