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El monasterio gótico del siglo XV que convive junto a Medina Azahara en las faldas de la sierra de Córdoba

El monasterio gótico del siglo XV que convive junto a Medina Azahara en las faldas de la sierra de Córdoba

Tras más de cuatro siglos de vida monástica, la desamortización puso fin a su actividad y una familia cordobesa inició su recuperación en 1912

Varias iglesias, un castillo y un museo alfarero en este pueblo de Córdoba con temperaturas veraniegas todo el año

El patrimonio histórico de Córdoba no se limita a los monumentos de su casco antiguo. Más allá del entorno de la Mezquita-Catedral, el municipio conserva construcciones de distintas épocas repartidas por los terrenos que rodean la ciudad. Algunas estuvieron ligadas a comunidades religiosas y a explotaciones agrícolas, y ayudan a entender cómo se organizó durante siglos la vida fuera del núcleo urbano.

Al oeste de la capital se encuentra Medina Azahara, levantada en el siglo X como sede del Califato de Córdoba. La ciudad palatina fue destruida a comienzos del siglo XI y sus restos permanecieron ocultos durante siglos, hasta que las excavaciones permitieron recuperar parte de su trazado, con calles, edificios y sistemas de abastecimiento de agua. Desde 2018 está además incluida en la Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco.

Muy cerca, en las laderas de Sierra Morena, se levanta el Real Monasterio de San Jerónimo de Valparaíso. Su origen es posterior al de la ciudad califal y pertenece a una etapa histórica completamente distinta. El edificio, iniciado en el siglo XV, es una de las construcciones más destacadas del gótico cordobés y conserva también reformas realizadas en siglos posteriores. Su ubicación frente a Medina Azahara, cerca de la carretera de Palma del Río, sitúa ambos enclaves dentro de un mismo paisaje histórico.

La fundación de San Jerónimo de Valparaíso y sus cambios de propiedad

La fundación del monasterio se remonta a 1408 y estuvo impulsada por fray Vasco, vinculado a la expansión de la orden jerónima por Andalucía. Para establecer la comunidad fue necesario disponer de terrenos cedidos por miembros de la nobleza cordobesa. Los religiosos se instalaron así en una finca alejada del centro de Córdoba y, con el paso de los años, el complejo fue creciendo con nuevas dependencias y propiedades. La comunidad también administraba tierras y explotaciones agrícolas de los alrededores, una actividad que permitió aumentar sus recursos y consolidar su presencia en esta parte de la sierra.

Los jerónimos permanecieron allí durante más de cuatro siglos, hasta que la desamortización puso fin a la actividad monástica en 1836. El inmueble quedó entonces abandonado y comenzó una etapa de deterioro que se prolongó hasta comienzos del siglo XX. En 1912, José María López de Carrizosa y Garvey, marqués del Mérito, adquirió la propiedad y la familia inició distintos trabajos de recuperación y conservación que continuaron durante generaciones.

El monasterio sigue siendo actualmente de titularidad privada, una circunstancia que lo diferencia del cercano yacimiento arqueológico de Medina Azahara. Su reconocimiento oficial llegó en 1980, cuando San Jerónimo de Valparaíso fue declarado monumento histórico-artístico de carácter nacional. En la actualidad forma parte además del ámbito protegido como Bien de Interés Cultural de Madinat al-Zahra.

La arquitectura gótica y las transformaciones de los siglos posteriores

La construcción comenzó en el siglo XV, aunque el aspecto actual del monasterio es resultado de varias etapas. Sobre la base gótica original se fueron incorporando elementos renacentistas y barrocos durante las reformas realizadas hasta el siglo XVIII, por lo que en un mismo recinto pueden encontrarse soluciones arquitectónicas de momentos diferentes. En la fachada se abren balcones y ventanas y, sobre la portada, aparece una representación de san Jerónimo en relieve dentro de un medallón de mármol blanco.

En el interior se encuentra el patio principal, rodeado por las galerías del claustro, donde se conservan columnas dóricas, bóvedas góticas y varias capillas. El complejo cuenta también con una iglesia, una sala capitular y un patio destinado antiguamente a los novicios. Las distintas dependencias se distribuyen alrededor de patios y corredores y respondían a las necesidades de la comunidad durante los siglos en los que el lugar mantuvo su función religiosa.

La cercanía con Medina Azahara dejó además una historia vinculada directamente a las ruinas de la ciudad califal. En el siglo XVI, unos monjes encontraron allí dos figuras de bronce con forma de ciervo y cierva que habían sido utilizadas originalmente como surtidores de una fuente. Una de estas piezas permaneció durante un tiempo en San Jerónimo y terminó incorporándose al Museo Arqueológico de Córdoba.

La figura mide 61,6 centímetros de altura y cuenta con un conducto interior por el que circulaba el agua hasta salir por la boca del animal. El religioso y cronista Ambrosio de Morales ya describió estas esculturas en 1575, lo que permite documentar su existencia en aquella época. El hallazgo sirve además para conectar dos momentos muy distintos del pasado cordobés: la etapa califal de Medina Azahara y la presencia de los jerónimos siglos después. Aunque ambos lugares tienen orígenes separados por varios siglos, su cercanía hace que hoy formen parte del mismo paisaje histórico de las afueras de Córdoba.

