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Catalunya busca su espacio en la reconstrucción de Ucrania

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Catalunya quiere ofrecer su experiencia empresarial en la reconstrucción y modernización de Ucrania, azotada por la guerra e invasión rusa. Generalitat y Cambra de Comerç de Barcelona impulsaron ayer una jornada para promover las relaciones entre ambos, con representantes de organismos y empresas ucranianas y de instituciones europeas. En declaraciones a La Vanguardia el conseller de Unió Europea i Acció Exterior, Jaume Duch, expone que estos años las relaciones han sido más importantes en el lado humanitario, y ahora se busca dar un paso en lo empresarial y lo comercial, vertiente hasta ahora casi inexistente. “La reconstrucción no se inicia cuando acaba la guerra, se va haciendo”, dice Duch.

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Fue figura del fútbol argentino, convirtió dos goles en la Selección de Maradona y hoy se dedica a la venta de ropa deportiva

Facundo Bertoglio fue uno de los futbolistas más destacados de aquella “selección local” que Diego Armando Maradona armó para disputar algunos amistosos previo al Mundial de Sudáfrica 2010. A pocos meses de la cita en suelo africano, dio la nota con dos goles en una exhibición contra Haití en Cutral Có y confirmó que estaba a la altura de los mejores del medio local en un duelo en el que tiró paredes con dos emblemas como Ariel Ortega y Martín Palermo. Fue vendido por millones a Europa, retornó al fútbol argentino, padeció una lesión crónica de tobillo que acortó su vida útil como profesional y hoy se dedica a la venta de indumentaria deportiva mientras se forma para ser entrenador y sueña con volver a las canchas del otro lado de la línea de cal.

En una entrevista exclusiva con Infobae, el talentoso mediapunta surgido en la cantera de Colón de Santa Fe reveló por qué no volvió a jugar con la camiseta del Sabalero, con la que en sus inicios recibió una de las patadas más impactantes de los últimos tiempos de parte del colombiano Breyner Bonilla en un partido contra Boca: “Pensé que me rompía todo”. Por qué el Turco Mohamed fue el técnico que más lo marcó, el pedido de Maradona antes de aquel amistoso contra los haitianos en Neuquén y la madrugada en la que ultras de un equipo griego en el que jugó se cruzaron en la ruta para exigir explicaciones después de una derrota.

—Tenés apenas 36 años, ¿ya te retiraste definitivamente como jugador de fútbol?

—Me encantaría seguir jugando. Renegué mucho desde los 30 años con problemas en un tobillo, una osteocondritis que me empezó a joder un poco. La estiré hasta los 35, jugué con infiltraciones y tratamientos de kinesiología. Jugué hasta donde más pude, hasta a veces sufría y no disfrutaba el fútbol por este tema. La carrera se me estiró cinco años, no pensé que iba a poder tanto. Me vine a vivir a mi pueblo, San José de la Esquina (Santa Fe), y terminé en Centenario, donde me inicié.

Facundo Bertoglio durante sus inicios en Colón de Santa Fe

—¿No te quedó la espina de volver a jugar en Colón?

—No, porque Colón es un club especial para mí. Me formé ahí, fui a la pensión desde muy chico, es un club que quiero mucho. Y cuando tuve la oportunidad para volver, que fue al final, sentía que no estaba bien para ayudarlo o darle algo dentro de la cancha. Entonces tomé la decisión desde la razón y no desde el corazón. Si algún día me toca volver a Colón, me formaré para ayudar y no solo porque uno es hincha o lo lleva en el corazón.

—Colón te dio la chance de jugar en Primera y también de vestir la camiseta de la selección argentina... ¿qué recordás de tus inicios en el club? ¿A qué jugadores mirabas?

—Desde chico acá en mi pueblo siempre soñé con entrar a una cancha y jugar con el estadio lleno. Por más que estaba cerca de Rosario, nunca fui a una cancha hasta los 15 años que llegué a Colón y fui alcanza pelotas. De chiquito nunca había visto tanta gente en una cancha. Ahí se me prendió el sueño y pensar que quería estar adentro y sentirme jugador de fútbol. Fue una emoción muy grande aquella primera vez en la cancha. “Yo quiero estar acá”, pensaba. Cambió mi cabeza desde ese día, me fui a dormir sabiendo que haría todo lo posible para entrar a esa cancha con la camiseta de Colón. En ese momento miraba mucho a Totono Grisales, el Bichi Fuertes, que después se fue, Giovanni Hernández y el peruano (Juan Manuel) Vargas.

—¿Cuál fue el punto de inflexión en tu carrera? ¿Cuándo te sentiste profesional y en qué momento pensaste que estabas para dar un salto importante?

—Al hacer lo que te gusta, no te das cuenta del día a día. Pasa todo muy rápido: pretemporada, partidos, viajes. No me detenía a pensar “che estoy con el Bichi Fuertes”. Hoy a veces hablo con él y le digo que fue un placer jugar con él, en ese momento no me percataba. Personalmente tuve un partido contra Universidad Católica en un repechaje de Libertadores que me marcó y también tuve partidos buenos contra equipos grandes de Argentina como Boca y River. Ahí noté que tenía proyección, que quizás podía irme a Europa o dar un salto. Estoy muy agradecido al Turco Mohamed, porque con 17 o 18 años él me pedía que la pide y encare, no me metía presión por perder una pelota. No es fácil encontrar un entrenador así que te libere y te haga disfrutar del fútbol y más hoy en día. Tuve la suerte de tenerlo y que me ayude, mejore y enseñe muchas cosas. No me ponía ningún límite.

—Recibiste un patada histórica en un Colón-Boca de parte del colombiano Breyner Bonilla. ¿Me contás los detalles de esa jugada?

-Ganábamos 3-0, yo había hecho dos goles y era un partido perfecto para nosotros. La gente empezó a gritar “ole, ole” y se percibía que en algún momento se venía una patada fuerte. Faltaban cinco minutos y quedó esa pelota en el aire, pensé que llegaba antes. Pero vi cómo se tiró él y no alcanzo. Lo vi venir de frente y dije “che, me rompe todo”, entonces intenté puntearla y saltar. Me engancha de lleno, pero en el aire. La patada la vi venir, pero no la pude esquivar, no había manera. Por suerte fue el golpe y que me enganchó en el aire. Si me agarra afirmado al piso, creo que me lesiona porque se tiró muy mal.

—¿Qué repercusión hubo después del partido? ¿Bonilla te fue a pedir disculpas al vestuario o te llamó?

