Luis Manuel Otero alza su voz en Washington por los presos políticos cubanos



No sé cuántas veces he mirado petrificada la anotación en mi agenda del viernes 30 de octubre, a las 13.30: comida con Carmen y Fátima. Fátima, Fátima Báñez, falleció junto a otras 68 personas en el terrible accidente ferroviario del miércoles. Junto a decenas de heridos, cientos de víctimas, y millones con el corazón encogido, nada volverá a ser lo mismo. Respetar los tiempos del dolor y del duelo me dificulta enormemente la tarea de escribir. Prefiero imaginar lo que nos habríamos contado en aquella comida a tres, convertida en tradición. Habríamos repasado nuestro estado de ánimo, el mundo
–siempre incrédulas– y la situación del país. Habríamos hablado de la campaña del 29-N, de los besos y los bailes, de las entrevistas de Feijóo, de los potenciales ministros…

El martes EE.UU. vota los dos convulsos años desde que Donald Trump regresó al poder. Las perspectivas para el hombre que espetó un “¡Cállate, cerdita!” a una reportera a bordo del Air Force One son, en el fondo, sorprendentemente buenas: su debacle no está garantizada, aunque estén en juego hasta los senadores de Kansas, Nebraska y Misisipi.




Luciana Salazar reveló que tiene una rutina definida para acostarse y evitar despertar con arrugas en el rostro. La modelo detalló los pasos que sigue cada noche en una entrevista con Martín Cirio que el programa Pasó en América, de América TV, conducido por Sabrina Rojas y Tartu, retomó en las últimas horas: desde la postura que elige hasta la forma en que acomoda la almohada y el pelo antes de cerrar los ojos.
El primer consejo de Salazar apunta directo a un hábito muy extendido: dormir boca abajo. Para la modelo, esa posición es la principal causa de que la piel del rostro amanezca marcada. “Si dormís boca abajo te aplastás la cara con la almohada y eso genera arrugas”, advirtió. “Tips, chicas, sépanlo, mis amores”, agregó antes de explicar su método.
Cuando Cirio le preguntó si entonces prefería acostarse boca arriba, la respuesta volvió a sorprenderlo. Salazar aclaró que esa postura tampoco la convence, aunque por una razón diferente a la de las arrugas. “Tampoco me gusta dormir boca arriba porque se achata la cola. Si vos ponés lo mismo, pasa con la cola”, explicó.
Esa doble restricción la llevó a establecer su postura preferida: de costado. Sin embargo, recostarse de ese modo a la manera convencional tampoco le resulta suficiente para proteger la piel. Ahí es donde entra el detalle que más llamó la atención durante la entrevista.

La clave del método de Luciana Salazar está en cómo ubica la almohada. La modelo contó que la acomoda de manera que no llegue a apoyar directamente sobre el rostro. “La almohada la pongo acá para que no me toque la cara”, explicó mientras describía la posición con gestos.
Cirio reaccionó con humor: “Todo muy incómodo, Luli”, le dijo. Salazar reconoció que el descanso, para ella, implica toda una logística. “Vos sabés que dormir para mí es todo un tema”, admitió. La lógica que guía cada decisión es la misma: impedir que la piel quede comprimida o arrugada durante horas.
De costado, con la almohada bien posicionada, puede cuidar el rostro sin resignar la postura que prefiere para el cuerpo. El resultado, según contó, es que “la cola queda divina y la cara no se te aplasta”.
La rutina de Luciana Salazar no termina con la postura y la almohada. La modelo contó que también cuida la posición del cabello antes de acostarse. “El pelo me lo agarro, me lo estiro así de un lado que quede todo escondido, y cuando cambio de lado lo tiro”, describió entre risas.
El fragmento generó reacciones en Pasó en América, donde Rojas y Tartu analizaron cada punto. “No es una boludez lo que dice”, sostuvo Sabrina Rojas, aunque planteó una duda que el panel no pudo resolver del todo: “Lo único que no entiendo: dormís boca arriba, se te aplasta la cola, pero si dormís de costado, se te ajea el pecho. Entonces debe dormir con la cola de costado y con el torso de frente.” Tartu cerró el intercambio con una pregunta que quedó en el aire: “¿Pero cómo hacés? ¡Te levantás acalambrada, Sabrina!”

