Sobre el odio a la prensa
Una de las salas de reuniones en la redacción de La Vanguardia lleva el nombre de Anna Politkóvskaya, en homenaje a la periodista de investigación del periódico Nóvaya Gazeta de Moscú, que escribió libros y artículos sobre la guerra de Chechenia y los gobiernos de Vladímir Putin. Politkóvskaya murió acribillada en el ascensor de su vivienda en la capital rusa en octubre del 2006. Otros cinco periodistas de ese rotativo han sido asesinados en los últimos años. Por tanto, el anuncio ayer del cierre definitivo de la publicación no puede sorprender a nadie. El periódico ha aguantado como ha podido las presiones del Gobierno de Putin, que ha llegado incluso a inhabilitar el sistema de donaciones de los lectores, que era la principal vía de financiación del diario. Muere así uno de los pocos referentes de la libertad de expresión que quedaban en el país.




