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María Neira, candidata española a dirigir la OMS

María Neira en una imagen de archivo

La doctora María Neira competirá por el cargo de directora general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), junto a otros seis candidatos propuestos por los Estados miembros. España ha presentado oficialmente su candidatura para suceder a Tedros Adhanom Ghebreyesus, cuyo mandato concluye en agosto de 2027.

Neira es una figura con una larga trayectoria en la OMS: dirigió entre 2005 y 2025 el Departamento de Medio Ambiente, Cambio Climático y Salud de la organización. Su perfil combina la salud pública internacional, la prevención primaria y la respuesta a los riesgos sanitarios vinculados al cambio climático.

Antes de su etapa en Ginebra, fue vice ministra de Salud de España y dirigió la Agencia Española de Seguridad Alimentaria. También inició su trabajo humanitario con Médicos Sin Fronteras en campamentos de refugiados en América Central.

Los siete aspirantes

Los candidatos propuestos son Hanan Mohammed Al-Kuwari, propuesta por Catar, Hanan Balkhy, propuesta por Arabia Saudí, Hans Henri P. Kluge, propuesto por Bélgica, María P. Neira, propuesta por España, Budi Gunadi Sadikin, propuesto por Indonesia, Li Song, propuesta por China, Gevorg Tamamyan, propuesto por Botsuana.

El proceso comenzará con un primer foro de candidatos los días 18 y 19 de noviembre de 2026 en la sede de la OMS en Ginebra, donde los aspirantes se reunirán con los Estados miembros y miembros asociados. El encuentro se retransmitirá en directo en la web de la OMS en todas las lenguas oficiales.

A principios de 2027, el Consejo Ejecutivo reducirá la lista a cinco candidatos, los entrevistará y propondrá un máximo de tres para la consideración final de la Asamblea Mundial de la Salud. Un segundo foro con los candidatos seleccionados tendrá lugar el 15 de marzo de 2027. La 80.ª Asamblea Mundial de la Salud nombrará al nuevo director general en mayo de 2027. La persona elegida asumirá el cargo el 16 de agosto de 2027.

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El tortuoso limbo de espera y desinformación que atraviesan los familiares de los desaparecidos en Urda

Los familiares de las personas desaparecidas tras el accidente ferroviario de Urda viven la travesía de un vacío informativo que aumenta su agonía según transcurren las horas de espera, mientras las autoridades cotejan denuncias, listas de pasajeros y pruebas de ADN. Han pasado más de 24 horas y los familiares se mueven para dar con respuestas, que seguramente llegarán por una llamada telefónica de la Guardia Civil.

El día del accidente los familiares pasaron de los puntos de información a las dependencias policiales para dar muestras de ADN y ahora sólo pueden esperar. En el punto de atención habilitado en Atocha se dejan caer algunos familiares, muy pocos, un día después.

“Buscan información, porque no tienen; es lo que les falta”, explica Andrés Horcajo, persona de contacto para asistencias, familiares y víctimas del punto de información de Atocha. Desde la apertura del centro de atención, los equipos han atendido a 157 familiares, aunque la información disponible sigue siendo escasa y, en muchos casos, se reduce a esperar. “Si hay información se les da, pero desgraciadamente la información que tenemos suele ser poca”, asegura. El único mensaje que pueden dar es el de estar a la espera.

La confirmación de un fallecimiento no se comunica en esos espacios, sino que corresponde a la Guardia Civil, previa autorización judicial y una vez realizadas las verificaciones de ADN. Mientras tanto, los familiares permanecen atrapados entre listados de desaparecidos y denuncias que aún deben concordarse.

Buscar, moverse, agarrarse a una esperanza

Muchos familiares han recorrido Urda, Toledo y Madrid en busca de cualquier dato. Algunos acudieron primero a los pabellones habilitados y después se desplazaron a la comandancia de la Guardia Civil en Toledo, donde se centraliza parte de la información.

accidente ferroviario de Urda, describe esa movilidad como una reacción comprensible: “Es una búsqueda de respuestas… la sensación de estar haciendo algo también forma parte de este proceso”. Tras horas sentados, revisando noticias y esperando, moverse les permite sentirse útiles o creer que se acercan a una respuesta.

