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A una hora de Barcelona: la villa que se convierte en un escenario al aire libre con una feria de brujas este 31 de octubre

A una hora de Barcelona: la villa que se convierte en un escenario al aire libre con una feria de brujas este 31 de octubre

Sant Feliu Sasserra recuerda la persecución de mujeres acusadas de brujería en el siglo XVII con un fin de semana de representaciones teatrales, música y artesanía

Historia medieval, deporte en la naturaleza y un castillo del siglo X en este pequeño pueblo del Pirineo catalán

El calendario de finales de octubre suele asociarse con Halloween, pero no todas las fiestas que se celebran en esas fechas tienen el mismo origen. En algunos pueblos, la programación se apoya en acontecimientos de su propia historia, que sirven para explicar costumbres mantenidas durante años. Las representaciones teatrales, la música o los mercados permiten acercarse a episodios que normalmente se conocen a través de documentos y edificios. Así, el programa se entiende mejor cuando también se conoce el lugar en el que se desarrolla.

El entorno en el que se organizan estas citas tiene su importancia. Cuando las actividades se reparten por las calles, los edificios y las plazas dejan de ser solo lugares de paso. Entre una función y otra, se puede pasear por rincones que conservan elementos de otras épocas. A diferencia de un festival concentrado en un recinto, aquí los desplazamientos entre un acto y otro también forman parte del recorrido. Eso permite conocer la localidad mientras se desarrolla la programación.

Una de esas celebraciones tiene lugar en Sant Feliu Sasserra, un municipio del Lluçanès situado en la provincia de Barcelona. Su propuesta está relacionada con las acusaciones de brujería contra mujeres y que se produjeron en la zona hace varios siglos. No se trata de una fiesta creada únicamente para coincidir con Halloween, sino de una iniciativa que vincula las actividades culturales con el recuerdo de aquellas mujeres. En 2026, los actos principales se repartirán entre el 31 de octubre y el 1 de noviembre.

La Feria de las Brujas: dos jornadas de actividades en el casco antiguo

La primera cita es la Fes-ta Bruixa, programada para la noche del sábado 31 de octubre. El día siguiente llega el encuentro central: la 27ª edición de la Fira de les Bruixes. La primera es una celebración nocturna, mientras que la feria, que se mantiene cada 1 de noviembre, ocupa las calles y plazas de la localidad durante el día.

El domingo, los puestos de artesanía compartirán espacio con actuaciones musicales y representaciones en el casco antiguo. También se celebran bailes y escenas interpretadas por personajes relacionados con las creencias sobre las hechiceras. No se trata de visitar un único escenario y permanecer allí durante toda la jornada. Las actuaciones se reparten por varias calles y permiten avanzar de una escena a otra.

Las escenas teatrales permiten recrear el ambiente social en el que surgían las denuncias por supuesta brujería. En aquel periodo, las supersticiones, los temores y los conflictos entre habitantes podían acabar en acusaciones que llegaban a los tribunales. Los personajes y sus situaciones sirven para acercar ese contexto al público, pero no deben interpretarse como una reproducción exacta de los juicios documentados.

El ambiente de fiesta no elimina la dimensión histórica del encuentro. La propuesta recuerda a las mujeres que fueron perseguidas por supuesta brujería, en lugar de presentar aquellos castigos como una tradición que deba celebrarse. Esta diferencia ayuda a entender el uso del teatro y la danza: son recursos para acercar al público unos sucesos que dejaron víctimas reales en el territorio.

Sant Feliu Sasserra.
Sant Feliu Sasserra.

La feria empezó a celebrarse en el año 2000 y, desde entonces, se ha ido integrando en la vida cultural de la población. Buena parte de su continuidad se debe a la participación vecinal: los montajes teatrales, los bailes y otras actividades se han transmitido entre generaciones. Así, el encuentro no se limita a una programación organizada para visitantes, sino que mantiene una vinculación directa con quienes viven en Sant Feliu Sasserra.

Sant Feliu Sasserra, un pueblo con patrimonio medieval y entorno rural

La persecución de mujeres acusadas de brujería se extendió por diferentes zonas de Catalunya a comienzos del siglo XVII. Sant Feliu Sasserra fue uno de los lugares afectados: entre 1618 y 1648 se procesó a 23 mujeres por esas acusaciones. Seis de ellas murieron en la horca. Los procedimientos estuvieron en manos de la justicia ordinaria, no de la Inquisición. La historia de esas mujeres es la razón por la que la población mantiene hoy esta conmemoración.

Sin embargo, el patrimonio del municipio va mucho más allá de aquellos procesos. Uno de sus edificios principales es la iglesia de Sant Feliu, construida en el siglo XI sobre otro templo del siglo anterior. Durante el XII se incorporó una portada románica con arquivoltas y capiteles esculpidos. Esa pieza se conserva en un lateral de la construcción actual, por lo que todavía es posible reconocer parte de la arquitectura de sus primeras etapas.

El trazado del centro permite continuar la visita a pie. En la calle Balmes aparecen viviendas de piedra y detalles de distintas épocas, que muestran cómo ha evolucionado la población sin perder por completo su estructura tradicional. La plaza Mayor, por su parte, sigue siendo un espacio de reunión y tiene una función destacada en la vida social y las fiestas del pueblo. Ambos lugares forman parte del recorrido por la zona más antigua.

Fuera del centro urbano, el paisaje es principalmente rural. Su término está rodeado de áreas de pinos, encinas y robles, además de campos y fuentes. En estas zonas también crecen setas. La agricultura, la ganadería y la industria forman parte de la economía del municipio, una realidad que convive con su actividad cultural.

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El pequeño pueblo de Catalunya con un castillo de origen musulmán y varios edificios modernistas

El pequeño pueblo de Catalunya con un castillo de origen musulmán y varios edificios modernistas

A unos 14 kilómetros de Lleida, Raimat conserva una iglesia y una bodega centenaria vinculadas a la colonia agrícola que transformó la localidad y su entorno de viñedos

El jardín histórico de Catalunya construido en el siglo XIX y perfecto para pasear entre grutas, palmerales y un lago artificial

En el oeste de Catalunya, la comarca del Segrià está formada por poblaciones rodeadas de terrenos agrícolas. Los canales de riego han permitido extender los cultivos por una parte de las tierras de Lleida y han influido en la actividad económica de sus habitantes. Entre las localidades de la zona también existen pequeños núcleos que conservan edificios relacionados con distintas formas de aprovechar el territorio.

La historia de estos asentamientos no siempre comienza con el crecimiento de un casco antiguo. Algunas comunidades se organizaron alrededor de explotaciones que necesitaban viviendas, servicios e instalaciones para trabajar. Por eso, junto a las construcciones tradicionales aparecen conjuntos planificados durante el siglo XX, en los que la arquitectura refleja tanto las necesidades de la población como el desarrollo de la agricultura.

Raimat es uno de ellos. Situado a unos 14 kilómetros al noroeste de Lleida, pertenece a su municipio, aunque funciona como entidad municipal descentralizada. Se trata de una población de dimensiones reducidas, con calles y edificios rodeados por grandes extensiones de viñedos. Su interés para una visita está en la combinación de un antiguo castillo y un núcleo que tomó forma en torno al vino, con varios ejemplos de arquitectura modernista.

Un castillo de origen musulmán que domina los campos

En una elevación al suroeste de Raimat se encuentra el castillo de Raymat. Su origen se relaciona con la época musulmana y la primera referencia documental conocida se remonta a 1157, después de la conquista cristiana de Lleida. Su posición sobre la colina permite reconocer el edificio desde el entorno agrícola y recuerda el papel que tuvo este emplazamiento en la Edad Media.

La fortaleza cambió de propietarios y fue reformada en diferentes momentos. Con el tiempo perdió su función defensiva y se convirtió en una residencia, por lo que su aspecto actual no es el de una construcción medieval conservada intacta. En su configuración destacan las líneas exteriores austeras y las dependencias adaptadas a usos posteriores.

Durante el siglo XX se realizaron intervenciones para adaptar sus dependencias al uso residencial. Entre 1932 y 1935 se reformaron varias estancias interiores, como el vestíbulo y el comedor, y se incorporaron trabajos de carpintería, cerámica y mobiliario. Algunos motivos decorativos hacen referencia al nombre de Raimat mediante la representación de un racimo de uvas y una mano.

El castillo está reconocido como Bien Cultural de Interés Nacional. No obstante, se trata de una propiedad privada, actualmente utilizada para alojamientos y encuentros organizados, por lo que no puede plantearse como una visita libre a un monumento público. Su presencia sobre el cerro constituye sin embargo uno de los elementos que identifican a esta población y permite situar sus antecedentes más antiguos antes de recorrer el resto del núcleo.

La iglesia y la bodega modernistas, junto a los viñedos

La imagen que presenta hoy Raimat está ligada a un proyecto agrícola iniciado en 1914. Aquel año, el empresario Manuel Raventós compró 3.200 hectáreas de terrenos para desarrollar una explotación dedicada a la vid. La llegada de agua mediante el canal de Aragón y Catalunya favoreció la puesta en cultivo de la finca y la creación de un asentamiento para las familias que iban a trabajar allí.

El trazado de la colonia se encargó al arquitecto modernista Joan Rubió i Bellver, que también diseñó varios de sus edificios. Las viviendas quedaron agrupadas cerca de una zona arbolada, mientras que las instalaciones para producir vino se construyeron en las afueras. La comunidad contó con otros servicios, entre ellos una escuela. Esta disposición permite entender por qué la localidad conserva una concentración de construcciones de comienzos del siglo pasado.