—No, no. Quedó en la cancha. Fue una situación de partido en la que ganábamos 3-0 y la gente gritaba “ole”. Él había cometido uno o dos errores en los goles y se dio así, pero quedó ahí.

—Ese gran nivel en Colón te llevó a la Selección dirigida por Maradona antes de Sudáfrica 2010. ¿Tuviste tu “momento Maradona” como han contado otros jugadores?

—El Turco Mohamed me había dicho que me estaba mirando y después me avisaron del club que estaba citado. Parece una pequeñez, pero cuando llegué a la Selección y escuché que él me decía “Facu, Facu encará” no podía creerlo. Salí del entrenamiento y le decía a mi viejo que conocía mi nombre. Y, claro, si me había convocado para jugar. Pero era muy fuerte presenciarlo. Él me daba indicaciones “Facu, encará o controlá orientado así” y yo por dentro pensaba “me está diciendo ‘Facu’ Maradona”, ¿entendés? Era una situación tan grande que no podía creerla. Diego fue para mí como el Turco Mohamed, me quedó grabado que antes del amistoso con Haití, que jugué con Ortega y Palermo arriba, lo único que me dijo fue que la pidiera y encarara. Y que, si la perdía, la volviera a pedir y encarara. “Yo te voy a cagar a pedos si no encarás”, me advirtió. Que para un jugador de fútbol Maradona te dijera eso era increíble. Entonces no hice otra cosa que esa, ir para adelante. Fue un recuerdo hermoso que me quedó de él.

Así formó argentina en el amistoso contra Haití en 2010: Diego Pozo, Ariel Garcé, Juan Manuel Insaurralde, Cristian Villagra, Paolo Goltz, Juan Mercier (arriba), Bertoglio, Sebastián Blanco, Patricio Toranzo, Ariel Ortega y Martín Palermo (abajo)

—Y encima le devolviste la confianza con dos goles en ese 4-0 contra Haití... ¿Te ilusionaste con ir al Mundial?

—Te digo la verdad, yo tenía 18 años y era un sueño cumplido jugar en la Selección y estar ahí con Diego, Ortega y Palermo. Pero jugué, la rompí, hice dos goles y, cuando me volvía para Santa Fe, me dije “¿por qué no?”. Pero la realidad es que era imposible jugar esa Copa del Mundo con la calidad y cantidad de jugadores que había. Y faltaban tres meses nomás.

—Después de esa Copa del Mundo, te venden a Europa. ¿Te arrepentís de haberte ido a Ucrania y no haber elegido un destino más potable para proyectarte desde lo futbolístico?

—Es complicada la pregunta. Me costó muchísimo la adaptación, estaba muy solo. De vez en cuando iban mi viejo y mi hermano. Yo no hablaba inglés y mis compañeros no me entendían. No estaba preparado para ir a un país así la verdad. Estuve dos años, intenté adaptarme, quise intentarlo para devolver el esfuerzo económico que había hecho el club (Dinamo Kiev) por mí. Tomé la decisión de ir pensando en lo económico. Venía de una familia humilde, clase media trabajadora, siempre laburando. Entonces tomé la decisión pensando desde ese lado. Con el diario del lunes, tenía la posibilidad de ir a Italia o Francia, donde quizás hubiera sido otra cosa, pero se dio así. Después de seis meses o un año me adapté un poco, pero me costó mucho la cultura, fue un cambio muy grande. Tenés que estar bien de la cabeza y anímicamente para rendir.

—Compartiste vestuario con un monstruo como Andriy Shevchenko... ¿Cómo era él?

—Sí, estuve un año con Sheva y después se retiró. La verdad que muy bien, son jugadores que te enseñan y dejan cosas. Mirarlo entrenar era un lujo, un placer verlo. Yo era medio pesado, le preguntaba cosas. Él hablaba un poco español porque había estado en Italia y había tenido a Hernán Crespo de compañero. “Hernán un fenómeno, qué jugador”, me decía. Me nombraba a Batistuta y a Maradona. “El más grande”, me decía. Después he compartido vestuario con otros grandes jugadores como Dida, Zé Roberto, Elano, Gilberto Silva, campeones del mundo. Pero como Schevchenko ninguno. Tenía 36 años y desde donde pateaba hacía el gol. El tipo jugaba un reducido y con derecha, zurda, cabeza o espalda, la metía adentro. Era muy raro que la pelota no fuera al arco. Era un robot.

El ucraniano Shevchenko fue su compañero en Dinamo Kiev

—¿Tu paso por Gremio en el fútbol brasileño te hizo encontrarte un poco más con tu fútbol?

—Sí, creo que ahí volví a ser feliz y sentirme bien. Vine la primera vez por seis meses, donde anduve muy bien, y después renové por un año, cuando me costó un poco más jugar por el nivel que había. Yo jugaba de mediapunta y estaba Elano, trajeron al chileno Eduardo Vargas, Hernán Barcos, Marcelo Moreno Martins... había un nivel altísimo. Me sirvió un montón, pero alternaba mucho. Fue una gran experiencia estar en ese plantel.

—¿Jugar en Turquía (Fenerbahçe) fue un paso adelante o atrás en tu carrera?

—Te diría que para adelante. Yo creo que todos los pasos que di en mi carrera fueron para adelante. Mirá, yo estaba en el Apoel de Chipre y me salió la oportunidad de irme a Kazajistán. Me preguntaba cómo sería el fútbol ahí. Firmé en un equipo que jugaba Europa League, algo que me motivó a ir, y cuando llegué los jugadores se lavaban la ropa. Te ibas con la ropa de entrenamiento a tu casa y te la lavabas vos. Una cultura muy vieja, del fútbol de antes. Amateurismo puro. Ahí ponés los pies sobre la tierra y empezás a valorar muchísimo más lo que es ser un jugador de fútbol profesional. Después estuve como seis años en Grecia (Asteras Trípolis, Lamia y Aris Salónica), donde es todo más profesional, pero en Kazajistán valoré mucho más todo.

El santafesino jugó en Ucrania, Brasil, Turquía, Francia, Grecia y Kazajistán en el exterior

—¿No te llamaron de Colón antes de que jugaras en Tigre o Aldosivi?

