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Cómo afecta la enfermedad renal crónica a los huesos y qué hábitos ayudan a prevenir complicaciones

31 October 2026 at 16:30
Los riñones trabajan sin descanso, pero una parte de su labor permanece oculta para la mayoría (Imagen Ilustrativa Infobae)

Millones de personas en todo el mundo padecen enfermedad renal crónica (ERC) sin saberlo. En sus primeras etapas, la afección suele avanzar sin síntomas evidentes, lo que puede retrasar su detección. Cuando la función renal se deteriora, las consecuencias no se limitan a la eliminación de desechos o a los cambios en la orina. Aunque los riñones suelen asociarse sobre todo con el filtrado de la sangre, también intervienen en procesos que repercuten en otras partes del organismo. Entre ellos, tienen un papel determinante en la salud de los huesos.

George Hart, médico nefrólogo y director médico de Interwell Health, precisó a la revista Parade que “los riñones juegan un papel crucial en la regulación del equilibrio de líquidos, la limpieza de toxinas, la salud ósea y el recuento de glóbulos rojos”.

La relación entre los riñones y los huesos

Lo que ocurre a nivel óseo no es casual ni secundario: detrás hay una cadena de procesos que arranca con algo tan cotidiano como el filtrado de la sangre. Los riñones regulan las concentraciones de sodio, potasio, calcio y fósforo (componentes estructurales del tejido óseo), por lo que su correcto balance es determinante para la resistencia de los huesos.

Los riñones regulan el equilibrio de líquidos, la eliminación de toxinas, el recuento de glóbulos rojos y la salud ósea (Imagen Ilustrativa Infobae)

Pero hay un mecanismo adicional: los riñones transforman la vitamina D en su forma activa, la única versión que el cuerpo puede utilizar para absorber calcio a través de la alimentación. Sin esa conversión, aunque se consuma dicha vitamina, el organismo no puede aprovecharla.

Cuando la función renal se deteriora, ese equilibrio se rompe. El déficit sostenido de calcio y fósforo debilita progresivamente el tejido óseo y eleva el riesgo de fracturas. Esta complicación se conoce clínicamente como trastorno mineral y óseo asociado a la enfermedad renal crónica.

La asociación tiene respaldo científico: un estudio prospectivo de investigadores surcoreanos, publicado en el Clinical Kidney Journal, que siguió durante cuatro años a más de 1.000 pacientes con ERC en etapas 2 a 4 confirmó que, a medida que la función renal se deteriora, la pérdida de densidad mineral ósea se acelera.

En ese sentido, en la cadera, los pacientes en etapa 4 perdían más del doble de masa ósea por año que aquellos en etapa 2, independientemente del sexo.

Un estudio científico comprobó que el deterioro de la función renal duplica la pérdida de densidad ósea en la cadera (Imagen Ilustrativa Infobae)

Hábitos que preservan la función de los riñones

Hart señaló que reducir el consumo de alimentos ultraprocesados, sal en exceso y bebidas azucaradas es la medida individual más relevante para preservar la función renal. Ese tipo de alimentación también reduce la probabilidad de desarrollar diabetes tipo 2 e hipertensión arterial, que son las dos principales causas de la ERC.

La actividad física regular también contribuye al control del peso y la presión arterial. El especialista recomendó alcanzar al menos 150 minutos semanales de ejercicio de intensidad moderada. Complementariamente, sugirió incorporar prácticas de reducción del estrés como la meditación, la respiración consciente o el yoga.

La importancia de los chequeos de rutina

Dado que el daño renal avanza de manera silenciosa, los análisis de sangre y orina de rutina son, según Hart, una de las herramientas más efectivas para detectarlo a tiempo. También advirtió sobre la necesidad de consultar al médico antes de tomar cualquier medicamento de forma habitual, incluidos los de venta libre, ya que algunos pueden afectar la función renal con el uso prolongado.

En fases más avanzadas, la enfermedad puede manifestarse con cambios en la frecuencia o apariencia de la orina, hinchazón en extremidades, cansancio persistente y dolor en la zona lumbar o costal. Además, Hart agregó que “la aparición súbita de presión arterial alta en alguien que la tenía normal también es una señal de alerta” que no debe ignorarse.

Una señal en la sangre vinculada a la dieta mediterránea se asocia con un 23% menos de mortalidad

31 October 2026 at 16:19
Un estudio vinculó una firma metabólica de la dieta mediterránea con una reducción en el riesgo de muerte (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un estudio internacional liderado por investigadores de la Universidad de Navarra identificó una firma en la sangre asociada con la dieta mediterránea que se vinculó con un 23% menos de riesgo de muerte a largo plazo entre 14.584 personas de España y Estados Unidos, informó el portal científico Science Alert!. El hallazgo abre la posibilidad de evaluar los efectos de la alimentación a partir de moléculas producidas por el organismo, sin depender únicamente de los recuerdos sobre los alimentos consumidos.

