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Tras años de confusión, un análisis de ADN permitió identificar una nueva especie de chinche de encaje en Japón

Las diferencias genéticas y la morfología de los genitales masculinos permitieron separar a los ejemplares de Chichijima y Hahajima (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un equipo de investigadores de la Universidad de Hirosaki y la Universidad Metropolitana de Osaka identificó una nueva especie de chinche de encaje, Omoplax sandoru, en el archipiélago japonés de Ogasawara, situado entre 900 y 1.000 kilómetros al sur de Tokio, mediante el análisis de 52 ejemplares.

El hallazgo separa en dos tipos a insectos que hasta ahora se clasificaban bajo el nombre de Omoplax desecta. Las poblaciones de los grupos de las islas de Chichijima y Hahajima mostraron diferencias genéticas y una variación en los genitales de los machos, elementos que confirmaron la división taxonómica.

La investigación, publicada en la revista ZooKeys, plantea que la evolución de estos insectos en archipiélagos oceánicos responde a procesos más complejos de lo que puede apreciarse solo a partir de su aspecto exterior o de las plantas de las que se alimentan.

El ADN distinguió a las poblaciones de los territorios

El archipiélago de Ogasawara alberga alrededor de 440 especies de insectos endémicos y es Patrimonio Natural de la Humanidad (Gentileza, estudio: Los datos de SNP de todo el genoma revelan relaciones filogenéticas y nuevas especies de chinches de encaje (Hemiptera , Heteroptera , Tingidae) endémicas de las islas oceánicas japonesas (las islas Ogasawara), lo que proporciona información sobre su especiación, publicado en ZooKeys)

Las islas Ogasawara son Patrimonio Natural de la Humanidad de la Unesco y se caracterizan por su diversidad de poblaciones exclusivas. Allí se conocen alrededor de 440 especies de insectos endémicos, aunque su historia evolutiva recibió menos atención que la de los caracoles terrestres y la flora local.

Jun Souma y Naoyuki Nakahama, los investigadores de las universidades, estudiaron el género Omoplax, un grupo de chinches de encaje exclusivo de este archipiélago.

Para examinar sus relaciones, el equipo utilizó MIG-seq, un método que permite obtener y comparar información genética de distintas muestras. El estudio se apoyó en datos de SNP, pequeñas variaciones del ADN que sirven para diferenciar poblaciones y reconstruir sus vínculos evolutivos.

El equipo científico empleó la técnica MIG-seq y el análisis de variaciones de ADN para reconstruir las relaciones evolutivas del género (Gentileza, estudio: Los datos de SNP de todo el genoma revelan relaciones filogenéticas y nuevas especies de chinches de encaje (Hemiptera , Heteroptera , Tingidae) endémicas de las islas oceánicas japonesas (las islas Ogasawara), lo que proporciona información sobre su especiación, publicado en ZooKeys)

Los resultados indicaron que los insectos de Hahajima no formaban parte de la misma especie que los de Chichijima. La nueva variedad recibió el nombre de Omoplax sandoru, tomado de la denominación local de su planta hospedante, es decir, el vegetal del cual obtiene alimento.

La alimentación abrió nuevas preguntas sobre la evolución

Souma explicó: “La razón por la que me interesé particularmente en Omoplax desecta es que se alimenta tanto de la planta nativa Rhaphiolepis indica var. tashiroi como de la planta introducida Calophyllum inophyllum en el grupo de islas Chichijima”.

Según el investigador, esa conducta es poco habitual entre las chinches de encaje, que por lo general dependen de un vegetal específico. También le llamó la atención que la especie estuviera presente en varios grupos de islas, una distribución distinta a la de otros integrantes del mismo género.

La población de chinches de Hahajima se alimenta de una sola planta nativa y carece de marcas oscuras sobre el pronoto (Gentileza, estudio: Los datos de SNP de todo el genoma revelan relaciones filogenéticas y nuevas especies de chinches de encaje (Hemiptera , Heteroptera , Tingidae) endémicas de las islas oceánicas japonesas (las islas Ogasawara), lo que proporciona información sobre su especiación, publicado en ZooKeys)

En Hahajima, sin embargo, los ejemplares se alimentaban únicamente de Rhaphiolepis indica var. tashiroi. Souma señaló otra diferencia: en esa población no había individuos con el pronoto —la parte superior del primer segmento del tórax— de color marrón oscuro o negro, que a veces aparece en los del otro archipiélago.