—No, en ese momento no apareció. Después de mis primeros seis meses en Tigre sí me llamó Mostaza Merlo porque Colón había ascendido. Tenía ganas, pero Gustavo Alfaro me convenció de quedarme. Aprendí mucho con él. Tuvimos un gran año en Tigre, clasificamos a la Sudamericana y surgió la chance de irme al Asteras Trípolis para jugar Europa League. Después, cuando me salió lo de Aldosivi, mi señora estaba embarazada y tomamos la decisión de quedarnos en Argentina. Ahí conocí a Guillermo Hoyos, que además de ser entrenador es como un padre. Te enseña como ser humano, no solo desde lo futbolístico. Y al jugar en varios países te das cuenta que el fútbol argentino es muy competitivo y dificilísimo.

—¿Es verdad que los hinchas griegos son igual de picantes que en Argentina?

—Sí, sí, se parecen a los de acá. Apenas un poquito más controlados. Pero los barras, que allá les llaman ultras, se te meten a un vestuario o generan violencia en la cancha o algún clásico también. En Aris, que es un equipo grande allá, jugamos una revancha de Copa Grecia contra un equipo chico de visitante. Habíamos ganado 2-0 de local, perdimos 2-0 afuera y quedamos afuera en penales. A la vuelta, los hinchas se nos cruzaron en la autopista con el micro y tuvimos que bajar todos a darles explicaciones de lo que había pasado. Jugamos a las 10 de la noche y a las 2 o 3 de la mañana estábamos ahí como una hora con un frío tremendo explicando por qué habíamos quedado afuera. No nos querían dejar subir de nuevo al colectivo. Los tipos estaban sacados, como locos. Fue una situación horrible. Te decían “¿por qué erraste ese pase?" o “¿por qué no hiciste ese gol?" y vos le respondías que no te había salido. Estuvimos 45 minutos hasta que les pedimos disculpas y nos dejaron ir.

Facundo Bertoglio: de la selección argentina a un emprendimiento de indumentaria y el sueño de dirigir un día a Colón

—¿Tenés pensado volver al fútbol desde otro lugar? ¿Te ves como entrenador o más ligado a ser representante o dirigente en algún club?

—Me queda un año para tener la Licencia Pro de entrenador y hace poco arranqué como ayudante de campo de mi hermano en Centenario, en mi pueblo. Para mí el fútbol es todo, me cuesta mucho no estar con la pelota en una cancha en el día a día. Mi idea es largarme de a poco y hacer experiencia, pero adentro de la cancha. Disfruto mucho estar y hablar con el jugador, preparar un partido, cosas que cuando jugaba ya miraba, pensaba y observaba a mis entrenadores respecto al liderazgo de grupo. Administrar las emociones, la tristeza de perder o la alegría al ganar. Hoy tengo un negocio de venta de indumentaria deportiva y también he invertido en algún inmueble, pero no hay otra cosa en la vida que me genere lo mismo que el fútbol.

—Así como anhelaste otras cosas cuando empezabas como futbolista: ¿es un sueño dirigir un día a Colón?

—Sí, lo pienso. Pero no me pongo plazos. Colón es especial para mí y me quiero preparar bien para cuando me llegue esa oportunidad y así ayudar al club. Estoy hablando para dirigir algún equipo de la liga (interprovincial) y agarrar experiencia. No quiero ir a Colón a tener un cargo de tanta responsabilidad solo por mi nombre. Prefiero seguir apoyando como hincha y sí hacerlo cuando me sienta capacitado de afrontar ese desafío.

—Mirá que Scaloni arrancó sin experiencia en la Selección y terminó siendo campeón del mundo, eh...

-Es cierto, ja. Pero yo creo que Scaloni estuvo en Mundiales, en la Selección, había tenido muchas vivencias y se nota mucho lo que transmite como ser humano. Tiene algo diferente que te das cuenta cuando lo escuchás hablar. Lo que yo voy a emprender es con la esperanza y el sueño de algún día dirigir en el alto nivel, no tengo dudas.

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En medio de la tensión con Brasil, Milei afronta compromisos internacionales: cuándo podría volver a verse con Lula

Milei y Lula en una de las cumbres del G 20 (REUTERS)

Después de la salida de Flávio Bolsonaro de Brasil a través de la Argentina y de la decisión de la Casa Rosada de no reconocer formalmente el triunfo de Luiz Inácio Lula da Silva, el presidente Javier Milei tiene por delante una serie de compromisos internacionales en los que podría volver a coincidir con su par del país vecino, aunque hasta el momento no hay un encuentro confirmado durante los eventos más inmediatos.

El Gobierno confirmó a Infobae que el líder libertario viajará a la capital española para participar de la XXX Cumbre Iberoamericana de Jefas y Jefes de Estado y de Gobierno, que se llevará a cabo el 4 y 5 de noviembre.

Por el contrario, según pudo saber este medio de fuentes de Itamaraty, el referente socialista no asistirá a esa cita por cuestiones de agenda y, en su lugar, enviará a su canciller, Mauro Vieira.

La ausencia del mandatario brasileño evitará una escena incómoda para Milei, que llega a España en uno de los momentos de mayor tensión diplomática entre Buenos Aires y Brasilia desde el inicio de su gestión.

El encuentro lo preside el rey Felipe VI (Diego Radamés - Europa Press)

La Casa Rosada no felicitó a Lula luego de su triunfo en el balotaje y, en paralelo, hay versiones que indican que su administración colaboró en el operativo que permitió que Bolsonaro ingresara por Misiones y viajara después a los Estados Unidos en un avión privado.

El caso ya tuvo consecuencias políticas y judiciales. La jueza federal María Eugenia Capuchetti ordenó preservar las imágenes de las cámaras de seguridad del aeropuerto de Puerto Iguazú y requirió información a Migraciones sobre los controles aplicados al vuelo y sus pasajeros, en el marco de una denuncia por la presunta participación de funcionarios argentinos en la salida del excandidato brasileño.

Desde el Poder Ejecutivo, en tanto, insisten en que el dirigente de derecha no tenía restricciones registradas en Interpol ni impedimentos para ingresar o salir de la Argentina, por lo que no cometió ningún delito.

“Entró por Migraciones, no tenía impedimentos de Interpol. Esa es la conclusión clara. Viajó a Estados Unidos vía Guayaquil”, sostuvo el jefe de Gabinete, Diego Santilli, al defender el procedimiento.

La relación con Lula, mientras tanto, se deterioró todavía más. El mandatario brasileño agradeció el saludo que le envió Mauricio Macri por su reelección y recordó los tiempos en que las diferencias entre ambos países “se discutían y se solucionaban de manera civilizada y republicana”, en un mensaje en el que evitó mencionar a Milei, pero que fue leído como una referencia directa al vínculo actual.

