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Petróleo cai com movimento para possível acordo entre EUA e Irã

O petróleo fechou em queda nesta segunda-feira (26) enquanto países aliados tentam costurar um acordo entre os Estados Unidos e o Irã, após a forte alta da commodity na semana passada.

A baixa, entretanto, foi parcialmente contida pela cautela, que persiste diante das incertezas sobre a região e por investidores que aguardam a decisão de juros do Fed (Federal Reserve) na quarta-feira.

Negociado na ICE (Intercontinental Exchange de Londres), o petróleo Brent para janeiro fechou em queda de 0,86% (US$ 0,96), a US$ 110,74 o barril. O petróleo WTI para dezembro recuou 1,46% (US$ 1,51), a US$ 101,76 o barril, na Nymex.

Delegações de alto nível da Arábia Saudita, do Paquistão e da Turquia estiveram nesta segunda em Teerã, capital do Irã, para reuniões com autoridades iranianas, em uma tentativa de evitar a retomada dos confrontos entre o país persa e os EUA, informou o Ministério das Relações Exteriores iraniano.

Em paralelo, uma coalizão liderada pelos sauditas afirmou que interceptou um míssil balístico lançado pelos houthis, apoiados pelo Irã, em direção a Riad.

“Guerra ou não guerra, e o mercado ainda não resolveu para qual lado vai”, diz Aaron Kildow, da Sparta Commodities.

Ele aponta que, embora os fluxos mais fortes pelo Estreito de Ormuz estejam ajudando a manter sob controle os diferenciais regionais, é duvidoso que os compradores asiáticos estejam colocando cargas em armazenamento, especialmente nesses níveis de preços elevados.

O Goldman Sachs estima que o valor justo subjacente do Brent seja em torno de US$ 85 por barril, embora novos ataques a embarcações ou à infraestrutura de energia possam manter os preços elevados.

Traders de energia também se mantêm atentos à agenda eleitoral em Israel. Circulam relatos de que o primeiro-ministro, Benjamin Netanyahu, pode ter se desentendido com as Forças Armadas israelenses sobre a possibilidade de iniciar uma escalada com o Irã imediatamente antes do pleito.

Petróleo ainda é termômetro da economia? Entenda influência

*Com informações da Dow Jones Newswires.

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Simon Sebag Montefiore: "Es curioso que Israel tenga mejores relaciones con muchos países árabes que con Gran Bretaña o España"

El escritor e historiador Simon Sebag Montefiore

Después de adentrarse en la corte zarista rusa, la compleja biografía de Josef Stalin o los entresijos de Jerusalén, Simon Sebag Montefiore se atreve ahora con la historia moderna de Oriente Medio. Desde 1900 hasta la actualidad, el escritor e historiador británico ha elegido narrar un siglo de acontecimientos en la región en uno de los momentos más decisivos de su historia. Una tarea "intimidante", según él mismo admite.

"Algunas personas me han dicho que estaba loco por intentar algo así", confiesa durante una entrevista con El Independiente. El complejo trabajo que tenía por delante no le disuadió de emprender una tarea que consideraba "necesaria", porque existe "muy poco conocimiento" sobre una de las regiones más determinantes en la geopolítica mundial. Este trabajo faraónico ha quedado plasmado en El hervidero (Editorial Crítica), una guía imprescindible para comprender la formación del Oriente Próximo moderno en el último siglo.

Sebag Montefiore (Reino Unido, 1965) inició su andadura en la actualidad internacional como corresponsal en la frontera Este europea, cubriendo los últimos estertores de la Unión Soviética. Su carrera como analista internacional le ha llevado por muchos frentes. Nacido en una familia de ascendencia judía, el pasado septiembre firmó una carta junto a otras miles de personas en la que negaba que Israel hubiese cometido un genocidio en Gaza.

Ahora, se dispone a contar una historia de Oriente Medio "para los habitantes de Oriente Medio". Lejos de "mentiras", "mitos" e "ideologías", como él mismo asegura. Para hacerlo, ha decidido comenzar por la llegada al poder de la dinastía Saud. "Quise empezar con un líder árabe independiente de las potencias imperiales", detalla. Y, precisamente ahora, el foco caliente del conflicto está en ese país del Golfo.

Pregunta.- El epicentro del actual conflicto en Oriente Medio se encuentra ahora mismo en Arabia Saudí. ¿Si los rebeldes hutíes de Yemen se impusieran a Riad marcaría el comienzo de una nueva era?

Repuesta.- Podría ser. Es un momento muy peligroso. A los hutíes no se les puede derrotar como a los ejércitos convencionales. Sus líderes están en cuevas en el norte de Yemen, pero se les puede expulsar del sur del país y de la capital. Y eso tiene que ocurrir. Pero esta es una prueba enorme para las potencias árabes, en particular para Arabia Saudí. Y tienen que prevalecer.

