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Quentin Tarantino prometió no dar a su madre "ni un céntimo" de su éxito: la frase que escuchó cuando tenía 12 años

Antes de dirigir películas, Quentin Tarantino llenaba páginas con historias que imaginaba para la pantalla. Tenía 12 años cuando una discusión en casa le dejó una frase grabada. Según contó años después, su madre se refirió con sarcasmo a aquella pequeña carrera de escritor y le dijo que se había acabado. Él decidió entonces que, si llegaba a triunfar, no compartiría con ella el dinero ganado gracias a sus guiones.

La anécdota vuelve a circular estos días, pero no procede de una entrevista reciente. Tarantino la relató en 2021, durante una conversación con el guionista Brian Koppelman para el pódcast The Moment. La revista ¡Hola! la ha recuperado ahora. Situar bien la fecha importa: el director no ha anunciado esta semana una nueva decisión sobre su patrimonio.

En su recuerdo, el comentario llegó mientras su madre le reprochaba que dedicara tiempo a escribir en lugar de atender los estudios. Tarantino imitó incluso las comillas que, según él, ella hizo con los dedos al hablar de su carrera. La manera de decirlo le dolió tanto como las palabras, explicó al recordar una discusión que tuvo lugar cuando todavía era un niño.

Una promesa hecha en casa

El cineasta reconstruyó la respuesta que no expresó en voz alta: cuando se convirtiera en un escritor de éxito, su madre no vería "ni un céntimo" de lo que ganase. También enumeró aquello que no pensaba comprarle: una casa, unas vacaciones o un coche. Lo contó como una promesa que se hizo a sí mismo, nacida de esa conversación, y no como una cláusula de una herencia o un acuerdo familiar.

De niño, Tarantino veía en la escritura algo más que un pasatiempo. Por eso, al volver sobre aquel momento, advirtió de que el tono sarcástico de un adulto puede dejar huella cuando se dirige a lo que un hijo considera importante. Su relato se centra en el apoyo familiar que echó de menos entonces. Habla de su propia experiencia, sin ofrecer en esa entrevista la versión de su madre sobre la discusión.

Hay, además, un matiz que se pierde cuando la historia se resume diciendo que nunca la ayudó. Tarantino contó que sí intervino económicamente una vez, cuando ella tuvo un problema con la Hacienda estadounidense. No precisó en aquel relato cuánto dinero aportó. Su afirmación sobre no darle parte de su fortuna debe leerse junto a esa excepción, que él mismo mencionó.

Los guiones que siguieron adelante

La escritura continuó siendo el centro de su vida. Según recuerda ¡Hola!, a los 14 años terminó uno de sus primeros guiones y, más tarde, trabajó en un cine y en un videoclub mientras ampliaba sus conocimientos sobre películas. Su madre aceptó que dejara el instituto con la condición de que encontrase empleo. Aquel camino terminó llevándolo al cine, aunque no siguiera una formación académica convencional para dirigir.

Con el tiempo llegaron títulos como Reservoir Dogs y Pulp Fiction, y su relación con las películas siguió ocupando un lugar central en su vida adulta. Esa pasión por el cine empezó mucho antes de que el público conociera su nombre. En el pódcast de 2021, el recuerdo de los 12 años apareció precisamente al hablar de cómo se tomaba en serio la escritura desde pequeño.

La frase sobre el dinero llama la atención por la dimensión de su carrera, pero Tarantino no dio en esa conversación una cifra comprobable de su patrimonio ni describió el estado actual de la relación con su madre. Lo que sí dejó dicho fue por qué conservaba aquella promesa y la excepción que había hecho cuando ella necesitó ayuda con sus impuestos.

El director de cine Quentin Tarantino

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Marta, afectada por el accidente de Angrois, alza la voz tras Adamuz y Urda: "Un accidente de tren no se acaba cuando terminan las noticias"

Marta se presenta como una de las personas afectadas por el accidente ferroviario de Angrois de 2013. Trece años después, las noticias sobre nuevos choques de trenes la han llevado a grabar un mensaje: las consecuencias de un siniestro siguen presentes mucho después de que termine la cobertura informativa. Lo dice desde su experiencia, sin detallar en el vídeo las secuelas concretas que sufrió.

El Alvia descarriló el 24 de julio de aquel año en las inmediaciones de Santiago de Compostela. Para Marta, recordar esa fecha ahora significa volver a pensar en las personas que iban a bordo y en quienes esperaban su llegada. Detrás de cada fallecido hay una vida y una familia, insiste, frente al riesgo de reducirlos a una cifra en un informe.

Su mensaje llega después del accidente de Adamuz, ocurrido en enero, y del choque de dos trenes en Urda (Toledo) el 28 de octubre. Son sucesos distintos, cuyas circunstancias deben examinarse por separado. Marta habla desde el lugar de quien ya vivió una tragedia ferroviaria en España y vuelve a reclamar respuestas para las familias afectadas.

Una petición sin culpables anticipados

En el vídeo se dirige a Renfe, Adif y a las autoridades competentes. Les pide que asuman las responsabilidades que correspondan, aunque precisa: "No voy a señalar culpables antes de que se investigue todo". Su reclamación parte de una necesidad de conocer qué ocurrió y de saber qué decisiones se tomarán para proteger a quienes siguen utilizando el ferrocarril.

