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¿Qué sucede en la cabeza de un narcisista? Su cerebro no responde igual ante el malestar de los demás

¿Qué sucede en la cabeza de un narcisista? Su cerebro no responde igual ante el malestar de los demás

Un estudio con neuroimagen muestra que las personas con rasgos más narcisistas presentan patrones diferentes al resto ante situaciones de la vida real que implican la humillación de otra persona, un hallazgo que puede ayudar a explicar las dificultades en su interacción social

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Quieren ser el centro de atención, nunca reconocen sus errores y hacen sentir mal a quienes les rodean. Si usted convive con una persona narcisista, reconocerá inmediatamente estos rasgos. Si no, tiene referencias de la ficción, como El lobo de Wall Street, o de carne y hueso, como Donald Trump o Elon Musk. Pero ¿qué pasa exactamente por la cabeza de estas personas? ¿Son incapaces de sentir empatía? 

Un equipo de investigadores de la Universidad de Aalto, en Finlandia, se ha propuesto desentrañar esta cuestión mediante el análisis de la actividad cerebral y ha descubierto que estos individuos presentan patrones de activación neuronal diferentes al resto en situaciones de la vida real que implican el malestar de otra persona. El experimento se describe en un artículo publicado esta semana en la revista Cerebral Cortex y trata de encontrar la base neuronal del llamado “narcisismo grandioso”, rara vez se ha estudiado en situaciones sociales complejas.  

Reaccionar ante la incomodidad ajena

Para el trabajo, los autores reclutaron a 58 voluntarios de una selección de casi mil personas y formaron dos grupos: uno con los que habían dado una puntuación más alta en rasgos de personalidad narcisista y otro con el resto como grupo de control. A continuación, se registró la actividad de sus áreas cerebrales mediante una resonancia magnética funcional (IRMf) mientras observaban una serie de vídeos que simulaban situaciones de la vida cotidiana. 

Durante las pruebas, los participantes vieron vídeos en los que otra persona (un actor profesional) contaba historias personales y recibía comentarios sobre ellas. En estas grabaciones, el narrador compartía experiencias significativas de su vida en las que se había sentido admirado o excluido y una evaluadora reaccionaba a la historia cuestionando abiertamente su credibilidad, lo que exponía al narrador a una situación de crítica e incómoda humillación social.

Lo que vieron los científicos fue que las personas con rasgos narcisistas mostraron una sincronía cerebral significativamente menor en las áreas clave de la empatía cognitiva, como la corteza prefrontal dorsolateral y la corteza cingulada posterior. Mientras que en los participantes con bajo narcisismo estas regiones se activaban de forma coordinada y al unísono ante el malestar ajeno, en los individuos narcisistas las respuestas neuronales eran mucho más desalineadas y variables entre sí, lo que refleja una menor sintonía espontánea con el punto de vista y la experiencia de la otra persona.

Las personas con un alto grado de rasgos narcisistas reaccionan de forma diferente ante la vulnerabilidad ajena

Matias Piispanen — Investigador de la Universidad de Aalto y primer autor del estudio

“Las personas con un alto grado de rasgos narcisistas reaccionan de forma diferente ante la vulnerabilidad ajena”, explica Matias Piispanen, primer autor del estudio. “Pueden sintonizar con la interacción de manera distinta, prestar atención a aspectos diferentes de la misma o hacer interpretaciones diferentes de lo que sucede”.  Para Piispanen, lo que sucede es que las personas con un alto nivel de rasgos narcisistas no necesariamente establecen conexiones de apoyo o genuinas con los demás, lo que puede generar dificultades y malentendidos en la interacción.

“En los vídeos había una escena donde la persona contaba que todos sus amigos habían sido invitados a una fiesta, pero ella había sido excluida del grupo”, describe Piispanen a elDiario.es. Lo que vieron en los narcisistas fue una reacción diferente en dos áreas que están directamente relacionadas con la empatía cognitiva, es decir, con la toma de perspectiva o ponerse en el lugar de otra persona. “En aquellos con altos niveles de rasgos narcisistas, se observaron patrones menos similares entre sí; estaba menos alineado”, dice. “Esto sugirió que procesaban esta situación de forma más individual”.