La investigación, publicada en The American Journal of Clinical Nutrition, reunió muestras y datos de participantes españoles y estadounidenses seguidos durante años. Los resultados se observaron en los dos grupos distintos, pese a sus diferencias de edad, condiciones de salud y duración del seguimiento.

Los científicos analizaron un patrón de 67 metabolitos, en su mayoría lípidos, moléculas relacionadas con las grasas que reflejan tanto los alimentos ingeridos como la forma en que cada cuerpo los absorbe y procesa. Esta firma metabólica —el patrón de moléculas en sangre que refleja los hábitos alimentarios— había sido identificada en un estudio previo y ya asociada a la alimentación mediterránea y al riesgo cardiovascular, y fue ahora evaluada por primera vez en relación a la mortalidad a largo plazo.

Huella metabólica de los alimentos consumidos

La dieta mediterránea prioriza verduras, frutas, legumbres, frutos secos, pescado y aceite de oliva, y limita la carne roja y procesada. Algunos de los metabolitos estudiados se habían asociado previamente con el consumo de aceite de oliva, mientras que otros corresponden a ácidos grasos de cadena larga presentes en pescados y frutos secos.

Los investigadores analizaron un patrón de 67 metabolitos en sangre asociados a la ingesta de aceite de oliva, frutos secos y pescados (Imagen Ilustrativa Infobae)

El primer grupo incluyó a 1.880 adultos mayores que participaron en PREDIMED, un ensayo español sobre alimentación. No tenían enfermedad cardiovascular al comenzar, aunque presentaban un riesgo elevado de desarrollarla.

Tras unos 13 años de observación, quienes se ubicaron en el tercio más alto de la firma metabólica mostraron un riesgo de muerte 23% menor que quienes integraban el tercio más bajo. El análisis tuvo en cuenta variables como la edad, el tabaquismo, el índice de masa corporal y enfermedades preexistentes.

La asociación se mantuvo en gran medida incluso después de considerar el grado de seguimiento de la dieta informado por los propios participantes. Para la epidemióloga de la Universidad de Navarra, Estefanía Toledo, la medición sanguínea también puede captar diferencias individuales en la absorción y el procesamiento de la comida.

“Los cuestionarios dependen de lo que las personas recuerdan e informan, por lo que son propensos a clasificaciones erróneas”, explicó Toledo. Estas herramientas han sido hasta ahora una de las formas habituales para estimar la cercanía de una persona a este patrón de alimentación.

Confirmación en tres estudios

El equipo examinó después datos de 12.704 participantes de tres investigaciones estadounidenses de larga duración, todos profesionales de la salud seguidos durante un promedio de 25 años.

El análisis molecular en sangre ofrece una alternativa a los cuestionarios dietéticos convencionales y evita los sesgos de memoria (Imagen Ilustrativa Infobae)

En ese conjunto, las personas situadas en el quinto más alto de puntuación también registraron un riesgo de muerte 23% inferior al del quinto más bajo. La repetición de la asociación en ambos grupos respalda el vínculo entre la firma metabólica y la mortalidad a largo plazo.

Sin embargo, el resultado no permite calcular cuántos años vivirá una persona ni demuestra que aumentar la puntuación de la firma extienda la vida. “Indica diferencias de riesgo entre grupos, no la esperanza de vida de un individuo”, aclaró Toledo.

Aunque PREDIMED fue un ensayo aleatorizado de intervención dietética, el análisis que comparó la firma sanguínea con la mortalidad fue observacional. Los investigadores evaluaron las puntuaciones ya existentes y su relación con los fallecimientos posteriores, por lo que no pudieron establecer una relación directa de causa y efecto.

En ese sentido, el análisis mostró una diferencia entre el nivel de la firma metabólica y sus cambios a corto plazo. Las personas con valores más altos del patrón al inicio del ensayo y al año de seguimiento —así como en el promedio de ambas mediciones— tendieron a registrar menor mortalidad. Sin embargo, el cambio del patrón durante ese primer año no se relacionó de forma significativa con el riesgo de muerte.

Los autores plantearon que la prueba podría ayudar en el futuro a identificar a las personas que más se beneficiarían de cambios en su alimentación. Antes de que pueda utilizarse de forma habitual, deberá probarse en poblaciones más diversas, con distintas edades y condiciones de salud, y demostrar que mejora la predicción del riesgo frente a los factores ya conocidos.

Un estudio vinculó una firma metabólica de la dieta mediterránea con una reducción en el riesgo de muerte (Imagen Ilustrativa Infobae)
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