La charla entre ambos tuvo como marco el estreno de “Ritmo Fuerte y Up”, el tema que Martín Cirio y Salazar presentaron juntos, con la participación de Vicky “Tu mujer”. La canción apuesta por un pop bailable con humor y referencias virales, y marca el regreso de Luli Pop a la música, una faceta que la modelo había desarrollado años atrás. Fue en ese intercambio donde los tips nocturnos de Salazar tomaron protagonismo y motivaron el análisis posterior en el ciclo de América TV.
Buenos Aires, 30 oct (Prensa Latina) El gobierno de Brasil requirió al de Javier Milei que explique la huida hacia Estados Unidos a través de Argentina del excandidato presidencial Flavio Bolsonaro, aunque el canciller Pablo Quirno lo negó hoy.
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Un Balón de Oro al límite, casi con fotofinish. En las votaciones de 100 periodistas Harry Kane se impuso por solo 28 puntos a Kylian Mbappé. Así lo desveló anoche el diario L’Équipe. Se trata de uno de los resultados más ajustados de la historia. El delantero inglés del Bayern obtuvo un total de 1.055 puntos, mientras que el francés alcanzó los 1.027, muy cerca de su máximo competidor. Completó el podio el delantero barcelonista Lamine Yamal, con 881 puntos.


With the French presidential election months away, Russia's disinformation machine works to ensure no pro-Ukraine candidate enters the Elysee Palace.
Viginum, the French agency that counters foreign interference, has already detected hundreds of disinformation operations targeting the vote, whose outcome will have major ramifications for Ukraine and Europe.


A las nueve de la noche, con el viento golpeando sobre la escollera sur y el mar apenas visible en la oscuridad, las cenizas de Fernando “Coco” Shedden fueron arrojadas al agua frente al Cristo —oficialmente denominado San Salvador— de Mar del Plata. Allí, en el sitio que él había elegido años antes, sus amigos, compañeros y personas que compartieron con él el camino de la recuperación se reunieron para cumplir su último deseo. El viento soplaba fuerte. Las voces se quebraban. Y el mar, como siempre, esperaba.
La despedida ocurrió después de la cremación realizada en Miramar, cerca del “Castillo” de Mar del Plata, donde Coco había atravesado parte de su tratamiento contra las adicciones bajo la tutela de Sandra Álvarez. El histórico chofer de Moria Casán, que murió a los 55 años, había repetido durante temporadas de trabajo junto a la artista una voluntad concreta: quería ser cremado y que sus restos fueran entregados al mar en la ciudad que sentía como propia. Esa noche, sus amigos hicieron exactamente eso.
La ceremonia tuvo una escena íntima y atravesada por el peso de la noche. Galo Sotto, asistente de Moria Casán y uno de los amigos más cercanos de Coco, tomó la palabra rodeado de quienes habían llegado para acompañarlo. El sonido del viento quedó registrado en cada pausa, entre los recuerdos y las voces que se animaron a despedirlo.
“Hasta siempre, Coquito”, dijo una de las presentes. Galo sumó su propia despedida y recordó a los compañeros que habían compartido con él los últimos años en El Castillo, el espacio de recuperación donde Coco encontró refugio y propósito durante cuatro años. “Gracias por tus consejos, siempre te voy a recordar y te llevo en mi corazón”, dijo Galo, leyendo lo que otros le habían escrito. En ese centro, además de recuperarse, había comenzado a acompañar a otras personas que llegaban con problemáticas similares, ofreciéndoles lo que él mismo había necesitado: alguien que les dijera que era posible salir.