Antes de la cita de Madrid, el primer encuentro entre las dos cancillerías después de las elecciones brasileñas y del operativo Bolsonaro se dará en la ciudad norteamericana de Atlanta, donde Pablo Quirno participará de la reunión de ministros de Relaciones Exteriores del G20, prevista para el 30 y 31 de octubre, y allí coincidirá con Vieira.

Quirno irá a la reunión de cancilleres del G 20 (REUTERS/Alessia Maccioni)

Se tratará de la primera oportunidad para medir el alcance de la tensión bilateral en un ámbito multilateral. Hasta el momento, el Gobierno argentino sostuvo que las diferencias ideológicas con Lula no deberían afectar el comercio ni el funcionamiento del Mercosur, aunque el caso Bolsonaro abrió un nuevo frente que Brasilia todavía analiza.

El calendario internacional también ofrece dos posibles cruces entre Milei y Lula antes de fin de año: el primero sería el 4 de diciembre, durante la 69° Cumbre de Jefes de Estado del Mercosur y Estados Asociados, que se realizará en Montevideo. La participación del Presidente argentino todavía no está confirmada, pero es una posibilidad que se considera.

El segundo escenario propicio para un encuentro casual será la cumbre de jefes de Estado del G20, programada para el 14 y 15 de diciembre en el complejo Trump National Doral, en la Florida.

Si Lula decide asistir, podría volver a coincidir con Milei, esta vez en una reunión organizada por Donald Trump, quien cuestionó el desarrollo de las elecciones brasileñas y recibió a Bolsonaro en los Estados Unidos después de la salida precipitada de su país.

En la Casa Rosada señalaron que, si bien el viaje todavía no figura en la agenda oficial, es “muy probable” que Milei participe de la cumbre del G20 por su afinidad con el presidente norteamericano, que será el anfitrión del evento.

La situación tendrá un condimento adicional: Bolsonaro se encuentra actualmente en Opa-Locka, a tan solo unos 17 kilómetros por carretera del lugar donde se hará la cumbre de mandatarios. Es en esta ciudad desde donde el ex candidato del Partido Liberal pretende ejercer un rol de oposición al gobierno de Lula.

La agenda de Madrid, Atlanta, Montevideo y Miami marcará así los próximos capítulos de una relación bilateral que pasó de las diferencias ideológicas a una crisis abierta, mientras el Gobierno argentino intenta sostener su alineamiento con Washington sin abandonar el respaldo político que le brindó a Bolsonaro.

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MaserGrup crece en Norteamérica al comprar parte del negocio de Skjodt-Barrett

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El grupo industrial catalán MaserGrup crece en Norteamérica. La propietaria de la empresa de alimentación Fruselva ha comprado el negocio de pouches –pack flexible donde va el alimento– para terceros de Skjodt-Barrett en EE.UU. y Canadá. Con ello sumará una planta de 50.000 m² en Indiana con la que consolidará el liderazgo de Fruselva en Norteamérica, al duplicar su presencia, potenciando la línea de alimentación para bebés y snacks saludables para niños.

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Israele oltre Netanyahu. La sfida dell’unità nazionale e la partita con l’Iran secondo Molinari

La democrazia israeliana è in trasformazione, dalle elezioni sono usciti più vincitori, il presidente Isaac Herzog lavora all’unità nazionale e i cambiamenti in corso possono avere impatto non solo in Medio Oriente: questa la lettura del voto nello Stato ebraico da parte di Maurizio Molinari, giornalista e scrittore, già corrispondente de La Stampa da Gerusalemme-Ramallah prima di diventare direttore de La Stampa, di Repubblica e, ora, direttore editoriale del gruppo SAE. Nel suo ultimo libro “Le mappe per capire il potere” (edito da Rizzoli) c’è un’attenta analisi dei cambiamenti in corso in Medio Oriente che aiutano a comprendere anche ciò che sta avvenendo in questi giorni.

Israele senza maggioranza: è la fine dell’era Netanyahu o la prova che resta il leader più abile nel gestire la frammentazione?

La chiave di lettura di questo voto è che hanno vinto in tre. Ha vinto Benjamin Netanyahu, perché il Likud resta il primo partito con 26 seggi e il suo blocco, 53 seggi, è il più numeroso. Ha vinto Gadi Eisenkot, perché Yashar, al debutto, è subito il secondo partito con 21 seggi e lui è il leader indiscusso del fronte del cambiamento. Hanno vinto i partiti arabi, che con 19 seggi ottengono un risultato storico, quasi il doppio della legislatura uscente. Non siamo davanti alla fine dell’era Netanyahu. Siamo davanti alla fine dell’era in cui Netanyahu poteva governare da solo con la destra radicale e i partiti religiosi. Il premier resta indispensabile ma non è più autosufficiente. Ed è proprio questo equilibrio tra vincitori, nessuno dei quali può governare da solo, a rendere l’unità nazionale l’esito più probabile.

Quali scenari di governo sono realistici? E cosa rischia Netanyahu, politicamente e giudiziariamente?

L’ipotesi più probabile, anche se la più difficile, è un governo di unità nazionale tra Likud e Yashar. I motivi sono cinque. L’aritmetica: Likud e Yashar insieme hanno 47 seggi e possono agilmente raggiungere la maggioranza di 61 con alleati di centro e di destra, senza dipendere né dagli arabi né dall’estrema destra. I veti incrociati che bloccano le alternative: Netanyahu esclude i partiti arabi, Liberman rifiuta un governo di minoranza o con arabi e haredi. Liberman, anzi, punta proprio su un’intesa Eisenkot-Netanyahu. L’inchiesta sulle interferenze straniere: è stata aperta un’indagine sul sospetto che Qatar e Turchia abbiano inviato ingenti fondi in Israele per mobilitare l’elettorato arabo e rendere il Parlamento ingovernabile. Il presidente della Commissione elettorale centrale, il giudice Noam Sohlberg, ha ordinato allo Shin Bet di indagare sul sospetto che entità straniere abbiano finanziato la mobilitazione degli elettori arabi. È un passo senza precedenti nella storia elettorale israeliana. Il sospetto riguarda fondi provenienti da Paesi vicini ai Fratelli Musulmani e la polizia ha già arrestato quattro persone nel sud per presunta corruzione elettorale. Finché l’indagine è aperta, un governo dell’opposizione con l’appoggio esterno arabo diventa politicamente ancora più costoso. Il costo del ritorno alle urne: nuove elezioni indebolirebbero un Paese ancora alle prese con Hamas a Gaza e la minaccia iraniana. Senza contare che molti in Israele ritengono che le cinque elezioni successive, fra il 2019 e il 2022, furono il momento nel quale Hamas maturò che c’erano le condizioni migliori per lanciare l’attacco del 7 ottobre. La pressione di Washington. È un fattore cruciale perché Trump ha bisogno di avere in Israele un alleato stabile in vista della ripresa delle operazioni militari contro l’Iran.