“No zanja la cuestión”

Los especialistas consultados por elDiario.es recuerdan que el estudio habla de rasgos y conductas narcisistas en población general (narcisismo subclínico), y no de personas diagnosticadas con Trastorno Narcisista de la Personalidad (TNP). Por otro lado, el “narcisismo grandioso” es un concepto ampliamente utilizado en psicología que se refiere a la forma más visible de estos rasgos: personas con una autoestima muy elevada (o que aparentan tenerla), sensación de superioridad, gran confianza en sí mismas, necesidad de admiración, tendencia a buscar protagonismo y escasa empatía.

Estas diferencias no significan que esas personas no sientan nada, sino que, ante la misma situación, sus respuestas neuronales son más heterogéneas

Guillermo Lehera — Catedrático de Psiquiatría en la Universidad de Alcalá (UAH)

“La pregunta del estudio era sencilla: ¿reaccionan de la misma manera las personas con altos y bajos niveles de narcisismo cuando presencian cómo alguien es criticado o humillado?”, resume Guillermo Lahera, psiquiatra, investigador y catedrático de Psiquiatría en la Universidad de Alcalá (UAH). “Estas diferencias no significan que esas personas no sientan nada”, advierte. “Significan que, ante la misma situación, sus respuestas neuronales son más heterogéneas”. Por eso, este estudio no zanja la cuestión, opina. “Su virtud está más en la oportunidad de la pregunta que plantea, más que en la contundencia de sus resultados”.

Rosa Ayesa, investigadora del Instituto de Investigación Sanitaria Valdecilla (IDIVAL), cree que el resultado sobre menor sincronía en la corteza prefontal dorsolateral izquierda es interesante y merece seguir explorándolo porque apunta a una posible desconexión de estructuras frontales con estructuras del sistema límbico. “La pregunta es original y el paradigma que utilizan interesante, pero las conclusiones van más allá de lo que los resultados permiten afirmar y hay problemas metodológicos”, señala.

Beatriz Calvo-Merino, catedrática de Neurociencia Cognitiva del City St George's, University of London, cree que es muy interesante la poca coherencia neural entre los participantes con bajo nivel de empatía y alto nivel narcisista. “Esta variabilidad sugiere que aún nos queda mucho por entender sobre cómo las diferencias individuales modulan como nuestro cerebro procesa eventos emocionales”, asegura a elDiario.es. En su opinión, el estudio contribuye a conocer cómo el cerebro de estas personas procesa la información. “Pero el narcisismo puede estar relacionada con diferencias individuales, por lo que hay que tener cuidado con hacer inferencias inversas”, advierte.  

Una coraza muy dañina

Laura Morán, psicóloga, recuerda que hablamos de un patrón de conductas, que tienen que ser sostenidas en el tiempo para considerarse un trastorno. “Las personas con rasgos narcisistas necesitan mucha admiración, sentirse especiales, controlar las situaciones, los vínculos, y eso a veces implica menos al otro”, describe. “Muchas veces esa necesidad de grandiosidad funciona como una armadura para protegerse de sentir vergüenza, de sentirse insuficiente, o del miedo a no valer”. 

Al esforzarse por ser el centro de atención, estas personas pueden causar muchos problemas a las personas que están en su entorno. “Lo hacen aunque esto implique interrumpir o humillar o despreciar a otra persona”, indica Morán. “Tienen dificultades para ponerse en el lugar del otro y reconocer así sus errores y pedir perdón, además de tener muy poca tolerancia a la crítica”. Esto puede dañar el autoconcepto de la otra persona con la que se relacionan, como un familiar, un amigo o una pareja, que recibe permanentemente comentarios de desprecio de una persona a la que admiran y quieren. “Por eso pierden vínculos, son personas que pueden acabar aisladas”.

