El nuevo virus cognitivo
Chatbot socrático. Es el tipo de chatbot al que pertenece Maike, desarrollado por la Fundación Ellis específicamente para ayudar a la formación de estudiantes. Su nombre, como se ve, está inspirado en el método socrático porque, a diferencia de otro bot conversacional convencional que ofrece respuestas inmediatas a las preguntas, este invita a reflexionar, expresar ideas y revisar el propio razonamiento. Es decir, no delega el esfuerzo cognitivo ni el pensamiento crítico. Maike se ha utilizado ya en un piloto con estudiantes de secundaria y, antes de que acabe el año, se quiere usar con alumnos de Derecho, en «asignaturas en las que tienen que escribir ensayos argumentativos, originales, contestar a preguntas difíciles y que no tienen una respuesta inequívoca», detalla Nuria Oliver, directora y cofundadora de la Fundación Ellis Alicante.
Desde la Fundación se preguntan si es momento de detenerse a pensar en la fascinación que sentimos por esta tecnología y lo que puede hacer por nosotros. ¿Estamos dispuestos a perder una cierta capacidad cognitiva? «Está claro que si dejamos de escribir y de leer, perderemos esas habilidades y con ellas dejamos de pensar críticamente», comenta Oliver, quien considera que cuando las tecnológicas hablan del fin del mundo en 2030, en cierta forma, parecen referirse al final de esas habilidades que nos hacen «sapiens».
Lo cierto es que ya hay estudios incipientes que apuntan a una pérdida de capacidades humanas como la memoria, la creatividad, la concentración, la paciencia o el espíritu crítico. «Los estudiantes que usan la IA para salir del paso de forma rápida caen en rendimiento en evaluaciones a libro cerrado. Una cosa es la IA, otra cosa es el atajo que esta nos ofrece, y otra muy distinta es el aprendizaje, el estudio detenido, tener información para después tener opinión, para abstraer y crear nueva información con lo que has aprendido», explica David Ezpeleta, vicepresidente de la Sociedad Española de Neurología.
La aparición de la IA generativa es el último punto en esta carrera en la que las habilidades cognitivas parecen haberse convertido en el último bien con el que comerciar. Pero, si echamos la vista atrás, hay otro gran punto de inflexión: 2010 y una herramienta, las redes sociales. Estas nacieron con la finalidad de conectarnos con familia o amigos, pero pronto se convirtieron en una herramienta con la que las plataformas conectaban a sus usuarios con empresas. El objetivo era el beneficio económico y la consecuencia la captación de la atención, dependencia y, ahora, la merma de habilidades cognitivas. David Ezpeleta comenta que «el problema de los móviles es que son mucho más accesibles. Además, las redes sociales están diseñadas para crear adicción, para quedarse con tu tiempo, traficar con tu atención y monetizarlos»
Este uso excesivo de la tecnología tienen consecuencias sobre todo en niños y adolescentes, aunque nadie se libra. «Los adultos también sufren de falta de atención, pérdida de concentración. Estas plataformas están expresamente fabricadas por personas que se dedican a la neurociencia y quieren robar la atención el mayor tiempo posible», continúa Ezpeleta.
Adiós al CI
Un estudio americano de 2023 afirma que, por primera vez desde 1930, el cociente intelectual está bajando en el país. Los resultados mostraban caídas en lógica, vocabulario y resolución de problemas, y entre las causas apuntaban a una caída de los estándares nutricionales, un empeoramiento de los sistemas escolares, un aumento negativo del uso de las redes sociales y un aumento de la contaminación del aire. Ezpeleta aclara que «es lo se llama efecto Flynn inverso y se está verificando desde hace un par de décadas. En realidad no se sabe a ciencia cierta si es consecuencia de la tecnología y las redes, pero es una posibilidad a la que muchos apuntan. Desde 2010-2012 se generalizan los móviles inteligentes y las redes sociales y se empiezan a disparar los problemas de salud mental. Se ve cómo han ido aumentando de forma progresiva en estos años las tasas de ansiedad, depresión, trastornos de la conducta alimentaria, insomnio, TDH. Y parece que todo al menos guarda una correlación con esta generalización».