Quali sono gli ostacoli maggiori sull’unità nazionale?

L’ostacolo maggiore resta il rifiuto di Eisenkot di servire sotto Netanyahu, anche a rotazione. Ma in Israele le promesse elettorali sono assai spesso posizioni negoziali ed Eisenkot ha già fatto parte del gabinetto d’emergenza dopo il 7 ottobre. La trattativa ruoterà su tre nodi: chi guida per primo, la commissione d’inchiesta sul 7 ottobre e la leva degli ultraortodossi.

Sul piano giudiziario, l’unità nazionale offrirebbe a Netanyahu una via d’uscita. Herzog vuole un accordo tra le parti prima di valutare la grazia, e non esiste un precedente di grazia a processo in corso. Un patteggiamento legato a un passo indietro concordato potrebbe diventare parte dell’intesa di governo.

Dopo la riforma della giustizia, il 7 ottobre e la guerra, questo voto segna un cambiamento politico o un cambiamento della società?

Il voto descrive un cambiamento profondo della società e il segnale più forte arriva dagli arabi israeliani. L’affluenza nazionale ha toccato il 77,7%, la più alta dal 1999, e quella araba ha sfiorato l’80%. Per la prima volta, secondo le stime preliminari, gli arabi hanno votato in proporzione più degli ebrei.

Il dato più simbolico viene da Gerusalemme Est. Oltre 10.000 palestinesi con cittadinanza israeliana hanno votato, triplicando il dato precedente e rompendo un boicottaggio che durava dal 1967. Questo significa che sta cadendo, tra gli arabi, il tabù dello Stato sionista. Votare per la Knesset vuol dire riconoscere le istituzioni d’Israele come il luogo in cui difendere i propri diritti. È la smentita più netta della narrativa di Hamas e dell’Iran, che descrivono Israele come un’entità da cancellare.

Qui serve una distinzione netta fra il sospetto di ingerenze straniere e il voto popolare. Un conto sono gli eventuali finanziatori stranieri, che vanno perseguiti con rigore. Un altro sono gli elettori arabi, che hanno esercitato un diritto. La polizia ha respinto le accuse del Likud di elezioni “rubate”, affermando che non ci sono prove a sostegno. Eisenkot chiede di indagare a fondo ma avverte di non usare l’inchiesta per ritardare l’insediamento della Knesset. Se Doha e Ankara hanno cercato di sfruttare il voto arabo, è proprio perché quel voto ormai conta. La partecipazione resta una vittoria della democrazia israeliana; l’eventuale interferenza è un attacco contro di essa. Accanto agli arabi, gli altri due vincitori rappresentano Israele che chiede forza contro l’Iran, con Netanyahu, e quello che chiede responsabilità dopo il 7 ottobre, con Eisenkot. Nessuna delle tre identità può governare contro le altre, e l’unità nazionale può essere la risposta politica migliore.

Iran e Hezbollah: un nuovo governo può cambiare strategia senza apparire debole? Discontinuità politica o svolta militare?

Un governo di unità sarebbe la risposta più forte ai nemici di Israele. A Teheran e ai suoi alleati arriverebbe un messaggio chiaro: il Paese è diviso sulla politica, non sulla sicurezza. L’Iran esce dal conflitto iniziato con i raid israelo-americani del 28 febbraio, Hezbollah resta armato a nord e Hamas dentro Gaza. Con l’unità nazionale Netanyahu può incassare la continuità strategica e rafforzare il rapporto con Washington. Eisenkot, ex capo di stato maggiore e autore della dottrina della deterrenza contro Hezbollah, può invece rafforzare una credibilità militare che nessuno mette in dubbio. La dottrina della prevenzione non cambierebbe. Può invece cambiare il metodo: decisioni condivise con gli apparati di sicurezza, invece che dettate dalle esigenze di sopravvivenza di una coalizione. La discontinuità sarebbe politica, non militare.

Senza Netanyahu, Washington perderebbe un alleato privilegiato o guadagnerebbe spazio diplomatico?

Trump è il potenziale regista dell’unità nazionale. Ha sostenuto Netanyahu in campagna elettorale ma fonti a lui vicine riferiscono che vuole escludere Ben-Gvir, e probabilmente Smotrich, dal prossimo governo. Il motivo è strategico: i due hanno votato contro il suo accordo su Gaza e si oppongono alla sua linea sulla Cisgiordania, dove Trump ha detto che non permetterà l’annessione. Un governo con Eisenkot e senza l’estrema destra può servire a tre obiettivi americani: stabilizzare Gaza, allargare gli Accordi di Abramo e aprire la strada alla normalizzazione con l’Arabia Saudita. Nell’entourage di Trump si ipotizza perfino una rotazione con Netanyahu premier per primo ed Eisenkot a seguire. Anche l’ambasciatore israeliano a Washington ha detto che Netanyahu preferisce l’unità nazionale.

La Casa Bianca, ufficialmente, frena: definisce prematuri i resoconti su una preferenza per una specifica coalizione. E Netanyahu ha rassicurato Ben-Gvir e Smotrich. Ma è il gioco delle parti di ogni trattativa. Washington punta su un Netanyahu liberato dagli alleati più scomodi.

Gaza, insediamenti, partner arabi: un nuovo governo può cambiare rotta o il consenso sulla sicurezza lo impedisce?

Qui le novità del voto si incontrano. Un governo di unità senza Ben-Gvir e Smotrich può liberare Israele dal veto dell’estrema destra. E la partecipazione araba, compresa quella di Gerusalemme Est, porta nel sistema politico israeliano una voce che nessun governo potrà ignorare. Ra’am di Mansour Abbas ha accettato Israele come Stato ebraico e democratico, e rappresenta un ponte possibile. Non ci sarà uno Stato palestinese a breve, perché sulla sicurezza il consenso è trasversale e il 7 ottobre ha allontanato di molto nel tempo l’idea della convivenza fra due Stati e due popoli su cui si basavano gli Accordi di Oslo. Ma un governo di unità potrebbe agire in tre nuove direzioni: frenare gli insediamenti non autorizzati, attuare il piano americano per Gaza con Egitto, Giordania e Paesi del Golfo, tornare a dialogare con un’Autorità palestinese riformata.