Marta habla de retrasos, cancelaciones, incidencias y falta de información, experiencias que, dice, los viajeros han terminado por normalizar. Quiere saber si se destinan los recursos necesarios a la prevención y al mantenimiento de las vías. También reclama transparencia sobre las medidas concretas que se adopten y sobre cómo se vigilará su cumplimiento.

Otra de sus preocupaciones es el dinero que requiere mantener una red segura. "La seguridad de las personas no puede quedar supeditada a los costes económicos", afirma. No presenta una cuenta de gastos ni acusa de un recorte específico: está expresando qué prioridad exige como pasajera después de haber vivido un accidente y de conocer los ocurridos este año.

La vida tras el siniestro

"Un accidente de tren no se acaba cuando terminan las noticias", dice Marta al principio de su intervención. Su frase también sirve para mirar más allá de las primeras horas de Urda y Adamuz: mientras avanza la investigación, las familias se ocupan de los heridos, de los fallecidos y de sus propias vidas. Las preguntas continúan después de la emergencia, aunque la atención pública cambie de asunto.

Las personas afectadas por Urda pueden encontrarse además ante gestiones médicas, administrativas y económicas que no se resuelven en un día. Entre ellas están las reclamaciones de las víctimas, cuyo alcance depende de cada situación. Marta no desarrolla esos trámites en su vídeo; sí plantea una pregunta sobre quién responderá y pide que las familias reciban explicaciones.

Las causas de Angrois, Adamuz y Urda no pueden tratarse como si fueran las mismas. Sobre el choque de Toledo, Marta evita atribuir responsabilidades antes de que concluya la investigación. Lo que sí reivindica, después de recordar 2013 y mirar a las víctimas de este año, es que la seguridad de los pasajeros siga siendo una prioridad cuando las cámaras se retiren del lugar del accidente.

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Las consecuencias de un siniestro siguen presentes.
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Un maquinista anónimo en activo cuenta qué ocurre cuando detecta una avería antes de salir: su testimonio tras el accidente de Urda

El tren debía volver a salir en pocos minutos, pero el maquinista todavía no sabía por qué se había quedado frenado durante el trayecto anterior. Había llegado con retraso y, al otro lado de la puerta, esperaban cientos de pasajeros. Ante una avería que no lograba identificar, decidió avisar de que el convoy no estaba listo para continuar.

Quien cuenta esta escena es un conductor ferroviario que se presenta como Víctor, un nombre ficticio. Ha trabajado, según explica, en cercanías, mercancías y larga distancia. Tras el choque entre dos trenes en Urda (Toledo), accedió a hablar sin mostrar su identidad por temor a las consecuencias de hacerlo públicamente. Su experiencia al mando de distintos trenes sirve para entender qué decisiones se toman cuando aparece un problema antes de salir.

Durante la conversación recuerda también la presión que siente al mirar hacia el andén y ver a los viajeros esperando. No resta importancia a ese retraso: sabe que afecta a mucha gente. Pero cuenta que, cuando no tiene claro el estado del tren, comprobar si puede circular con seguridad ocupa primero su atención.

El servicio que no quiso iniciar

En la entrevista difundida en YouTube, Víctor describe un trayecto en el que su tren quedó detenido por un problema de frenos. Hizo las comprobaciones que conocía y llamó a los ingenieros para buscar una solución. Consiguió llegar al destino a velocidad reducida, con unos 50 minutos de demora. Allí esperaba otra salida inmediata; la causa del fallo seguía sin aclararse y él no quería volver a circular sin revisar el convoy.

Relata que avisó al personal del tren y pidió que prepararan una alternativa para los viajeros mientras intentaba reiniciar los sistemas. Su postura, tal como la expresa, fue: "Por mí no está útil". Después de apagar y encender el equipo y revisar su funcionamiento, el servicio pudo salir con retraso. Víctor asegura que el tren reanudó la marcha tras esas comprobaciones, cuando consideró que podía hacerlo en condiciones de seguridad.

El maquinista dice haberse encontrado otras veces ante decisiones difíciles por incidencias del material o de la infraestructura. Al hablar del mal estado de las vías, menciona una línea por la que circuló días antes del accidente y que, según su valoración, necesitaba atención. Es una apreciación basada en su experiencia; no acredita por sí sola las condiciones del tramo donde ocurrió la colisión.

 

El alcance aún bajo investigación

Víctor también ofrece su interpretación de lo ocurrido en Urda. Explica que, tras el fallo del sistema LZB, los trenes se detuvieron y el centro de control asumió un papel decisivo para reanudar la circulación. A su juicio, la orden de continuar con marcha normal debe examinarse junto con las condiciones en que trabajaba el personal de control.

El conductor cree que la formación, el mantenimiento y la presión para evitar retrasos influyen en la capacidad de responder a una incidencia. Dice que en las grandes estaciones hay "muchísima presión" y reclama que se estudie el conjunto de la cadena antes de señalar a una sola persona. Son valoraciones de un profesional que habla desde el anonimato, cuya identidad no ha sido comprobada de forma independiente por este periódico.