La personalidad narcisista, recuerda Rosa Ayesa, se organiza en torno a una necesidad de mantener una autoimagen grandiosa o especial, que depende mucho de la validación externa, su prevalencia estimada en población general se sitúa entre el 0 y el 6 % según los estudios, y es más frecuente en hombres. “Sobre los efectos en los demás, son muy interesantes los estudios realizados en parejas de personas con personalidad narcisista”, añade. La literatura coincide en que el daño al entorno proviene sobre todo de la hostilidad, devaluación del otro o baja empatía. Pero, en definitiva, concluye, “se trata de trastornos de personalidad muy interesantes de estudiar, pero muy complicados de tratar”. 

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Las aves que vuelan largas distancias también sufren ‘jet lag’ y se desorientan como los humanos

Las aves que vuelan largas distancias también sufren ‘jet lag’ y se desorientan como los humanos

El desajuste entre sus relojes biológicos internos y la hora local les induce a cometer errores de navegación, según un estudio liderado por la Universidad de Oxford

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Como un viajero intercontinental de alta frecuencia, las pardelas pichonetas (Puffinus puffinus) recorren durante el periodo de cría distancias de más de 1.000 km mar adentro, desde las costas del Reino Unido hasta las zonas de alimentación en el Atlántico. En este viaje de ida y vuelta, las aves atraviesan varios meridianos y, según revela un equipo de investigadores, su brújula solar se desbarajusta hasta producir una pequeña desorientación y algo parecido al jet lag de los humanos.

“Nuestros resultados demuestran que los animales experimentan en la naturaleza el mismo desajuste del reloj biológico interno que nosotros durante el desfase horario”, asegura Patrick Lewin, autor principal del estudio publicado este jueves en la revista Science. Liderados por el departamento de Biología de la Universidad de Oxford, los investigadores han analizado 20 años de datos de seguimiento GPS de 1.045 pardelas, que abarcaban 3.688 viajes de búsqueda de alimento. Y lo que han visto es que, al volar de este a oeste, las aves experimentaron desfases horarios que generaban errores predecibles en su recorrido. 

Muchos animales, incluidas las aves, toman como referencia el sol para orientarse, pero cuando se desplazan rápidamente hacia el este o el oeste durante el día, sus relojes biológicos pueden desincronizarse temporalmente con la hora solar local. En el caso concreto de las pardelas pichonetas, se reproducen en islas frente a las costas occidentales del Reino Unido e Irlanda. Después, recorren regularmente cientos de kilómetros mar adentro en busca de alimento, llegando a veces a zonas de alimentación situadas a unos 1.000 km al oeste.

Al regresar a sus nidos, las aves se desplazaban rápidamente hacia el este, de vuelta hacia lugares donde el sol salió antes. Los investigadores descubrieron que las direcciones de vuelo de las aves presentaban desviaciones sistemáticas que coincidían con los efectos previstos de estos cambios horarios en su brújula solar. En este recorrido hacia el este tendían a desviarse en el sentido de las agujas del reloj de su dirección esperada, tal como se predeciría si sus relojes internos estuvieran retrasados con respecto a la hora local.

Los errores de desviación se midieron únicamente en los vuelos de regreso porque la colonia fija ofrecía una ruta recta e intencionada donde era posible calcular objetivamente el rumbo. En cambio, durante los viajes de ida y búsqueda de alimento, las aves realizaban desplazamientos zigzagueantes que no permitían evaluar cuantitativamente los errores de orientación.

Los investigadores también descubrieron que estos errores de navegación persistían incluso cuando las aves volaban a lo largo de costas visibles, donde los puntos de referencia podían servirles de guía. Esto sugiere que las aves continuaron dependiendo de su brújula solar incluso cuando disponían de otras señales de navegación, en lugar de simplemente seguir la línea de la costa. Estos errores de navegación fueron relativamente pequeños, alcanzando aproximadamente 15° en las pardelas estudiadas.

Una pardela pichoneta sobre le océano.
Una pardela pichoneta sobre le océano.