Ezpeleta aclara que «hay que tener en cuenta que esto no es un problema único como una bacteria que produce la meningitis; es multifactorial. Las sociedades científicas se han puesto a investigar y la mayoría convergemos en que las RR SS son uno de los grandes catalizadores de estos problemas». Por eso, comenta, se han unido bajo una plataforma única para pedir medidas y leyes que protejan sobre todo a los más jóvenes. «Igual no se trata de prohibir, no lo sé, pero sabemos que las multas no sirven contra empresas que generan tantos beneficios como Meta. De media un adolescente pasa cuatro horas al día con el móvil, hasta 6-7 un fin de semana. Les está robando muchas horas de sueño, de estudio, de tiempo de calidad con los amigos, de deporte», afirma en neurólogo, quien detalla que los cambios funcionales y morfológicos en el cerebro son visibles. «Se ve con equipos especiales. Hay estudios donde se ha visto que a mayor hora de utilización del móvil en las redes sociales, hay varias áreas del cerebro que se adelgazan. Esto es así, lo estamos viendo, no es opinión, no es teoría, sino son estudios y observaciones los que nos lo están mostrándo», confirma.
Eso sin mencionar el tipo de contenidos que se consumen o fenómenos como el «fear of missing out» o miedo a perderse algo que lleva aparejado el «speed watching», aumentar la velocidad de reproducción de contenido para consumirlo antes. Una tendencia que, sobre todo, se da entre jovenes y que tiene consecuencias negativas en la atención sostenida o la capacidad de disfrutar.
Habilidades sociales
Además de las capacidades cognitivas, también están en juego nuestras habilidades sociales, que constituyen una dimensión fundamental de nuestra naturaleza humana. "Corremos el riesgo de acostumbrarnos a mirar a los demás desde una lógica instrumental, valorándolos más por su utilidad, su visibilidad o su popularidad que por su condición de personas. Las redes sociales pueden reforzar esta tendencia cuando convierten indicadores como el número de seguidores o de 'me gusta' en medidas aparentes del valor personal. Por otra parte, las relaciones humanas requieren esfuerzo, empatía y disposición a mostrarnos vulnerables. Aunque las herramientas digitales también permiten establecer vínculos significativos, algunas formas de interacción mediadas por la tecnología pueden reducir la exposición a la incomodidad y la incertidumbre propias del encuentro cara a cara. Esto podría contribuir a explicar fenómenos como la incomodidad que algunos jóvenes experimentan ante las llamadas telefónicas o determinadas dificultades en la comunicación presencial, desde mantener el contacto visual (la llamada mirada de la generación z) hasta desenvolverse con naturalidad en situaciones sociales cotidianas», comenta Sara Lumbreras, profesora en la Escuela de Ingeniería ICAI de la Universidad Pontificia Comillas.
¿Prohibir?
Australia ha sido el primer país en prohibir las redes sociales a los menores de 16 años. Las pantallas se desaconsejan antes de los 6 y, en general, se recomiendan gestos simples como apagar las notificaciones, eliminar el rastreo de datos y los permisos que le damos y ser conscientes, dice la agencia EFE en un texto, de que nuestra atención vale dinero. «Hemos tardado 20 años en tener el reconocimiento por parte de las empresas de que efectivamente los algoritmos son adictivos y han tenido que ser en el contexto de sentencias judiciales condenatorias. No deberíamos dejar que pasen otros 20 años para entender que impacto negativo puede tener un uso extensivo y quizás no cuidadoso de los sistemas de IA generativa. Deberíamos exigir un desarrollo tecnológico que nos beneficie y que sea positivo para nosotros, no que se enriquezca a costa de nosotros», opina Oliver.


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