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Jennifer Lawrence confiesa por qué se ha operado el pecho y cómo ha influido Hollywood en su decisión: "Nada volvió a la normalidad"

Conocida por ser una de las actrices más valientes y atrevidas del Hollywood actual, Jennifer Lawrence, de 36 años, ha sorprendido con sus declaraciones recientes sobre cómo la maternidad de su segundo hijo cambió por completo su carrera y vida. Estos cambios físicos la han llevado a someterse a una operación quirúrgica para elevarse el pecho.

"Todo volvió a ser normal tras el primer parto. Después del segundo, nada volvió a la normalidad", explicaba recientemente Lawrence en The New Yorker al hablar de su cuerpo, la relación con Hollywood y el desnudo integral que protagonizó en la película Sin malos rollos (2023), una escena que dio la vuelta al mundo.

La actriz ha reconocido que esto provocó que pasara por quirófano, y más teniendo en cuenta que contará con otro desnudo en su nueva película. Lawrence aparecerá próximamente en What Happens at Night, una adaptación de la novela homónima de Peter Cameron, dirigida por Martin Scorsese y coprotagonizada por Leonardo DiCaprio.

Al preguntarle si se habría operado si no fuera una actriz famosa, ella confesaba que la presión de la industria ha influenciado su decisión. "Quizás no me habría operando con tanta urgencia, aunque creo que lo habría acabado haciendo", reconocía. Su hijo nacía en abril de 2025 y, en noviembre, la actriz ya se estaba sometiendo a la operación de cara al rodaje de la película de Scorsese, previsto para principios de 2026.

Anteriormente, Lawrence ya había hablado de las actrices y algunos de sus tratamientos estéticos más populares, como el bótox y los rellenos dérmicos. La estadounidense explicaba que ella evitaba los rellenos que pudiera resultar perceptibles ante las cámaras y defendía la importancia de mantener la movilidad en la frente.

Este mismo año, la actriz retomará su papel de Katniss Everdeen en Los juegos del hambre: Amanecer en la cosecha, una nueva entrega de la saga que llegará a los cines en noviembre y que supondrá el regreso de uno de los personajes más emblemáticos de su carrera, con el que Jennifer Lawrence alcanzó la fama internacional y se consolidó como una de las actrices más reconocidas de Hollywood.

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Ian McKellen se despide de Patrick Stewart con un emotivo mensaje: "Un hombre al que admirar"

En los años 70, dos jóvenes actores británicos comenzaron a despuntar en la Royal Shakespeare Company, una de las compañías teatrales más prestigiosas de Inglaterra. Aunque ambos se admiraron desde el primer minuto, no sería hasta el año 2000 cuando sus lazos se estrecharían hasta convertirse en una de las amistades más genuinas de la industria del cine, cuando coincidieron en el rodaje de X-Men, dirigida por Bryan Singer. Hablamos del recién fallecido Patrick Stewart, quien interpretó a Charles Xavier, y de Ian McKellen, quien dio vida a Magneto.

A lo largo de las décadas, su amistad se ha mantenido y fortalecido, especialmente después de que Stewart anunciara que padecía alzhéimer. Ahora, 50 años después de aquel primer encuentro entre ambos, McKellen ha querido despedirse de su gran amigo con un emotivo mensaje en las redes sociales que acumula más de un millón de interacciones

"Antes que nada, Patrick se definía por haber nacido y crecido en Yorkshire, el orgulloso condado del norte de Inglaterra que amó hasta el final. Lo podías escuchar en su voz con su acento y en la honesta severidad con la que te decía lo que pensaba y sentía. Los hombres de Yorkshire no toleran medias verdades ni evasivas ante los grandes temas. Llevaba el corazón en la manga, lo que lo convertía en un hombre en quien confiar, a quien admirar y, en mi caso, amar", comenzaba McKellen, quien también recordaba cómo ambos se conocieron en la compañía teatral.

Con el paso de los años, Stewart y McKellen construyeron una amistad marcada por el cariño, el respeto mutuo y una complicidad que nunca ocultaron públicamente, en la que se acompañaron mutuamente en su gran salto a Hollywood.

"Mi primer gran recuerdo fue unos años después, cuando me lo encontré en la calle, en el centro de Londres. Me habló de una oferta para asumir un papel principal en Star Trek. 'Pero, Patrick, piensa en tu carrera en los escenarios del Reino Unido. ¿Realmente quieres arriesgarte a perderte en Hollywood durante años y años?", confesaba el actor.