El régimen iraní está construido para librar guerras y para la resistencia; la verdadera presión será la económica

P.- Su libro termina con el comienzo de la guerra actual en Irán. Pero a lo largo de estos últimos meses hemos visto que las circunstancias han cambiado muchísimo. En una semana podemos tener un escenario totalmente diferente. ¿Cómo sería el final de El hervidero dentro de un año?

R.- El libro termina el 28 de febrero, al comienzo de la guerra de Irán, porque sabía que el conflicto se prolongaría durante mucho tiempo e involucraría a muchos más actores en la región. Incluso si empezara a escribir ahora, lo terminaría ahí. Porque de lo contrario, uno estaría escribiendo a cada minuto y se volvería loco actualizando el libro. Pero fuera del libro, la situación ahora es sumamente complicada. Y quedan muchas rondas de juego por delante.

P.- ¿Cómo ha prevalecido Irán en esta guerra? Al principio se vio como un desastre masivo para la República Islámica, con su liderazgo desaparecido, pero han logrado resistir y mantenerle el pulso a Estados Unidos.

R.- Irán es un país enorme de 90 millones de habitantes; su liderazgo es muy experimentado y profundo. No era un régimen de un solo hombre, así que matar al líder supremo –el ayatolá Alí Jamenei– no lo inhabilitó como algunos esperaban. Es más probable que el régimen caiga si el brutal bloqueo económico de EE.UU. funciona.

Por lo tanto, creo que no es que el régimen se haya recuperado, sino que está construido para librar guerras y para la resistencia. La verdadera presión será la económica. Mientras que EE.UU. impida que Irán venda su único producto, el petróleo, el régimen se irá desintegrando gradualmente.

España se ha vuelto irrelevante en Oriente Medio, aunque Gran Bretaña y Francia también corren el mismo riesgo

P.- Creo que todos estamos de acuerdo en que hubo un error de cálculo por parte de la Casa Blanca al comienzo de la guerra. ¿Qué cree que las potencias occidentales no entienden sobre Irán o sobre Oriente Medio como región?

R.- La administración Trump no entendió lo suficiente la profundidad del régimen en Irán. Pero tampoco la mayoría de las potencias occidentales, como España, Francia o Inglaterra. Los gobiernos están inmersos en una conversación con sus propios movimientos activistas decoloniales dentro de sus partidos políticos, especialmente en la izquierda, como por ejemplo en el Partido Laborista en Inglaterra. Y aquí, el Gobierno de Pedro Sánchez, por supuesto. Y en Francia, lo mismo.

Esas conversaciones son irrelevantes para lo que está sucediendo en Oriente Medio. De hecho, mientras los gobiernos occidentales intentan aplacar a los activistas de izquierdas dentro de sus fronteras, están haciendo que sus países sean cada vez más irrelevantes en Oriente Medio.

P.- Precisamente España, a lo largo del siglo XX, tuvo muy poca influencia en las decisiones relativas a la región, al menos en la superficie. Y parece que se ha convertido en un interlocutor más significativo. ¿A qué cree que se debe esto?

R.- No creo que se haya vuelto más relevante. En realidad, considero que es cada vez menos relevante. España tuvo muy pocos tratos con Oriente Medio en el siglo XX, aunque hubo mucha relación con Marruecos. Y esa relación sigue siendo extremadamente relevante en este momento. Pero en términos de Israel y Oriente Medio, y también de EE.UU. y la OTAN, el Gobierno de Sánchez se ha vuelto menos relevante por razones internas.

Es mucho más fácil promover la moralidad propia desde una perspectiva simplista cuando no hay consecuencias ni obligaciones de ningún tipo por ello. Pero España se ha vuelto irrelevante en Oriente Medio, aunque Gran Bretaña y Francia también corren el mismo riesgo.

P.- ¿Cree entonces que la postura del actual Gobierno español tiene más que ver con el discurso que con la acción real?

R.- Totalmente. Tiene que ver con el discurso al 100%. Y por eso es popular. Permite la satisfacción de la moralidad sin obligación y sin costes.

Los norteamericanos siempre serán la potencia militar más eficaz en la región; si ellos quieren serlo

P.- Al final de su libro, sugiere que la guerra actual podría conducir a una reconfiguración explosiva de la región. Parece que ya lo estamos presenciando, ¿no cree?

R.- Sí, lo creo.

P.- ¿Y qué tipo de alineación de bloques surgirá tras esta guerra?

R.- No creo que la situación sea como antes de la Primera Guerra Mundial, donde los bloques se consolidaron. Creo que ahora los bloques serán muy flexibles y cambiantes, y se solaparán.