La investigación técnica sobre Urda continúa. Su primer informe sitúa el inicio de la situación de riesgo en una avería del LZB y describe una secuencia de incidencias e instrucciones que habrá que reconstruir. Todavía debe determinar qué información tenía cada trabajador y por qué las medidas de protección disponibles no evitaron que un tren alcanzara al otro.

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Su experiencia al mando de distintos trenes sirve para entender qué decisiones se toman cuando aparece un problema antes de salir.
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Mamen Aceña, joyera: «Las novias que acuden a nuestra tienda lo hacen buscando piezas elegantes, silenciosas y atemporales que van a convertirse en parte importante de su joyero toda la vida»

Elegir las joyas de la boda puede generar tantas dudas como decidir los zapatos o el peinado. ¿Pendientes largos o pequeños? ¿Una pulsera será suficiente? ¿Y si llevamos una peineta? Queremos vernos favorecidas, sentirnos cómodas y que todo encaje con el vestido, sin terminar llevando accesorios con los que apenas nos identificamos.

Mamen Aceña conoce bien esas dudas. Al frente de su joyería familiar en la calle Santo Tomé de Toledo, defiende la elección de piezas que puedan seguir utilizándose después del enlace. “Las novias que acuden a nuestra tienda lo hacen buscando piezas elegantes, silenciosas y atemporales”, explica en una entrevista con Lucía Se Casa. Joyas para toda la vida que puedan pasar de generación en generación.

Los pendientes mandan entre las joyas de novia

Para Mamen, los pendientes son el complemento imprescindible de una novia porque “realzan el estilo que se quiere proyectar”. Después recomienda una peineta o un aderezo para el cabello y, por último, una pulsera.

No hace falta llevarlo todo. Depende del vestido y del estilo de cada una. Como recuerda Mamen, “los complementos deben favorecer por encima de todo, y por supuesto, acompañar su imagen sin recargarla”.

Cuando una clienta busca unos pendientes sencillos, Mamen la anima a probar también diseños algo más largos o diferentes de los que suele llevar. La forma del rostro ayuda a elegir la longitud, pero lo importante es sentirse cómoda y seguir viéndose una misma. A veces, ese par que descartamos de entrada nos favorece más de lo que pensábamos.

El mismo criterio sirve para las tiaras, las peinetas y los broches de mantilla. Antes de decidirnos, conviene ver cómo quedan con el velo y el peinado elegido. Y para comprobarlo con tiempo, la experta aconseja tener los complementos preparados para las primeras pruebas de vestido y peluquería.

Joyas que seguirás llevando después del “sí, quiero”

La preferencia por las piezas atemporales se refleja en su colección Vintage, que reúne reproducciones de joyas antiguas españolas elaboradas en plata de ley 925, con marcasitas y piedras naturales como nácar, ónix o amatista. Son diseños que recuerdan a esas joyas familiares que guardamos con especial cariño.

También hay espacio para incorporar color. Mamen señala el interés por los tonos azul claro y verde agua, presentes en piedras como las aguamarinas y los topacios. Una opción para quienes quieren llevar un detalle de color en el look nupcial.

Y si la boda es civil y preferimos no llevar ramo, Mamen sugiere un bolso de plata, que también recomienda a madrinas e invitadas. “Es un accesorio único, que no pasa de moda y que se transmite de abuelas a nietas”, explica.

Además, los complementos que llevamos el día de nuestra boda pueden volver a salir del joyero en un aniversario, en una cena o en otra celebración. Seguir disfrutándolos es una bonita forma de mantener presente ese recuerdo cada vez que nos los ponemos.

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Mamen Aceña ayuda a novias, madrinas e invitadas a realzar su belleza natural con las joyas de su tienda en Toledo | @mamen_acena
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¿Olvidar detalles y conservar conocimientos? Científicos proponen una explicación sobre cómo cambia la memoria al envejecer

Olvidar dónde dejamos las llaves puede desesperarnos. También ocurre que, años después de una conversación, no recordamos las palabras exactas, pero sí lo que aquella persona quería decirnos. Son experiencias distintas, y la ciencia todavía estudia cómo cambia cada tipo de memoria con la edad.

Tres investigadores de la Universidad de Arizona proponen una forma de mirar esos cambios. Según su hipótesis, al envejecer podríamos dar menos peso a los detalles de cada episodio y apoyarnos más en el conocimiento que hemos reunido durante décadas. La propuesta no significa que todos los olvidos tengan una utilidad.

Fabian-Xosé Fernandez, Sara N. Burke y Lynn Nadel desarrollan esta idea en un artículo publicado en Perspectives on Psychological Science. Es una hipótesis construida a partir de investigaciones anteriores, no el resultado de un ensayo que haya demostrado que el cerebro de todas las personas envejece de ese modo.

Del recuerdo de un momento a lo aprendido con los años

La memoria nos permite recuperar cosas diferentes. Podemos recordar dónde estábamos cuando recibimos una noticia, con quién hablábamos y qué ocurrió después. También podemos conservar el conocimiento general que esa experiencia nos dejó. Los autores plantean que el equilibrio entre ambas formas de recordar podría cambiar con el tiempo.