“Tras realizar análisis genéticos poblacionales y filogenéticos (el estudio de las relaciones de parentesco entre organismos), comencé a sospechar que esta población podría ser una especie distinta. Al observar detenidamente sus características morfológicas, me cercioré de ello”, explicó Souma.

El aislamiento impulsa nuevas especies

“El hallazgo más sorprendente de mi investigación fue que las especies que se alimentan de la misma planta y que parecen muy similares no son necesariamente grupos hermanos”, sostuvo el especialista.

La especie Omoplax sandoru adoptó su denominación a partir del nombre local asignado a su planta hospedante (Gentileza, estudio: Los datos de SNP de todo el genoma revelan relaciones filogenéticas y nuevas especies de chinches de encaje (Hemiptera , Heteroptera , Tingidae) endémicas de las islas oceánicas japonesas (las islas Ogasawara), lo que proporciona información sobre su especiación, publicado en ZooKeys)

Los autores relacionaron la diversificación con dos factores: el aislamiento geográfico entre las islas y los cambios de vegetal hospedante. La especiación, el proceso por el que se originan nuevas variedades, puede avanzar cuando poblaciones separadas acumulan diferencias genéticas y físicas.

“También me parece interesante que la introducción de Calophyllum inophyllum por parte de los humanos pueda haber dado lugar al surgimiento de una futura especiación”, indicó el experto.

La investigación deja cuestiones pendientes porque no fue posible obtener ADN de dos especies raras. Los autores consideran necesarios nuevos muestreos para determinar cómo llegaron estos insectos a las islas Ogasawara y de qué manera se diversificaron en el archipiélago.

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Lleva el nombre del sol naciente, pero su color desaparece al ser preservado: así es la nueva especie de pez hallada en Java

El nombre científico de la especie alude a sus tonos anaranjados y a la región de Banyuwangi, conocida como el Amanecer de Java (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un equipo del Museo Zoologicum Bogoriense, integrado en la Agencia Nacional de Investigación e Innovación de Indonesia (BRIN), identificó una nueva especie de gobio camarón, Tomiyamichthys oriens, tras examinar dos peces capturados en agosto de 2025 frente a la costa de Banyuwangi, en Java Oriental.

Los ejemplares, un macho y una hembra de unos 35,5 milímetros de largo, habían sido entregados por la empresa exportadora de peces CV Cahaya Baru al equipo científico antes de ingresar al comercio de acuarios. Ambos quedaron preservados en el museo de Bogor.

De acuerdo con la investigación científica publicada en la revista ZooKeys, la especie fue bautizada como “Oriens Shrimpgoby”, o gobio camarón oriens.

El término latino oriens significa este o sol naciente y alude tanto a su combinación de tonos anaranjados y amarillos como a Banyuwangi, una zona conocida en el país como el Amanecer de Java.

El color de los ejemplares solo se conservó en fotografías

El nuevo pez presenta 18 radios pectorales y más de 60 filas de escamas, rasgos que lo diferencian de su pariente más cercano registrado en Japón (Gentileza, estudio: Tomiyamichthys oriens , una nueva especie de gobio camarón (Teleostei , Gobiidae) de la costa de Banyuwangi, Java Oriental, Indonesia, publicado en ZooKeys)

Cuando fueron capturados, los dos peces mostraban cinco manchas naranjas marcadas a cada lado del cuerpo, junto con puntos amarillos sobre una base clara. Los machos también presentan dos espinas alargadas, similares a hilos, que se extienden desde la primera aleta dorsal.

Sin embargo, la conservación de los especímenes modificó su aspecto. El naranja y el amarillo se desvanecieron, mientras que los cuerpos adquirieron un tono marrón pálido o blanco lechoso. Por ese motivo, las fotografías tomadas antes de preservarlos constituyen el único registro de su coloración original.

Según el artículo divulgado por Earth.com, Kunto Wibowo, investigador de la institución indonesia que encabezó el trabajo, señaló que “siempre es emocionante descubrir una especie nueva para la ciencia”.

