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De cómo mueve la cola a la 'cara de culpa': cómo interpretar los gestos de un perro, según una educadora canina

De cómo mueve la cola a la 'cara de culpa': cómo interpretar los gestos de un perro, según una educadora canina

Nerea Vila, CEO de Mumbie, aclara que traducir los gestos requiere comprender el contexto y observar al animal en su conjunto

“Los mayores son los grandes olvidados”: un adiestrador explica qué valorar antes de adoptar un perro si vivimos con niños

Para comunicarse con los humanos, los perros cuentan con una amplia red de posturas, movimientos y expresiones que es necesario saber interpretar siempre dentro de un contexto para evitar malentendidos. 

“Un gesto suelto casi nunca dice nada. Es como intentar entender una frase leyendo una sola palabra”, compara Nerea Vila, educadora canina y CEO de Mumbie. Para ella, comprender el lenguaje de los perros empieza por examinar al animal desde una visión integral que incluye “la postura, la tensión muscular, la cola, las orejas, la boca, la mirada y el movimiento”, aunque destaca especialmente tres factores que considera esenciales: el contexto, el individuo y su estado general.

“El mismo gesto significa cosas distintas en un parque, en la consulta del veterinario o en casa; además cada perro es distinto, su raza, su morfología, su edad y su historia cambian cómo se expresa. También el dolor, el cansancio o el estrés pueden modificar la forma en que un perro se comporta”, resume la educadora canina, que recomienda “observar sin juzgar y fijarse en cómo cambia el cuerpo del perro de un momento a otro” para entenderlo mejor. 

Del juego al saludo

Gestos tan comunes como un estiramiento pueden dar lugar a error si no se presta una atención detallada, ya que puede tratarse tanto de una forma de desperezarse como de un saludo o de una invitación al juego. 

“Es un estiramiento ‘de verdad’ si ocurre al despertarse o tras un rato quieto, es pausado y el perro no mira a nadie en particular. Si el perro baja el pecho y las patas delanteras mientras mantiene el trasero arriba y lo hace mirando a otro perro o a una persona, es una invitación al juego, en este caso suele ir acompañado de un cuerpo suelto, movimientos exagerados y a menudo un saltito o una carrerita después”, diferencia Vila, que asegura que se puede considerar un saludo “si el estiramiento aparece al reencontrarse con alguien conocido, junto con una actitud relajada y receptiva”.

Hablando de saludos, cuando un perro salta sobre las personas al verlas, la educadora explica que “normalmente es por excitación del momento, junto con que quieren recoger información sobre nuestro estado emocional acercándose a nuestra cara”. “No suele ser dominancia, como se decía antes, es más bien un perro desbordado o que no sabe otra forma de saludar”, aclara y recomienda enseñarle una alternativa “y premiarla de forma consistente, sin castigar el salto”.

Malinterpretar la cola

Ante la tan extendida creencia de que el movimiento de la cola puede traducirse en que el perro está contento, Vila advierte de que no siempre es así. “Depende de la altura, la velocidad y la rigidez. Una cola alta y tensa que se mueve rápido puede indicar excitación o tensión, no felicidad”, afirma la educadora. Del mismo modo, “que se tumbe panza arriba no siempre es una invitación a acariciar, puede ser una señal de apaciguamiento o de inseguridad”, apunta.

La ‘cara del culpa’

“Cuando regañamos a un perro por algo que ha hecho antes, lo que vemos es su reacción a nuestro enfado, que puede ser encogerse, bajar la cabeza o evitar la mirada, pero no remordimiento”, aprovecha para señalar la experta sobre la tendencia a humanizar ciertas expresiones. En esta línea destaca que aunque muchos perros toleran los abrazos, “para muchos resultan incómodos al restringir su libertad de movimiento”.

Bostezos y gruñidos

En contra de lo que a veces intuimos, Vila indica que “bostezar, lamerse el hocico, acercarse dando un rodeo o apartar la mirada no son síntomas de sueño ni desobediencia, suelen ser señales de estrés o de apaciguamiento”.

El gruñido, por su parte, debe leerse como un aviso, traduce la educadora, no como una agresión. “Si lo castigamos por gruñir, el perro aprende a no avisar y a pasar directamente a la mordida”, alerta.

Rehuir otros perros

Evitar a otros animales es su forma de manifestar incomodidad y necesidad de distancia. “Es una forma muy educada de gestionar un conflicto: se evita antes de tener que reaccionar de una manera ‘más escandalosa’”, defiende la educadora, que valora que una reacción de este tipo “puede deberse a miedo, a una mala experiencia previa, a falta de socialización, a inseguridad, o incluso a dolor”.

