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La nueva violencia urbana

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Primero fue Barcelona, después Bilbao. Y este fin de semana se anuncian nuevas convocatorias, también en Madrid. La violencia gratuita, el pillaje en las tiendas de marcas y los enfrentamientos con la policía de muchachos que ni siquiera son mayores de edad es un nuevo fenómeno urbano que trae de cabeza a las autoridades, pero también a los sociólogos, que intentan saber no solo quién está detrás, sino también a qué responde esta protesta. Es lo más parecido a un juego de rol de evidente riesgo, que manejan unos jokers ocultos en el lado oscuro de las redes. Se convocan horas antes de los asaltos a través de TikTok, que les remite a Telegram. Allí se les dan instrucciones y empieza la fiesta. Se trata de reventar escaparates, robar género, quemar coches, destrozar mobiliario y atacar a los agentes.

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La tragedia silencia la política

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Los viajes siempre tienen un destino, lo que uno menos espera es que el destino se nos interponga en el camino. En un mal día, el azar quiso que en la misma fecha que el primer ferrocarril echó a andar, otro tren se llevara los titulares por una tragedia inexplicable. Urda, en Toledo, dejó de ser un punto impreciso del mapa para ­convertirse en centro de todas las miradas.

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Rufián no es Robin Hood

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El dúo que forman Irene Montero y Gabriel Rufián resulta una de las singularidades de la campaña. Esquerra Republicana y Podemos se parecen como un huevo a una castaña, si se me permite la ordinariez. Los militantes de una y otra formación seguramente tienen más cosas que les separan que las que les unen, pero, como cantaba Paloma San Basilio en Juntos , “un día entre dos parece mucho más que un día”. Y susurraba más adelante que una buena compañía permite “hacer del lunes otro sábado, cruzar en rojo los semáforos”. Es lo que tiene estar juntos no solo en la vida, sino también en un mitin, que te sube la moral y dispara las expectativas.

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Diagnóstico equivocado

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Empieza a resultar ri­dículo que la derecha de este país atribuya todos los males que ocurren en España a Pedro Sánchez. En Salamanca, Alberto Núñez Feijóo le endosó los disturbios en Barcelona del sábado con estas palabras: “Sánchez está jugando con fuego, el fuego del malestar social que ha provocado, el fuego de la violencia que no está frenando, el fuego que quiere ver crecer”. Feijóo ve en el presidente del Gobierno a un pirómano que se apresta a incendiar las calles, pero el análisis no parece correcto: las imágenes difundidas muestran a unos pocos cientos de jóvenes, mayoritariamente menores, con un grado de violencia gratuita inusitada. 

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