Il nuovo quadro apre spazio all’Europa o Bruxelles resterà marginale rispetto agli Stati Uniti?

Un governo di unità nazionale può offrire all’Europa la migliore occasione degli ultimi anni. Bruxelles avrebbe di fronte un esecutivo meno ideologico, senza l’estrema destra e più disposto a discutere di Gaza e della Cisgiordania. Ma l’Europa deve prima superare le sue profonde divisioni sul Medio Oriente. Vi sono governi, partiti e leader per i quali le sanzioni contro Israele contano più della condanna del terrorismo di Hamas.

Per contare, l’Ue ha bisogno di strumenti concreti: fondi per la ricostruzione di Gaza, unanimità contro il terrorismo, sostegno alle riforme dell’Autorità palestinese e all’estensione dei Patti di Abramo, investimenti sul corridoio di infrastrutture Imec dall’India all’Europa. E serve riconoscere il valore della partecipazione arabo-israeliana come investimento sulla democrazia d’Israele. Senza coesione Ue, Israele guarderà sempre più a Washington e al Golfo.

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Seat dispara las pérdidas operativas a 116 millones en el tercer trimestre

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Seat cerró el tercer trimestre con una fuerte caída del resultado, con unas pérdidas operativas de 116 millones de euros, cinco veces más que los 22 millones en negativo del mismo periodo del año anterior, según las cuentas presentadas este jueves por su matriz, el Grupo Volkswagen, que siguen criterios de la contabilidad alemana. El mayor peso de los eléctricos en las ventas -que dejan menores márgenes- y un entorno de mercado más competido afectan al resultado, se explica. Las fuertes inversiones para electrificar Martorell y escalar la producción también afectan en las cuentas.

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Gli antidoti democratici di Israele funzionano. Sarà il dopo Netanyahu? La lettura dell’amb. Mattiolo

Le urne non hanno consegnato a Israele il verdetto definitivo su Benjamin Netanyahu. Gli hanno però presentato il conto di una stagione politica consumata tra guerre, tensioni interne e un Paese costretto a misurarsi con troppe emergenze contemporaneamente. L’affluenza oltre il 70%, insieme alla mobilitazione degli elettori arabi, racconta una democrazia tutt’altro che rassegnata. Ma la tenuta del Likud dimostra che archiviare Netanyahu è un’operazione molto più complessa del previsto. Ora il pallino passa alle alleanze: il blocco del cambiamento guidato da Gadi Eisenkot cerca i numeri per costruire un’alternativa, mentre sul tavolo restano i dossier più esplosivi, dagli insediamenti in Cisgiordania al servizio militare degli ultraortodossi, fino al futuro del rapporto con Washington e alla minaccia iraniana.

A leggere gli equilibri usciti dalle urne è Luigi Mattiolo, ambasciatore e profondo conoscitore delle dinamiche internazionali. Perché la partita israeliana non si esaurisce nella sfida tra un premier e i suoi avversari: riguarda la capacità di un Paese sotto pressione di cambiare direzione senza perdere di vista la propria sicurezza.

Ambasciatore, partiamo dal dato più evidente: un’affluenza superiore al 70%. Che cosa ci racconta questa partecipazione in un Paese sottoposto a una pressione securitaria straordinaria?

È un dato che colpisce e che merita di essere sottolineato. La partecipazione al voto è un segnale di vitalità democratica, tanto più significativo in un Paese come Israele, che attraversa una fase di forte tensione e deve confrontarsi con minacce su più fronti. È altrettanto importante la partecipazione della popolazione araba israeliana, che ha dimostrato di credere nella democrazia parlamentare del proprio Paese. Non dimentichiamo che Netanyahu aveva cercato di escludere i partiti arabi dalla competizione, ma la Corte suprema ha annullato quella decisione. È un elemento che invita a guardare alla realtà israeliana con maggiore complessità, senza appiattirla sulla narrazione di uno Stato irrimediabilmente antidemocratico.

Eppure chi pronosticava una bocciatura netta di Netanyahu è rimasto deluso. Il Likud ha tenuto e ha sottratto consensi anche alla destra più radicale. È ancora lui il baricentro della politica israeliana?

Il risultato dimostra che Netanyahu conserva una forza politica considerevole. Il Likud ha recuperato voti anche a scapito di altri partiti alla sua destra, un elemento di cui il premier potrà certamente vantarsi. Ma sarebbe sbagliato confondere la tenuta del suo partito con la possibilità di governare senza difficoltà. Il sistema elettorale israeliano, con la sua soglia di accesso alla Knesset, favorisce una rappresentanza articolata e rende indispensabili le coalizioni. Nessuno può governare da solo: la capacità di costruire una maggioranza parlamentare sarà decisiva.

Il blocco del cambiamento guidato da Gadi Eisenkot può davvero contendere il governo a Netanyahu? E quale margine ha per costruire una maggioranza alternativa?

La possibilità esiste, ma dipende dalla capacità di aggregare forze politiche diverse attorno a un progetto comune. Il blocco del cambiamento deve dimostrare di poter andare oltre la contrapposizione a Netanyahu e trovare una sintesi sulle questioni decisive per il futuro del Paese. In questa fase, la costruzione di una maggioranza è più importante del risultato del singolo partito. Il presidente Isaac Herzog dovrà valutare chi abbia le maggiori possibilità di raccogliere almeno 61 deputati su 120. L’incarico potrebbe essere affidato a più di un leader politico: la vera discriminante sarà la capacità di costruire una coalizione sostenibile.

I partiti arabi possono diventare gli arbitri della prossima maggioranza?

È una possibilità concreta. Se il blocco del cambiamento riuscisse a ottenere un sostegno esterno dai partiti arabi, potrebbe aprirsi una strada per la formazione di un governo. Resta anche l’ipotesi di un esecutivo di unità nazionale. L’incertezza è inevitabile, perché il sistema israeliano produce coalizioni composite, spesso fragili. La tenuta degli accordi sarà quindi fondamentale: una maggioranza numericamente sufficiente non è necessariamente una maggioranza in grado di governare con stabilità.

Al di là dei numeri, il voto può segnare una discontinuità rispetto alla stagione politica di Netanyahu?