“Lo más importante es respetarlo, forzarlo suele empeorar las cosas”, afirma Vila, que cree que “un perro que evita con claridad y es escuchado aprende que no tiene que pasar a gruñir o a ladrar para que se respete su espacio”. Por eso, su principal consejo es observar qué hace el perro con el cuerpo y en qué situación se encuentra antes de decidir qué quiere. “Entender a un perro empieza por mirarlo con calma”, resume.

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Ignacio Fernández, cardiólogo: “La cafeína de hasta cuatro cafés al día es beneficiosa para la salud cardiovascular”

Ignacio Fernández, cardiólogo: “La cafeína de hasta cuatro cafés al día es beneficiosa para la salud cardiovascular”

El presidente de la Sociedad Española de Cardiología recomienda el filtrado frente al sin filtrar y el natural frente al torrefacto y asegura que los beneficios del descafeinado son muy similares

El estudio que demuestra que el café, con y sin cafeína, tiene beneficios para la microbiota y salud cognitiva

Después de décadas arrastrando una reputación dudosa, el café ha conseguido darle la vuelta a su mala fama gracias a la evidencia científica a su favor, que cada vez es mayor. Uno de los últimos estudios de la American Heart Association concluye que el consumo moderado de café podría asociarse con un menor riesgo de algunos problemas cardiovasculares.

“Lo publicado por la AHA es un documento de posicionamiento que analiza los efectos del café basándose en estudios estadounidenses, donde la forma de tomarlo es muy distinta a la nuestra”, explica el doctor Ignacio Fernández Lozano, presidente de la Sociedad Española de Cardiología (SEC). “En Estados Unidos prima el café americano muy diluido y sin filtrar, y se consume de otra manera, allí es habitual el refill o rellenado continuo, lo que propicia un consumo de unas ocho o diez tazas al día fácilmente”, matiza. 

En la traducción al contexto europeo del estudio citado, que sitúa el consumo moderado en los 400 miligramos diarios de cafeína, “este informe se queda incluso corto y resulta restrictivo”, valora el cardiólogo, que sostiene que la bebida sale todavía mejor parada al analizar los datos con el tipo de café consumido en Europa. 

La dosis idónea de café al día

La dosis idónea se sitúa, según el especialista, entre los dos y los cuatro cafés diarios: “Hasta cuatro tazas al día, la cafeína y el resto de componentes del café son claramente beneficiosos para la salud cardiovascular”. La relación, asegura, dibuja una curva en forma de ‘J’ por la que quienes consumen café de forma moderada presentan mejor salud cardiaca que aquellas que no consumen nada, y una vez superadas las seis tazas diarias se comenzaría a perder ese efecto protector. 

“Es verdad que, al tomarlo de forma aguda, la cafeína eleva ligeramente la presión arterial y acelera la frecuencia cardíaca”, detalla el doctor Fernández Lozano. “Sin embargo, en las personas que consumen café de forma crónica, esa respuesta de elevación tensional desaparece por completo al desarrollarse tolerancia”, añade, por lo que cree que uno de los motivos de su tradicional mala fama radica en la confusión entre los efectos inmediatos y la respuesta del organismo a largo plazo.

En cuanto a la preparación más saludable, el cardiólogo recomienda el filtrado frente al sin filtrar y el natural frente al torrefacto. En cuanto al descafeinado, cabe subrayar que conserva la mayor parte de las sustancias protectoras y ofrece beneficios muy similares, ya que se realiza mediante lavados que extraen la cafeína, pero los polifenoles y antioxidantes se mantienen en el grano.

Una de las claves del café es que va más allá de una bebida estimulante, junto a la cafeína, el grano de café alberga una compleja matriz de sustancias bioactivas rica en antioxidantes, polifenoles, ácido clorogénico y vitamina E, compuestos con capacidad antiinflamatoria que mejoran la función vascular y la sensibilidad a la insulina. Por esto, el especialista marca claramente la diferencia al compararlo con las bebidas energéticas, que combinan dosis muy elevadas de cafeína sintética con azúcares y aditivos como la taurina.

“Las bebidas energéticas deben evitarse desde el punto de vista cardiovascular”, destaca Fernández Lozano. “Tienen una concentración de cafeína demasiado elevada y carecen de las sustancias beneficiosas del café, lo que puede provocar arritmias agudas y picos de tensión, especialmente entre los más jóvenes”, apunta. 