El análisis de aletas, escamas y ADN permitió distinguirla

La comparación de ADN mitocondrial confirmó una divergencia genética del 3,1 por ciento respecto a la especie Tomiyamichthys hyacinthinus (Gentileza, estudio: Tomiyamichthys oriens , una nueva especie de gobio camarón (Teleostei , Gobiidae) de la costa de Banyuwangi, Java Oriental, Indonesia, publicado en ZooKeys)

El género Tomiyamichthys está distribuido en el Indo-Pacífico tropical, desde el mar Rojo y África oriental hasta Japón y Fiyi. Con el hallazgo, el grupo alcanza 21 especies conocidas en el mundo, de las cuales 13 se encuentran en Indonesia.

La especie más próxima conocida es Tomiyamichthys hyacinthinus, descrita en el sur de Japón en 2025. Ambos peces comparten nueve radios en la segunda aleta dorsal y en la anal, además de las dos espinas largas de la primera aleta dorsal de los machos.

El equipo detectó diferencias concretas entre los ejemplares de Java y los de Japón. El nuevo gobio posee 18 radios en las aletas pectorales, frente a los 17 de su pariente japonés, y 13 radios ramificados en la cola, en lugar de 14 o 15. También cuenta con entre 60 y 61 filas de escamas, mientras que la otra especie tiene entre 45 y 48.

Los científicos compararon además una región de ADN mitocondrial, material genético que se transmite por vía materna y se utiliza habitualmente para diferenciar especies. La divergencia entre los peces indonesios y japoneses fue del 3,1%.

Una alianza aún no observada

La pérdida de pigmentación tras la preservación de los especímenes convirtió a las fotografías iniciales en el único registro de su coloración original (Gentileza, estudio: Tomiyamichthys oriens , una nueva especie de gobio camarón (Teleostei , Gobiidae) de la costa de Banyuwangi, Java Oriental, Indonesia, publicado en ZooKeys)

Los gobios camarón reciben su nombre por una relación habitual con camarones que excavan túneles en la arena. El crustáceo construye y mantiene la madriguera, mientras el pez permanece cerca de la entrada para vigilar la presencia de depredadores.

Ante una amenaza, un movimiento de la cola del gobio funciona como señal y ambos animales se refugian en el túnel. Aunque todas las demás especies conocidas de Tomiyamichthys fueron observadas junto a camarones excavadores, los investigadores todavía no registraron ese comportamiento en la nueva variedad.

Los pescadores locales indicaron que este pez habita zonas de arena en aguas costeras poco profundas. Indonesia se ubica en el centro del Triángulo de Coral, una región marina con una alta diversidad de arrecifes, y el conocimiento de sus individuos se construyó principalmente a partir de colectas de campo y fotografías submarinas.

“Esperamos que este hallazgo inspire una mayor exploración de la biodiversidad de peces de Indonesia, donde es probable que muchas especies pequeñas y poco conocidas aún estén esperando ser descubiertas”, afirmó Wibowo.

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Detectaron en tiburones espinosos una hormona que se creía ausente en estos animales

El uso de espectrometría de masas en tándem permitió corroborar la presencia de la sustancia en las muestras de sangre (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un equipo de la Universidad de Manitoba y el Centro de Ciencias Marinas de Bamfield, en Canadá, halló cortisol en la sangre del tiburón espinoso del Pacífico (Squalus suckleyi) durante pruebas con agua de mar diluida y antibióticos.

El estudio cuestiona la idea sostenida durante décadas de que tiburones y rayas no producen esa hormona, de acuerdo con el artículo divulgado en Phys.org.

El cortisol ayuda a los humanos y a otros animales a regular el uso de energía y a responder ante cambios en sus condiciones. Hasta ahora se suponía que los tiburones cumplían esas funciones con otra hormona esteroide, la 1α-hidroxicorticosterona, sin fabricar cortisol por sí mismos.

La investigación, publicada en Proceedings of the Royal Society B, analizó una sola especie y no permite determinar si el mecanismo existe en otros organismos. Incluyó análisis de sangre, pruebas moleculares y experimentos sobre el efecto hormonal en el metabolismo.