La incertidumbre es el denominador común, pero cada familia procesa la situación de manera distinta. “Hay familias que lo viven con más incertidumbre, algunas están muy unidas y se basan en eso, en esa unidad que tienen de apoyo. Es verdad que la inquietud y la incertidumbre es algo que se repite entre la mayoría, pero luego cada familia y cada situación son un mundo”, asegura. 

Los equipos detectan tristeza y dolor intensos, junto con sentimientos de culpa, miedo y enfado que pueden aparecer de forma desigual. Los psicólogos insisten en que no existe un duelo lineal ni una única reacción “correcta”. Su trabajo consiste en validar lo que sienten las familias, prepararlas para lo que pueda suceder y recordarles la importancia de mantenerse unidas, descansar cuando puedan y no quedarse aisladas.

Algunos familiares que acudieron a los centros de atención recibieron el consejo de volver a casa a descansar, pero muchos continuaron llamando durante la noche para preguntar si había novedades. Otros decidieron permanecer cerca de los puntos de información, incapaces de resignarse a esperar en casa una llamada.

Esa vigilia prolongada agrava el agotamiento físico y emocional. Los equipos de atención intentan recordarles que cuidarse también forma parte de la espera: comer, descansar aunque sea brevemente y apoyarse en otros familiares puede ayudarles a afrontar las horas siguientes, aunque ninguna recomendación elimine la angustia de no saber.

Para muchas familias, cada hora sin noticias mantiene abiertas dos posibilidades contradictorias: la de encontrar a su ser querido con vida y la de recibir una confirmación definitiva de su muerte. Esa oscilación constante entre esperanza y temor convierte la espera en un sufrimiento propio, distinto del duelo, porque impide empezar a elaborar la pérdida.

Los profesionales evitan dar falsas expectativas, pero tampoco cierran la puerta a la posibilidad de que aparezcan más datos. Su objetivo es preparar a los familiares para cualquier escenario, sin decidir por ellos cómo deben sentirse ni cuándo deben asumir lo que todavía no han podido confirmar.

Un apoyo que debe continuar

La atención inicial en los pabellones y centros habilitados es solo el comienzo. Cuando pase la emergencia y los equipos de primera intervención se retiren, muchas familias seguirán necesitando acompañamiento para procesar lo ocurrido, especialmente si la espera se prolonga o si termina en una pérdida confirmada.

Cruz Roja ofrece recursos gratuitos de apoyo posterior, como “Cruz Roja te acompaña” y “Cruz Roja te escucha”, pensados para quienes necesiten continuidad psicológica.

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La solidaridad no falla: del consuelo del cura de Consuegra al café de unos raveros de Urda

Dos personas se abrazan en la zona cero del accidente de Urda.

En la vía del tren que une Madrid con Andalucía, entre los coches destrozados, volvieron a sonar los móviles de los pasajeros sin que nadie contestara. Una sintonía tétrica que conocemos desde que sonó en Atocha y Santa Eugenia en 2004 y que de nuevo se escuchó en Adamuz, hace apenas nueve meses, y que nadie pensó que volveríamos a escuchar tan pronto como sonó ayer en Toledo. Mientras a quienes llamaban no podían contestar, aparecieron, como siempre, los que nadie llama. Vecinos de Urda, de Consuegra y de Yébenes escucharon la noticia y fueron a ayudar. 

La zona cero del accidente ferroviario de Urda fue ayer una sopa de letras de entidades sanitarias y de emergencias de la muñeca rusa institucional española. Policías locales de las localidades cercanas, 455 guardias civiles, 200 militares de la UME, 102 efectivos de protección civil y bomberos, sanitarios y funerarios de varias comunidades autónomas. Estaban todos los que tenían que estar. La carretera de Toledo 3360 que une la N-401 con el centro de mando junto a los trenes siniestrados fue, durante todo el día, un trasiego de ambulancias, furgones funerarios, cuerpos policiales, soldados y bomberos. Pero para los demás estaba cortada, los periodistas acudían andando y los familiares eran redirigidos al punto de información de Urda.