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Anatomía de la violencia digital tras el caso Komanche: el clic que separa un comentario del linchamiento en las redes

Anatomía de la violencia digital tras el caso Komanche: el clic que separa un comentario del linchamiento en las redes

Entre el algoritmo que rentabiliza el conflicto, la falta de moderación de las plataformas y la complicidad del espectador: las claves para entender y frenar el acoso en internet

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Cualquier cosa que compartas en internet puede ser utilizada en tu contra. Basta una foto, un comentario desafortunado o incluso un retuit para que las redes sociales se conviertan en el tribunal multitudinario de un juicio sumarísimo donde todo el mundo tiene una opinión que expresar. Miles de pantallas iluminadas a la vez, cientos de notificaciones, decenas de comentarios, reproches, burlas, insultos que se multiplican: así suele recibirse una campaña de ciberacoso, no solo contra personas públicas o con muchos seguidores, también hacia ciudadanos anónimos. 

Quienes más se exponen al ojo público llevan tiempo alertando de una espiral de agresividad digital que parece no dejar de crecer, como también lo hacen sus estragos en la salud mental. Actores internacionales como Tom Holland, Barry Keoghan o Selena Gómez han reconocido públicamente el impacto psicológico sufrido a causa de comentarios recibidos, también influencers como Lola Lolita, Mar Lucas o Carlos Peguer han necesitado distanciarse de las redes en momentos en los que sus notificaciones se volvieron especialmente dañinas. 

Recientemente, la comunidad streamer se ha posicionado firmemente contra estas dinámicas tras la muerte del creador de contenido Komanche que, acusado de abuso sexual, recibió durante meses una violenta campaña de odio de la que alertaron algunos de sus compañeros, como Ibai Llanos. Los estudios confirman además que la peor parte se la llevan las mujeres, que se enfrentan más a determinadas agresiones como la sextorsión, los deepfakes u otros contenidos generados con IA y terminan habitando internet con menor libertad.  

Del comentario al acoso

En el inicio del acoso hay, por definición académica, “una conducta proactiva injustificada, cruel y repetitiva”, señala la profesora Rosario Ortega Ruiz, catedrática de Psicología, miembro de la Academia de Psicología de España y una de las pioneras en la investigación del ciberbullying en nuestro país. Ni cualquier comentario desagradable es acoso, ni la exposición pública justifica el hostigamiento, pero todo empieza con una conducta gratuita que busca deliberadamente hacer daño. 

Los agresores utilizan deliberadamente un lenguaje muy básico, equivalente a un nivel de lectura de educación primaria, con el objetivo de evitar el pensamiento crítico, manipular las emociones y facilitar la difusión masiva

Elias Said-Hung — Catedrático de Ciencias Sociales en la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)

El paso que separa una crítica o una opinión puntual en redes de un linchamiento no suele recorrerse de manera totalmente espontánea. “El principal mecanismo es la falsa espontaneidad. Lo que aparenta ser un estallido de indignación ciudadana suele ser, en realidad, una campaña coordinada por grupos que actúan como nano influencers (cuentas que rondan los 1.000 seguidores)”, explica Elias Said-Hung, catedrático de Ciencias Sociales en la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) e investigador principal del grupo Hatemedia, un observatorio sobre el odio en Internet. 

“Para garantizar que la campaña cale y se viralice, los agresores utilizan deliberadamente un lenguaje muy básico, equivalente a un nivel de lectura de educación primaria, con el objetivo de evitar el pensamiento crítico, manipular las emociones y facilitar la difusión masiva del ataque contra colectivos vulnerables”, apunta el sociólogo.

¿Mal de muchos?

¿Por qué personas que en su vida cotidiana jamás insultarían a un desconocido se unen a linchamientos virtuales? Resulta inevitable en este punto citar “la banalidad del mal” a la que se refirió Hannah Arendt para describir el funcionamiento del nazismo como consecuencia de que personas que en principio no son malvadas ni psicópatas actúen de forma irreflexiva dentro del sistema. 

En el espacio digital convergen, además, tres factores destructivos que facilitan esa “desinhibición online”, según Alia González Jano, psicóloga, formadora y coordinadora del grupo Psicología en el Entorno Online de COP Madrid: “La sensación de anonimato, porque es más fácil atreverse cuando nadie nos ve; la asincronía, porque no recibimos respuestas inmediatas; y la inexistencia de lenguaje no verbal”, básico en la comunicación humana. 