En su explicación intervienen el hipocampo, importante para recordar episodios con sus detalles, y otras redes cerebrales relacionadas con la integración de conocimientos. La propuesta es que, durante el envejecimiento habitual, la experiencia acumulada gane peso a la hora de interpretar lo nuevo. Eso podría ayudar a reconocer patrones o compartir lo aprendido sin recordar cada escena con la misma precisión.

Se entiende mejor con una situación cotidiana: alguien puede no acordarse de qué se dijo palabra por palabra en una reunión familiar y, aun así, conocer bien la historia de esa familia. Ya hemos contado por qué a veces olvidamos un nombre aunque reconocemos perfectamente a la persona. Recordar tiene varias facetas, y una dificultad concreta no permite sacar conclusiones sobre todas las demás.

Lo que aún falta por comprobar

Los autores describen su trabajo como un marco que permite hacer nuevas preguntas. Harán falta estudios que sigan a las mismas personas durante años y examinen cómo se relacionan los cambios cerebrales con su memoria. Por ahora, no se ha probado que perder precisión sea siempre una adaptación ni que cada persona gane otras capacidades en la misma medida.

También conviene separar el envejecimiento habitual de las enfermedades. El artículo propone investigar mejor esa diferencia, pero no ofrece una prueba para diagnosticar alzhéimer. Los problemas de memoria que empeoran o alteran la vida diaria merecen una valoración profesional; no basta con atribuirlos a la edad ni con explicar cada olvido mediante esta hipótesis. Otra investigación sobre pequeños despistes cotidianos muestra precisamente que el contexto importa antes de interpretar un fallo de memoria.

La idea resulta sugerente porque invita a mirar lo que una persona mayor sabe y aporta, además de lo que le cuesta recordar. Pero su valor científico dependerá de las pruebas que vengan después. Por ahora, es una explicación posible sobre cómo cambia la memoria, no una respuesta definitiva para cualquier olvido.

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Al envejecer podríamos dar menos peso a los detalles de cada episodio.

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Tercera edad.
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¿Por qué acabamos saltándonos una norma cuando vemos hacerlo a otros? Un experimento con 750 personas estudia el efecto contagio

Hay una fila que avanza por donde no debe y alguien se coloca detrás. Ese gesto cotidiano ayuda a entender la pregunta de un equipo de investigadores: ¿influye lo que vemos hacer a otros cuando decidimos cumplir una norma? Para estudiarlo, organizaron una tarea en línea con 750 participantes de Estados Unidos.

El trabajo, publicado en Proceedings of the Royal Society B y explicado por The Guardian, encontró que las infracciones visibles podían animar a otras personas a desviarse también. El tamaño de la desviación importaba: observar a alguien que se apartaba mucho de la regla produjo un cambio mayor que ver una infracción pequeña.

Eso no significa que todos los participantes imitaran a los demás. Cerca de un tercio siguió la norma durante toda la prueba, incluso cuando hacerlo no daba la recompensa más alta. La respuesta no fue igual para todo el mundo.

Una estrella fugaz y una decisión con premio

La tarea mostraba una estrella animada que se movía por una hilera de cien casillas. Cada persona debía elegir la casilla que había brillado con más intensidad. Esa era la regla. Pero el diseño ofrecía un incentivo para incumplirla: marcar una casilla situada más a la derecha podía dar más dinero, aunque no fuera la respuesta correcta.

Después de elegir, los participantes veían la decisión de otra persona y podían cambiar la suya. El procedimiento se repitió seis veces. Así, los investigadores compararon qué ocurría cuando el ejemplo observado respetaba la regla, la infringía un poco o se alejaba claramente de ella.

Ver a alguien cumplirla redujo ligeramente las infracciones. Una desviación pequeña elevó un poco la tendencia contraria. Cuando el otro participante se saltaba la regla de forma más evidente, algunas personas acababan yendo incluso más lejos. Los autores exploraron después, mediante simulaciones, cómo podrían acumularse esas decisiones dentro de un grupo.

La investigación se suma a otras preguntas sobre cómo ajustamos nuestra conducta al entorno. No siempre copiamos de forma consciente lo que vemos; la imitación de gestos o formas de hablar ofrece un ejemplo distinto de esa influencia social. En este experimento, lo observado fue más concreto: elegir una respuesta sabiendo que se apartaba de una instrucción.

Lo que la prueba permite decir

Los resultados muestran que las decisiones de otros influyeron en esta tarea, con un pequeño premio económico y sin una sanción por incumplir. Stephen Reicher, investigador que no participó en el estudio, señaló a The Guardian que esas condiciones limitan lo que puede concluirse sobre situaciones reales, donde pueden intervenir consecuencias y relaciones más complejas.

También importa quién da el ejemplo. El estudio examinó la afinidad entre participantes y halló diferencias en su influencia. Por eso, hablar de "contagio" es una forma abreviada de describir el resultado, no una prueba de que cualquier infracción se propague automáticamente entre desconocidos.

En un grupo, incluso quien observa antes de actuar puede tomar una decisión distinta según el contexto. La conducta de quienes primero observan al resto recuerda que mirar no equivale siempre a seguir. En la prueba, unos cambiaron su elección y otros mantuvieron la regla hasta el final. Esa diferencia individual también forma parte del hallazgo.

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¿Influye lo que vemos hacer a otros cuando decidimos cumplir una norma?