Uno de los edificios que forman parte de ese conjunto es la iglesia del Sagrat Cor, cuya construcción empezó en 1916 y que fue consagrada en 1922. Tiene una nave con capillas laterales y arcos parabólicos, característicos de su diseño modernista. En el interior se conservan pinturas murales, revestimientos cerámicos y piezas de forja. Aunque nació como iniciativa privada, desde 1999 pertenece al Obispado de Lleida.

Otro punto de interés es la bodega, levantada en 1918. Su estructura de hormigón armado representó una solución novedosa para las instalaciones vinícolas de la época. El complejo se organizó para facilitar la elaboración, el almacenamiento y el movimiento de mercancías, con espacios amplios y una zona cubierta de carga y descarga. La actividad continúa y las instalaciones forman parte de la Denominación de Origen Costers del Segre y de la Ruta del Vino de Lleida.

Las bodegas ofrecen visitas guiadas, con reserva previa, para conocer el proceso de elaboración y el edificio. El recorrido por la zona puede completarse en Raimat Natura, un espacio natural de más de 700 hectáreas abierto al público desde 2021. Cuenta con tres itinerarios señalizados para caminar o circular en bicicleta, además de una pasarela junto al estanque de la Clamor adaptada para personas con movilidad reducida. El acceso a los senderos es gratuito, mientras que las actividades guiadas requieren reserva.

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La ruta senderista de Extremadura que recorre 17 kilómetros entre cascadas y restos de la Guerra Civil

La ruta senderista de Extremadura que recorre 17 kilómetros entre cascadas y restos de la Guerra Civil

En Don Benito, esta caminata de unas cinco horas atraviesa la sierra de las Cruces hasta Santa Natalia, un paraje natural protegido donde el río Guadámez forma cascadas que aumentan su caudal con las lluvias

La ruta de senderismo junto a un río de Extremadura que te llevará hasta una cascada escondida entre castaños y robles

Don Benito forma parte de las Vegas Altas del Guadiana, en la provincia de Badajoz. Fuera del casco urbano, el municipio se extiende por un territorio en el que los caminos comunican propiedades rurales y permiten llegar a espacios naturales. Es una parte de la localidad que no se conoce necesariamente en una visita por el centro y que plantea una forma distinta de recorrer sus alrededores: a pie, siguiendo las vías que atraviesan el campo y prestando atención a los elementos que aparecen junto a ellas.

La red fluvial tiene una presencia importante en esta zona. Por el término municipal pasan el Guadiana, el Ortigas, el Guadámez, el Búrdalo y el Ruecas, al que se incorpora el Gargáligas. Estos cursos de agua forman parte del entorno de Don Benito y ayudan a explicar por qué algunos caminos necesitan pasos para continuar entre una orilla y otra. Las fincas dedicadas al olivar y los terrenos de pasto también forman parte de ese paisaje, donde el uso agrícola convive con lugares que pueden visitarse durante una excursión.

El interés de estas zonas no se limita al paisaje. En los alrededores de Don Benito también hay construcciones que dan cuenta de usos muy diferentes del territorio. Algunas siguen relacionadas con los trabajos del campo, mientras que otras pertenecen a etapas anteriores de su historia. Así, una salida a pie puede reunir elementos naturales y patrimoniales sin necesidad de abandonar el término municipal.

Una marcha por la sierra de las Cruces hasta Santa Natalia

La propuesta consiste en recorrer 17 kilómetros por la sierra de las Cruces y llegar al paraje de Santa Natalia. Para completar la caminata se calcula un tiempo próximo a las cinco horas, aunque esa duración sirve como referencia y no como un horario fijo. Es una excursión para dedicar varias horas al senderismo, no una visita breve a un único punto.

Si se utiliza el acceso a la ruta por carretera, las cascadas están aproximadamente a 15 kilómetros del centro de Don Benito y se llega a su entorno a través de la EX-345. Esa cifra sitúa el destino respecto a la población, pero no describe los kilómetros que se recorren andando. Separar ambas medidas evita confundir la aproximación en vehículo con la ruta senderista, especialmente si se pretende organizar el tiempo de la visita a partir de la distancia anunciada para la marcha.

Una vez en Santa Natalia, el Guadámez es el elemento central. En este tramo, el río forma varios saltos de agua cuya apariencia depende directamente de cuánto haya llovido. Las precipitaciones favorecen que las cascadas presenten un caudal mayor, mientras que en los periodos con menos lluvia su aspecto puede ser muy diferente. Por eso, elegir una fecha después de las lluvias puede resultar más adecuado para observar las caídas de agua, aunque no es posible asegurar un volumen concreto en una jornada determinada.

El lugar cuenta además con medidas protección ambiental: está reconocido como Zona de Especial Conservación y forma parte de la Red Natura 2000. Esa consideración corresponde al paraje natural por el que discurre el río, más allá de la presencia de los saltos. El lugar requiere una visita respetuosa con el medio, sin salirse de los caminos ni alterar el espacio.

Otro punto de referencia se encuentra en el paso sobre el propio Guadámez. Se trata de un puente antiguo con arcos que permite dar continuidad a un camino utilizado para acceder a fincas de olivos y zonas de pastoreo. La construcción resuelve el paso sobre el cauce y mantiene la conexión entre terrenos situados a sus lados. No es, por tanto, un elemento pensado para el turismo, sino una infraestructura vinculada a la actividad de esas propiedades.

Búnkeres, trincheras y una ermita en las laderas

El entorno de la sierra conserva también huellas de la Guerra Civil española. Entre los vestigios que permanecen en la zona figuran búnkeres y trincheras, dos tipos de obras defensivas que responden a necesidades diferentes. Los primeros eran construcciones destinadas a ofrecer protección, mientras que las segundas permitían ocupar posiciones excavadas en el terreno. Son testimonios materiales del conflicto que permanecen en los alrededores del municipio.

A estos elementos se suma la ermita de Nuestra Señora de las Cruces, levantada en una ladera de la sierra del Ortigo. El edificio constituye una referencia religiosa del área, diferente tanto de las construcciones militares como de los caminos que comunican las fincas. Su presencia completa el conjunto de referencias históricas y culturales de este sector de Don Benito.

En conjunto, esta parte de Don Benito reúne lugares de interés que responden a usos y épocas diferentes. La presencia del río explica tanto la formación de los saltos como la existencia de un paso para comunicar las explotaciones cercanas. En las laderas, las construcciones conservadas aportan otra perspectiva sobre el territorio y su pasado. Por ello, una visita a la zona puede centrarse en la caminata o prestar también atención al patrimonio que permanece en sus alrededores, siempre con una planificación ajustada al tiempo disponible y a las condiciones del día.

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A menos de una hora de Vigo: el monasterio de Portugal que celebra una ruta nocturna gratuita por Halloween

A menos de una hora de Vigo: el monasterio de Portugal que celebra una ruta nocturna gratuita por Halloween

La actividad se celebrará el 31 de octubre en Valença y permitirá conocer la fauna nocturna de este entorno natural mediante un recorrido de tres horas

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La cercanía entre Galicia y el norte de Portugal permite organizar escapadas sin necesidad de realizar grandes desplazamientos. Desde ciudades como Vigo, es posible conocer localidades portuguesas que cuentan con diferentes atractivos históricos y naturales. Muchas de estas visitas pueden realizarse en una sola jornada, aprovechando la proximidad entre ambos territorios y la posibilidad de combinar varios lugares durante el recorrido.

Entre los municipios situados cerca de Galicia se encuentra Valença do Minho, conocida habitualmente como Valença. Además de los espacios que forman parte de su núcleo urbano, esta localidad portuguesa cuenta con otros lugares de interés repartidos por sus alrededores. Algunos están relacionados con el pasado religioso de la zona y conservan construcciones que permiten conocer una parte de su historia.

En este tipo de enclaves, los edificios antiguos comparten espacio con terrenos en los que predomina la vegetación. No todos se encuentran dentro de los principales núcleos de población, por lo que desplazarse hasta ellos también permite conocer las zonas rurales del municipio. En algunos casos, su ubicación y el paisaje que los rodea constituyen una parte importante de la visita.

A lo largo del año, las celebraciones y actividades culturales ofrecen otra oportunidad para acercarse a estos lugares. Halloween es una de las fechas en las que aparecen propuestas relacionadas con la noche y con las historias que tradicionalmente se han asociado a ella. Sin embargo, no todas las iniciativas organizadas para esta ocasión tienen que centrarse en el miedo o en las habituales representaciones de terror.

Precisamente, una de las citas previstas para finales de octubre en Valença se aleja de ese planteamiento. El municipio ha elegido un antiguo recinto religioso para desarrollar una experiencia al aire libre que permitirá conocer aspectos de su entorno natural. La propuesta está abierta a personas de diferentes edades y combina una visita fuera del horario habitual con contenidos relacionados con el conocimiento y la protección de la fauna.

La “Noite das Criaturas das Trevas” en el Mosteiro de Sanfins

El sábado 31 de octubre de 2026, la Quinta do Mosteiro de Sanfins será el escenario de la “Noite das Criaturas das Trevas”, una actividad que comenzará a las 19.00 horas. Durante aproximadamente tres horas, los participantes recorrerán este espacio para acercarse a los animales que lo habitan y conocer algunas de las particularidades de su comportamiento.

La propuesta aprovechará la oscuridad para prestar atención a especies que suelen relacionarse con este momento del día. Entre las protagonistas estarán los murciélagos y los búhos, aunque también habrá espacio para conocer mejor a ranas, sapos, salamandras y arañas. El recorrido permitirá abordar sus características y entender la función que desempeñan dentro de los ecosistemas de los que forman parte.

Para desarrollar las explicaciones se contará con especialistas de diferentes grupos de animales. A lo largo del itinerario se tratarán cuestiones relacionadas con sus hábitos y con la importancia de su presencia en el medio natural. De esta forma, los asistentes podrán obtener información sobre seres vivos que, en ocasiones, resultan menos conocidos por su actividad nocturna o por las ideas que existen sobre ellos.