Todos estos ingredientes fulminan la empatía hacia la persona a la que van dirigidos los insultos o comentarios, sin olvidar que las emociones negativas se viralizan con mayor facilidad que las positivas

Alia González Jano — Psicóloga del grupo Psicología en el Entorno Online de COP Madrid

“Todos estos ingredientes fulminan la empatía hacia la persona a la que van dirigidos los insultos o comentarios, sin olvidar que las emociones negativas se viralizan con mayor facilidad que las positivas”, expone la psicóloga.

A esta desconexión empática con frecuencia se suman la deshumanización y la construcción de un enemigo común. Ya sea un creador de contenido, un político o un ciudadano anónimo, el proceso pasa por convertir a la persona en el símbolo de un colectivo entero al que se quiere atacar. 

“Por ejemplo, cuando se ataca a mujeres con cargos públicos, rara vez se debate su gestión, se recurre al insulto sexista sistemático y a la desacreditación intelectual, porque el objetivo no es solo anular a esa mujer en concreto, sino lanzar un mensaje silenciador y ejemplarizante a todas las demás”, argumenta Elias Said-Hung.

El sociólogo defiende también que existe “una falsa percepción de multitud” impulsada por usuarios hiperactivos con gran capacidad de difusión y “cuentas kamikaze, perfiles extremadamente radicalizados que asumen el riesgo de lanzar ataques muy violentos para crear una ilusión de consenso”.

La inmensa mayoría de los ataques se camuflan como odio de ‘baja intensidad’, una violencia simbólica que las plataformas no suelen borrar pero que normaliza el prejuicio en el día a día

Elias Said-Hung — Sociólogo

“La clave de que esta dinámica persista es que la inmensa mayoría de los ataques se camuflan como odio de ‘baja intensidad’, es decir, falta de civismo o insultos cotidianos, una violencia simbólica que las plataformas no suelen borrar, pero que normaliza el prejuicio en el día a día”, asegura Said-Hung.

Dónde cae la responsabilidad 

“Las propias redes sociales cuyo algoritmo no conocemos sesgan el movimiento de la comunicación en la red, es decir, su algoritmo estimula respuestas que hacen que se continúe esa agresión”, afirma la profesora Rosario Ortega Ruiz, que cree que este funcionamiento y su consumo impulsivo favorecen también otros fenómenos como los bulos o el robo de identidad. 

“El algoritmo está pensado para que yo vea algo que me interese porque, por ejemplo, es terrible o es tan mentira que no me pueda reprimir y tenga que contestar y así vaya escalando la espiral de violencia. ¿Esto a quién interesa? A quien diseña el algoritmo”, reflexiona la investigadora. 

Frente a la idea extendida de que internet es un territorio sin ley, Borja Adsuara, abogado especializado en derecho digital, recuerda que el ordenamiento jurídico dispone de herramientas para perseguir el hostigamiento digital, aunque con frecuencia tropiece con cuellos de botella operativos.

Leyes tenemos a patadas, lo que hay que hacer es aplicarlas y para aplicarlas se necesitan medios

Borja Adsuara — Abogado especializado en derecho digital

“Las plataformas están obligadas a actuar con diligencia en cuanto tienen conocimiento efectivo de que hay un contenido o una actividad ilícita, según el Reglamento Europeo de Servicios Digitales”, asegura. También la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) dispone de un canal prioritario para solicitar la retirada urgente de contenidos sexuales o violentos.

“Leyes tenemos a patadas, lo que hay que hacer es aplicarlas y para aplicarlas se necesitan medios. Por ejemplo, el Reglamento Europeo de Servicios Digitales está en vigor desde febrero de 2024, pero en España todavía no se le han dado las competencias a la CNMC, que es la autoridad supervisora de su aplicación”, reivindica el abogado, que insta a denunciar por un lado, la cuenta y el contenido ante la propia red social para que se retire de inmediato; y por otro, en comisaría con un informe pericial para formalizar la denuncia penal.

“Esas cuentas no son tan anónimas como creen, son en realidad pseudónimos, porque el administrador de la plataforma sabe perfectamente quién está detrás de la IP que identifica al dispositivo que se conecta”, subraya Adsuara. “Por lo que pueden perseguirse, identificarse, juzgarse y condenarse”, resume el abogado.

