Jorge Oliva, el segoviano que busca proclamarse triunfador de la Liga Nacional de Novilladas
Con el corazón todavía consternado por la tragedia ferroviaria, Jorge Oliva nos recibe en una jornada de entrenamiento, a las puertas de uno de los compromisos más importantes de su todavía corta trayectoria. El próximo 1 de noviembre, la plaza de toros de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) será el escenario de la gran final de la Liga Nacional de Novilladas. Allí estará el segoviano, como representante de Castilla y León, después de haberse proclamado triunfador del Circuito de Novilladas de la comunidad.
Frente a él, los novillos de Fuente Ymbro y otros cuatro jóvenes que también han conquistado sus respectivos certámenes territoriales: Sergio Rollón, por Madrid; Marco Polope, por Valencia; Manuel Quintana, por Andalucía, y Pepe Martínez, por Extremadura.
Oliva afronta la cita con ilusión, aunque no esconde que le habría gustado llegar con más festejos a sus espaldas. El rodaje es siempre un aliado imprescindible para quien está empezando a hacerse un sitio en el escalafón, y más cuando la responsabilidad adquiere semejante dimensión. Pero las oportunidades no siempre llegan cuando uno las desea y hay que saber aprovecharlas cuando aparecen.
La temporada que ahora toca a su fin ha supuesto un auténtico punto de inflexión. Ha sido el año de su debut con picadores y el de su consagración como triunfador del Circuito de Castilla y León. «Ha sido el año de más importancia y una temporada muy bonita», reconoce. El circuito ha representado la posibilidad de dar un paso adelante en su carrera. «Si no hubiera sido por el circuito, no hubiera debutado con caballos», admite.
Habla y repite una palabra: sentimiento. Oliva no quiere limitarse a cumplir, ni convertirse en un novillero más dentro de una generación que pelea por hacerse visible. «Estoy demostrando que quiero ser torero y me gusta expresar mis sentimientos toreando». No sabe si debe ganar la final, tampoco parece obsesionarle el resultado por encima de todo. Su propósito es dejar una buena imagen «y que el público vea que mi toreo es por sentimiento y no hacer por hacer». Es una aspiración ambiciosa en una tarde de máxima competencia, donde el segoviano quiere defender una personalidad propia.
Oliva esperaba que los triunfos y las actuaciones de este año tuvieran una mayor repercusión en forma de contratos. «Pensé que este tipo de actuaciones me iban a dar más alcance para conseguir festejos. Ojalá me abra puertas», confiesa. Hay incertidumbre en sus palabras, la propia de quien sabe que en el toreo hay que encontrar a alguien dispuesto a apostar por uno.
La agenda de 2027 está todavía en blanco. «Me gustaría dar una imagen diferente a los demás y que el año que viene quieran seguir viéndome». El título nacional sería un espaldarazo importante, pero también lo sería dejar en la memoria de los aficionados una faena que justifique nuevas oportunidades.
En el día a día cuenta con Emilio de Frutos, matador de toros, que se ha convertido en una figura fundamental en su formación. Oliva distingue perfectamente su papel: no es su apoderado, sino algo que considera incluso más importante en esta etapa de aprendizaje. «Me ha dado todo hasta ahora como persona y como torero. Apuesta por mí. No es mi apoderado, es mi profesor, mi maestro».
Segovia y Castilla y León han sido el punto de partida de una temporada que le ha permitido asomarse a un horizonte más amplio. Ahora quiere que ese reconocimiento no se quede dentro de las fronteras autonómicas. «Me gustaría hacer patria más allá de Segovia». Y qué mejor escaparate que una final nacional para defender el nombre de una región que tantas veces ha tenido que reivindicar su afición y su tradición taurina.
Jorge Oliva ya ha conseguido ser embajador de su tierra, independientemente del resultado.


© Fotos cedidas por Jorge Oliva


© Fotos cedidas por Jorge Oliva