Una parte del contenido estará dedicada precisamente a esas creencias. Determinadas especies han aparecido durante siglos en relatos populares vinculados a la oscuridad y a fenómenos sobrenaturales. Estas asociaciones han favorecido una percepción negativa de algunos animales y, en determinados casos, pueden contribuir a su persecución. La iniciativa pretende combatir ese desconocimiento mediante explicaciones sobre la biodiversidad y la necesidad de respetarla.

Aunque la celebración coincide con Halloween, no se trata de una propuesta reservada a quienes buscan actividades de miedo. La convocatoria está pensada para el público general y presta especial atención a las familias que acudan con niños y jóvenes. El objetivo es ofrecer una experiencia en la que puedan participar distintas generaciones mientras conocen especies que habitualmente no protagonizan este tipo de jornadas.

La asistencia será gratuita, aunque quienes quieran participar tendrán que inscribirse previamente. Los organizadores también establecen algunas recomendaciones para realizar el recorrido en condiciones adecuadas. Es necesario llevar una linterna y se aconseja utilizar un modelo frontal, que permite iluminar el camino sin ocupar las manos. Asimismo, conviene acudir con ropa y calzado apropiados para caminar por un terreno natural después del anochecer.

El lugar elegido tiene, además, un pasado histórico que forma parte del patrimonio de Valença. El Mosteiro de Sanfins se sitúa a unos doce kilómetros de la ciudad y a una altitud aproximada de 200 metros. Se trata de un antiguo conjunto religioso situado fuera del centro urbano, en una zona donde abundan los árboles y otras especies vegetales.

Las primeras referencias históricas conocidas sobre este monasterio corresponden al siglo XII. Su ubicación entre terrenos arbolados es una de las características del emplazamiento y proporciona el escenario donde se desarrollará la jornada del 31 de octubre. De esta manera, la convocatoria permitirá conocer tanto el espacio que rodea a la construcción como una parte de la vida animal presente en sus inmediaciones.

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La cueva subterránea que alberga uno de los yacimientos paleolíticos más importantes de la Comunitat Valenciana

La cueva subterránea que alberga uno de los yacimientos paleolíticos más importantes de la Comunitat Valenciana

Situada en la sierra Falconera, conserva figuras de animales y otros grabados realizados hace miles de años y desde este otoño se puede conocer mediante visitas guiadas

Así es la Cantabria subterránea: cuevas visitables más allá de Altamira

Las playas son una de las imágenes más conocidas de Gandía, aunque el municipio también tiene una amplia zona de interior. A medida que se deja atrás la costa aparecen campos de cultivo, caminos rurales y montañas que forman parte del paisaje de La Safor. En estos lugares se conserva parte de la historia de la comarca, que no siempre está presente en los recorridos turísticos más habituales por el centro de la ciudad y el paseo marítimo.

En las sierras de los alrededores hay numerosas cuevas y abrigos naturales. Algunos fueron utilizados por las personas que vivieron en esta zona durante la prehistoria y en ellos se han encontrado restos de su paso. No todos se conservan de la misma manera, ya que algunos sufrieron cambios con el tiempo y otros todavía mantienen señales de aquellas ocupaciones. Las condiciones para visitarlos dependen de su estado y de las medidas de protección establecidas en cada caso.

Este patrimonio también forma parte de las actividades culturales de Gandía. Además de visitar edificios históricos y museos, existen otras opciones que permiten conocer lugares situados fuera del casco urbano. En algunos casos, es necesario seguir rutas organizadas, tanto por las características del terreno como por la protección de los restos que se conservan. Uno de estos espacios es la Cova de les Meravelles, situada en Marxuquera y vinculada al pasado más antiguo de la comarca.

Una cavidad de la sierra Falconera con grabados en sus paredes

La Cova de les Meravelles se encuentra en la sierra Falconera, en el sector de Marxuquera Alta. Se abre en una ladera situada por encima de los campos del valle y dispone de varias entradas. En el interior hay una sala alargada y con cubierta abovedada. Mide aproximadamente 35 metros de largo y 18 de ancho, además de contar con otros espacios más pequeños.

La cueva tuvo antes numerosas estalactitas y estalagmitas, de las que hoy quedan pocos restos. Parte de esas formaciones fue retirada a comienzos del siglo XVII por orden del duque de Gandía para decorar sus jardines y utilizarlas en fuentes. Esa intervención cambió el aspecto original del interior, aunque las paredes siguen conservando otras marcas de los procesos naturales y de la presencia humana acumulada durante siglos.

Entre los elementos más destacados está un conjunto de grabados rupestres identificado en 2003. El panel principal se encuentra a unos diez metros de la entrada y ocupa una superficie cercana a los tres metros cuadrados. En él aparecen numerosas incisiones superpuestas, algunas relacionadas con figuras de animales y otras con signos difíciles de interpretar. La cantidad de trazos hace que no todos los motivos puedan reconocerse bien.

Se han localizado otras superficies decoradas en una estancia diferente. Parte de las marcas está cubierta por depósitos de calcita, lo que dificulta su observación. Estas manifestaciones se atribuyen al Paleolítico superior y sitúan la cueva entre los enclaves de arte rupestre de la región mediterránea. Su conservación requiere especial cuidado por la humedad que todavía afecta a algunas paredes.

La presencia humana en la cueva no terminó en esa etapa. Se recuperaron piezas de periodos prehistóricos posteriores y materiales de época romana. Las primeras recogidas arqueológicas se remontan al siglo XIX y, en 1953, se llevó a cabo una excavación dirigida por Enrique Pla Ballester. Para entonces, parte de los sedimentos ya había sido retirada para aprovechar la tierra en campos cercanos, una pérdida que redujo la información que podía obtenerse de algunos niveles.

La Cova de les Meravelles está actualmente protegida como Bien de Interés Cultural dentro de la categoría de zona arqueológica. Su importancia está tanto en los grabados que siguen conservándose sobre la roca como en los objetos recuperados durante las distintas intervenciones.

Cuándo se puede visitar y qué otros lugares hay cerca

La entrada a la Cova de les Meravelles está limitada para proteger las paredes con grabados y los restos arqueológicos que todavía se conservan. No se puede recorrer por cuenta propia: quienes quieran conocerla deben apuntarse a una visita guiada, que permite entrar con las explicaciones necesarias y siguiendo unas medidas de conservación. Desde el otoño de 2026, estas visitas están previstas para el último domingo de cada mes, a las 10.30 horas.

Ese mismo día también se organiza una visita al Morabit de Marxuquera, una construcción de planta circular cubierta por una cúpula. En este caso, la actividad empieza a las 10.00 horas, media hora antes que la de la cueva. Aunque ambas se celebran el mismo domingo, tienen sistemas de reserva distintos. La principal diferencia está en el camino: la subida a la cavidad presenta una dificultad media-alta y requiere una condición física media o buena, mientras que llegar al Morabit resulta bastante más sencillo.

Quienes quieran conocer mejor la prehistoria de la comarca pueden acercarse al Museu Arqueològic de Gandia, situado en el antiguo hospital de Sant Marc. Allí se exponen piezas recuperadas en distintos yacimientos de La Safor, entre ellos la Cova del Parpalló, la Cova de Bolomor y la propia Cova de les Meravelles. La colección permite conocer otros hallazgos relacionados con las primeras poblaciones de esta zona y completar la información sobre su pasado.

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Oporto en tres días: el itinerario imprescindible para descubrir la cuna del vino portugués en un fin de semana

Oporto en tres días: el itinerario imprescindible para descubrir la cuna del vino portugués en un fin de semana

Entre las cuestas del centro histórico y la desembocadura del Duero, la visita permite combinar patrimonio, paseos junto al río y la tradición bodeguera de Gaia

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Oporto se extiende sobre varias colinas junto al tramo final del Duero, en el norte de Portugal. La relación con el río y con el Atlántico ha marcado durante siglos la forma de la ciudad y su actividad comercial. En el centro histórico se conservan iglesias, edificios ligados al comercio y viviendas levantadas a distintas alturas. Esta zona fue declarada Patrimonio Mundial por la Unesco en 1996, una protección que incluye también el puente de Luís I y el monasterio de Serra do Pilar. Hoy sigue siendo uno de los principales núcleos urbanos de todo el norte del país.

Tres días son suficientes para conocer buena parte de sus lugares más conocidos sin demasiados desplazamientos. Muchas paradas están cerca y pueden recorrerse a pie, aunque las cuestas y las escaleras obligan a calcular bien los tiempos. Se puede dedicar la primera jornada al casco histórico, reservar la segunda para la zona próxima al río y las bodegas de la otra orilla y dejar el último día para algunos puntos algo más alejados del centro. Así se reparte la visita entre monumentos, paseos urbanos y la relación de Oporto con el vino.

Primer día: San Ildefonso, São Bento y las calles de Ribeira

La primera mañana puede empezar en la iglesia de San Ildefonso, cerca de la plaza de Batalha. Este templo barroco se levantó durante la primera mitad del siglo XVIII y sus torres se añadieron más tarde. La fachada está cubierta por unos 11.000 azulejos blancos y azules realizados por Jorge Colaço, con escenas religiosas. Desde aquí se llega en pocos minutos a la estación de São Bento, inaugurada a comienzos del siglo XX sobre el terreno que había ocupado un antiguo convento.

Estación de São Bento, Oporto.
Estación de São Bento, Oporto.

Uno de sus espacios más conocidos es el vestíbulo, decorado con alrededor de 20.000 piezas cerámicas del mismo artista. Los paneles representan episodios de la historia portuguesa y escenas de la vida cotidiana. La siguiente parada puede ser la Sé, la catedral, construida originalmente entre los siglos XII y XIII. Por fuera mantiene un aspecto de fortaleza, mientras que las reformas posteriores incorporaron elementos góticos y barrocos. En el claustro también se conservan paneles de azulejos.

