Publican una guía para la tenencia de caballos: de la compra o adopción al retiro
Adquirir un caballo siempre empieza con la ilusión por practicar equitación, para competir en raids o simplemente disfrutar de la convivencia con un animal, pero la responsabilidad no termina cuando deja de ser apto para la actividad para la que fue adquirido. Su alimentación, alojamiento, salud, relaciones sociales, identificación y cuidados veterinarios forman parte de un compromiso que puede prolongarse durante más de tres décadas.
Con esta idea, el Departamento de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación de la Generalitat de Cataluña ha publicado la Guía de actuación para la tenencia responsable de équidos de deporte y/o de ocio, un documento dirigido a las personas que se plantean adquirir uno de estos animales y también a quienes ya conviven con ellos. La publicación aborda desde las comprobaciones que conviene realizar antes de comprar o adoptar un caballo hasta las necesidades de los animales retirados.
Una guía para pensar antes de adquirir un caballo
Una de las ideas centrales del documento aparece incluso antes de hablar de alimentación o veterinaria. La tenencia o mejor expresado, convivencia responsable comienza por preguntarse si se dispone de un lugar adecuado, de tiempo suficiente y de recursos económicos para mantener al animal durante toda su vida.
La guía recuerda que un équido puede superar los 30 años y que, previsiblemente, una parte importante de ese tiempo transcurrirá después de su retirada de la competición o de otras actividades. Por ello recomienda valorar las circunstancias personales antes de comprar o adoptar y evitar que la decisión sea impulsiva. En el caso de la compra, aconseja recurrir a un veterinario para realizar un reconocimiento previo, observar al animal tanto en movimiento como estabulado y, cuando sea posible, disponer de un periodo de prueba. También contempla la adopción y recuerda que los refugios especializados realizan comprobaciones para valorar la compatibilidad entre el animal y sus futuros responsables.
Microchip, pasaporte y código UELN
La guía dedica también un apartado a la identificación y documentación de los équidos. Un caballo correctamente identificado debe disponer de un documento de identificación equina o pasaporte, un microchip y un código UELN (Universal Equine Life Number), un número de identificación individual que acompaña al animal durante toda su vida, además de figurar en las correspondientes bases de datos.
El documento recuerda asimismo que los équidos deben permanecer en instalaciones debidamente registradas y que sus movimientos requieren determinada documentación sanitaria dependiendo del destino. Estas obligaciones no son únicamente administrativas, ya que la identificación y la trazabilidad permiten conocer dónde se encuentra el animal, quién figura como titular y cuál es su historial, elementos especialmente relevantes cuando se producen movimientos, cambios de responsable o problemas relacionados con su bienestar. La regulación estatal de las explotaciones equinas también establece obligaciones de registro, identificación y mantenimiento de información sobre los animales.
Qué necesita un caballo
La guía plantea el bienestar equino desde una perspectiva que va más allá de evitar enfermedades o lesiones, donde las necesidades físicas y emocionales aparecen integradas en el manejo cotidiano. Los caballos son animales sociales y necesitan contacto con otros équidos. Por eso, el documento desaconseja mantenerlos aislados y señala que incluso cuando permanecen estabulados individualmente deben poder ver e interactuar con otros animales de su especie.
También aborda cuestiones tan básicas como el acceso permanente a agua limpia, la alimentación basada principalmente en forraje y el control de la condición corporal. La guía explica que el sobrepeso puede favorecer problemas metabólicos y aumentar la sobrecarga de las extremidades, mientras que una condición corporal excesivamente baja puede ser un indicador de problemas de alimentación o salud.
El cuidado de los cascos, las revisiones veterinarias, la medicina preventiva, las vacunaciones y el control parasitario forman igualmente parte de ese mantenimiento. El documento recomienda que el veterinario participe en la planificación de la dieta, el seguimiento de la condición corporal y la prevención y tratamiento de enfermedades, mientras que el cuidado de los cascos debe realizarse con la intervención de un profesional especializado.
El retiro también forma parte del cuidado responsable
Uno de los apartados más destacados de la guía es el dedicado a la retirada de los équidos. El documento recuerda que el final de la actividad deportiva no puede convertirse en el final de los cuidados. Cuando un caballo ya no puede ser montado, las opciones dependen de su estado de salud, capacidad física, comportamiento y temperamento. Algunos animales pueden adaptarse a actividades menos exigentes, mientras que otros deben retirarse definitivamente.
En estos casos, el alojamiento debe adaptarse a las necesidades del animal, especialmente cuando aparecen problemas de movilidad o enfermedades asociadas a la edad. La guía recomienda espacios seguros, acceso sencillo al agua y al alimento, protección frente a condiciones meteorológicas extremas y suficiente superficie para que los animales puedan tumbarse y levantarse con facilidad.
También advierte de que la alimentación puede necesitar cambios cuando aparecen problemas dentales o pérdida de peso. El objetivo es mantener una buena calidad de vida cuando el caballo ya no puede desempeñar la función para la que fue adquirido.
Maltrato equino en España
La publicación de una guía específica para la convivencia responsable con équidos también plantea la imposible pregunta de responder acerca de cuántos caballos sufren abandono, negligencia o maltrato en nuestro país. Actualmente no existe una estadística estatal pública que permita responder con precisión. La Fiscalía General del Estado sí recoge cada año los procedimientos relacionados con malos tratos a animales domésticos, pero sus estadísticas nacionales no ofrecen un desglose específico por especies.
En 2024 se incoaron 1.515 procedimientos judiciales por malos tratos a animales domésticos, frente a 1.389 en 2023. En 2025 la cifra descendió a 1.232. También hubo 283 sentencias condenatorias en 2024 y 283 en 2025. Sin embargo, estas cifras agrupan a diferentes especies y no permiten saber cuántos procedimientos correspondieron a caballos, a burros o a mulas.
Tampoco las estadísticas públicas del Seprona que se difunden periódicamente ofrecen una serie nacional continuada y específica sobre maltrato equino.
Precisamente por eso, una guía como esta no solo pretende explicar cómo alimentar o identificar correctamente a un caballo, y también plantea qué significa realmente hacerse responsable de un animal que depende de una persona durante varias décadas.