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Multitud.
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Dámaris Plá Sánchez, farmacéutica especializada en dermocosmética, sobre el sérum Gold Flash de Mercadona:«Podría adaptarse a todo tipo de pieles sin ningún tipo de problema»

Los productos de belleza de Mercadona siempre consiguen despertar nuestra curiosidad, sobre todo cuando combinan resultados exprés con un precio asequible. Y es que, aunque una buena rutina facial es fundamental para cuidar la piel, a veces buscamos un extra de luminosidad y un aspecto más descansado, especialmente cuando tenemos una celebración o un plan en el que queremos vernos bien.

Una de las últimas novedades de Deliplus es Gold Flash, un sérum tensor inmediato pensado para esas ocasiones. La farmacéutica especializada en dermocosmética Dámaris Plá Sánchez ha repasado su fórmula en su canal de YouTube, Tinycosmetics DP, y lo considera una opción interesante para quienes buscan suavizar las líneas de expresión antes de un evento.

Una piel más tersa en cuestión de minutos

Gold Flash se presenta en un pequeño envase de 4 ml y está pensado para conseguir una piel visiblemente más tersa y reducir la apariencia de los signos de fatiga. Al comentar la información del etiquetado, Dámaris señala que el producto “podría adaptarse a todo tipo de pieles sin ningún tipo de problema”.

Sérum tensor inmediato Gold Flash (2,75 €) | Mercadona Sérum tensor inmediato Gold Flash (2,75 €) | Mercadona

La farmacéutica examina sus 13 ingredientes para explicar de dónde viene ese efecto tensor y qué podemos esperar al utilizarlo. Entre ellos destacan la proteína hidrolizada de maíz, el extracto hidrolizado de yuca y un ingrediente que forma una fina película sobre la piel. Según explica, esta combinación ayuda a difuminar temporalmente la apariencia de las arrugas y a conseguir un efecto lifting inmediato.

La fórmula también incorpora humectantes y un prebiótico al que la especialista atribuye una acción hidratante, calmante y reparadora. “Estamos viendo una buena combinación”, afirma durante el análisis. A estos ingredientes se suman las láminas de oro, que tienen una función principalmente estética y pueden dar un toque sutil de luminosidad.

Un aliado para tus citas especiales

Se trata, por tanto, de un complemento para mejorar el aspecto del cutis durante unas horas. Su finalidad es conseguir ese acabado más terso al momento, no actuar como un tratamiento para eliminar las arrugas o corregir las manchas. Con ese objetivo puntual, la valoración de la especialista es favorable.

El sérum se aplica después de la rutina facial habitual | Magnific El sérum se aplica después de la rutina facial habitual | Magnific

Dámaris recomienda dejarlo como último paso de la rutina de cuidado facial habitual, antes del maquillaje, para conservar la película responsable de su acción tensora. Una vez aplicado, conviene esperar entre uno y dos minutos hasta que se absorba por completo.

La farmacéutica lo considera interesante para bodas, bautizos, comuniones y otras celebraciones. “Si estamos buscando únicamente poder conseguir este efecto flash para un momento puntual, un evento importante, sí que puede ser interesante”, afirma.

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Los productos de efecto flash ayudan a lucir buena cara antes de una ocasión especial | Magnific
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Un padre intenta dejar de pagar la pensión de alimentos de su hijo de 19 años alegando que trabaja de socorrista en verano, pero la Justicia le recuerda que un empleo estival no da "independencia económica"

Un empleo de verano puede ayudar a un hijo mayor de edad a costear parte de sus gastos sin proporcionarle recursos bastantes para sostenerse por sí mismo, una diferencia determinante en un conflicto familiar sobre la pensión de alimentos de un joven que cursaba Formación Profesional y trabajaba algunos meses como socorrista.

El padre solicitó que se extinguiera la obligación de contribuir a sus gastos o, de forma subsidiaria, que la cuantía se redujera a 120 euros mensuales, aduciendo que el hijo ya era mayor de edad, obtenía ingresos propios y que él percibía una pensión de 893,21 euros al mes sometida a un embargo.

Un juzgado de Fuengirola había rechazado extinguir los alimentos, aunque disminuyó la pensión a 250 euros mensuales, y el padre recurrió para lograr su supresión o una rebaja mayor, pero la Audiencia Provincial de Málaga ha ratificado íntegramente aquella decisión y le ha impuesto las costas de la apelación.

Ingresos de temporada y formación

La Sentencia número 358/2026, dictada el 15 de abril por la Sección Sexta de la Audiencia Provincial de Málaga, parte de que el hijo residía con su madre y cursaba un grado medio de comercio y marketing cuando se resolvió el litigio en primera instancia, mientras que su intención de continuar con estudios superiores también constaba en el procedimiento, sin que la resolución dé por concluida esa formación ni aprecie independencia económica.

El joven había trabajado como socorrista durante unos dos meses y medio al año, con ingresos que la Audiencia cifra en aproximadamente 3.600 euros anuales, y también había realizado prácticas vinculadas a sus estudios, una actividad que el tribunal distingue del empleo estival al valorar si podía sostenerse sin ayuda de sus progenitores.