Después se puede subir hasta el mirador de la Vitória, en la parte alta del casco antiguo. Desde este punto se ven los tejados, las dos orillas del Duero y el puente que cruza el río. A continuación, el camino baja hacia Ribeira, donde las fachadas de colores se alinean junto al muelle. Sus calles y plazas concentran restaurantes y terrazas, por lo que es una zona cómoda para terminar la jornada y cenar sin alejarse.

Segundo día: Palacio de la Bolsa, puente de Luís I y bodegas de Gaia

La segunda jornada puede arrancar en la plaza del Infante Henrique, donde están el antiguo Mercado Ferreira Borges y el Palacio de la Bolsa. Este último comenzó a construirse en 1842 y estuvo ligado a la actividad mercantil de la ciudad. Su exterior neoclásico contrasta con unas salas interiores más decoradas, que se visitan mediante recorridos guiados. Entre ellas hay un patio cubierto por una estructura de vidrio y metal y varios espacios utilizados para actos oficiales.

Desde esta parte baja se llega fácilmente al puente de Luís I, inaugurado en 1886. La estructura metálica cruza el Duero en dos niveles: por el inferior circulan vehículos y peatones, mientras que el superior está reservado al metro y a quienes lo atraviesan a pie. Cruzarlo por abajo conduce al paseo de Vila Nova de Gaia, donde se concentran las bodegas históricamente vinculadas al vino de Oporto.

Puente de don Luis I, Oporto.
Puente de don Luis I, Oporto.

El nombre puede llevar a confusión, porque las uvas no se producen allí. Proceden de la región demarcada del Duero, mientras que Gaia tuvo un papel importante en el envejecimiento y la distribución del vino. Varias bodegas ofrecen visitas para conocer los diferentes tipos y los procesos de crianza, y algunas incluyen degustación. Después se puede subir al Jardim do Morro y acercarse al monasterio de Serra do Pilar. Regresar al centro por el tablero superior del puente permite hacer un recorrido distinto al de la ida.

Tercer día: Clérigos, jardines y el encuentro con el Atlántico

El último día puede comenzar en la Torre de los Clérigos, construida en el siglo XVIII según el proyecto de Nicolau Nasoni. Su mirador ofrece una vista amplia del centro desde otra altura. A poca distancia está la librería Lello, abierta en 1906 y conocida por su escalera central y por la decoración interior. Para entrar es necesario disponer de entrada, por lo que conviene revisar las condiciones de acceso antes de organizar la mañana.

La siguiente parada pueden ser los jardines del Palacio de Cristal, un espacio público con caminos y terrazas desde los que se ven el Duero y el puente de Arrábida. Es un buen punto para hacer una pausa antes de continuar hacia la costa, sin necesidad de entrar en otro edificio. Para llegar a la siguiente zona se puede utilizar el transporte público, incluido el tranvía histórico que recorre parte de la ribera.

La última parte del itinerario transcurre por Foz do Douro, el barrio situado junto a la desembocadura. Desde el jardín de Passeio Alegre se puede seguir por el paseo marítimo hasta las playas de los Ingleses y de Luz. En esta zona también están el fuerte de São João Baptista y el faro de Felgueiras, junto al dique. La visita termina así frente al Atlántico, sin necesidad de añadir una excursión fuera del área urbana.

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El monasterio gótico del siglo XV que convive junto a Medina Azahara en las faldas de la sierra de Córdoba

El monasterio gótico del siglo XV que convive junto a Medina Azahara en las faldas de la sierra de Córdoba

Tras más de cuatro siglos de vida monástica, la desamortización puso fin a su actividad y una familia cordobesa inició su recuperación en 1912

Varias iglesias, un castillo y un museo alfarero en este pueblo de Córdoba con temperaturas veraniegas todo el año

El patrimonio histórico de Córdoba no se limita a los monumentos de su casco antiguo. Más allá del entorno de la Mezquita-Catedral, el municipio conserva construcciones de distintas épocas repartidas por los terrenos que rodean la ciudad. Algunas estuvieron ligadas a comunidades religiosas y a explotaciones agrícolas, y ayudan a entender cómo se organizó durante siglos la vida fuera del núcleo urbano.

Al oeste de la capital se encuentra Medina Azahara, levantada en el siglo X como sede del Califato de Córdoba. La ciudad palatina fue destruida a comienzos del siglo XI y sus restos permanecieron ocultos durante siglos, hasta que las excavaciones permitieron recuperar parte de su trazado, con calles, edificios y sistemas de abastecimiento de agua. Desde 2018 está además incluida en la Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco.

Muy cerca, en las laderas de Sierra Morena, se levanta el Real Monasterio de San Jerónimo de Valparaíso. Su origen es posterior al de la ciudad califal y pertenece a una etapa histórica completamente distinta. El edificio, iniciado en el siglo XV, es una de las construcciones más destacadas del gótico cordobés y conserva también reformas realizadas en siglos posteriores. Su ubicación frente a Medina Azahara, cerca de la carretera de Palma del Río, sitúa ambos enclaves dentro de un mismo paisaje histórico.

La fundación de San Jerónimo de Valparaíso y sus cambios de propiedad

La fundación del monasterio se remonta a 1408 y estuvo impulsada por fray Vasco, vinculado a la expansión de la orden jerónima por Andalucía. Para establecer la comunidad fue necesario disponer de terrenos cedidos por miembros de la nobleza cordobesa. Los religiosos se instalaron así en una finca alejada del centro de Córdoba y, con el paso de los años, el complejo fue creciendo con nuevas dependencias y propiedades. La comunidad también administraba tierras y explotaciones agrícolas de los alrededores, una actividad que permitió aumentar sus recursos y consolidar su presencia en esta parte de la sierra.

Los jerónimos permanecieron allí durante más de cuatro siglos, hasta que la desamortización puso fin a la actividad monástica en 1836. El inmueble quedó entonces abandonado y comenzó una etapa de deterioro que se prolongó hasta comienzos del siglo XX. En 1912, José María López de Carrizosa y Garvey, marqués del Mérito, adquirió la propiedad y la familia inició distintos trabajos de recuperación y conservación que continuaron durante generaciones.

El monasterio sigue siendo actualmente de titularidad privada, una circunstancia que lo diferencia del cercano yacimiento arqueológico de Medina Azahara. Su reconocimiento oficial llegó en 1980, cuando San Jerónimo de Valparaíso fue declarado monumento histórico-artístico de carácter nacional. En la actualidad forma parte además del ámbito protegido como Bien de Interés Cultural de Madinat al-Zahra.

La arquitectura gótica y las transformaciones de los siglos posteriores

La construcción comenzó en el siglo XV, aunque el aspecto actual del monasterio es resultado de varias etapas. Sobre la base gótica original se fueron incorporando elementos renacentistas y barrocos durante las reformas realizadas hasta el siglo XVIII, por lo que en un mismo recinto pueden encontrarse soluciones arquitectónicas de momentos diferentes. En la fachada se abren balcones y ventanas y, sobre la portada, aparece una representación de san Jerónimo en relieve dentro de un medallón de mármol blanco.

En el interior se encuentra el patio principal, rodeado por las galerías del claustro, donde se conservan columnas dóricas, bóvedas góticas y varias capillas. El complejo cuenta también con una iglesia, una sala capitular y un patio destinado antiguamente a los novicios. Las distintas dependencias se distribuyen alrededor de patios y corredores y respondían a las necesidades de la comunidad durante los siglos en los que el lugar mantuvo su función religiosa.

La cercanía con Medina Azahara dejó además una historia vinculada directamente a las ruinas de la ciudad califal. En el siglo XVI, unos monjes encontraron allí dos figuras de bronce con forma de ciervo y cierva que habían sido utilizadas originalmente como surtidores de una fuente. Una de estas piezas permaneció durante un tiempo en San Jerónimo y terminó incorporándose al Museo Arqueológico de Córdoba.

La figura mide 61,6 centímetros de altura y cuenta con un conducto interior por el que circulaba el agua hasta salir por la boca del animal. El religioso y cronista Ambrosio de Morales ya describió estas esculturas en 1575, lo que permite documentar su existencia en aquella época. El hallazgo sirve además para conectar dos momentos muy distintos del pasado cordobés: la etapa califal de Medina Azahara y la presencia de los jerónimos siglos después. Aunque ambos lugares tienen orígenes separados por varios siglos, su cercanía hace que hoy formen parte del mismo paisaje histórico de las afueras de Córdoba.

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El pueblo de pescadores con playas protegidas por la Unesco y un paseo marítimo perfecto para recorrer en otoño

El pueblo de pescadores con playas protegidas por la Unesco y un paseo marítimo perfecto para recorrer en otoño

A 56 kilómetros de Almería, San José conserva su pasado marinero y sirve de punto de partida para conocer algunos de los paisajes volcánicos más reconocibles de Cabo de Gata

El litoral desconocido de Almería marcado por el contraste entre sus playas de arena oscura y el agua cristalina del Mediterráneo

Las escapadas a la costa no tienen por qué quedar reservadas para el verano. Cuando pasa la temporada de mayor afluencia, también cambia la forma de organizar una visita. En vez de dedicar casi todo el día al baño, se puede aprovechar más tiempo para recorrer una localidad, conocer sus espacios o acercarse a lugares que en verano suelen quedar en segundo plano. El otoño permite plantear este tipo de viajes de otra manera, con el mar siempre presente, pero sin que toda la jornada gire alrededor de la playa.

