Ante la tragedia, más respuestas y soluciones
El accidente ferroviario de Urda reviste tanta gravedad que el Ministerio de Transportes, del que dependen Renfe y Adif, se está esforzando por dar respuesta con suma celeridad a todas las dudas de los ciudadanos. La intención puede ser loable, pero a medida que se conocen los datos, las incógnitas y la perplejidad aumentan. Lejos de serenar los ánimos y tranquilizar a la población, las primeras informaciones agravan la intranquilidad. Nada devolverá la vida a las víctimas mortales. No hay vuelta de hoja ni enmienda. Su memoria exige, sin embargo, una investigación objetiva y rigurosa. En cuanto a los ciudadanos –conscientes de que muchos de ellos o sus familiares podían haber viajado en los dos convoyes siniestrados–, el deber del Gobierno va más allá de dar respuestas: se necesitan también soluciones. Hechos y no solo palabras.