Los que no eran ni una cosa ni otra eran voluntarios como Jonathan Arroyo, un comerciante de 40 años que en cuanto se enteró de la colisión organizó un punto de encuentro en Yébenes y empezaron a llevar comida y bebida hasta el lugar de la zona cero. Le encontramos, junto con otros voluntarios, cargando bolsas por la carretera cortada hasta el puesto de mando. Son unos 400 metros, lleva toda la mañana haciendo viajes desde su pueblo. “Hemos descargado unos 200 kilos de cosas que nos ha dado la gente del pueblo”, explica. Las botellas de agua se acumulan en los distintos puntos de acceso al lugar del siniestro. A cada lado de la vía hay unidades de rescate recuperando heridos y cuerpos. Un grupo de voluntarios les ofrece agua. Eloy es conductor, pero desde que llegó está apostado en una esquina ofreciendo bebidas a sanitarios, guardias civiles o a quien se lo pida. 

Por su puesto solidario se para el párroco de Consuegra, José Manuel Consuegra; sale exhausto de atender a los heridos y darles consuelo mientras sacaban los cadáveres del tren. “He tenido momentos de oración para los difuntos de un lado y otro de la vía y he estado hablando con los heridos que podían hablar. 'Rece por nosotros, rece por esta tragedia', me decían”. En este episodio que el párroco tardará en olvidar ha podido dar el consuelo del sacramento de extremaunción. A la zona cero del accidente se acercó también el arzobispo de Toledo, Francisco Cerro. “Es una situación dramática, de mucho sufrimiento, de mucho dolor en el que lo que pretende la Iglesia es sólo cercanía a las personas que sufren”, nos explicó el arzobispo.

Urda, un pueblo solidario

Los vecinos de Urda, por su cercanía, fueron los primeros en llegar al siniestro. Allí asistieron a heridos y empezaron a trasladar a los más leves al pueblo. El polideportivo de la localidad quedó a disposición de los heridos leves, los graves fueron derivados a centros médicos, mientras que se habilitaba el colegio del pueblo para los familiares. Hasta allí se desplazó la solidaridad de los vecinos. José Luis, un restaurador del pueblo, se activó tan pronto supo de la situación y se puso manos a la obra para hacer un gran caldo para los afectados en el polideportivo de Urda.

Del pabellón deportivo sale Tanvi Binir, un joven de 22 años que viajaba en el Iryo con su padre, cada uno en vagones diferentes. Está bien físicamente, sin heridas; dice que su padre también. Pero ha visto cosas que no termina de procesar tras el impacto del AVE con su tren. “Hablé con un herido que tenía el pie roto por el talón, se le veía el hueso; otro pasajero herido pedía que por favor buscaran a su pareja... Fue difícil, he visto cosas que no había visto nunca”, asegura. Todavía está asimilando lo vivido.

Café solidario en Urda.
Café solidario en Urda. | I. Cánovas

Por ese motivo están allí las emergencias psicosociales: recibieron la alerta del 112 de Toledo a los cinco minutos del accidente y a las 10 de la mañana ya estaban desplegados. “Cada persona encaja lo vivido de una manera distinta”, explica Carmen García, de este servicio de Cruz Roja. “Hay personas asustadas, hay personas tristes y personas muy enfadadas. Había una chica que viajaba también en el tren de Adamuz y estaba totalmente noqueada, pero dice que no puede dejar de coger trenes. Los necesita por trabajo”, explica.

Las necesidades de cuantos han pasado por esa situación necesitan ser abordadas de manera individual, asegura la psicóloga. Para soluciones universales estaban Víctor, de 38 años, y Laura, de 24; tienen desplegado desde la mañana su “chiringuito de festivales” con su flamante máquina de café de bar alimentada con una bombona de butano. Un cartel impreso y pegado a la pared con la palabra “café” y mucha voluntad de ayudar; no necesita más esta pareja de raveros -habituales de las convocatorias de free partys (o raves ilegales)- para aportar su granito de arena. De café, en su caso.

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Pandemia climática, siete de cada diez muertes por calor se deben al calentamiento global

Una mujer pasea por Madrid Río, en Madrid, en plena ola de calor de julio de 2026.