Para la Sala, el dinero obtenido durante el verano podía servirle para afrontar una parte de sus necesidades, pero «en ningún caso» le procuraba independencia económica, mientras que la mayoría de edad tampoco bastaba por sí sola para retirar los alimentos si el hijo continuaba formándose, convivía en el domicilio familiar y necesitaba esa contribución.

La situación económica del progenitor

El padre sostuvo que sus recursos habían disminuido y que el embargo del 60% de su pensión le impedía afrontar el pago, pero la Audiencia señala que la prestación que percibía por incapacidad ya existía desde hacía muchos años y que no acreditó un empeoramiento de sus ingresos respecto de la situación tomada en cuenta al fijar los alimentos.

El tribunal atribuye el embargo a los impagos de la propia pensión de alimentos y considera que esa circunstancia no justifica extinguirla, además de señalar que el padre seguía residiendo en una vivienda de grandes dimensiones y apreciar indicios de otros ingresos, aunque la sentencia los presenta como una presunción y no cuantifica ninguna renta adicional acreditada.

Sí admite la Audiencia que los ingresos estivales del hijo constituyen un cambio frente a 2009, cuando se fijó una pensión inicial de 300 euros al mes y el menor no obtenía dinero propio, y, dado que la cantidad se había actualizado hasta 348,27 euros en 2020, confirma la reducción a 250 euros decidida por el juzgado, que la madre no recurrió.

La rebaja a 120 euros solicitada por el padre habría dejado el sostenimiento del joven prácticamente a cargo de la madre, según razona la Sala al recordar que ambos progenitores deben contribuir, por lo que desestima la apelación y confirma la cuantía de 250 euros mensuales.

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Vista de la playa de Los Peligros de Santander. Las personas con daltonismo pueden, desde este verano, y gracias a una iniciativa de Cruz Roja en las playas de Cantabria, distinguir el color de la bandera que les indica si el baño es recomendable o si, por el contrario, deben permanecer fuera del agua. Todas las mañanas, antes de que lleguen los primeros bañistas, los socorristas de las playas cántabras analizan el estado del mar, el viento y las corrientes para decidir qué bandera ondeará ese día

© Canva

Imagen de archivo de una piscina muy pequeña
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Un fontanero murió tras años de exposición al amianto: el Supremo eleva a 214.594 euros la indemnización para sus dos hijos

Los dos hijos de un fontanero municipal de Zaragoza han tenido que continuar la reclamación que inició su padre. Él enfermó tras trabajar expuesto al amianto y falleció en noviembre de 2017. La familia reclamaba una indemnización por los daños que, según los tribunales, guardaban relación con su trabajo.

El litigio llegó al Tribunal Supremo por una cuestión difícil de entender a primera vista: el Ayuntamiento había ingresado 264.562,43 euros en la Seguridad Social para financiar un aumento de la pensión del trabajador. Una sentencia anterior trató esa suma como si la familia ya la hubiera cobrado y la descontó de la indemnización.

El Supremo ha corregido esa cuenta. Su sentencia del 20 de julio de 2026 reconoce a los dos hijos 214.594,65 euros, más intereses, a repartir por mitad. El pago corresponde al Ayuntamiento de Zaragoza.

Una reclamación que pasó de 286.126 a 16.172 euros

El padre había trabajado como fontanero para el consistorio. Su enfermedad fue reconocida como profesional y se le concedió una incapacidad permanente absoluta. También se apreció que faltaron medidas de protección en su puesto, por lo que su prestación se incrementó un 50 %.

Tras su fallecimiento, los hijos siguieron la reclamación de responsabilidad patrimonial. Un juzgado fijó inicialmente la compensación en 286.126,20 euros. Después, el tribunal aragonés la redujo un 25 % al considerar que el tabaquismo había contribuido al resultado. Además, restó el dinero que el Ayuntamiento había ingresado para el recargo de la pensión. El importe final cayó a 16.172,82 euros.

Ahí estaba el desacuerdo que los hermanos llevaron al Supremo. Aquellos 264.562,43 euros no habían entrado en la cuenta del trabajador ni en la de sus hijos: se ingresaron en la Tesorería General de la Seguridad Social para sostener el aumento mensual de una prestación. Y, al morir el beneficiario pocos meses después de que se reconociera, dejó de percibir ese incremento.

El amianto ha dado lugar a otros litigios por daños laborales y falta de protección. En este caso, la responsabilidad del Ayuntamiento por la enfermedad y el fallecimiento ya se había reconocido. Lo que quedaba por resolver era cuánto podía descontarse de la compensación.

Por qué el Supremo cambia la cifra

La sala distingue dos conceptos. Uno es la indemnización por los daños atribuidos a la falta de protección. Otro es el recargo de las prestaciones de Seguridad Social que se impone por incumplir medidas de seguridad laboral. Tienen finalidades distintas y el segundo no reduce automáticamente el primero.

Ese recargo por falta de seguridad se paga mediante la prestación, no entregando a la familia el capital que el empleador deposita para financiarla. Por eso el Supremo considera incorrecto hablar de un doble cobro. Los hijos nunca recibieron esa suma de 264.562,43 euros.