"Bueno, asumió el riesgo y, gracias a Dios, que lo hizo. No solo por sus devotos trekkies, sino por el público del cine y el teatro, que se maravilló al verlo aprovechar su fama internacional para protagonizar una serie de éxitos cinematográficos (X-Men, por supuesto), así como grandes obras clásicas de Shakespeare, Ibsen, Arthur Miller, Peter Shaffer, Pinter y Beckett en Stratford-upon-Avon, el West End de Londres y en Broadway. Estados Unidos fue su hogar adoptivo, donde conoció a su adorada Sunny, quien lo cuidó en la salud y en la enfermedad, en las buenas y en las malas", añadía.

A pesar de haberse convertido en una estrella internacional y de desarrollar buena parte de su carrera en Estados Unidos, Stewart siempre conservó un fuerte vínculo con su tierra natal. Un sentimiento de pertenencia que ambos siempre compartieron y que McKellen ahora recuerda.

"Pero nunca abandonó sus orígenes. Uno de los mayores motivos de orgullo para el actor más respetado y querido de su generación a ambos lados del Atlántico fue su nombramiento como Canciller de la Universidad de Huddersfield en Yorkshire. Su última actuación en Vengadores: Doomsday aún está por verse", concluía McKellen.

Esta despedida, que ya acumula más de un millón de interacciones y ha recibido mensajes de grandes estrellas de Hollywood, se convierte en una oda a una amistad sincera que ha trascendido la barrera del tiempo y del espacio. Un vínculo que permanecerá vivo en esta y cualquier otra vida. Porque, como decía Charles Xavier a Magneto: "Siempre estaré ahí, viejo amigo".

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Matthew Perry ('Friends'): lo que revela un documental sobre sus adicciones y su muerte

"Esta es la historia de la vida de Matthew Perry contada por su familia y sus amigos. Y por el propio Matthew". Con este rótulo arranca El de Matthew Perry, la docuserie de Netflix que recuerda al actor de Friends tres años después de su muerte y que supone una verdadera declaración de intereses.

El documental cuenta con la presencia de la hermana del actor, Mia Perry, quien narra algunos de los momentos más felices y también de los más complicados de la vida de su hermano. También participan el guionista Jeff Strauss, que rememora la creación del personaje de Chandler en la primera temporada de la serie, y Warren Littlefield, expresidente de NBC, que relata cómo fue la prueba de casting de Perry.

A través de tres episodios, esta docuserie, dirigida por Mary Robertson (ganadora de un Emmy), hace un repaso a su trayectoria: desde su infancia, marcada por el divorcio de sus padres, hasta el ascenso a la fama y la lucha contra sus propios fantasmas, dejándonos grandes revelaciones.

El accidente en 'Solo los tontos se enamoran' que cambió por completo su vida

El documental reconstruye su biografía y nos lleva a algunos de los momentos que desembocaron en su trágico final. Entre ellos, el origen de sus adicciones. Todo comenzó durante el rodaje de Solo los tontos se enamoran (Andy Tennant, 1997), su primer trabajo como protagonista, en el que apareció junto a Salma Hayek y que se rodó junto al lago Mead, en Las Vegas (Nevada, EE UU).

"Matthew consiguió permiso para subirse a una moto acuática, salió disparado por los aires y se hizo daño. Quién sabe qué habría pasado si aquel accidente no hubiera ocurrido", explica en el documental Doug Draizin, productor del filme. Este relato coincide con los audios que dejó el actor en vida. "No tenía ni idea de lo que estaba pasando. El médico me dio una pastilla en un envase y me dijo: 'Tómate esto cuando termines de rodar'. Lo hice y sentí una euforia increíble. Así que ¿por qué no iba a tomar más?", declaraba.

A esto se sumó el consumo abusivo de alcohol. Matthew empezó a beber a los 14 años y, cuando se mudó a Los Ángeles para dedicarse a la actuación, a los 18 años, ya era un verdadero problema. A los 24 años, cuando comenzó el rodaje de Friends, su adicción se agravó aún más con el consumo de opioides y analgésicos tras su fatídico accidente.

En 2000, durante el rodaje de la séptima temporada de la sitcom, sus problemas de adicción ya eran evidentes para su familia y para quienes estaban a su alrededor. En el documental, su hermana recuerda que sus familiares decidieron acudir al rodaje durante la grabación de la boda de Chandler, el personaje interpretado por Matthew Perry, y Monica (Courteney Cox).