El litoral andaluz cambia bastante de una zona a otra. Hay poblaciones con grandes áreas urbanizadas y otros tramos donde la presencia de construcciones es mucho menor. En la provincia de Almería aparecen ambos paisajes, con municipios costeros separados por zonas donde el relieve condiciona tanto las comunicaciones como los accesos. Por eso, al elegir un destino también conviene tener en cuenta qué lugares hay en los alrededores y cómo se llega hasta ellos.

San José encaja en ese tipo de escapada. Esta localidad de la costa de Níjar permite repartir la visita entre el propio pueblo y el entorno que lo rodea, sin depender únicamente de los meses de playa. Parte del tiempo puede dedicarse al núcleo urbano y otra parte a recorrer zonas próximas. Esa combinación explica que este punto de Almería atraiga a visitantes con planes diferentes, desde quienes buscan caminar hasta quienes prefieren pasar unos días cerca del Mediterráneo. Esto hace que el viaje no dependa de un único plan y que sea más fácil combinar paseos, playa y visitas cercanas durante una misma jornada sin demasiadas prisas.

Playas de origen volcánico en un territorio reconocido por la Unesco

San José pertenece al municipio de Níjar y está dentro del Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar. Este espacio fue reconocido como Reserva de la Biosfera por la Unesco en 1997 y forma parte de su red de Geoparques Mundiales desde 2015. Además, cuenta con otras figuras de protección, entre ellas la de Zona de Especial Protección para las Aves. Estas distinciones corresponden al territorio protegido en su conjunto y no a cada playa de forma individual.

Desde San José se puede llegar a Los Genoveses y Mónsul, dos de las playas más conocidas de esta parte del litoral y alejadas de las zonas edificadas. Las dos pertenecen al mismo espacio natural, aunque su aspecto es distinto. Los Genoveses ocupa una bahía amplia, mientras que Mónsul permite ver de cerca algunas de las formas creadas por la actividad volcánica. Visitar estos arenales supone salir del entorno urbano y adentrarse en una zona mucho menos transformada.

Los Genoveses se extiende por el Campillo del Genovés, un valle abierto hacia el mar. La playa supera el kilómetro de longitud y ocupa buena parte de la bahía, con arena fina y dorada. A su alrededor aparecen dunas con vegetación propia de Cabo de Gata-Níjar. Una de sus principales diferencias respecto a la playa del pueblo es la ausencia de edificaciones junto a la orilla. El relieve que la rodea marca además con claridad la separación entre la arena y los terrenos del interior.

Playa de Mónsul.
Playa de Mónsul.

Mónsul está a poco más de cuatro kilómetros de San José, también dentro del término municipal de Níjar. Tiene unos 300 metros de largo y cerca de 50 de ancho. Uno de sus elementos más conocidos es la Peineta de Mónsul, una formación de lava moldeada por la erosión que sobresale junto al arenal. Detrás de la playa se encuentra una duna móvil, de color más claro, mientras que a ambos lados aparecen paredes volcánicas. Todo ello da a este tramo de costa un aspecto muy distinto al de las playas rodeadas de edificios.

Un antiguo núcleo pesquero con un paseo junto al Mediterráneo

San José se encuentra a unos 56 kilómetros de la ciudad de Almería, entre el Cerro de Enmedio y Cala Higuera, rodeado por las elevaciones de la Sierra de Gata. Sus casas blancas se reparten a distintas alturas sobre las pendientes que rodean la bahía. Esa disposición responde al propio terreno y hace que buena parte del casco urbano quede orientado hacia la costa. A los pies de las viviendas se encuentra la playa del pueblo, muy diferente de los arenales sin urbanizar de los alrededores.

La pesca tuvo durante mucho tiempo un papel importante en la vida de esta barriada. Con el crecimiento del turismo fueron apareciendo nuevos servicios y actividades, aunque el origen marinero sigue formando parte de su historia. La localidad también está ligada al antiguo sistema defensivo de la costa. En el siglo XVIII se levantó el castillo de San José en una zona elevada para proteger el litoral frente a incursiones piratas. La fortificación acabó dando nombre al pueblo y quedó en ruinas durante la Guerra de la Independencia. Más tarde, el lugar se utilizó para tareas de vigilancia costera.

Una forma sencilla de conocer el núcleo urbano es recorrer el paseo marítimo junto a la bahía. Desde allí se puede caminar al lado de la playa y ver cómo las viviendas van subiendo por las laderas. Es un paseo muy distinto de los caminos que conducen hacia las calas exteriores, ya que discurre por el frente urbano y permite seguir junto al mar sin salir del pueblo.

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El pueblo "colgado" sobre el Cantábrico en el que disfrutar de la sidra y la gastronomía tradicional asturiana

El pueblo "colgado" sobre el Cantábrico en el que disfrutar de la sidra y la gastronomía tradicional asturiana

Lastres, en el concejo de Colunga, conserva un casco histórico de calles empinadas, un puerto pesquero activo y varios miradores sobre el litoral

La villa monumental de Soria llena de patrimonio arquitectónico y donde probar "el mejor torrezno del mundo"

La costa oriental de Asturias reúne localidades que han crecido junto al Cantábrico y cuya forma está muy condicionada por el terreno. En algunas, el puerto ocupa buena parte del centro urbano; en otras, las casas se reparten por laderas que obligan a salvar continuos desniveles. Esa relación entre el paisaje y la manera de construir se aprecia al caminar por sus calles, donde los espacios de la vida diaria conviven con elementos que recuerdan su pasado marinero.

Uno de esos lugares es Lastres, perteneciente al concejo de Colunga. La villa se levanta sobre una ladera que desciende hacia el mar, con viviendas situadas a distintas alturas. Vistas desde cierta distancia, las casas parecen colocarse unas sobre otras, de ahí la imagen del pueblo “colgado” sobre el Cantábrico. El puerto queda a los pies del caserío, mientras que desde la parte alta se abren vistas hacia la costa y las montañas del interior.

Su ubicación permite descubrir dos caras de la localidad. Por un lado está su tradición marinera, ligada durante siglos a la pesca y al movimiento de embarcaciones. Por otro, aparece el casco antiguo, con un trazado de calles empinadas, viviendas populares y construcciones de carácter señorial. Pasar de unas zonas a otras ayuda a entender cómo fue creciendo la población en un terreno marcado por la cercanía del mar.

Lastres forma parte de la asociación Los Pueblos Más Bonitos de España y su conjunto histórico cuenta con protección patrimonial. Su aparición en la serie de televisión 'Doctor Mateo' también ayudó a dar a conocer sus calles fuera de Asturias. Pero sus principales puntos de interés están relacionados con la arquitectura, la actividad pesquera, el paisaje y una gastronomía muy ligada al concejo.

Un casco histórico entre cuestas y escaleras

Las cuestas, los tramos empedrados y las escaleras marcan buena parte del paseo por el centro de Lastres. Las calles cambian de altura en pocos metros y dejan a la vista diferentes tipos de viviendas. Junto a las casas que tradicionalmente ocuparon las familias de pescadores aparecen edificios de mayor tamaño, entre ellos palacios y casonas con escudos en las fachadas. Esa mezcla de construcciones es una de las características del casco urbano.

El barrio de los Balleneros recuerda una parte concreta del pasado de la villa. La relación con el mar no se limitó a la pesca que continúa practicándose en la actualidad: durante otras épocas, la captura de ballenas también tuvo peso en la economía local. El nombre de este sector mantiene el recuerdo de aquella actividad y permite conocer otra etapa de la historia marinera del pueblo.

Entre los edificios que pueden encontrarse durante el paseo está la Torre del Reloj, uno de los elementos más reconocibles de Lastres. También se encuentran la iglesia de Santa María de Sábada, que ocupa un lugar destacado dentro de su patrimonio, y la capilla del Buen Suceso. Estas construcciones permiten acercarse a distintas etapas de la historia local sin salir del casco antiguo, declarado Conjunto Histórico-Artístico.

Un puerto en el que continúa la actividad pesquera

El muelle ha sido uno de los espacios clave en el desarrollo de Lastres. Durante siglos, las capturas procedentes del Cantábrico sostuvieron buena parte de la economía local y esa relación todavía puede apreciarse en las tareas que se realizan junto a las embarcaciones. El puerto mantiene así una función ligada directamente al trabajo diario de quienes continúan vinculados al mar.

En esta parte del pueblo se concentra la actividad de los pescadores, desde las labores relacionadas con los barcos hasta el movimiento de las capturas. Las subastas de pescado y marisco forman parte de ese trabajo y ayudan a entender la conexión entre el muelle y la hostelería local. La zona baja muestra así una faceta distinta a la de las calles y viviendas que se reparten por la pendiente.

Pescado, marisco y sidra en la mesa

La gastronomía mantiene esa relación con el Cantábrico. El pescado y el marisco ocupan un lugar destacado en los restaurantes de Lastres, en buena medida por la tradición pesquera del concejo. Para quienes pasan por la localidad, comer allí permite encontrar platos vinculados al producto del mar junto a otras preparaciones habituales de la cocina asturiana.

Las sidrerías completan esa oferta y mantienen la presencia de una bebida estrechamente asociada a Asturias. La sidra comparte mesa con recetas elaboradas a partir de pescado y marisco y forma parte de una manera de comer muy reconocible en la región. La gastronomía se convierte así en otra forma de conocer el pueblo, más allá de sus monumentos y de las vistas sobre la costa.

Las vistas desde el mirador de San Roque

En la parte alta se encuentra el mirador de San Roque, uno de los puntos desde los que mejor se aprecia la distribución de Lastres. Desde allí se distinguen las viviendas que descienden por la ladera, las calles que se abren entre ellas y el puerto situado junto al mar. La perspectiva permite observar de un vistazo la forma en la que se organiza el conjunto urbano.

