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Dos Dan Sullivan en la papeleta en Alaska y una campaña bajo sospecha

Una insólita coincidencia de nombres está complicando una campaña electoral que podría decidir el control del Senado. En Alaska, el martes, los votantes encontrarán en la papeleta dos candidatos con el mismo nombre y apellido, Dan Sullivan. Uno es el senador republicano que busca la reelección y el otro un profesor jubilado de 69 años que, según "The New York Times", fue reclutado por colaboradores demócratas para aprovechar la confusión y restar votos a su tocayo.

El maestro, sin apenas hacer campaña, obtuvo casi un 2,5% de apoyo (4.107 votos) en las primarias que se celebraron en agosto. Si este porcentaje se repite, podría ser decisivo en unas elecciones muy ajustadas.

El gobernador republicano Mike Dunleavy ha ordenado investigar si se vulneró la ley y el Departamento de Justicia ha puesto en marcha una investigación penal. "Engañar deliberadamente a los votantes para que emitan su voto por otra persona atenta contra la integridad de nuestras elecciones", dijo en una comparecencia. Lo que comenzó como anécdota amenaza con convertirse en una batalla judicial por un escaño clave. De hecho, la administración de Trump ya ha presentado una demanda para impedir la certificación del resultado si su candidato pierde. Con un presidente que ha convertido la expresión fraude electoral en su bandera electoral, esta situación es carnaza y ya ha pedido que Peltola y el profesor sean apartados de la papeleta y ha cargado contra la candidata demócrata. Mary Peltola debería renunciar a la contienda. Creo que debería ser procesada penalmente por lo que hizo.

En el lado demócrata, la candidata Mary Peltola ha negado que estuviera informada de algo así, y su equipo de campaña asegura que no ha reclutado a ningún aspirante con esas características e insiste en que no tiene vinculación con ninguno de los dos Sullivan. Aseguran que esto es solo una medida de distracción para desvira los temas de campaña realmente importantes, como el respaldo republicano a la guerra de Irán. Sin embargo, Elisa Rios, su exdirectora de campaña, sostiene que Peltola sí conocía la estrategia, aunque nunca participó directamente en ella. Rios ha explicado que fue Jerid Kurtz, un asesor político de Ohio, quien dijo haber localizado al profesor Sullivan que estaba dispuesto a presentarse si así ayudaba a los demócratas. Así lo explicó la extrabajadora a The New York Times, luego intentó retirar sus declaraciones, pero el rotativo siguió adelante apoyándose en mensajes y testimonios recogidos por sus periodistas.

Según su investigación, que incluye entrevistas con al menos una docena de personas y mensajes que implican a asesores de alto nivel del Comité de Campaña Senatorial Demócrata (DSCC, por sus siglas en inglés), desvela que la búsqueda de un hombre con el mismo nombre comenzó en 2025. La estrategia consistía en aprovechar el sistema de primarias en Alaska para dividir el voto republicano mientras Peltola concentraba el demócrata. En este estado todos los candidatos compiten en una misma votación y los cuatro que reciben más apoyos pasan a las elecciones generales.

En el centro del debate, un profesor de 69 años que vive en Petersburg, al sureste del Estado, desde 1980. Trabajó para el Servicio Forestal estadounidense y dedicó más de veinte años a enseñar en primaria. Asegura que decidió presentarse por frustración con el senador republicano actual, al que reprocha no escuchar a sus vecinos, y dice que la gota que colmó el vaso fue su silencio ante un fondo de compensación propuesto por Trump que podía beneficiar a los acusados por el asalto al Capitolio. Dice que ha votado a candidatos demócratas, incluida la actual candidata en el centro de la polémica, pero se define a sí mismo como republicano moderado. Además, asegura que la papeleta está claro, él aparece como Daniel J. Sullivan Jr., sin afiliación partidista, y el su tocayo como Dan S. Sullivan, republicano y senador en ejercicio. El profesor jubilado está desbordado por la interminable presión, ha dicho, que a veces resulta incluso paralizante, y está deseando que todo termine.

La polémica viene de lejos. En junio, las autoridades electorales de Alaska intentaron excluir al maestro Sullivan de las elecciones primarias argumentando que no se postulaba de buena fe, pero un tribunal ordenó que se reincorporara y la Corte Suprema ratificó la decisión.