Il segnale di una domanda di cambiamento esiste, anche se non si è tradotto in una bocciatura inequivocabile del premier. Una parte consistente della società israeliana ritiene che il Paese non possa continuare a essere impegnato contemporaneamente su tutti i fronti. Le questioni della sicurezza restano centrali, ma cresce la consapevolezza che occorra trovare un equilibrio diverso tra esigenze militari, tenuta interna e prospettive politiche. La vera incognita è se questa domanda riuscirà a trovare uno sbocco in una maggioranza parlamentare coerente.

Uno dei dossier più divisivi è quello degli insediamenti in Cisgiordania. Un eventuale governo del cambiamento potrebbe invertire la rotta?

È uno dei terreni sui quali potremmo assistere a una discontinuità. La politica degli insediamenti è stata uno degli elementi caratterizzanti dell’esecutivo Netanyahu e ha alimentato tensioni sia sul piano interno sia nei rapporti con la comunità internazionale. Un governo con una diversa composizione potrebbe quantomeno rimettere in discussione alcune scelte. Ma bisognerà capire quali forze entreranno nella coalizione e quale sarà il loro peso effettivo. Non basta evocare il cambiamento: occorre verificare se esistano le condizioni politiche per tradurlo in decisioni concrete.

C’è poi la questione dell’esenzione degli ultraortodossi dal servizio militare. Perché può diventare una linea di frattura decisiva?

Perché tocca un nervo scoperto della società israeliana: la distribuzione degli oneri della sicurezza. In un Paese che ha affrontato una lunga fase di conflitto, il tema del servizio militare non è soltanto una questione amministrativa, ma riguarda il principio di equità tra i cittadini. Eisenkot ha costruito una parte importante della propria campagna proprio su questo nodo. Un eventuale governo alternativo potrebbe provare a intervenire, ma si troverebbe davanti a resistenze politiche e sociali significative. È una delle questioni sulle quali si misurerà la capacità di un nuovo esecutivo di rispondere alle aspettative dei propri elettori.

Sul fronte palestinese, invece, esiste davvero uno spazio per riprendere un processo politico? O la sicurezza continuerà a dettare l’agenda?

La sicurezza rimane una precondizione imprescindibile. In Israele c’è una convergenza ampia sulla necessità del disarmo di Hamas, considerato un passaggio fondamentale per qualsiasi prospettiva politica credibile. Ma sicurezza e iniziativa diplomatica non dovrebbero essere considerate alternative. La sfida consiste nel creare le condizioni per superare la fase attuale e riaprire uno spazio di confronto tra israeliani e palestinesi. Il disarmo di Hamas, da solo, non risolve tutte le questioni del conflitto: è necessario capire quale assetto possa garantire stabilità e prospettive politiche nel lungo periodo.

Quanto ha pesato l’endorsement di Donald Trump a Netanyahu? E quanto conterà Washington nella fase che si apre?

Non credo che il sostegno di Trump abbia modificato in maniera determinante gli orientamenti dell’elettorato. È possibile che una parte dei votanti che in precedenza guardavano ai partiti ultraortodossi abbia finito per convergere sul Likud, ma sarebbe riduttivo attribuire l’esito del voto a un singolo fattore. Il rapporto con gli Stati Uniti sarà comunque decisivo. Un eventuale governo diverso da quello di Netanyahu potrebbe avere margini differenti nel dialogo con Washington, mentre una sua riconferma non farebbe prevedere cambiamenti sostanziali nell’impostazione dei rapporti bilaterali. Le elezioni di metà mandato americane aggiungeranno un ulteriore elemento di incertezza, anche se il presidente manterrà ampi poteri in materia di politica estera e difesa pure nell’eventualità di una perdita della maggioranza al Congresso.

Se Netanyahu dovesse restare al potere, quale dossier rischierebbe di tornare in cima all’agenda internazionale?

La minaccia nucleare iraniana potrebbe tornare a occupare una posizione ancora più centrale. Se non dovesse aprirsi una nuova stagione politica in Israele, è plausibile che la questione iraniana continui a rappresentare uno dei principali punti di convergenza tra Netanyahu e Trump. Il tema non riguarda soltanto la sicurezza israeliana, ma investe l’intero equilibrio mediorientale e il ruolo degli Stati Uniti nella regione.

Chiudiamo tornando al dato democratico. Il voto può essere letto come una risposta a chi descrive Israele come una democrazia ormai compromessa?

I segnali vanno letti con attenzione, senza trarre conclusioni assolute. L’affluenza, la partecipazione della componente araba e il ruolo di una diaspora israeliana particolarmente sensibile al tema dell’antisemitismo mostrano una società mobilitata e consapevole della posta in gioco. Anche il confronto tra forze politiche profondamente divise testimonia che gli strumenti democratici continuano a funzionare. Questo non significa ignorare le contraddizioni, le tensioni istituzionali o le criticità del rapporto con i palestinesi. Significa riconoscere che la realtà israeliana è più complessa di qualsiasi rappresentazione univoca. La prova decisiva, adesso, sarà trasformare la partecipazione elettorale in una soluzione politica capace di dare stabilità al Paese.

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Ebro triplica ingresos a 310 millones hasta junio y reduce las pérdidas a la mitad

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Ebro Motors Group, matriz de la marca Ebro, cerró el primer semestre con una fuerte subida de los ingresos gracias a la aceleración del negocio, hasta los 309,7 millones de euros, el triple que en el mismo periodo del año pasado, según las cuentas remitidas este miércoles al BME, donde cotiza.

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Il dopo Vučić deve essere l’Ue. La traiettoria di Belgrado per sfuggire a Mosca e Pechino secondo Onori

La piazza può rovesciare gli equilibri, ma è quando entra nelle urne che il dissenso diventa una sfida al potere. La Serbia offre oggi una lezione politica che supera i confini dei Balcani: dopo oltre un decennio di dominio di Aleksandar Vučić, la mobilitazione degli studenti ha trasformato la protesta in consenso elettorale, mettendo in discussione gli assetti consolidati e riportando al centro la lotta alla corruzione, lo Stato di diritto e la credibilità delle istituzioni.

A osservare da vicino questo passaggio è stata Federica Onori, deputata di Azione e capo delegazione dell’Assemblea parlamentare dell’Osce in Serbia. La sua lettura va oltre il ricambio generazionale: il risultato racconta una domanda di democrazia rimasta a lungo senza risposte, ma apre anche una partita decisiva per il futuro europeo di Belgrado. Perché il voto, da solo, non basta a garantire riforme e trasparenza, mentre sul Paese continuano a pesare i legami strategici con Mosca e Pechino. Ora la responsabilità passa anche a Bruxelles: trasformare questa finestra politica in un percorso concreto di avvicinamento all’Unione, senza lasciare che altri attori occupino lo spazio.