La panorámica alcanza también la costa y el monte Sueve, mientras que los Picos de Europa pueden verse en los días despejados. Junto al mirador se encuentra la capilla de San Roque, dedicada al patrón de la localidad. Desde este punto se reúne buena parte de lo que define a Lastres: la pendiente sobre la que creció el pueblo, el Cantábrico a sus pies y las montañas del interior.

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La villa monumental de Soria llena de patrimonio arquitectónico y donde se elige "el mejor torrezno del mundo"

La villa monumental de Soria llena de patrimonio arquitectónico y donde se elige "el mejor torrezno del mundo"

Su casco histórico está protegido como Conjunto Histórico y la cercanía del Cañón del Río Lobos permite completar la visita con una salida a la naturaleza

Patrimonio histórico, cultura y gastronomía en la capital de Castilla y León perfecta para una escapada en otoño

En algunos municipios de Castilla y León, recorrer el casco histórico permite encontrarse con edificios que tuvieron usos muy distintos. Iglesias, antiguas instituciones educativas, sedes administrativas y construcciones destinadas a la asistencia conviven en pocas calles. Aunque pertenecen a épocas diferentes, todas ayudan a entender cómo fue cambiando la vida de estas poblaciones.

El interés de estos lugares no depende siempre de un único monumento. Muchas veces es la cercanía entre varios edificios la que hace posible recorrer el centro a pie y detenerse con calma en sus calles. También quedan restos de murallas o fortalezas que recuerdan la importancia que tuvo la defensa de los núcleos habitados. Ese conjunto permite acercarse a la historia local a través de espacios que siguen siendo reconocibles, incluso aunque muchos hayan dejado atrás la función para la que fueron construidos.

En la provincia de Soria, El Burgo de Osma reúne buena parte de esas características. Desde la capital provincial se llega por carretera en unos 40 minutos. Su casco antiguo está protegido como Bien de Interés Cultural en la categoría de Conjunto Histórico y, desde 2023, el municipio forma parte de la asociación Los Pueblos Más Bonitos de España. A sus edificios históricos se suman un espacio natural cercano y una cita gastronómica ligada a uno de los productos más conocidos de la provincia.

De la antigua iglesia románica a los templos posteriores

La catedral de Nuestra Señora de la Asunción es uno de los edificios más destacados de El Burgo de Osma. También conocida como catedral de Santa María de la Asunción, comenzó a levantarse en el siglo XIII sobre el lugar que había ocupado un templo románico. La nueva construcción siguió el estilo gótico, diferente al de la iglesia anterior. De este modo, el edificio actual tiene su origen en plena Edad Media, aunque la presencia religiosa en ese punto es anterior.

Catedral de Nuestra Señora de la Asunción.
Catedral de Nuestra Señora de la Asunción.

Otros templos permiten completar esta parte de la visita. La iglesia del Carmen se construyó durante los últimos años del siglo XVI, mientras que la de Santa Cristina está relacionada con un periodo que va desde esa misma época hasta el XVIII. Ambas pertenecen a una etapa posterior a la catedral y muestran cómo la arquitectura religiosa siguió transformándose con el paso de los siglos.

Instituciones históricas, murallas y un castillo

La arquitectura civil cuenta otra parte de la historia de El Burgo de Osma. Entre sus edificios se encuentra el antiguo Hospital de San Agustín, levantado entre los siglos XVII y XVIII. Su presencia recuerda el papel que tuvieron los centros dedicados a la asistencia, que convivieron con instituciones religiosas, educativas y de gobierno.

La enseñanza también dejó su huella en el municipio. La Universidad de Santa Catalina es del siglo XVI y el Seminario Diocesano de Santo Domingo de Guzmán corresponde al XVIII. A ellos se suman el Palacio Episcopal, del XVI, y otros dos edificios del XVIII: el Real Hospicio y el Ayuntamiento. Cada uno tuvo una función diferente, desde la formación y la administración hasta la atención a la población, y juntos ayudan a entender cómo se organizaba la vida de la villa.

Más allá de estas edificaciones, todavía quedan restos de la antigua muralla. Para levantarla se utilizaron piedras de mampostería y bloques labrados. El recinto tuvo varios accesos, aunque solo se conserva la puerta de San Miguel. Estas entradas servían para controlar quién entraba y salía de la población y también tenían una función recaudatoria, ya que en ellas se cobraban tributos por las mercancías que llegaban a la villa.

Otra referencia defensiva es el castillo, situado en una elevación cercana. Su construcción se sitúa entre los siglos X y XI y recibió reformas durante el siglo XVIII. En su diseño original contaba con dos accesos y cuatro torres. Mientras la muralla controlaba las entradas al núcleo urbano, la fortaleza aprovechaba su posición elevada para vigilar el entorno y reforzar la defensa.

Una escapada al cañón y una final dedicada al torrezno

La visita puede continuar fuera del centro con una salida al Parque Natural del Cañón del Río Lobos, situado a poca distancia. Cerca de una de sus entradas se encuentra la ermita de San Bartolomé, vinculada a un antiguo monasterio. La cercanía del parque permite combinar dos planes diferentes: uno centrado en el patrimonio del pueblo y otro en un entorno natural próximo, donde la ermita añade además un punto de interés histórico.

La gastronomía aparece a través de una cita concreta. El Burgo de Osma acoge la fase final de “El Mejor Torrezno del Mundo”, un concurso dedicado a este producto soriano. Antes de la final se celebran pruebas clasificatorias en distintos puntos de España. Las eliminatorias tienen lugar desde finales de enero y durante febrero, con la participación de cocineros profesionales procedentes de varias comunidades autónomas.

Los participantes que superan esas fases vuelven a reunirse en la prueba final, celebrada en El Burgo de Osma, donde se decide quién obtiene el reconocimiento. Eso no significa que el establecimiento ganador tenga que encontrarse en el municipio: la relación de la localidad con el título se debe a que es la sede de la final. El concurso suma así una cita gastronómica a una escapada que también permite conocer arquitectura histórica y espacios naturales cercanos.

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Entre Albacete y Jaén: la villa renacentista para recorrer a pie y famosa por su gazpacho manchego

Entre Albacete y Jaén: la villa renacentista para recorrer a pie y famosa por su gazpacho manchego

El casco histórico concentra buena parte de sus principales monumentos, mientras los alrededores permiten completar la visita con salidas por la sierra y espacios naturales cercanos

La villa histórica de Castilla-La Mancha con una muralla del siglo XI y que aspira a ser Patrimonio de la Humanidad

En el suroeste de la provincia de Albacete, el paisaje cambia a medida que se acerca la sierra y la frontera con Jaén. En esta parte de Castilla-La Mancha, los pueblos se reparten entre valles y zonas de montaña, con edificios de distintas épocas y un entorno que forma parte de la visita. El patrimonio urbano se combina así con espacios abiertos y rutas cercanas que permiten completar la escapada fuera del casco histórico.

Alcaraz es una de esas localidades. Situado en la sierra que lleva su mismo nombre, el municipio conserva un casco antiguo de calles empedradas y edificios construidos en parte con piedra de tonos rojizos. Está declarado Conjunto Histórico-Artístico y reúne muestras de arquitectura de diferentes periodos. Muchos de sus principales puntos de interés están cerca unos de otros, por lo que pueden recorrerse a pie sin necesidad de desplazamientos largos. Además, la cercanía entre varios de estos lugares hace que la visita resulte sencilla.

Pasear por la villa permite ver cómo se han superpuesto distintas etapas de su historia. Hay iglesias, edificios civiles y restos de antiguas construcciones defensivas, pero la visita no termina ahí. La gastronomía vinculada a la sierra, los espacios naturales próximos y un santuario situado fuera del núcleo completan una escapada que puede organizarse con planes diferentes.

La Plaza Mayor y el legado arquitectónico de Alcaraz

La Plaza Mayor concentra algunos de los edificios que mejor reflejan el pasado de Alcaraz. Buena parte de su aspecto actual está relacionado con las obras realizadas durante el siglo XVI, cuando el comercio tenía un peso importante en la actividad de la localidad. Las antiguas zonas destinadas a los intercambios todavía se reconocen en las lonjas y en las galerías porticadas que rodean parte de la plaza. En este mismo espacio se encuentra también el Ayuntamiento.

Dos torres levantadas una junto a la otra marcan buena parte de la imagen de la plaza, aunque pertenecen a edificios con funciones diferentes. Una forma parte de la iglesia de la Santísima Trinidad. La otra es la torre del Tardón, de carácter civil y encargada de albergar el reloj de la población. Su cercanía hace que ambas formen una de las estampas más reconocibles del casco histórico.

La iglesia de la Santísima Trinidad aporta otro estilo al conjunto. Mientras otros edificios de la plaza responden a formas renacentistas, su portada mantiene elementos góticos, entre ellos varias arquivoltas decoradas. Esa combinación permite ver en pocos metros construcciones levantadas o transformadas en momentos distintos de la historia de Alcaraz.

Iglesia de la Santísima Trinidad.
Iglesia de la Santísima Trinidad.

Desde la plaza se puede seguir por la calle Mayor hasta la Puerta de la Aduana. La obra fue realizada por Andrés de Vandelvira, arquitecto nacido en Alcaraz que también dejó su huella en otras localidades de la comarca. Este acceso forma parte del patrimonio renacentista de la villa y amplía el paseo más allá de la Plaza Mayor. En las calles próximas continúan apareciendo casas tradicionales y fachadas de piedra.

En la parte alta se conservan las ruinas del antiguo castillo. La fortaleza, levantada en época islámica, ocupaba una posición desde la que se controlaban las comunicaciones con Andalucía. Ese emplazamiento le dio importancia estratégica durante la Edad Media. Hoy quedan restos en la zona más elevada de Alcaraz, desde donde se pueden contemplar las casas del municipio y la sierra que lo rodea.