El análisis evitó confundir dos hormonas similares

La literatura científica sostenía desde la década de 1960 que los tiburones solo utilizaban la hormona 1α-hidroxicorticosterona (Imagen Ilustrativa Infobae)

La creencia sobre la ausencia de cortisol se originó en estudios de las décadas de 1960 y 1970. En esas investigaciones se identificó la 1α-hidroxicorticosterona, una sustancia similar, y se planteó que los registros previos podían haber sido errores de medición.

Para reducir esa posibilidad, los investigadores separaron primero los componentes de las muestras de sangre mediante cromatografía líquida de alta resolución, una técnica que distingue compuestos presentes en una mezcla.

Después midieron las hormonas y emplearon otro análisis: la cromatografía líquida combinada con espectrometría de masas en tándem, una técnica que identifica y cuantifica sustancias según la masa de sus moléculas y sus fragmentos. Este análisis confirmó la presencia de cortisol en dos muestras.

La evidencia también apareció en la glándula interrenal, el órgano encargado de producir hormonas esteroides en estos animales. El equipo detectó señales moleculares de una enzima vinculada con la síntesis de cortisol. No obstante, aún no comprobó que esa enzima funcione activamente en el tejido.

El cortisol apareció tras el retorno al agua normal

Los tiburones sometidos a cambios de salinidad mostraron niveles medibles de la hormona 36 horas después de volver al agua marina normal (Imagen Ilustrativa Infobae)

En un ensayo, tiburones capturados frente a la costa de Columbia Británica fueron colocados durante 48 horas en agua de mar diluida y luego regresaron a agua con salinidad normal. Antes de esa exposición, el cortisol solo se había detectado en un ejemplar.

Entre los cinco ejemplares que fueron controlados tras volver al agua de mar normal, todos registraron niveles detectables de cortisol después de 36 horas. A las 72 horas, en cambio, solo uno mantenía una medición positiva.

Las concentraciones promedio no presentaron diferencias significativas entre los momentos incluidos en el análisis estadístico. Esa variación puede ayudar a entender por qué trabajos anteriores no habían identificado la hormona.

El grupo también examinó una posible relación entre esta sustancia y las bacterias. La hipótesis partió de resultados previos según los cuales el agua de mar diluida y los antibióticos pueden modificar la actividad de microorganismos presentes en el tejido intestinal de los tiburones.

Los investigadores plantearon que bacterias ubicadas en la glándula interrenal podrían transformar el compuesto y, por lo tanto, reducir la cantidad que llega a la sangre. Para comprobarlo, administraron antibióticos o agua de mar mediante una sonda de alimentación, una vez al día durante cinco días.

Los antibióticos no demostraron un efecto concluyente

La administración de antibióticos por sonda examinó si las bacterias presentes en los tejidos reducen la cantidad de hormona en sangre (Imagen Ilustrativa Infobae)

Tres días después del final del tratamiento, se detectó cortisol en los animales que habían recibido antibióticos, pero no en el grupo de control. Pese a ese resultado, las pruebas estadísticas no demostraron que el tratamiento hubiera cambiado de manera significativa las concentraciones hormonales.

La falta de una medición detectable tampoco equivale a una ausencia completa de cortisol: el estudio advierte que la ausencia total de niveles detectables no implica necesariamente la ausencia total de la hormona, un límite relevante para interpretar los experimentos.

Además, el equipo encontró material genético de bacterias en la glándula interrenal, aunque no pudo establecer si los tratamientos modificaron los microorganismos presentes allí. El alto contenido de grasa del órgano dificultó la medición de la actividad enzimática microbiana.

Otros factores pudieron influir en la respuesta hormonal de los animales, como la anestesia, la manipulación y la alimentación por sonda. Por ese motivo, la propuesta de que las bacterias mantienen bajos los niveles circulantes de la hormona todavía no fue confirmada.

Los implantes de cortisol redujeron la glucosa en sangre

Los ejemplares tratados con implantes de cortisol registraron concentraciones de glucosa inferiores a las del grupo de control (Imagen Ilustrativa Infobae)

En otro experimento, seis tiburones recibieron implantes de hormona disuelta en aceite de coco y otros seis solo recibieron el aceite. Los científicos tomaron muestras de sangre antes del procedimiento y durante las 72 horas posteriores.

En términos generales, los ejemplares tratados con cortisol tuvieron niveles de glucosa en sangre inferiores a los del grupo de control. El resultado apunta a una posible participación de la hormona en la regulación metabólica, aunque no se estableció una diferencia en cada momento de muestreo.

