El Barça aprende a sufrir para ganar al Valencia
Ansioso de alegrías, el Palau atisbó ayer algo de esperanza, un camino al que asirse. A falta aún de un colectivo que brille, la afición, deseosa de dejarse la garganta por unos jugadores que transmitan emoción, se agarró al corazón y carácter que puso el Barça para vencer al Valencia en la Euroliga (98-94). Fue la tercera venganza del curso, aunque pequeña, por la final de Liga perdida. Los blaugrana ofrecieron una pizca de esa competitividad tan urgente en una sección obligada a construir unos cimientos sólidos para el futuro. Queda un mundo para que los de Sekulic puedan reconocerse en el espejo como un conjunto campeón, pero contra los taronja supieron jugar y sufrir en un final muy apretado que puede ser el punto de partida anhelado desde hace años en el Palau.