Entre 2016 y 2023, el calor se relacionó con una media de 540.800 muertes al año en todo el mundo, casi un 36% más que durante el periodo 2006-2015, según el informe de 2026 de Lancet Countdown sobre salud y cambio climático. El estudio estima que el calentamiento provocado por las actividades humanas fue responsable del 68% de esos fallecimientos: unas 369.900 muertes anuales y casi tres millones en el conjunto de los ocho años analizados. Esto es, sin cambio climático hubieran muerto casi tres millones menos de personas.

El balance más grave corresponde a 2023, el año más caluroso del periodo estudiado, cuando las altas temperaturas se relacionaron con unas 710.000 muertes, más que las causadas por la malaria o el VIH, según el informe. De ellas, el 71,5% se atribuye al cambio climático.

"Las pruebas son innegables: el cambio climático es una de las mayores amenazas para la salud a las que se enfrenta la humanidad", afirma el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus. Sus efectos, advierte, ya se manifiestan en "un mayor estrés térmico, fenómenos meteorológicos extremos, inseguridad alimentaria y enfermedades". 

El décimo informe anual de Lancet Countdown, dirigido por el University College de Londres y elaborado en colaboración con la OMS, reúne el trabajo de 146 investigadores de más de un centenar de instituciones de más de 30 países. A través de 54 indicadores, sus autores concluyen que muchos de los riesgos y daños para la salud asociados al cambio climático crecieron más deprisa en la década 2016-2025 que en la anterior.

"Una década después del Acuerdo de París, nuestros resultados son inequívocos: los daños del cambio climático para la salud están creciendo más rápido que la respuesta mundial y, en muchos casos, incluso se están acelerando", señala Marina Romanello, directora ejecutiva de Lancet Countdown. Por ello, los autores reclaman que el cambio climático sea reconocido formalmente como una emergencia sanitaria mundial y que la protección de la salud oriente las decisiones sobre emisiones, adaptación y financiación. 

Un impacto desigual 

Las consecuencias no se distribuyen de manera uniforme. Alan Dangour, director de Clima y Salud de Wellcome, advierte de que los daños recaen con mayor intensidad sobre "los niños, las embarazadas, las personas mayores, quienes trabajan al aire libre y las personas con problemas de salud previos". A su juicio, la escalada de estos impactos constituye "el mayor desafío sanitario de nuestro tiempo". 

El calor también limita la capacidad para trabajar y agrava las desigualdades económicas. En 2025, la pérdida de ingresos potenciales asociada a esa reducción de la capacidad laboral se estimó en 1,07 billones de dólares, equivalentes al 0,91% de la producción económica mundial. Fue el tercer año consecutivo en el que esta factura superó el billón de dólares. La agricultura y la construcción concentraron, respectivamente, el 38% y el 29% de las pérdidas. 

El 51,8% de la superficie terrestre mundial sufrió sequías extremas durante al menos un mes

El sudeste asiático y África fueron las regiones más afectadas, con pérdidas equivalentes al 3,9% y al 3,2% de su PIB, frente al 0,2% de Europa. En África, la agricultura acumuló el 71% de los ingresos potenciales perdidos por el calor, lo que ilustra la vulnerabilidad de las economías con una fuerte dependencia del trabajo físico al aire libre. 

A estos impactos se suman otros riesgos climáticos. En 2025, el 51,8% de la superficie terrestre mundial sufrió sequías extremas durante al menos un mes, el segundo valor más alto registrado, después del de 2023. Las precipitaciones extremas también afectaron a una mayor extensión del planeta durante la última década, con el consiguiente aumento del riesgo de inundaciones, deslizamientos de tierra y enfermedades transmitidas por el agua. 

"Desde olas de calor e inundaciones mortales hasta inseguridad alimentaria, contaminación y más enfermedades, los impactos climáticos ya están golpeando la salud humana a gran escala y sometiendo a una enorme presión a los sistemas sanitarios y sus trabajadores", sostiene Simon Stiell, secretario ejecutivo de ONU Cambio Climático, en las declaraciones de apoyo al informe. 

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