Lei era in Serbia come capo delegazione dell’Assemblea parlamentare dell’Osce e ha potuto osservare da vicino una mobilitazione che ha trasformato le piazze in consenso elettorale. Che cosa ha reso possibile la vittoria degli studenti e, soprattutto, come sono riusciti a superare la distanza tra protesta e rappresentanza politica, mettendo in difficoltà un sistema che ruotava da anni attorno ad Aleksandar Vučić?

Sono state certamente elezioni storiche. Dopo oltre un decennio segnato dalla leadership di Vučić, il Paese ha scelto una nuova direzione. Per tutta la giornata noi osservatori abbiamo visto file lunghissime ai seggi, un’affluenza molto alta e soprattutto una grande partecipazione dei giovani. Sono stati loro i veri protagonisti. La Lista degli studenti nasce dopo la tragedia di Novi Sad del 2024 ed è cresciuta attorno all’idea della lotta alla corruzione – e credo che la sua forza sia stata proprio questa. Il passaggio dalla piazza alle urne è il percorso che una democrazia dovrebbe sempre offrire al dissenso. E in Serbia è avvenuto in un contesto non semplice: la competizione è stata molto accesa e la campagna squilibrata, con un uso improprio delle risorse pubbliche da parte del partito al governo, pressioni sugli elettori e una copertura mediatica fortemente sbilanciata.

Il successo della lista studentesca ridimensiona anche l’opposizione tradizionale, incapace finora di contendere efficacemente il potere a Vučić. Siamo davanti a un ricambio generazionale oppure a una crisi più profonda dei partiti e delle forme classiche della rappresentanza democratica?

Le elezioni stabiliscono chi parla a nome dei cittadini. Un sistema democratico, però, si misura anche su ciò che accade tra un’elezione e l’altra, se le istituzioni sanno ascoltare, se le voci diverse trovano spazio, se i cittadini si sentono rappresentati. Quando la risposta è no, a volte le persone non smettono di fare politica: la fanno altrove, nelle università, nelle piazze, nella società civile. In Serbia quell’energia è rientrata nel circuito elettorale. Più che una crisi della democrazia, la leggo come una forte domanda di democrazia rivolta alle forme tradizionali della rappresentanza.

La vittoria apre una partita decisiva sul rapporto tra Belgrado e Bruxelles. Il movimento studentesco ha costruito il proprio consenso soprattutto sulla lotta alla corruzione, sullo Stato di diritto e sulla ricostruzione delle istituzioni, senza fare dell’adesione europea la sua principale bandiera. Quali condizioni servono perché questa svolta democratica si traduca in un’accelerazione concreta del percorso europeo della Serbia?

Questo voto può rappresentare una grande chance per il popolo serbo, che ha dimostrato di voler essere davvero protagonista del proprio destino. Ma le istituzioni democratiche forti non nascono in una notte né con un’unica elezione: servono tempo e volontà politica. Le priorità sono già scritte nelle raccomandazioni di ODIHR e della Commissione di Venezia, alcune ancora inattuate. Parlo dell’indipendenza dei media e del loro regolatore, della sicurezza dei giornalisti, della trasparenza sul finanziamento delle campagne, di una separazione netta tra Stato e partito e della fiducia nelle liste elettorali. Per questo, anche se l’Europa non è stata la bandiera della campagna, l’agenda riflette la necessità di rafforzare lo Stato di diritto, uno dei pilastri del sistema di valori europeo.

Che cosa cambia negli equilibri europei? Una Serbia più vicina all’Unione potrebbe contribuire a ridisegnare gli assetti dei Balcani occidentali e a ridurre gli spazi d’influenza di Russia e Cina. Quanto pesa questo risultato nella competizione geopolitica e quale responsabilità ricade ora sull’Europa?

I legami della Serbia con Mosca e con Pechino sono profondi e stratificati, e non è chiaro quale sarà la direzione che intraprenderà il nuovo governo. Con la Russia passano anzitutto dall’energia: NIS, la principale compagnia petrolifera del Paese, è da anni nelle mani di Gazprom, e il futuro di questo asset strategico sarà importante per leggere il posizionamento internazionale della Serbia. A questo si aggiunge un legame politico e culturale di lunga data. Anche con la Cina il rapporto è di natura strategica: dall’acciaieria di Smederevo alle miniere di rame di Bor, fino alle grandi infrastrutture e a un accordo di libero scambio, Pechino è diventata in pochi anni uno dei principali investitori nel Paese. Sono interdipendenze reali. E ogni volta che l’Unione si distrae, altri prendono spazio. Ogni passo della Serbia verso istituzioni più trasparenti e uno Stato di diritto più solido riduce quegli spazi più di qualunque dichiarazione geopolitica. La responsabilità dell’Europa adesso è non sprecare questo momento: accompagnare le riforme, investire nella cooperazione tra parlamenti e offrire segnali tangibili.

Dalla Serbia arriva un messaggio forte, che parte dai ragazzi. Secondo lei potrebbe verificarsi una dinamica simile anche ad altre latitudini in prospettiva?

Ogni Paese ha la sua storia, e il caso serbo nasce da condizioni specifiche: la tragedia di Novi Sad ha scosso profondamente la società ed è stata il catalizzatore di un percorso culminato nel risultato elettorale di questi giorni. Ma il messaggio viaggia oltre i confini, perché quando i giovani vedono nella politica uno strumento credibile, partecipano, eccome. La lezione per l’Europa, anche vedendo quello che succede da noi in questi giorni, è che la distanza tra cittadini e istituzioni non è un destino. Si accorcia con la trasparenza, con la lotta alla corruzione e con istituzioni capaci di ascoltare. E anche l’Osce, in particolare nella sua dimensione parlamentare, può costituire un importante strumento di dialogo per sostenere queste riforme.

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Indra contratará a 50 personas en Barcelona con el despliegue de nuevas estaciones de la red satelital Galileo

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Indra ha firmado este martes en Barcelona dos contratos de 52 millones de euros con la Agencia Espacial Europea para el despliegue de estaciones terrestres para la segunda generación de Galileo, la red europea de satélites para la navegación que compite con el GPS. Uno de ellos, el más grande, será liderado desde Barcelona, para lo que ampliará en 50 personas su plantilla en la capital catalana.

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