Estamos ante un fenómeno 24/7, en cualquier momento la víctima puede recibir un insulto, una humillación o un mensaje ofensivo a través de redes sociales o servicios de mensajería

Alia González Jano — Psicóloga

Cuando el ciberacoso se desata, las consecuencias psicológicas son demoledoras. “Estamos ante un fenómeno 24/7, 24 horas los siete días de la semana, lo que quiere decir que en cualquier momento la víctima puede recibir un insulto, una humillación o un mensaje ofensivo a través de redes sociales o servicios de mensajería”, destaca Alia González Jano, por lo que la víctima no encuentra refugio ni en su propio hogar, a diferencia del acoso presencial. 

“Las consecuencias suelen ser estados de hipervigilancia, ansiedad generalizada, posibles cuadros de estrés postraumático, depresión e ideas suicidas si el malestar persiste, afecta al funcionamiento cotidiano o aparece desesperanza”, enumera la psicóloga, que recomienda buscar ayuda profesional y valorar con seriedad y urgencia estos síntomas. 

La evidencia clínica confirma que el linchamiento digital actúa como un detonante de enorme violencia psicológica capaz de dinamitar la resistencia emocional de una persona. En el ámbito jurídico, esta dinámica multitudinaria recibe el nombre de “ataque en enjambre” y a esa metáfora recurre Adsuara: “Si una avispa te pica, te escuece; pero si te pican 1.000 avispas a la vez, te matan”. 

Abandonar la complicidad

El artículo 172 ter del Código Penal tipifica el acoso insistente y reiterado en interacciones individuales, pero la Fiscalía General del Estado considera que también puede aplicarse al acoso en enjambre. Además, en casos donde se difunden imágenes o vídeos íntimos sin consentimiento, el experto distingue la conducta delictiva de compartir la imagen sin permiso y la conducta delictiva de quienes ayudan a difundirla añadiendo comentarios vejatorios. Un simple me gusta difícilmente acarrea consecuencias legales, pero compartir o comentar activamente contenido ilícito sí puede generar responsabilidad civil.

“En las formaciones siempre clasifico los contenidos de Internet como los colores de un semáforo. En el color verde estarían aquellos contenidos didácticos y constructivos, en el rojo aquellos contenidos que claramente son violentos o inapropiados y en el ámbar aquellos contenidos que exigen unos segundos de pensamiento crítico, como podría ser un meme o un sticker de un compañero que, aunque pretenda ser gracioso, intenta ridiculizarlo. Estos contenidos no deberíamos compartirlos nunca, debería ser una parte de la cibereducación imprescindible desde la infancia”, defiende González Jano.

Los expertos coinciden en la falta de educación, prevención y ética digital, así como en que interrumpir la espiral del odio pasa abandonar la pasividad y convertirse en upstander o defensor activo. Para la psicóloga, “esto implica no dar like, no comentar, abandonar grupos de mensajería donde se perpetre acoso e intervenir publicando comentarios de apoyo positivo hacia la persona hostigada para romper la sensación de consenso violento”. Cada vez que abrimos una aplicación formamos parte de un ecosistema donde la frontera entre el espectador y el agresor es sumamente delgada. Romper la cadena del odio está en el poder individual, al alcance de un solo clic que decidimos no hacer.

En España, el teléfono de atención a la conducta suicida es la línea 024. Este teléfono es un servicio de alcance nacional, gratuito y confidencial. Tanto el número como el chat en línea están disponibles las 24 horas del día, los 365 días del año.

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Una psicóloga explica cómo afecta tu uso del móvil a la salud emocional de tus hijos: "Cambia el vínculo de apego"

Una psicóloga explica cómo afecta tu uso del móvil a la salud emocional de tus hijos: "Cambia el vínculo de apego"

La especialista en infancia y adolescencia Amaya Prado explica que compartir ciertos momentos diarios libres de pantallas es la mejor inversión para que los adolescentes se sientan escuchados y queridos

Una experta aclara las señales de que tu hijo tiene un problema con el móvil: “El tiempo de uso no es el único indicador”

A pesar de que el tiempo de pantalla de los más jóvenes y su adicción a las redes sociales protagoniza con frecuencia la conversación sobre crianza, no suele hablarse tanto del tiempo que los progenitores dedican a sus teléfonos y su efecto sobre los niños. Más allá de la simple descortesía de mirar el móvil mientras hablan con sus hijos, los expertos advierten de que este tipo de comportamiento, conocido como phubbing parental, afecta al vínculo de apego y tiene repercusiones en la autoestima y el bienestar de los menores.