La sentencia mantiene, sin embargo, la reducción del 25 % por la contribución del tabaquismo, extremo que no revisa en su decisión final. Así resulta la cifra de 214.594,65 euros: el 75 % de la indemnización fijada inicialmente. Para los hijos, la resolución cierra una discusión larga sobre un dinero que figuraba en el expediente, pero que nunca había llegado a sus manos.

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Un juzgado fijó inicialmente la compensación en 286.126,20 euros.

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Compensación económica.
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Emma Roberts se adelanta a la Navidad con plumas, lentejuelas y un pequeño bolso de Longchamp

Emma Roberts nos ha dejado una buena inspiración para las próximas fiestas con el estilismo que eligió para acudir a ‘Jimmy Kimmel Live!’ el pasado 28 de octubre en Los Ángeles. Aunque todavía estemos pendientes de Halloween, su última aparición nos lleva a pensar en esas cenas navideñas para las que reservamos las prendas más especiales del armario.

La actriz se ha animado con un look lleno de fantasía y hemos fichado el pequeño bolso de Longchamp con el que lo acompañó. Un diseño de la familia Le Roseau que nos recuerda que la firma francesa tiene mucho que ofrecer además de su famoso Le Pliage.

Radiante con transparencias, plumas y lentejuelas

Emma eligió un vestido de LaPointe con una parte superior en negro, de tejido transparente, que se prolonga por detrás a modo de capa. Tiene unas mangas amplias y una franja de plumas alrededor de la cintura que da volumen y contrasta con la silueta ajustada de la parte inferior.

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La falda, de largo midi, va cubierta de lentejuelas que dibujan un estampado animal con reflejos verdes y dorados sobre fondo negro. Una combinación muy festiva de la que podemos tomar alguna idea para diciembre.

Como complementos, la actriz eligió unos mules negros de punta fina y taconazo, unas gafas de sol estilo cat eye, pendientes de aro y varios anillos. Con la melena lisa y suelta, lleva en la mano el pequeño bolso de Longchamp, cuyo acabado acharolado se suma al brillo del conjunto.

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La versión más elegante de Longchamp

Se trata de un clutch confeccionado en cuero de vaqueta acharolado, con los laterales plegados hacia dentro que le dan una forma redondeada. Está rematado por un cierre metálico extragrande con forma de bambú, un detalle característico de la marca que recorre la parte superior y que la actriz utiliza como asa.

Bolso pequeño S Le Roseau (420 €) | Longchamp Bolso pequeño S Le Roseau (420 €) | Longchamp

Tanto la piel como el cierre son de color negro, con un acabado ultrabrillante que consigue ese efecto sofisticado sin necesidad de bordados ni aplicaciones de pedrería.

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Esta elección de un accesorio más discreto para un estilismo tan potente es una de las ideas que podemos tomar como referencia del look de Emma para las próximas celebraciones. Un bolso negro nos facilita combinar prendas con plumas, lentejuelas o estampados, aunque tampoco hace falta reunirlo todo como ella. Se trata de encontrar la combinación con la que nos sintamos cómodas, tanto si preferimos la sencillez como si queremos arriesgar un poco más.

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Emma Roberts a su llegada al programa ‘Jimmy Kimmel Live!’ en Los Ángeles | Getty Images
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Confirman nuevas vías para tratar la alergia alimentaria con menos reacciones

La inmunoterapia oral está cambiando el abordaje de la [[LINK:TAG|||tag|||63361a7f59a61a391e0a1876|||alergia alimentaria]]. Los últimos avances apuntan a que, en determinados pacientes, dosis de mantenimiento más bajas pueden proporcionar una protección clínicamente relevante con menos reacciones adversas.

En concreto, la inmunoterapia oral consiste en administrar cantidades controladas y progresivas del alimento al que el paciente es alérgico para aumentar su tolerancia. Aunque tradicionalmente se han utilizado pautas orientadas a alcanzar dosis elevadas, la evidencia científica está abriendo nuevas posibilidades. En el caso del cacahuete, por ejemplo, se ha observado que dosis de mantenimiento de unos 300 miligramos de proteína pueden resultar tan eficaces como otras más altas, con menos reacciones.

“Hoy contamos con estudios que muestran que dosis de mantenimiento pequeñas pueden aumentar de forma importante la cantidad de alimento que se tolera sin reaccionar”, explica el doctor Carmelo Escudero, jefe de Sección del Servicio de Alergología del Hospital Infantil Universitario Niño Jesús de Madrid. El especialista subraya que el objetivo no tiene por qué ser el mismo para todos los pacientes. Mientras algunos buscan protegerse frente a pequeñas ingestas accidentales, otros aspiran a incorporar el alimento a su dieta habitual. “Son metas distintas y no necesariamente requieren la misma pauta”, señala Escudero.

Este cambio de enfoque, que permite adaptar el tratamiento a las necesidades de cada persona, es uno de los asuntos que se abordan en el Simposio Internacional de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC), que se celebra del 28 al 31 de octubre en Maspalomas, Gran Canaria, bajo el lema "Nuevos retos y oportunidades en alergia alimentaria".

