Puente, un caradura que no dimite
No creo que nadie se sorprenda ante la actitud numantina del ministro. El tema de fondo es muy sencillo, ya que es imposible que encuentre un cargo o trabajo mejor que el que actualmente desempeña de una forma tan catastrófica. En su momento se consiguió un gran avance al quebrarse su autoestima, por cierto exagerada, cuando reconoció que era un mal jurista. La presión para que abandone el cargo es generalizada. Hasta el frente hundido, sus socios de gobierno, lo quieren fuera. Su comparecencia este viernes fue un auténtico despropósito, aunque dice mucho del personaje y ese ego tan enorme que no se corresponde ni con su formación, ni con su trayectoria, que está jalonada, sobre todo, de fracasos. Lo más grotesco fue presentarse como una víctima y asegurar que sufre un calvario. En este juego de los despropósitos llegó a afirmar que «lo fácil para mí es salir, pero no va con mi carácter, ni es lo que me ha pedido el presidente». Eso de «salir» y abandonar la política, que es lo que correspondería, no se lo cree nadie. En su caso, hace mucho frío fuera de la poltrona. Me imagino que Sánchez habrá sopesado que le conviene más que siga y se coma el marrón, que un cese que no cerraría la crisis. Es evidente que la oposición y, sobre todo, la opinión pública no se quedarían satisfechas ante esa decisión.
Sánchez es un político frío, implacable y calculador, algo lógico en cualquier presidente. La campaña del amor ha quedado en la cuneta convertida en una caricatura, así como los besos y los bailes que habían organizado los guionistas de La Moncloa. Al margen del deplorable y mezquino intento de culpar a un trabajador, la realidad objetiva es que hay una responsabilidad gubernamental por todo aquello que no se ha hecho para garantizar la seguridad del sistema ferroviario. No importa si el ministro sigue o lo cesan, porque todo el mundo tiene muy claro, incluso sus compañeros, que es un inepto. Lo de asumir el papel de víctima, sí va con su carácter. Ni en estos momentos es capaz de tener algo de sentido común. No ha aprendido de sus errores y se presenta como alguien imprescindible en estas circunstancias. Nada más alejado de la realidad.
Francisco Marhuenda. Académico de número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España y de la Real Academia de Doctores de España. Académico correspondiente de la Real Academia de la Historia. Catedrático de Derecho Público e Historia de las Instituciones (UNIE).


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