Esta sustancia mostró un efecto limitado en el equilibrio de sales y agua de la sangre. La urea, una sustancia que contribuye a que los animales retengan agua, aumentó de forma breve 24 horas después del tratamiento.

Los autores concluyeron que los resultados sugieren un posible papel metabólico del cortisol en el tiburón. Las próximas investigaciones deberán precisar qué activa la producción natural de esta hormona, cuáles son sus funciones y si otros individuos también la producen.

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Por qué el olor de las flores ya no llega igual a los polinizadores

La presencia simultánea de ambos contaminantes reduce el desempeño de los insectos polinizadores en un promedio del 68% (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las abejas, polillas y otros insectos polinizadores tienen más dificultades para detectar el aroma de las flores cuando el ozono y los óxidos de nitrógeno se combinan en el aire, según una investigación dirigida por la Universidad de Reading.

El análisis, publicado en Frontiers in Ecology and the Environment, revisó 22 estudios experimentales sobre el efecto de esos contaminantes, que alteran o descomponen las señales químicas que guían a estos animales hasta las plantas.

Los investigadores advierten que la interferencia de estos compuestos atmosféricos puede afectar la capacidad de los insectos para localizar flores y obtener alimento. A su vez, muchas plantas dependen de ellos para trasladar el polen, el material que permite su reproducción.

El olor de las flores cambia al contacto con contaminantes

El ozono y los óxidos de nitrógeno reaccionan entre sí en la atmósfera y se neutralizan de manera parcial (Magnific)

De acuerdo con Phys.org, las flores emiten mezclas de compuestos aromáticos que sirven como señales para los polinizadores. Las abejas, las mariposas y las polillas utilizan esos olores para orientarse y encontrar las especies vegetales que visitan.

El ozono y los NOx reaccionan con esos compuestos en la atmósfera. Como resultado, el aroma puede degradarse o modificarse antes de llegar a los insectos y la señal deja de ser tan reconocible o resulta más difícil de seguir.

La investigación señala que el efecto combinado de los gases debe interpretarse con cautela. Solo unos pocos de los estudios examinados evaluaron los dos contaminantes simultáneamente, y en esos casos el daño adicional fue menor que el que sugieren los promedios generales.

Los expertos prevén un incremento continuo en los niveles de ozono hasta cerca del año 2050 (Imagen Ilustrativa Infobae)

Esto ocurre porque ambos compuestos también reaccionan entre sí y se neutralizan de forma parcial en el aire. Aun así, el conjunto de pruebas revisado indica que ambos gases representan un obstáculo para el desempeño de los animales.

La revisión determinó que niveles elevados de ozono reducen el desempeño de los polinizadores en un promedio del 42%, mientras que los óxidos de nitrógeno, conocidos como NOx, lo disminuyen en un 46%. Cuando los dos gases aparecen a la vez, la reducción media alcanza el 68%.

Las emisiones diésel condicionan la recuperación

El autor principal del trabajo, James Ryalls, afirmó que se espera que las concentraciones de ozono sigan en aumento hasta aproximadamente 2050, incluso si las emisiones de NOx empiezan a bajar a medida que se abandona el uso de combustibles fósiles.

El Reino Unido aplazó de 2030 a 2035 la prohibición para la venta de vehículos nuevos de gasolina y diésel (Magnific)

“Esto crea un período difícil para los polinizadores durante las próximas dos o tres décadas”, señaló Ryalls. Según el investigador, una mayor presencia de combustibles más limpios debería reducir los niveles de ozono y dar a estos insectos una oportunidad de recuperación.

Sin embargo, el ritmo de ese proceso dependerá de las decisiones públicas que se adopten ahora, ya que “reducir más rápidamente las emisiones de NOx, especialmente las de los vehículos diésel, podría acortar el período difícil y acelerar la recuperación”, sostuvo.

Los vehículos diésel son una fuente importante de óxidos de nitrógeno y pueden continuar en circulación más de 20 años después de que se deje de vender el último automóvil nuevo. En el Reino Unido, la prohibición para comprar coches nuevos de gasolina y diésel fue aplazada de 2030 a 2035.