"La pregunta que todos llevábamos dentro, de una manera u otra, era: '¿Será esta su única boda? Cuando Matthew hizo sus votos, la emoción que tenía en los ojos y todo lo demás era muy real", afirmaba Mia. A lo largo de todos aquellos años, el actor intentaría salir del hoyo acudiendo a sesiones de rehabilitación.

"Íbamos todas las mañanas a las siete y media a West Hollywood, al Log Cabin, una famosa reunión de Alcohólicos Anónimos... y poníamos Drops of Jupiter, de Train", rememora Tim Harrington, quien conoció al actor en una reunión de recuperación en 2001 y a quien Perry acogió en su casa para ayudarlo a no recaer.

Matthew Perry ya estuvo a punto de morir en 2018

Con las numerosas recaídas a lo largo de los años, la salud de Matthew Perry fue empeorando progresivamente. En 2018, el actor ya tuvo un gran susto que puso su vida en peligro y del que ahora conocemos más detalles. Perry sufrió una perforación de colon y una septicemia, y tuvo que recibir asistencia mediante un sistema de oxigenación por membrana extracorpórea (ECMO).

El propio Matthew lo contó en vida. "Me dieron un 2% de posibilidades de sobrevivir a aquella noche. Te conectan a una máquina ECMO cuando recurren a una medida desesperada, una última esperanza. Aquella noche había cinco personas conectadas a ECMO y las otras cuatro murieron. Yo, de alguna manera, conseguí salir adelante", revelaba.

Su hermana pasó a ser su representante legal para tomar decisiones en su nombre, mientras quienes lo rodeaban temían por su vida. "Era exactamente la misma unidad de cuidados intensivos de la que yo acababa de salir, unas seis semanas antes, después de dar a luz. En cierto modo, me sentí muy honrada de poder ser la persona que tomara ese tipo de decisiones por mi hermano, pero también sentía una ansiedad y una presión enormes y apenas podía funcionar", afirma Mia en la docuserie.

En el reencuentro de Friends en 2021, muchos espectadores ya señalaron la imagen desmejorada del actor, mientras que su hermana considera que aquel momento supuso un punto de inflexión para alguien que ya afrontaba una adicción muy grave. Mia llegó a "considerar su enfermedad como terminal".

"No puedes querer a alguien y controlarlo al mismo tiempo. En cuanto aprendí de verdad a dejar de sentir que era mi responsabilidad mantenerlo con vida, pude conectar con él y quererlo de una manera mucho más auténtica. Y, por suerte, eso ocurrió durante los últimos años de su vida", aclara.

Aunque la publicación de sus memorias, Friends, Lovers, and the Big Terrible Thing: A Memoir, en 2022, se convirtió en un verdadero éxito de ventas y parecía haberle ayudado a encontrar la paz y a sentirse más feliz que nunca, la realidad es que su vida no tardó en desmoronarse.

Una muerte que fue investigada y acabó con varios condenados

Finalmente, tras años de lucha contra sus adicciones, Matthew Perry fue hallado muerto en el jacuzzi de su casa de Los Ángeles el 28 de octubre de 2023. En un primer momento, sus allegados pensaron que había fallecido por causas naturales, posiblemente a causa de un infarto, mientras esperaban los resultados de la autopsia. Sin embargo, el informe reveló que su muerte estaba relacionada con el consumo de ketamina y dio lugar a una investigación federal para determinar quién le había suministrado la sustancia.

Perry había comenzado a consumir ketamina con fines recreativos tras el marco de un tratamiento médico y, posteriormente, recurrió a los doctores Salvador Plasencia y Mark Chavez para conseguir más.

Tras ello, una mujer llamada Jasveen Sangha le vendió, a través de un intermediario llamado Erik Fleming, "la dosis de ketamina que finalmente provocó la muerte del señor Perry". Por su parte, Kenny Iwamasa, asistente personal del actor y residente en su casa, era quien le conseguía y administraba habitualmente las drogas.

En 2025, Plasencia fue condenado a dos años y medio de prisión federal, mientras que Mark Chavez recibió una condena de ocho meses de arresto domiciliario. Ambos renunciaron a sus licencias médicas. A principios de 2026, Sangha fue condenada a 15 años de prisión federal, Fleming a dos años de cárcel e Iwamasa a tres años y cinco meses. Hoy cuesta pensar que Matthew Perry ya no está, pero quizá esa sea la magia de quienes dejan huella que, aunque se vayan, nunca desaparecen del todo.