La edad y la gravedad de la alergia marcan el tratamiento

La personalización depende de factores como la edad, el alimento implicado, las reacciones previas o la presencia de otras enfermedades alérgicas. Iniciar el tratamiento durante los primeros años de vida puede aumentar las posibilidades de alcanzar una tolerancia que se mantenga incluso después de suspenderlo. En adultos, en cambio, el objetivo suele centrarse en reducir el riesgo asociado a exposiciones accidentales. El impacto va más allá de la respuesta clínica. Aumentar el umbral de reacción puede reducir el miedo a comer fuera de casa, viajar o participar en celebraciones, situaciones que condicionan especialmente la vida de los niños con alergia alimentaria y sus familias.

Sin embargo, la inmunoterapia oral no está exenta de riesgos. Puede provocar reacciones durante el tratamiento y, en la mayoría de los pacientes, sus beneficios dependen de mantener una ingesta regular del alimento. Por ello, debe realizarse bajo supervisión especializada. Uno de los principales retos de la investigación es identificar la dosis mínima eficaz para cada paciente. Los especialistas también estudian nuevos biomarcadores que permitan anticipar la respuesta al tratamiento, así como la combinación con fármacos biológicos para mejorar la seguridad en los casos más complejos.

"Una línea clave es la intervención temprana: tratar en los primeros años de vida, con dosis bajas y subidas más lentas, para intentar cambiar la historia natural de la alergia y no solo protegerse de ella”, explica Sonia Vázquez, especialista en Alergia en el Hospital Clínico San Carlos. “El objetivo es poder explicar a cada paciente qué beneficio cabe esperar, qué esfuerzo requerirá y qué estrategia ofrece el mejor equilibrio en su caso”, concluye el doctor Escudero.

La evolución de la inmunoterapia oral apunta así hacia un modelo en el que el éxito no dependa únicamente de cuánto alimento consiga tolerar el paciente. “La combinación con fármacos biológicos es probablemente el cambio más inmediato”, dice Vázquez. “También se estudian otras vías, como la inmunoterapia epicutánea o sublingual, alérgenos modificados y adyuvantes. El objetivo final es una inmunoterapia a la medida de cada paciente”, finaliza la doctora.

© QuironSalud (página oficial)

Prueba médica para la detección de alergias
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Paula Echevarría, 48 años, sobre el paso del tiempo: «Envejecer lo mejor posible no va de la mano de ponerte recauchutada viva, al contrario»

Cumplir años no siempre nos hace más exigentes con nuestra imagen. A veces sucede justo lo contrario y empezamos a mirar con más cariño lo que antes examinábamos con lupa. Paula Echevarría cuenta que se encuentra en ese momento. Se siente bien consigo misma, necesita menos maquillaje y tiene muy claro qué busca cuando se pone en manos de un profesional para cuidarse.

La actriz habló sobre ello en una entrevista con Mujer.es con motivo de sus dos décadas como imagen de Pantene. Una conversación en la que explica que su relación con la belleza ha cambiado y que, aunque recurre a tratamientos estéticos, no pretende borrar los años de su rostro. Su prioridad es seguir reconociéndose cuando se mira al espejo.

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La naturalidad por encima de la juventud

“Miedo a envejecer… vamos a envejecer todas. Lo que intentamos, yo creo que es envejecer lo mejor posible, y creo que además es muy lícito”, reflexiona. Para ella, ese deseo tiene un límite muy personal. “Envejecer lo mejor posible no va de la mano de ponerte recauchutada viva, al contrario”, asegura.

Paula Echevarría habla abiertamente de los tratamientos a los que recurre. “Por supuesto que me hago láser que me sujete lo máximo posible, a nadie le gusta que se le caiga la cara”, explica. Al mismo tiempo, señala que evita rellenarse el rostro o hacerse tratamientos que puedan restarle expresión, porque para ella conservar la naturalidad al gesticular es importante tanto en su profesión como en su vida cotidiana.

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“Para mí envejecer lo mejor posible es que haya un equilibrio entre frenar un poco el paso del tiempo y reconocerte”, afirma. Así describe su manera de entender los cuidados estéticos, con los que busca verse bien sin perseguir una versión más joven de sí misma.

Lo deja claro al recordar el comentario de una amiga que le decía en redes que parecía tener 28 años. Su respuesta fue reivindicar su edad. “Tengo 48 y todos son míos y vividos”, cuenta. “Ahora no me quites ni uno, que tienen su mérito”, añade.

Una belleza menos pendiente de la perfección

Esa tranquilidad también se refleja en su forma de maquillarse. Aunque su agenda incluye ocasiones en las que se arregla más, asegura que en el día a día cada vez necesita menos. Antes buscaba la perfección y recurría a unas pestañas muy largas; ahora prefiere aligerar el maquillaje y dar prioridad a la comodidad.

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“También es algo que yo creo que vas ganando con la edad, mucha más seguridad en ti misma”, explica. Para ella, sentirse guapa tiene mucho que ver con ser más permisiva consigo misma y dejar de buscarse defectos constantemente.

Sus cuidados básicos siguen siendo la limpieza y la hidratación, tanto de la piel como del pelo. También recuerda un consejo de su madre que ha tenido muy presente: “Hay una piel para toda la vida”. Una razón para cuidarla incluso cuando todavía no parece necesario y una recomendación que sigue acompañándola, ahora que se mira con menos exigencia y se siente más cómoda consigo misma.

© Difoosion

Paula Echevarría | Gtres
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