Un 68% de los progenitores admite atender al teléfono estando con sus hijos y un 46% de los adolescentes asegura que sus padres se distraen con el móvil en medio de sus conversaciones, según recoge un estudio reciente del Centro de Investigación e Innovación de Newport Healthcare (en EEUU) publicado en la revista científica Frontiers in Psychology.

“En la adolescencia parece que los hijos están más con los amigos y que los padres pasan a un segundo lugar, pero no es así: siguen necesitando ser vistos, sentirse queridos y puede que lo pidan de otra manera”, establece la psicóloga Amaya Prado, especialista en infancia, adolescencia y familia.

“Cuando un chico intenta contar algo y recibe un ‘sí, sí...’ por respuesta, pero no se levanta la vista de la pantalla del móvil, la idea que se hace este chico no es que su padre está ocupado y que se lo contará más tarde, sino que lo suyo no importa tanto. Y si esto se repite, se repite y se repite, al final dejan de intentarlo”, explica.

Cómo afecta a la comunicación entre hijos y padres

Esta competición constante por la atención puede derivar en un proceso conocido en psicología del aprendizaje como “la extinción”: al no recibir atención ni refuerzo tras un intento de comunicación, la conducta de buscar al progenitor termina por desaparecer. La desconexión resultante deja huella en la autoestima y en el modelo de apego, según el estudio antes mencionado que vincula el phubbing parental con mayores niveles de ansiedad generalizada y social, síntomas depresivos e inseguridad en el vínculo de apego. “El móvil nos hace estar presentes físicamente, pero ausentes emocionalmente y de una forma bastante impredecible”, apunta Prado. 

Un matiz importante del que alertan tanto desde la investigación como desde la clínica es que el impacto negativo no depende únicamente del tiempo total frente a la pantalla, sino de cuándo tiene lugar ese tiempo. “Si un padre usa mucho el móvil cuando, por ejemplo, sus hijos están en clase, lógicamente afecta menos al vínculo que otro que lo usa poco, pero justo cuando su hijo le está hablando”, aclara la psicóloga. 

“Lo que más daño hace es la interrupción, cortar una conversación, por ejemplo, por una notificación, mirar la pantalla cuando el otro está contando algo importante”, subraya Prado, que destaca que las notificaciones fragmentan momentos cotidianos de enorme valor relacional, como los trayectos en coche, las comidas o el momento antes de irse a dormir, espacios donde habitualmente los adolescentes se muestran más receptivos a abrirse.

Para evitar estos efectos nocivos derivados de la dependencia digital con la que conviven tantos padres, la especialista recuerda que no es necesario un aislamiento tecnológico, sino una gestión consciente, y propone algunas pautas sencillas para una crianza más atenta y disponible:

El móvil boca abajo

Cuando se comparte tiempo con un hijo, Prado recomienda perder de vista la pantalla y centrar el contacto visual en la comunicación con el menor: “Si tu hijo te habla puedes dejar el móvil boca abajo y mirarle, aunque sea durante momentos cortitos”. 

Explicar la situación

Si tenemos una urgencia y resulta imposible atenderle en ese instante, para la psicóloga es crucial explicárselo de manera explícita. “En ese momento se le puede decir claramente, por ejemplo: ‘mira, tengo que enviar un correo electrónico, termino esto y ya me cuentas, ¿vale?’. Esto enseña a gestionar la espera sin transmitir desinterés, ”luego lógicamente hay que cumplir y prestarle toda la atención“, señala Prado.

Decodificar el reproche

Si un hijo se queja de que su padre o madre siempre están con el móvil, la psicóloga recomienda no ponerse a la defensiva sino descifrar el mensaje implícito: “El doble sentido de su reivindicación es ‘te echo de menos’, es una petición de atención en toda regla”. Para ella, lo efectivo sería validarlo emocionalmente con una respuesta como “tienes razón, parece que últimamente estoy bastante con el móvil, entiendo que te moleste”.

Pactos de consenso

Otra de las recomendaciones es establecer acuerdos aplicables a todos los miembros del hogar, como dejar los teléfonos fuera de la mesa durante las comidas o depositar los dispositivos en una cesta a partir de cierta hora. “Tiene que ser algo bidireccional, es decir, que los hijos cumplan pero los adultos también”, advierte la especialista, que recuerda que la conducta de los padres es el modelo principal de aprendizaje de los hijos.

Asumir los fallos

“Reconocer un error delante de nuestro hijo o nuestra hija no nos va a quitar autoridad, nos enseña a responsabilizarnos a cada uno de lo nuestro, que es justo lo que queremos que aprenda”, defiende Prado, por delante de no asumir una equivocación.

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