De la limpieza previa a los remedios más básicos: cómo cocinar sardinas sin que se quede el olor en toda la casa

Del papel de horno al microondas, los remedios para disfrutar de este pescado azul sin que el olor invada nuestra vivienda
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El olor del pescado azul frena a muchos hogares a la hora de cocinar un producto barato y de buen perfil nutricional. Las sardinas son económicas, están deliciosas y se consideran un tesoro nutricional, pero el reconocible olor que se produce al freirlas en casa, por mucho que las disfrutemos, también nos puede hacer dudar incluso en el momento de comprarlas.
El aporte de ácidos grasos poliinsaturados omega-3 de las sardinas, por una ración, “casi cubre el 100% de los objetivos nutricionales recomendados para la ingesta diaria de la población”, apuntan desde la Fundación Española de Nutrición (FEN). Sus proteínas, además, son de alto valor biológico y en cuanto a los minerales, “el fósforo es el oligoelemento mayoritario, una ración de sardinas cubre el 93% de las ingestas diarias recomendadas para hombres y mujeres”. Son también “fuente de selenio, mineral que contribuye al mantenimiento de las uñas y el cabello en condiciones normales”. Y contienen cantidades significativas de vitamina D, “que contribuye a la absorción y utilización normal del calcio y el fósforo”.
Sin embargo, pocas personas se atreven a asarlas en casa por miedo a que el olor se apodere de cada rincón. Ese aroma intenso y algo desagradable es el motivo por el que muchos descartan cocinarlas, y también el origen de una larga lista de remedios para combatirlo. La pregunta es inevitable: ¿existe una forma de disfrutar de este pescado sin que la vivienda huela a él durante días? Los consejos son diversos y no todos cuentan con el mismo respaldo de apoyo.
Empezar por limpiar bien el pescado
La primera recomendación no exige ningún utensilio especial. El mejor truco para que las sardinas huelan poco al cocinarlas es que no tengan ni vísceras ni cabeza, pues son las responsables de su intenso olor. Para conseguirlo, se pueden eviscerar y descabezar en casa o pedir que lo hagan en la pescadería.
Para preparar unas sardinas perfectas a la plancha usando una sartén, el proceso es sencillo pero requiere precisión. El método ideal consiste en verter una sola cucharada de aceite en una sartén antiadherente, distribuyéndola uniformemente por toda la superficie. A continuación, se eleva la temperatura al máximo hasta que el utensilio esté muy caliente; y, en ese instante, se colocan las sardinas y se reduce de inmediato a fuego medio. El éxito de esta receta radica en dos factores críticos: mantener un control riguroso de la temperatura y dosificar el aceite con extrema cautela.
El papel de horno, el truco más repetido
El gesto que más se repite es el uso del papel de horno. La cocinera gaditana Pilu Cuenca, ex concursante de MasterChef y que dedica sus redes a compartir consejos y recetas fáciles de replicar, propone cubrir la sartén con un trozo de papel de horno vegetal y añadir un chorrito de aceite por encima para cocinar con él las sardinas.
“Parece una tontería, pero va a crear una barrera que reduce muchísimo el olor”, asegura. Después, hay que darles la vuelta y dejar que se terminen de cocinar por el otro lado.
Otra variante consiste en envolver las sardinas en una hoja de papel de horno, como si fuera un sobre o un paquetito, y cocinarlas así cerradas, sin que queden al descubierto. Es lo que se conoce como cocinar en papillote. Así la grasa y los jugos no caen directamente sobre la superficie caliente de la sartén, que es lo que genera el humo maloliente.
Es importante saber que no se deben sellar del todo los bordes, ya que se debe dejar una pequeña abertura para que escape el vapor y el pescado se cocine en su punto sin reventar el envoltorio, además de que este necesita ser lo suficientemente grande para que las piezas no se amontonen entre ellas.
Las voces escépticas
No todos comparten el entusiasmo, ya que podemos encontrar autores gastronómicos que consideran que muchos de los trucos que circulan frecuentemente por internet son de dudosa utilidad.
Existen alternativas como el cocinado en microondas. Usándolo, las sardinas quedan tiernas y jugosas, su carne se desprende de la espina sin dificultad, no se mancha más que el plato y desprenden muchos menos olores. Eso sí, no están tan ricas como a la plancha o a la brasa.
Horno, exterior y remedios para el ambiente
El horno es otra opción, ya que colocando una base de hierbas aromáticas en la bandeja y calentándola a 200 grados podemos ver cómo ese fuerte olor del pescado disminuye considerablemente.
Más allá del método que hayas escogido, la ventilación es clave para evitar que el olor a sardinas invada la en casa durante horas. Es muy recomendable encender la campana extractora antes de empezar a cocinar y mantenerla en funcionamiento durante unos minutos después de apagar el fuego. Si tienes ventana en la cocina, es conveniente dejarla abierta para que se renueve el aire. No olvides también limpiar cuanto antes la sartén, los utensilios y las superficies que hayas utilizado y donde puedan quedar restos de grasa.
Y es que, este olor se debe, en parte, a la oxidación de las grasas cuando entran en contacto con el calor. Por lo que siempre lo más sencillo, si disponemos de ello, será prepararlas en el exterior en una barbacoa, evitando así que el olor entre dentro de nuestros hogares.
Un resultado sin fórmula única
Como vemos, no existe un método único y los expertos no coinciden en todo. Unos defienden el papel de horno como barrera frente al olor; otros prefieren el microondas, el horno o cocinar al aire libre; y hay quien recurre a remedios que enmascaran el aroma, como el suavizante. Lo que sí se repite es la necesidad de limpiar bien las piezas de pescado, controlar la temperatura y no abusar del aceite.
Con todo esto, quien quiera comer sardinas en casa dispone de varias opciones para intentar que el olor no invada la vivienda, y puede probarlas hasta dar con la que mejor se adapte a su cocina, a su paladar y a su tolerancia al olor.