Esa noche, quienes lo conocieron en ese tramo de su vida le devolvieron algo de todo eso. Una cartulina firmada por sus compañeros del centro circuló entre los presentes. Los mensajes, leídos en voz alta frente al mar, condensaban lo que Coco había dejado en cada uno.
“Gracias por tus consejos, siempre te voy a recordar y te llevo en mi corazón”, decía uno. Otro hablaba de “mañanas de mates y charla”, de los consejos que Coco había sabido ofrecer sin pedir nada a cambio. “Que Dios te tenga en la gloria. Te hiciste querer. Que en paz descanses”, rezaba un tercero.
Hubo un mensaje que detuvo el tiempo por un momento. Estaba dirigido al “viejito”, como algunos lo llamaban con cariño. “Sé que estabas lleno de esperanzas y que creías que lo mejor estaba por venir. Lamento mucho que el destino haya robado esa luz, pero me deja un gran alivio saber que le estabas dando batalla a la vida y que te fuiste limpio y sereno”, decía. Y cerraba con una imagen que nadie en la escollera pudo escuchar sin emocionarse: “El reflector te seguirá esperando, Coquito”.
Tras la lectura de los mensajes, hubo aplausos. Breves, sinceros. “Lo que quería él era estar en el mar”, dijo una de las voces. Galo completó la idea casi en susurro: “Y acá, en este lugar”. Otra persona presente dejó en claro que la elección no había sido de quienes llegaron a despedirlo esa noche: “Él eligió el lugar, eligió el momento. Nosotros lo único que hacemos es cumplir con su deseo”.
Antes del momento final, la despedida se detuvo en la oración que Coco había aprendido y practicado durante años, la misma que acompaña los procesos de recuperación en todo el mundo. Las personas presentes la recitaron en voz alta frente al mar: “Dios, concédeme serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar aquellas que puedo y sabiduría para reconocer la diferencia”.
Para sus compañeros de El Castillo, esas palabras no eran una fórmula: eran el resumen de lo que Coco había transitado. Según relató Galo en diálogo con Teleshow tras la ceremonia del adiós final, Sandra, directora del espacio, lo había acompañado durante cuatro años de tratamiento. En ese tiempo, Coco no solo se recuperó, sino que también se convirtió en un referente para quienes llegaban después que él, mostrándoles con su propia historia que a cualquier edad, en cualquier momento, era posible volver a empezar.
La cartulina que se leyó en la escollera era el testimonio de ese vínculo. Cada firma, cada frase, era la huella de alguien a quien Coco había dicho algo en el momento justo. “Dejó su experiencia, lo vivido, para que tuvieran una esperanza de que se puede salir. En cualquier momento”, contó Galo, con la voz de quien sabe que eso vale más que cualquier otro legado.
Coco había recuperado su libertad apenas una semana antes de morir. Tenía proyectos concretos: instalarse en Córdoba, encontrar trabajo, colaborar con el centro de recuperación de Sandra. “Ya le habían sacado la pulsera y le habían dado la libertad. Estaba con todo, con toda esa ilusión. Por suerte estaba limpio. Sandra decía que estaba muy contento porque pudo hacerlo. Ya estaba cuatro años limpio”, recordó Galo. Y estaba convencido de que lo mejor estaba por venir.

Al final del rezo, el grupo descendió con cuidado por unas pequeñas escaleras de la escollera. La oscuridad era casi total. Los faros de los autos se encendieron para iluminar el camino. Las indicaciones se mezclaban con el sonido del mar: “Despacio, tranquilo. Yo te alumbro acá. Pasen despacio”.
Las cenizas estaban dentro de un paquete biodegradable, preparado especialmente para ser arrojado al agua. Galo había pensado en abrirlo y dispersar las cenizas, pero la oscuridad, el viento y la emoción del momento le hicieron confiar en lo que el crematorio había dispuesto. “Yo digo, mirá si... estaba muy oscuro. Pero ya que dijeron que era biodegradable, está permitido lanzarlo en el agua y que se desintegre”, explicó después.
El último gesto fue breve. El paquete fue entregado al mar y, en el instante siguiente, se escucharon aplausos. Espontáneos. Necesarios. “Chau, Coquito”, repitieron varias voces frente a la oscuridad y el agua. Segundos antes, Galo había dicho lo que todos sentían: “Coquito, te amamos. Gracias por todo. Gracias por entregarnos, por unirnos. Te amo”.
La cremación había tenido lugar unas horas antes en Miramar. El crematorio de Mar del Plata estaba fuera de funcionamiento, de modo que todo debió organizarse en un solo día: la ceremonia, el traslado, la despedida. Durante la espera en Miramar, el grupo compartió anécdotas y se rio, porque con Coco siempre había lugar para la risa. Y así, entre recuerdos y lágrimas, llegaron a la escollera sur cuando la noche ya era cerrada.
Galo guardó la cartulina. Dijo que quería conservarla como recuerdo de todo lo que la gente que conoció a Coco tenía para decirle. El mar se quedó con el resto. Las cenizas de Coco navegan para siempre.
