La otra emergencia: urgencias saturadas y forenses al límite
La tragedia ferroviaria de Urda (Toledo) ha puesto a prueba la capacidad de respuesta de los servicios sanitarios de Castilla-La Mancha, cuyos profesionales llevan meses alertando de las dificultades que afrontan en su trabajo diario. El pasado junio, los médicos del servicio de Urgencias del Hospital Universitario de Toledo denunciaron una situación crítica por la falta de facultativos, la sobrecarga asistencial y la insuficiencia de espacios para atender a los pacientes.
Esta advertencia ha cobrado especial relevancia tras el accidente, que ha obligado a movilizar a numerosos profesionales y reorganizar la asistencia hospitalaria para atender a los heridos.
Según informó ayer Ep, Miguel Ángel Rodríguez, delegado de CSIF Sanidad Toledo y médico de Urgencias, fue el responsable de la recepción de pacientes del accidente ferroviario. A pesar de estar acostumbrado a situaciones de emergencia, calificó lo que se vivió en la mañana del miércoles como un «drama terrible», y todo ello «en una situación especialmente complicada por la saturación y falta de profesionales que arrastra el servicio de urgencias».
Este sanitario relató también que son momentos «que dejan una profunda huella emocional», al tiempo que subrayó «la movilización de todos los recursos y de todos los trabajadores en la atención a los pacientes, incluso vinieron de sus casas para ayudar en lo que pudieran».
"Siempre saturado"
El preaviso de los equipos de emergencia hizo que diera tiempo a preparar el servicio de urgencias, «siempre saturado de pacientes pendientes de ingreso», según informó la Central Sindical Independiente y de Funcionarios.
Desde esta entidad quisieron destacar a su vez que el compromiso de los empleados públicos no termina con la primera respuesta a la emergencia, ya que su labor «seguirá siendo imprescindible durante los próximos días, tanto en la atención y recuperación de las personas heridas como en el acompañamiento a las familias, la coordinación de los recursos y la recuperación progresiva de la normalidad».
Esta irrupción de la normalidad también llevó a los médicos de la Comunidad de Madrid a aparcar temporalmente sus reivindicaciones laborales. El Comité de Huelga Médica y Facultativa anunció a la Consejería de Sanidad su decisión de suspender las jornadas de paro previstas para esta semana, «por respeto a las víctimas y sus familias». La huelga había comenzado el miércoles y estaba convocada para reclamar mejoras laborales ante el bloqueo de las negociaciones con la Administración regional. Desde el momento del accidente, el comité reiteró la disposición de los profesionales a colaborar ante cualquier necesidad extraordinaria derivada del accidente, así como recordó que los servicios mínimos garantizan una cobertura del 100% en urgencias y emergencias. Además, hicieron un llamamiento a la ciudadanía para que consultara los canales oficiales sobre los puntos habilitados para donar sangre, en función de las necesidades de los servicios sanitarios.
Pero las denuncias sobre la falta de medios no se limitan únicamente a los servicios hospitalarios. El pasado abril, CSIF reclamó el cierre del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Toledo por las deficiencias que, según el sindicato, presentaban sus instalaciones.
Entre los problemas señalados figuraban carencias en los sistemas de filtración y ventilación, deficiencias en la gestión de residuos biológicos y escasez de equipos de protección individual. La organización sindical alertó también de que cinco trabajadores habían dado positivo en las pruebas de tuberculosis y exigió el traslado urgente a una nueva sede, inaugurada en marzo, pero que todavía no estaba operativa cuando se publicó la denuncia.
La capacidad ordinaria del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Toledo se sitúa en torno a los 30 cuerpos aproximadamente, por lo que han necesitado un refuerzo extraordinario para hacer frente al elevado número de fallecidos. La Unidad Militar de Emergencias (UME) ha instalado una morgue provisional junto a este centro, con el fin de ampliar la capacidad de recepción de los cuerpos.
Al cierre de esta edición, casi todos los cuerpos rescatados de los trenes siniestrados habían sido trasladados a esas dependencias. Ahora, decenas de familias esperan pruebas de ADN para poder confirmar si la persona a la que buscan ha fallecido o está en algún hospital.
Una labor que exige precisión, tiempo y recursos en medio de una tragedia que ha desbor-
dado la capacidad ordinaria de respuesta.


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