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Me convierto en zombie por un día: sangre, gruñidos y calzoncillos en el rodaje de 'Apocalipsis Z: Nuevo mundo'

Siempre quise saber qué se sentía al ser un zombie. Sí, sí, de esos que caminan arrastrando los pies, gruñen como si llevaran tres días sin dormir y tienen una preocupante afición por los cerebros humanos. Cada uno tiene sus inquietudes, y las mías, desde luego, no han sido demasiado normales.

Como buen millennial, crecí con películas de los 2000 que marcaron a toda una generación de amantes del apocalipsis: Amanecer de los muertos, 28 días después o Soy leyenda. A esto había que sumarle series como The Walking Dead, que me hicieron desarrollar todo un plan de supervivencia. En mi cabeza ya tenía mi propio arsenal de armas, las rutas de escape perfectamente estudiadas y una lista mental de las primeras cosas que haría si el mundo se fuera a la mierda.

Pero, entre tanta estrategia para sobrevivir, siempre había una pregunta que me rondaba la cabeza: ¿qué sentirían aquellos que finalmente pasaban al otro lado? ¿Cómo es despertarte un día con hambre de sesos y unas ganas terribles de morder a tu vecino? Puede parecer una tontería, pero yo necesitaba respuestas. Y, sobre todo, quería vivirlo en primera persona.

Tan solo unos meses después de tener la oportunidad de acudir al rodaje de The Walking Dead: Daryl Dixon en Sepúlveda (Segovia, España), donde pude aprender muchísimo sobre el arte de convertirse en uno de esos seres que te persiguen en tus peores pesadillas, la vida decidió darme un pequeño giro de guion. De esos que no te esperas, que llegan sin avisar y que, si fueran una película, probablemente pensarías que el protagonista está a punto de meterse en un buen lío.

Una llamada cambió mi vida por completo y, poco después, me trasladé a Barcelona. Lo que no imaginaba era que estaba a punto de cumplir un sueño que llevaba años rondándome la cabeza, así me pasé al otro lado y me convertí en zombie. Son las diez de la mañana, un coche nos recoge y, entre nervios, ilusión y muchas ganas de descubrir qué nos espera, comienza una aventura que promete ser inolvidable. Después de tantos años pensando en el apocalipsis, ¡por fin había llegado el momento de unirme a la horda!

Litros y litros de sangre en el rodaje de 'Apocalipsis Z: Nuevo mundo'

Apocalipsis Z: Nuevo mundo, secuela de aquella película que arrasó en Prime Video y se convirtió en una de las de habla no inglesa de mayor éxito en todo el mundo, rueda en el Acuartelamiento de Santa Eulàlia, una instalación militar situada en Sant Boi de Llobregat (Barcelona). Tras una breve visita por sus impresionantes instalaciones, un grupo de cinco valientes nos dirigimos a vestuario y maquillaje, dispuestos a dejar atrás nuestra humanidad.

De repente, ahí estoy, en calzoncillos delante de varias personas, buscando el uniforme zombie perfecto. Supongo que la vergüenza, como tantas otras cosas, también se pierde cuando te metes de lleno en el mundo del cine.

Después llega el turno de maquillaje. Nos sentamos frente a los espejos y comienza la transformación, entre tatuajes que recrean venas, y mucha, mucha sangre falsa, con un cuidado por el detalle milimétrico. Hasta las uñas y los dientes reciben su buena dosis de trabajo para conseguir ese aspecto de muerto viviente que tanto había imaginado. Poco a poco, mi reflejo deja de parecerme familiar… y, aunque todavía no tengo ganas de comerme a nadie, la cosa promete.

Las verdaderas ansias de sangre se despiertan con Oscar Valsecchi, entrenador y coreógrafo de todos los zombies que vemos en Apocalipsis Z, quien nos enseña cómo sacar nuestro lado más primario y animal. Andar, alerta y ataque. A través de estos tres estados, el italiano nos enseña a transformarnos en zombies y nos invita a atacarlo directamente para provocar nuestras ansias de sangre y liberar esa agresividad que, por suerte, tenemos bastante más controlada en nuestra vida cotidiana.