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El pueblo de pescadores con playas protegidas por la Unesco y un paseo marítimo perfecto para recorrer en otoño

El pueblo de pescadores con playas protegidas por la Unesco y un paseo marítimo perfecto para recorrer en otoño

A 56 kilómetros de Almería, San José conserva su pasado marinero y sirve de punto de partida para conocer algunos de los paisajes volcánicos más reconocibles de Cabo de Gata

El litoral desconocido de Almería marcado por el contraste entre sus playas de arena oscura y el agua cristalina del Mediterráneo

Las escapadas a la costa no tienen por qué quedar reservadas para el verano. Cuando pasa la temporada de mayor afluencia, también cambia la forma de organizar una visita. En vez de dedicar casi todo el día al baño, se puede aprovechar más tiempo para recorrer una localidad, conocer sus espacios o acercarse a lugares que en verano suelen quedar en segundo plano. El otoño permite plantear este tipo de viajes de otra manera, con el mar siempre presente, pero sin que toda la jornada gire alrededor de la playa.

El litoral andaluz cambia bastante de una zona a otra. Hay poblaciones con grandes áreas urbanizadas y otros tramos donde la presencia de construcciones es mucho menor. En la provincia de Almería aparecen ambos paisajes, con municipios costeros separados por zonas donde el relieve condiciona tanto las comunicaciones como los accesos. Por eso, al elegir un destino también conviene tener en cuenta qué lugares hay en los alrededores y cómo se llega hasta ellos.

San José encaja en ese tipo de escapada. Esta localidad de la costa de Níjar permite repartir la visita entre el propio pueblo y el entorno que lo rodea, sin depender únicamente de los meses de playa. Parte del tiempo puede dedicarse al núcleo urbano y otra parte a recorrer zonas próximas. Esa combinación explica que este punto de Almería atraiga a visitantes con planes diferentes, desde quienes buscan caminar hasta quienes prefieren pasar unos días cerca del Mediterráneo. Esto hace que el viaje no dependa de un único plan y que sea más fácil combinar paseos, playa y visitas cercanas durante una misma jornada sin demasiadas prisas.

Playas de origen volcánico en un territorio reconocido por la Unesco

San José pertenece al municipio de Níjar y está dentro del Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar. Este espacio fue reconocido como Reserva de la Biosfera por la Unesco en 1997 y forma parte de su red de Geoparques Mundiales desde 2015. Además, cuenta con otras figuras de protección, entre ellas la de Zona de Especial Protección para las Aves. Estas distinciones corresponden al territorio protegido en su conjunto y no a cada playa de forma individual.

Desde San José se puede llegar a Los Genoveses y Mónsul, dos de las playas más conocidas de esta parte del litoral y alejadas de las zonas edificadas. Las dos pertenecen al mismo espacio natural, aunque su aspecto es distinto. Los Genoveses ocupa una bahía amplia, mientras que Mónsul permite ver de cerca algunas de las formas creadas por la actividad volcánica. Visitar estos arenales supone salir del entorno urbano y adentrarse en una zona mucho menos transformada.

Los Genoveses se extiende por el Campillo del Genovés, un valle abierto hacia el mar. La playa supera el kilómetro de longitud y ocupa buena parte de la bahía, con arena fina y dorada. A su alrededor aparecen dunas con vegetación propia de Cabo de Gata-Níjar. Una de sus principales diferencias respecto a la playa del pueblo es la ausencia de edificaciones junto a la orilla. El relieve que la rodea marca además con claridad la separación entre la arena y los terrenos del interior.

Playa de Mónsul.
Playa de Mónsul.

Mónsul está a poco más de cuatro kilómetros de San José, también dentro del término municipal de Níjar. Tiene unos 300 metros de largo y cerca de 50 de ancho. Uno de sus elementos más conocidos es la Peineta de Mónsul, una formación de lava moldeada por la erosión que sobresale junto al arenal. Detrás de la playa se encuentra una duna móvil, de color más claro, mientras que a ambos lados aparecen paredes volcánicas. Todo ello da a este tramo de costa un aspecto muy distinto al de las playas rodeadas de edificios.

Un antiguo núcleo pesquero con un paseo junto al Mediterráneo

San José se encuentra a unos 56 kilómetros de la ciudad de Almería, entre el Cerro de Enmedio y Cala Higuera, rodeado por las elevaciones de la Sierra de Gata. Sus casas blancas se reparten a distintas alturas sobre las pendientes que rodean la bahía. Esa disposición responde al propio terreno y hace que buena parte del casco urbano quede orientado hacia la costa. A los pies de las viviendas se encuentra la playa del pueblo, muy diferente de los arenales sin urbanizar de los alrededores.

La pesca tuvo durante mucho tiempo un papel importante en la vida de esta barriada. Con el crecimiento del turismo fueron apareciendo nuevos servicios y actividades, aunque el origen marinero sigue formando parte de su historia. La localidad también está ligada al antiguo sistema defensivo de la costa. En el siglo XVIII se levantó el castillo de San José en una zona elevada para proteger el litoral frente a incursiones piratas. La fortificación acabó dando nombre al pueblo y quedó en ruinas durante la Guerra de la Independencia. Más tarde, el lugar se utilizó para tareas de vigilancia costera.

Una forma sencilla de conocer el núcleo urbano es recorrer el paseo marítimo junto a la bahía. Desde allí se puede caminar al lado de la playa y ver cómo las viviendas van subiendo por las laderas. Es un paseo muy distinto de los caminos que conducen hacia las calas exteriores, ya que discurre por el frente urbano y permite seguir junto al mar sin salir del pueblo.

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