Desconectados, aislados, atemorizados
Nosotras, que tantas horas de vida hemos pasado en ese AVE que nos conecta con casa, que lo sentimos parte esencial de nuestra historia de andaluzas itinerantes. Nosotras, que cumplimos los 18 estrenando los primeros, maldita sea, tenemos ahora que buscar el rastro de tu prima en uno de ellos: Cristina Ferris, roteña, madre de 4 hijos. «El pequeño tiene solo un añito», explicas. Y se me eriza la piel cuando añades, convencida, que la esperanza es lo último que se pierde, que todavía esperáis un milagro de Dios. «No hay derecho»… Claro que no, Noelia. Tu prima era preciosa desde todos los ángulos posibles. Ni ella ni nadie, en esos trenes, merecía este final que ha sido, por encima de todo, la consecuencia de una gestión pésima de nuestro sistema ferroviario.
Detrás de cada trayecto en tren hay familias que esperan, hay proyectos, reencuentros. Hay unas pocas vidas que renacieron en el último infierno, como la de mi amigo Fernando Seco, pero otras muchas, ahora en Urda y antes en Adamuz, han quedado para siempre truncadas por culpa de la incompetencia de quienes nos desgobiernan.
Óscar Puente ha conseguido que pasemos de enorgullecernos del AVE a evitarlo, por puro miedo. ¿A qué espera para dimitir? ¿En serio no se siente suficientemente responsable del desastre? ¿Por qué Pedro Sánchez insiste en mantenerle? ¿Cómo es posible que este ministro y su presidente se estén escudando exclusivamente en el error humano de terceras personas?
Ahora sabemos que el sistema de seguridad de esa línea es del Pleistoceno, porque tiene la friolera de 34 años de antigüedad. Este Gobierno le aseguró a Bruselas que lo renovaría, pero eso no ha sucedido. ¿Por qué? Desde lo de Adamuz, los maquinistas se han quejado al menos 20 veces de que la red de ese sistema se cae cada dos por tres. Incluso las compañías Iryo y Ouigo, cuando empezaron a operar en España, tuvieron que adaptarse al sistema obsoleto del AVE Madrid-Sevilla, tuvieron que someterse a una involución de su propia tecnología. No cuela escurrir el bulto con excusas baratas.
Dígannos, por favor, a los andaluces cómo nos vamos a mover regularmente a partir de ahora. Nos han dejado ustedes desconectados del tren, aislados, atemorizados. Con una red de carreteras que, por su escaso mantenimiento, deja mucho que desear. Con unos pocos vuelos a precios prohibitivos.
Es algo insólito, es muy indignante, muy injusto y es, por supuesto, inadmisible (parafraseando al propio Pedro Sánchez el otro día). Demasiado templados y educados veo a los familiares de las víctimas, tras este daño irreparable. Podías haber sido tú, podía haber sido yo. El día anterior viajaron en ese mismo tren mis padres... No hay derecho, Noelia querida.


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