Un plato caliente que comparte nombre con el gazpacho andaluz

Entre las recetas tradicionales de Alcaraz está el gazpacho manchego. Su nombre puede generar confusión fuera de Castilla-La Mancha, porque no tiene nada que ver con la sopa fría andaluza. En este caso se trata de un plato caliente elaborado con caldo de carne y torta cenceña, un pan sin levadura que se incorpora en pequeños trozos durante la cocción. Esa torta es una de las claves para conseguir la textura característica del guiso.

La receta puede prepararse con carnes de caza, pollo o conejo. Una vez cocinadas, se desmenuzan y vuelven a incorporarse para terminar de hacerse junto a la torta. A medida que avanza la cocción, el pan absorbe parte del caldo y el plato gana consistencia. Es una elaboración ligada a la cocina tradicional de la sierra, sencilla en su base y pensada para servirse caliente.

Dos visitas para conocer el entorno de la villa

Una de las salidas lleva hasta la microrreserva de los Batanes y la Molata, situada a unos tres kilómetros por la carretera de La Mesta. En este punto, las aguas del Escorial y del Mesta se unen a las del río Alcaraz. El paisaje combina paredes de roca caliza, barrancos y zonas por las que discurre el agua, además de algunos saltos. Es una opción distinta al paseo por el casco histórico y permite conocer el entorno natural más próximo.

A unos cinco kilómetros del pueblo se encuentra también el Santuario de la Virgen de Cortes. Este enclave tiene una importancia especial dentro de las celebraciones religiosas de la provincia de Albacete y recibe peregrinos en varias fechas del año. El 1 de mayo se celebran los mayos dedicados a la Virgen, mientras que el 2 de agosto tiene lugar una romería. El 8 de septiembre se celebra otra, reconocida como Fiesta de Interés Turístico Regional. Las tres fechas siguen formando parte de las tradiciones religiosas vinculadas al santuario.

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Una ruta por algunos de los cementerios más singulares de España incluidos en la Ruta Europea de Cementerios

Una ruta por algunos de los cementerios más singulares de España incluidos en la Ruta Europea de Cementerios

Madrid, Barcelona, Avilés y A Coruña conservan recintos donde la arquitectura funeraria, la memoria local y distintas tradiciones ayudan a entender la evolución de cada ciudad

El cementerio escocés que inspiró a J. K. Rowling para Harry Potter: con fama de estar embrujado y lleno de vegetación

Los cementerios forman parte de la historia de muchas ciudades europeas. Aunque su función principal sigue siendo la de acoger enterramientos, también conservan información sobre las comunidades que los construyeron y sobre cómo fueron cambiando sus costumbres con el paso del tiempo. La distribución de los espacios, las inscripciones y las construcciones de diferentes épocas permiten acercarse a una parte del pasado local. Además, algunos de estos recintos se han convertido además en lugares que pueden visitarse.

En España, más de una veintena de cementerios forman parte de la Ruta Europea de los Cementerios, reconocida por el Consejo de Europa. La iniciativa busca proteger estos espacios y dar a conocer su valor cultural. Su interés no se limita a elementos como esculturas, grabados o capillas, sino que también incluye las costumbres relacionadas con la muerte, las tradiciones que se han mantenido con el paso de los años y la memoria de personas vinculadas a cada ciudad.

Los cementerios incluidos en esta ruta son muy diferentes entre sí. Algunos ocupan grandes superficies, otros se extienden por laderas y también hay ejemplos divididos en zonas destinadas a distintas comunidades. Madrid, Barcelona, Avilés y A Coruña cuentan con cuatro de estos espacios, cada uno con sus propias características. En ellos pueden verse desde la evolución de distintos estilos arquitectónicos hasta la huella de la emigración y el recuerdo de acontecimientos relacionados con la historia de cada lugar.

La Almudena (Madrid), 120 hectáreas de historia

El cementerio de La Almudena abrió sus puertas en 1884 y ocupa una superficie de 120 hectáreas, lo que lo convierte en uno de los más grandes de Europa. En este espacio madrileño descansan los restos de alrededor de cinco millones de personas. El interior está dividido en distintos sectores y reúne construcciones levantadas en diferentes momentos de su historia.

Entre las zonas diferenciadas se encuentra un cementerio judío. La variedad también se aprecia en la arquitectura, con panteones, capillas y otras obras funerarias que incorporan elementos neogóticos, neoclásicos y neorrománticos. Las diferencias entre unos monumentos y otros permiten observar cómo fueron cambiando estas construcciones desde finales del siglo XIX.

La Almudena permite así acercarse también al crecimiento de Madrid y a los cambios sociales que ha experimentado la ciudad. La visita no se limita a observar sepulturas concretas, sino que permite fijarse en cómo fueron organizándose sus distintas zonas y en los elementos artísticos que se incorporaron al conjunto con el paso de las décadas.

Montjuïc (Barcelona), mausoleos y vehículos funerarios

En Barcelona, el cementerio de Montjuïc se extiende por la ladera sur de la montaña del mismo nombre, frente al mar. La pendiente condiciona la distribución de sus diferentes espacios y también la forma de recorrerlos. Entre sus elementos más destacados aparecen grandes mausoleos y esculturas realizadas para acompañar las sepulturas, que forman parte del patrimonio artístico conservado en el lugar.

Cementerio de Montjuïc, Barcelona.
Cementerio de Montjuïc, Barcelona.

Allí se encuentran las tumbas del pintor Joan Miró y del compositor Isaac Albéniz. Su presencia permite relacionar el recorrido con algunas figuras conocidas de la cultura española, mientras que las rutas señalizadas ayudan a localizar enterramientos y obras funerarias con interés histórico. De esta forma, la visita no queda limitada a una zona concreta del cementerio.

Otra de las particularidades de Montjuïc es su colección de coches fúnebres, formada por vehículos que se utilizaron antiguamente en este tipo de servicios. Es uno de los diez cementerios de Catalunya incluidos en la ruta europea. El modernismo es uno de los estilos que más presencia tiene en estos espacios, algunos de los cuales cuentan también con visitas guiadas.

La Carriona (Avilés), la huella indiana

El cementerio de La Carriona, en Avilés, se inauguró en 1890. Su construcción coincide con una época en la que algunas familias asturianas habían hecho fortuna después de emigrar a América. Parte de ese dinero se destinó a levantar grandes tumbas y panteones, con una decoración que permite entender el peso social y económico que alcanzaron sus propietarios cuando regresaron.

A lo largo de sus avenidas aparecen construcciones con elementos góticos, neoclásicos y modernistas. Las esculturas incluyen símbolos religiosos, alegorías y motivos inspirados en la época medieval. Uno de los monumentos más conocidos es el de la marquesa de San Juan de Nieva, cuya cripta alberga la figura de un ángel, una de las piezas más reconocibles del conjunto.

Además de recorrer las sepulturas, el cementerio cuenta con un centro de interpretación. Desde allí se organizan visitas guiadas en las que se explican las características de las obras y el contexto en el que fueron realizadas. La Carriona permite así acercarse a una parte de la historia de Avilés a través de los monumentos encargados por diferentes familias.

San Amaro (A Coruña), frente al Atlántico

El cementerio de San Amaro abrió en 1813 y se encuentra junto al océano Atlántico, en A Coruña. Está dividido en tres zonas: la religiosa, la civil y la británica. Esta última fue adquirida en 1867 por el cónsul de ese país para enterrar allí a sus compatriotas fallecidos en Galicia. Esa distribución permite conocer cómo se atendían las necesidades de comunidades diferentes.

Entre sus elementos patrimoniales aparecen construcciones neoclásicas, cruces con símbolos celtas y referencias relacionadas con el mundo marinero. La organización en terrazas permite ver el mar desde distintos puntos. También hay dos monumentos conmemorativos vinculados a la memoria local, además de sepulturas de personas relacionadas con la política, las artes y otros ámbitos de la sociedad gallega.

En San Amaro descansan más de 200 personas consideradas ilustres, entre ellas escritores y pintores. También se encuentra allí la tumba de la hermana menor de Pablo Picasso. El cementerio entró a formar parte de la Ruta Europea de los Cementerios en 2013 y ha acogido diferentes actividades culturales, entre ellas visitas nocturnas organizadas en determinadas ocasiones.

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La Ruta del Mimbre: el recorrido por la comarca de Cuenca que se tiñe de rojo al llegar el otoño

La Ruta del Mimbre: el recorrido por la comarca de Cuenca que se tiñe de rojo al llegar el otoño

Más de 50 kilómetros enlazan seis pueblos donde el cultivo y la artesanía forman parte del paisaje y de la economía local

El pueblo de Cuenca cuyas lagunas de colores están declaradas Monumento Natural y es perfecto para recorrer a pie

En buena parte del interior de Castilla-La Mancha, el otoño cambia el aspecto del paisaje. Los campos entran en una nueva fase, mientras los árboles de las riberas y las zonas de monte empiezan a dejar atrás el color del verano. En el norte de Cuenca, esta transformación se aprecia especialmente en un territorio donde se mezclan cultivos, pequeños pueblos y espacios naturales recorridos por varios ríos.

Entre la Alcarria y la Serranía conquense aparecen dos zonas cercanas, pero con paisajes distintos. Los valles se alternan con formaciones rocosas y masas de bosque, mientras las carreteras enlazan pueblos que conservan iglesias, antiguas casas señoriales y otros edificios ligados a su historia. No es una ruta con un único punto de salida y llegada, sino un itinerario pensado para avanzar en coche y detenerse en diferentes localidades. Eso permite combinar los paseos por los cascos urbanos con pequeñas salidas hacia los campos y otros lugares próximos, adaptando cada parada al tiempo disponible. De esta forma, la jornada puede organizarse con libertad y sin depender de un único recorrido a pie.