Dado que estas aves parecen ser capaces de reevaluar su posición y ajustar su ruta de regreso a casa continuamente, es probable que la distancia adicional recorrida sea modesta (a lo sumo de unos 5 km más en un recorrido de 1.000 km). Sin embargo, estos hallazgos podrían tener implicaciones en los vuelos de las aves primerizas que no corrigen su posición, en los que pequeños errores de orientación podrían acumularse, desplazando su destino final cientos de kilómetros.

“Es asombroso pensar que miles de millones de animales migratorios miran al sol para orientarse, confiando en relojes que funcionan silenciosamente en su interior, y que los errores en esos relojes pueden hacer que se desvíen mínimamente de su ruta”, dice Lewin. El siguiente paso es comprender cómo les afecta, adelanta. ¿Se desincronizan los comportamientos críticos? ¿Experimentan efectos secundarios fisiológicos como nosotros? ¿Y es este desajuste tan perjudicial para su salud como lo es el desfase horario para la nuestra?, se pregunta. “Quizás estas aves que viajan largas distancias con regularidad podrían ayudarnos a aprender a sobrellevar y tratar el desfase horario para evitar los efectos realmente negativos que puede tener en nuestra salud”, concluye.

Una sorpresa interesante

Airam Rodríguez, (investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC), cree que los resultados son sorprendentes e interesantes porque demuestran que lo que utilizan las pardelas para orientarse en el mar es mayoritariamente la brújula solar. “Nos estábamos planteando si utilizaban el olfato o el campo magnético, y sin embargo parece que es más fiable y útil para ellas seguirse por la brújula solar que incluso por la costa que ven, que se supone que la costa deberían de haberla visto muchas veces a lo largo de su vida”, explica a elDiario.es. “Le dan más importancia a la posición del sol que a lo que ven”.

Rodríguez subraya que esta desviación provocada por el jet lag no supone un problema real para la supervivencia de la especie en sus viajes cotidianos de alimentación. Sin embargo, considera especialmente fascinante que las aves no hayan desarrollado un mecanismo de corrección tras llevar toda su historia evolutiva realizando de forma recurrente estos trayectos durante la época de cría. A su juicio, sería interesante comprobar qué sucede en los viajes durante la noche, cuando el sol deja de ser la referencia, y en las largas migraciones norte-sur. “Muy pocas aves realizan estos vuelos en trayectorias perfectamente rectas sin salirse de su huso horario”, señala, por lo que este desfase horario “abre muchas posibilidades” para la ciencia y habría que comprobar si durante otras migraciones de más largo recorrido este mismo efecto tiene “un impacto mucho mayor”.  

Casi todo lo que sabemos procede de aves en cautividad. Trasladar estas preguntas a animales en libertad puede transformar nuestra comprensión de la migración

José Manuel de los Reyes — Experto en ecología del movimiento en animales

José Manuel de los Reyes, experto en ecología del movimiento en animales que hizo su tesis sobre las pardelas, coincide en las nuevas preguntas que abre este estudio. “Otras especies hacen viajes similares y vuelan miles de kilómetros hacia el hemisferio opuesto, por lo que el jet lag podría estar ocurriendo en diferentes momentos de su ciclo anual”, asegura. En estas especies, recuerda, el proceso de aprendizaje de sus rutas migratorias es lento, y aún muy desconocido. 

“Todo lo que les ocurre en el mar en sus primeros años de vida es sumamente difícil de estudiar”, indica el especialista. “Este artículo abre una nueva vía a entender que otra de las dificultades a las que se enfrentan en ese aprendizaje, que se parece a lo que los humanos sufren cuando hacen grandes viajes, y que en muchas aves inexpertas tal vez las lleve a desorientarse, separarse de sus congéneres y perecer”. Pero, a su juicio, lo más relevante es el potencial vínculo de dos campos de estudio hasta ahora inconexos como la cronobiología y la migración. “Hasta ahora, casi todo lo que sabemos procede de aves en cautividad”, recalca. “Trasladar estas preguntas a animales en libertad puede transformar nuestra comprensión de la migración”.

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