Tras este divertido calentamiento, que nos deja listos para atacar a los militares protagonistas de la película, nos dirigimos a un impresionante set de rodaje que ese día reúne hasta a 500 personas entre equipo técnico y extras. ¡Casi nada! Ni en Hollywood hay tanto nivel.

De repente, nos vemos rodeados de especialistas que vuelan por los aires, ruedan por el suelo y dan volteretas mientras nosotros nos acercamos a las cámaras dispuestos a demostrar lo aprendido, soltando nuestros mejores gruñidos durante varias tomas y dejando que nos empapen de sangre una y otra vez. Aquello ya parece una carnicería más que un rodaje. ¡Ni Carrie acabó tan empapada de sangre como nosotros!

Tras realizar varias entrevistas con estas pintas —pido disculpas a todo a aquellos a los que pudiera salpicar con semejante pringue—, llega el momento de volver a la civilización. El proceso desmaquillante dura apenas unos segundos, mientras me cambio la ropa y no puedo evitar echar de menos aquellos pantalones de zombies con los que había estado tan cómodo. Pero, oye, ¿dónde están mis pantalones? ¡Pues nada, otra vez en calzoncillos delante de todo el mundo!

De vuelta a Barcelona, tras pasar todo el día en el set, lo hago con una sonrisa de oreja a oreja, la misma que tendría aquel niño que soñaba con vivir una aventura así y que, muchos años después, ha conseguido cumplir su sueño. Porque, a veces, la magia del cine consiste precisamente en experimentar, aunque sea tan solo por un solo día, aquello que llevas imaginando toda la vida.

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Crítica de 'Apocalipsis Z: Nuevo mundo': más grande, más ambiciosa y con muchos más zombies

Si la primera película sentó las bases de este universo zombie, la segunda se adentra en el terreno del cine bélico, con ecos de Michael Bay y Kathryn Bigelow, para mostrar cómo la sociedad afronta una situación límite mientras trata de instaurar un nuevo orden mundial.

A través de una base de supervivientes en Canarias y una misión de un grupo de militares en la península, Apocalipsis Z: Nuevo mundo amplía su escala con hordas de zombies más numerosas y una mayor complejidad técnica, gracias a sus magistrales efectos prácticos y al uso de múltiples equipos de grabación y drones.

Entre los soldados destaca un recluta novato, interpretado por Carlos Alcaide (El internado: Las cumbres), una de las jóvenes promesas de la interpretación española. El actor protagoniza algunas de las secuencias más tensas, tanto en la base militar como en una plaza de toros abandonada, marco de dos de las escenas más ambiciosas de la película.

Su mirada encarna la inocencia ante el horror, en una película cuyo guion, escrito por Ángel Agudo (Estación Rocafort), se distancia de la segunda novela de la trilogía de Manel Loureiro que adapta para ofrecer una versión más cercana a nuestros días, a través del prisma del covid y las crisis migratorias.

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Crítica de 'Leviticus': un esperanzador relato fantástico y espeluznante contra la homofobia

Entre advertencias bíblicas sobre el infierno y monstruos que adoptan el rostro del deseo, Leviticus sobrecoge al abordar el amor más puro y denunciar la homofobia a través de la historia de Naim y Ryan —interpretados por Joe Bird y Stacey Clausen, cuya química hace saltar chispas—, dos adolescentes que crecen en una comunidad de fanáticos religiosos en la que la homosexualidad se castiga de una forma que va más allá de la exclusión social.

El tono intimista y crudo con el que Leviticus aborda la identidad constituye uno de los grandes aciertos de la obra de Chiarella, que nos invita a replantearnos la forma en que nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás. Para ello, construye un monstruo casi invisible, que adopta el rostro de aquellos a quienes más amamos y del que la mirada inquisitiva de quienes nos juzgan puede llegar a alejarnos.

A ello contribuye también la interpretación de la actriz Mia Wasikowska, conocida por trabajos como Alicia en el país de las maravillas o La cumbre escarlata, que aquí nos ofrece uno de los papeles más maduros y escalofriantes de su trayectoria.

Más allá de sus méritos formales, la película demuestra cómo, con un presupuesto reducido, es posible articular una reflexión sobre las normas sociales que nos condicionan y los prejuicios que las sustentan.

También denuncia la arrogancia de quienes, desde una posición privilegiada, se permiten juzgar a los demás y restringir su libertad. Porque, a veces, el terror no está en el monstruo, sino en las normas que nos impiden vivir.

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