Las especies especializadas afrontan una mayor exposición

Las abejas reciben más exposición al ozono durante el día y las polillas nocturnas enfrentan mayores niveles de óxidos de nitrógeno (Magnific)

El análisis identificó un riesgo mayor para los polinizadores especializados, es decir, aquellos que dependen del aroma de una sola especie vegetal. Algunas polillas entran en esta categoría, ya que requieren señales olorosas muy concretas para hallar las plantas que necesitan.

Las especies generalistas, entre ellas muchas abejas, visitan una variedad más amplia de flores y esa flexibilidad puede ofrecerles más opciones, aunque no elimina las dificultades que genera la alteración ambiental en la percepción de los aromas.

La exposición también varía según la actividad de cada insecto: las abejas y las mariposas, que buscan alimento durante el día, afrontan mayores niveles de ozono. En cambio, numerosas polillas nocturnas están más expuestas a los óxidos de nitrógeno.

“La mayor parte de los alimentos que cultivamos dependen de polinizadores sanos, por lo que protegerlos de la contaminación no puede esperar hasta 2050”, dijo Ryalls. Esto ocurre porque el deterioro de las señales florales puede afectar la producción de cultivos que dependen de la acción de estos animales.

Europa concentra la mayor parte de los estudios

Los polinizadores especializados afrontan mayores riesgos ante la alteración de los aromas florales (Imagen Ilustrativa Infobae)

La revisión subraya que gran parte de la información disponible procede de Europa. Por ello, todavía existe un vacío sobre los riesgos que enfrentan los polinizadores en zonas con una contaminación atmosférica más alta, incluidas algunas regiones de Asia.

Los autores plantean que tanto los insectos diurnos como los nocturnos requieren medidas de protección, porque la diferencia en los horarios de actividad no reduce el problema, sino que los expone a contaminantes distintos.

Su análisis vincula la transición energética con un período en el que la evolución de las emisiones determinará la exposición futura de estos insectos.

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Cómo los dientes de las ballenas pueden esconder secretos de las pruebas nucleares del siglo pasado

El equipo empleó un espectrómetro de masas para medir el rastro de las pruebas nucleares del siglo XX en las capas dentales (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un equipo de instituciones científicas y museos de Escocia logró reconstruir partes de la historia de vida de dos cachalotes y tres orcas a partir de sus dientes, mediante el análisis de radiocarbono liberado por antiguas pruebas nucleares y de isótopos estables.

El estudio, publicado en Frontiers in Marine Science y divulgado por Phys.org, examinó ejemplares que habían muerto varados en costas escocesas durante décadas anteriores.

La investigación fue dirigida por científicos del Centro de Ciencias Isótopas SUERC, con participación de las universidades de Glasgow, Edimburgo y St Andrews, además de los Museos Nacionales de Escocia.

El trabajo se basó en una característica de los dientes de las ballenas: sus capas de crecimiento, similares a los anillos de los árboles. Los investigadores comprobaron que estas marcas se forman una vez al año durante la juventud y la mediana edad, aunque pueden dejar de ser un indicador preciso al llegar a la vejez.

La huella nuclear en los dientes

El cachalote Moby superó los 43 años de vida antes de quedar varado en las marismas del estuario del Forth en 1997 (Crédito: Kieran M Tierney)

A mediados del siglo XX, las pruebas atmosféricas de armas nucleares liberaron grandes cantidades de radiocarbono; ese material llegó tanto a ecosistemas terrestres como marinos y dejó una señal reconocible en organismos que vivieron durante ese período.

El equipo empleó un espectrómetro de masas con acelerador que permite medir la cantidad relativa de radiocarbono en cada capa dental. Al contrastar esos datos con el aumento y la posterior caída del marcador radiactivo tras el cese de las pruebas, pudo determinar cuándo se habían formado diferentes segmentos del diente.

Además, analizó isótopos estables de carbono y nitrógeno: son variantes de elementos químicos que permiten identificar cambios en la alimentación y ofrecen indicios sobre las zonas en las que los animales buscaron alimento. La combinación de ambos métodos permitió obtener datos sobre la edad, la dieta y los movimientos de las ballenas.

El autor principal, Kieran Tierney, explicó que el estudio responde a dudas que conservaba desde niño sobre Moby, un cachalote varado en 1997: “¿Cómo pudo morir tan repentinamente este animal tan grande e impresionante? ¿De dónde venía? ¿Qué tipo de vida había tenido?”