La agricultura también ha estado muy ligada a los oficios tradicionales de estos municipios. Durante generaciones, algunas materias primas obtenidas del campo se han utilizado para fabricar objetos de uso diario y piezas relacionadas con la vida rural. Esa relación entre cultivo y artesanía sigue formando parte de la identidad de la comarca y ayuda a entender uno de sus recorridos más conocidos cuando llega esta época del año.

La Ruta del Mimbre: el cambio de color de sus campos con la llegada del otoño

La Ruta del Mimbre recorre más de 50 kilómetros entre la Alcarria y la Serranía de Cuenca. El itinerario pasa por Albalate de las Nogueras, Villaconejos de Trabaque, Priego, Cañamares, Fuertescusa y Beteta, en una zona atravesada por los ríos Escabas y Trabaque. Puede hacerse en coche, con paradas en los pueblos y en los terrenos donde se cultiva el mimbre.

Durante los meses cálidos, las plantaciones mantienen un color verde. Con el avance del otoño, las ramas pierden las hojas y dejan a la vista las varas de tonos rojizos. Este cambio se aprecia especialmente en los campos próximos a Cañamares, uno de los pueblos más ligados a este cultivo. No ocurre en una fecha concreta, ya que el aspecto de las parcelas cambia según avanza la estación y según los trabajos agrícolas de cada momento.

La recogida comienza a finales de noviembre y se alarga hasta mayo y una vez cortadas, las ramas se agrupan en haces y se colocan formando estructuras que recuerdan a pequeñas cabañas. Se conocen como carboneras o chozos y pueden verse en los lugares donde el mimbre se prepara y se guarda antes de utilizarlo.

Haces de mimbre agrupados en forma de chozo.
Haces de mimbre agrupados en forma de chozo.

El trabajo no termina en el campo. La flexibilidad de esta planta permite elaborar cestos, cuévanos, nasas, muebles, cunas y baúles. Aunque la cosecha se concentra en unos meses concretos, la fabricación de piezas continúa durante todo el año en talleres familiares, donde todavía se conservan técnicas que han pasado de una generación a otra.

Las paradas del recorrido, desde Priego hasta Beteta

Priego es uno de los pueblos desde los que puede empezar la visita. Está situado junto al Escabas y cerca del estrecho que forma el río al pasar entre paredes de roca. En el casco urbano, la plaza de los Condes de Priego reúne el palacio del mismo nombre, construido en el siglo XVI y utilizado hoy como Ayuntamiento. Las casas con escudos que se conservan en la localidad recuerdan la importancia que tuvo la nobleza local durante los siglos XVI y XVII.

Muy cerca está la iglesia de San Nicolás de Bari, con una torre renacentista de 32 metros. También se conserva el antiguo Hospital del Dulce Nombre de Jesús, fundado en 1525 para atender a personas sin recursos. Las calles Larga, de la Loma y de la Cruz mantienen antiguas casas nobiliarias. A ellas se suman las llamadas Casas de la Inquisición y algunos restos del antiguo recinto defensivo, entre ellos la Puerta de Molina, por donde entraban los viajeros que llegaban desde Molina de Aragón.

Entre los edificios religiosos figuran los conventos de la Encarnación, Nuestra Señora del Rosal y San Miguel de las Victorias. El segundo está a unos dos kilómetros del núcleo urbano, mientras que el tercero se encuentra rodeado de pinares. También destaca el Torreón de Despeñaperros, una construcción de origen árabe relacionada con las antiguas fortificaciones del municipio.

Desde Priego, la ruta puede seguir hacia Villaconejos de Trabaque y Albalate de las Nogueras. En ambos pueblos, las parcelas agrícolas conviven con viviendas de arquitectura tradicional e iglesias históricas. En los alrededores también pueden incluirse Alcantud y Valdeolivas como visitas complementarias. Esta última conserva la iglesia de la Asunción, cuyo ábside alberga una representación del Pantocrátor.

Cañamares es otra de las paradas principales por la extensión de sus cultivos y la presencia de secaderos tradicionales. Su entorno combina riberas, bosques y las elevaciones de la Serranía. Más al norte, Cañizares puede añadirse a la ruta antes de continuar hacia Fuertescusa y Beteta, dos municipios donde el patrimonio histórico comparte protagonismo con el paisaje de montaña.

El itinerario permite acercarse a distintas fases de una actividad que sigue ligada a la economía local y conocer varios pueblos sin necesidad de seguir una senda continua. Para ver los campos con sus tonos rojizos, hay que tener en cuenta el momento del otoño y el avance de la recogida, ya que ambos factores hacen que las plantaciones no presenten siempre el mismo aspecto.

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El truco de la hoja de papel para comprobar si la puerta de tu nevera cierra correctamente

El truco de la hoja de papel para comprobar si la puerta de tu nevera cierra correctamente

Una junta desgastada puede hacer que el frigorífico pierda frío y trabaje más de lo necesario, incluso cuando aparentemente todo funciona con normalidad

El truco del papel de aluminio para limpiar las rejillas del horno a fondo

El frigorífico forma parte del día a día de cualquier hogar. Se utiliza para conservar alimentos que necesitan frío y mantener en buen estado productos que se consumen durante la semana. Aunque normalmente se presta atención a la temperatura seleccionada o al espacio disponible en los estantes, hay otros elementos que también influyen en su funcionamiento. Algunos pasan bastante desapercibidos, pese a que intervienen cada vez que se abre o se cierra el electrodoméstico.

Uno de los aspectos que conviene revisar es que la puerta quede bien ajustada. No basta con que parezca cerrada desde fuera: para conservar el frío en el interior, debe existir un buen contacto entre la puerta y el cuerpo del aparato. Cuando ese cierre no es correcto, parte del aislamiento puede perder eficacia. El problema puede pasar inadvertido durante un tiempo, sobre todo si no hay una separación visible o si la puerta continúa cerrándose con normalidad.

En ese ajuste tienen un papel importante las gomas que rodean el borde interior. Su función es adaptarse al marco y cerrar el espacio que queda entre ambas superficies. Son piezas flexibles que están sometidas al uso diario del frigorífico y, con el paso del tiempo, pueden desgastarse o dejar de encajar como antes. Aunque el aparato siga funcionando, una junta deteriorada puede hacer que el frío no se conserve con la misma eficacia.

La limpieza también influye. Estas gomas suelen quedar fuera de las tareas más habituales, que normalmente se centran en retirar restos de comida, limpiar las baldas o colocar los productos. Sin embargo, conviene prestarles atención de vez en cuando. Revisarlas permite detectar suciedad, deformaciones o señales de desgaste antes de pensar que cualquier problema de refrigeración se debe a una avería interna. En ocasiones, un mal sellado de la puerta puede tener una explicación bastante más sencilla.

Un cierre deficiente también puede hacer que el frigorífico tenga que trabajar más para mantener la temperatura. Por eso, comprobar cómo encaja la puerta puede ayudar a detectar un problema que no siempre se aprecia a simple vista. No es necesario desmontar ninguna pieza para hacer una primera revisión: existe una prueba casera que permite comprobar si la goma ejerce suficiente presión contra el marco. Solo hace falta una hoja de papel y unos minutos.

Cómo comprobar el cierre de la nevera con una hoja de papel

La prueba puede hacerse con un folio. Primero hay que abrir la puerta y colocar una parte de la hoja sobre el borde del frigorífico, justo en la zona donde apoya la goma al cerrarse. Antes conviene despejar ese punto para evitar que algún objeto interfiera. El resto del papel debe quedar fuera, de manera que pueda sujetarse después. A continuación, se cierra la puerta con normalidad, sin empujarla ni ejercer una presión diferente a la habitual. La hoja quedará atrapada entre el marco y la junta si ambas superficies hacen contacto en ese punto.

Con la puerta cerrada, se agarra el extremo que sobresale y se intenta sacar el folio tirando suavemente. Lo importante no es comprobar si finalmente puede retirarse, sino fijarse en la resistencia que ofrece al moverse. Si queda bien sujeto y cuesta desplazarlo, significa que la goma está ejerciendo presión sobre esa parte del marco. Si sale con demasiada facilidad y apenas ofrece fricción, puede haber un ajuste insuficiente en esa zona.

La comprobación puede repetirse en otros puntos del contorno de la puerta. Esto resulta útil porque el desgaste no tiene por qué ser igual en toda la junta. Puede ocurrir que una parte retenga bien el papel y otra apenas ejerza presión. Por eso conviene probar en los laterales, en la zona superior y en la inferior, en lugar de sacar conclusiones a partir de un único intento. También es recomendable tirar siempre con una fuerza parecida para poder comparar mejor el resultado. Así resulta más fácil localizar dónde puede estar el problema.

El resultado debe tomarse como una orientación. Que el folio se deslice sin apenas resistencia indica que conviene revisar el sellado, pero no significa automáticamente que haya que sustituir la goma. Antes es recomendable comprobar si tiene suciedad, daños visibles o zonas que no apoyan correctamente sobre el marco. Esta prueba tampoco sustituye una revisión técnica: sirve para comprobar la presión de la junta en determinados puntos, pero no permite saber si el resto de componentes del frigorífico funciona correctamente.

Si se detecta algún fallo, el siguiente paso es revisar el estado de la junta y limpiarla si fuera necesario. Cuando está deteriorada y ya no consigue adaptarse correctamente al marco, puede ser necesario cambiarla. En cambio, si el papel ofrece una resistencia clara en todos los puntos comprobados, no se observan señales de falta de presión en esas zonas. Es una forma sencilla de revisar una parte del frigorífico que suele pasar desapercibida y de detectar si merece la pena prestar más atención al cierre de la puerta.

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