© EUROPAPRESS

EEUU.- Trump pide procesar a la demócrata Mary Peltola, candidata al Senado por Alaska, por supuesto fraude electoral
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Dave Obelkevich, en busca del medio siglo acabando la maratón de NY

En 1976 no había relojes inteligentes que marcaran a los corredores su velocidad, ni teléfonos móviles con los que sus familias pudieran seguir cada paso que daban. Aquel año, cuando la maratón de Nueva York salió por primera vez de Central Park para recorrer los cinco distritos de la ciudad, 1.549 personas cruzaron la meta. Entre ellas había 63 mujeres y un corredor que lleva 50 años sin faltar a esta cita, Dave Obelkevich.

Medio siglo después, este hombre de 83 años que creció en Binghamton, en el estado de Nueva York, volverá a colocarse en la línea de salida, ahora situada en Staten Island. Su objetivo es completar su maratón neoyorquina número 50 y prolongar un récord que ya le pertenece. Es la única persona que ha terminado todas las ediciones celebradas desde que la gran carrera se extendió a los cinco distritos.

Todo comenzó con un paseo por Central Park en 1973. Obelkevich vio pasar a varios corredores y decidió acompañarlos durante una vuelta al parque. Al año siguiente se inscribió oficialmente en la carrera, que entonces consistía en varias vueltas únicamente dentro del parque. La terminó en 4h20:27. La inscripción en aquel momento costaba un dólar y el presupuesto de la organización era de mil. Ahora un dorsal cuesta 300 dólares, eso si tienes la suerte de hacerte con uno, y la organización rozó en la pasada edición los 110 millones de dólares.

Obelkevich ha aprendido mucho y por el camino se dio cuenta de que las ganas de correr no siempre bastaban. En 1975 tuvo que abandonar la competición por unos mareos. Un año después regresó para estrenar el recorrido por los cinco distritos e iniciar una racha que sigue intacta después de medio siglo. Ese año, para conmemorar el bicentenario de Estados Unidos, los organizadores llevaron la prueba por primera vez a los cinco distritos: Staten Island, Brooklyn, Queens, el Bronx y Manhattan. Lo que empezó como una propuesta para conmemorar aquella fecha terminó convirtiéndose en un legado permanente que cada año atrae a 50.000 corredores y congrega a más de 2 millones de espectadores a lo largo del recorrido.

Desde el 24 de octubre de 1976, Obelkevich no ha faltado a ninguna edición. Las únicas que se ha saltado fueron las que se interrumpieron por fuerzas mayores, como en 2012 tras el paso del huracán Sandy, y la de 2020, por la pandemia del covid-19. Hubo un tiempo en que corría para mejorar sus marcas, en 1982 terminó en 2h40, pero ahora su objetivo es llegar, sin preocuparse por el tiempo. Este año la disfrutará de nuevo con su hijastra, María t. Finch, que correrá a su lado como lo ha venido haciendo desde 2021, cuando la edad agravó sus problemas de equilibrio, pero no le frenó.

Gracias a esta experiencia deportiva, Obelkevich ha descubierto barrios en su propia ciudad quemando zapatilla. Incluso conoció a su actual esposa, Lyn Domínguez. Fue en 1984 en Central Park mientras entrenaban. En las maratones también encontró lo que, hace tres años, me empujó a correr mi primera maratón, la inexplicable fuerza del público. El neoyorquino recuerda en su entrevista con NYRR, la organización a cargo del evento, que en algunos tramos de las carreras iniciales los espectadores se agolpaban tanto que era casi imposible adelantar a otros corredores. Hoy esos espacios están delimitados por vallas y la energía colectiva te empuja a seguir cuando crees que ya no puedes dar más de ti.

Entre los gritos y palabras de ánimo también se escuchará, como cada año, mucho español. Corredores llegados de distintos puntos de nuestro país aprovechan los días previos y posteriores a la carrera para recorrer la ciudad por la que el domingo correrán. Muchos viajan con sus familias o amigos quienes también tienen trabajo el día de la maratón, localizar a sus seres queridos entre la multitud y hacerse oír para animarlos. Ya en los días previos, en la feria donde se recogen los dorsales, el español se abría paso entre conversaciones sobre ritmos, las cuestas de los puentes y las previsiones meteorológicas. Las dificultades para bajar y subir escaleras delatarán el próximo lunes a todos los corredores de la maratón neoyorquina.

© AFP

Dave Obelkevich tratará de acabar su 50 maratón de Nueva York
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