Moby tenía al menos 43 años cuando murió

Los cachalotes machos modificaron su alimentación hacia presas mayores y migraron a aguas frías durante su maduración (Imagen Ilustrativa Infobae)

Uno de los casos estudiados fue ese ejemplar, un cachalote cuyo cráneo se expone en el Museo Nacional de Escocia. El animal quedó varado en las marismas, zonas de terreno bajo y húmedo, del estuario del Forth.

Las capas más internas de su dentadura se habían formado antes de que la lluvia radiactiva de las pruebas nucleares alcanzara el medio marino. Por ello, el equipo no pudo fijar una edad exacta, aunque sí concluyó que Moby tenía, como mínimo, 43 años.

El segundo cachalote había quedado varado en una playa de las Orcadas en 1994 y era más joven que el anterior. En ambos animales, el patrón de las capas dentales coincidió de forma estrecha con el registro de carbono-14, lo que respalda que se formaron anualmente.

Los dos cachalotes mostraron un aumento de los isótopos de nitrógeno a medida que envejecían. Ese resultado coincide con estudios previos, según los cuales los machos nacen en aguas subtropicales, se trasladan a zonas más frías y de mayor latitud al madurar, y buscan presas más grandes en aguas profundas al alcanzar 12 metros o más.

Una orca macho habría vivido 65 años o más

La orca macho localizada en South Uist alcanzó al menos 65 años y figura entre las más longevas registradas (Crédito: Kieran M Tierney)

Los dientes de las tres orcas también ofrecieron resultados distintos. Un macho varado en Shetland en 1995 presentaba una secuencia de capas anuales y probablemente era más joven que Moby cuando murió.

En cambio, otro macho, hallado en South Uist en 2015, parecía tener unos 50 años si se contaban las capas de su diente. Sin embargo, el rastro nuclear indicó que había nacido antes de que las pruebas de armas nucleares alteraran los niveles de ese elemento en el mar.

Los investigadores concluyeron que los estratos dentales se comprimieron progresivamente y dejaron de registrar con claridad el paso del tiempo. La señal de radiocarbono situó su edad en torno a 65 años, o incluso por encima de esa cifra, por lo que figura entre los machos de orca más longevos documentados.

Aunque presentan límites, las capas dentales brindan información anual, sostuvo Tierney. Indicó que nuevas pruebas demuestran su depósito anual, si bien esa fiabilidad quizá se extienda solo hasta determinado momento de la vida.

El diente de Lulu conservó la señal de Sellafield

La dentadura de la orca Lulu conservó la huella radiactiva procedente de la planta de reprocesamiento nuclear de Sellafield (Magnific)

La tercera orca analizada fue Lulu, integrante de la comunidad de orcas de la costa oeste. El animal apareció muerto en la isla de Tiree en 2016, con señales de haber quedado atrapado en redes de pesca.

Su diente no contenía la marca asociada a las pruebas de armas nucleares. En su lugar, registraba la llamada “señal de Sellafield”, vinculada al radiocarbono descargado en el mar de Irlanda por la planta de reprocesamiento nuclear de Sellafield y transportado hasta el oeste de Escocia.

La intensidad de esa huella indica que Lulu se alimentó principalmente en la costa occidental durante su vida. El macho localizado en South Uist no presentaba el mismo marcador, lo que sugiere que no integraba aquella comunidad.

Los altos niveles de nitrógeno confirmaron que Lulu ocupó una posición de superdepredadora con una dieta basada en mamíferos marinos (Magnific)

Los isótopos estables también reflejaron diferencias en sus dietas: Lulu tuvo los valores de nitrógeno más altos, compatibles con el papel de superdepredadora y una mayor proporción de mamíferos marinos en su alimentación.

Los valores fueron inferiores en el macho de Uist y todavía menores en el de Shetland, lo que apunta a un consumo relativamente mayor de peces.

El estudio se limitó a cinco animales, pero sus autores consideran que puede mejorar las estimaciones de edad y los registros biográficos de cetáceos. “La eficacia de la conservación y la gestión de las poblaciones de mamíferos marinos depende de lo bien que comprendamos sus ciclos de vida y su ecología”, afirmó Tierney.

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