Para empezar, siempre va a haber una presencia de seguridad estadounidense en Oriente Medio. Los norteamericanos siempre serán la potencia militar más eficaz en la región; si ellos quieren serlo. Pero luego van a existir diferentes alineaciones, como Turquía, Pakistán y Arabia Saudí. También de los saudíes con Egipto, entre Israel y Emiratos Árabes Unidos... Todos estos países persiguen sus propios intereses, pero todos ellos tienen fallos y sus propias debilidades. Así que, hasta dónde llegarán realmente para librar guerras y utilizar sus poderes militares, es cuestionable.

P.- Una de las alianzas más interesantes es la que existe entre Israel y Emiratos Árabes. Y una que mucha gente desconoce.

R.- Así es. Es muy curioso que Israel tenga ahora mejores relaciones con muchos países árabes que con Gran Bretaña o España.

Las elecciones podrían hacer que Israel negocie una nueva presencia en Oriente Medio, y nuevas relaciones con Estados Unidos y los países occidentales

P.- ¿Hasta qué punto cree que las próximas elecciones en Israel podrían moldear el futuro de la región?

R.- Podrían remodelarlo drásticamente. Es un momento de gran oportunidad para integrar más a Israel en Oriente Medio. Prácticamente todas las principales potencias árabes tienen relaciones con Israel, en secreto o públicamente. Y todas ellas aceptan la existencia y el poder de Israel, con todos sus fallos... Que son muchos.

Las elecciones podrían hacer que Israel negocie una nueva presencia en Oriente Medio, y nuevas relaciones con Estados Unidos y los países occidentales. Pero, de igual modo, las elecciones podrían no cambiar nada y Benjamín Netanyahu podría formar otro gobierno. Pero, si entrara un nuevo gobierno, un equipo completamente nuevo, hay enormes oportunidades para Israel.

P.- El conflicto árabe-israelí está presente en todo el libro. ¿Cree que la guerra en Gaza, tras el 7 de octubre y la respuesta israelí, fue un antes y un después en este conflicto?

R.- El 7 de octubre fue un verdadero punto de inflexión y un momento muy decisivo. En muchísimos sentidos fue enormemente significativo e importante, y ha llevado a la guerra que estamos viendo ahora. Por eso llamo a los conflictos actuales "las guerras del 7 de octubre", porque todas proceden de ese momento. Así que, sí, es extremadamente importante.

P.- Y la respuesta israelí al ataque... ¿Cree que también fue un punto de inflexión para la opinión pública en el resto del mundo sobre Israel?

R.- La guerra en Gaza fue un conflicto extremadamente complejo y feroz. Pero también fue un desastre en la guerra de la información para Israel, que no hizo esfuerzo alguno por explicar y mostrar lo que estaba haciendo. Y es solo ahora, meses después, cuando muchas de las acciones israelíes han sido explicadas por Hamás y otras organizaciones terroristas al revelar en sus anuncios de fallecimientos que muchas de las personas muertas eran, en efecto, combatientes de Hamás.

Creo que EE.UU. mantendrá una presencia en Oriente Medio, pero no como el actor hegemónico que era tradicionalmente

P.- En el libro y en Oriente Medio, el papel de las potencias extranjeras es vital. Durante años EE.UU. actuó como el principal mediador, pero esto parece estar cambiando, especialmente tras la respuesta de Washington en la guerra de Irán, cuando abandonó a sus aliados en la región. ¿Cree que algún otro actor podrá ocupar su lugar si deciden que ya no quieren tener este papel?

R.- EE.UU. ha demostrado ser, como de costumbre, muy inconsistente y poco fiable. De hecho, dos cuestiones son a la vez ciertas. Todas las potencias están muy decepcionadas con los norteamericanos y no confían en ellos. Pero, del mismo modo, todas quieren que se mantenga la presencia de Washington en la región, hasta cierto punto. Así que creo que EE.UU. mantendrá una presencia allí, pero no como el actor hegemónico que era tradicionalmente.

Y sí, hay oportunidades para China, pero Rusia está fuera del juego, ocupada en Ucrania. Por eso, no creo que ninguna de esas potencias vaya a reemplazar directamente a EE.UU. ahora mismo.

P.- China quiere un papel menos significativo del que han tenido los estadounidenses...

R.- Están usando un plan diferente. Tienen un interés distinto. Prefieren ejercer su poder mediante la construcción de conexiones a través de la infraestructura y del comercio. Y no están dispuestos a luchar en Oriente Medio. Acaban de construir su nueva marina, no creo que quieran perderla tan pronto.

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La guerra en Oriente Medio, ¿la oportunidad para un nuevo esquema de alianzas en la región?

Un grupo de hombres porta dagas tradicionales en Sanaa, la capital de Yemen, controlada por los hutíes

Cuando Donald Trump desató su furia sobre Irán a finales de febrero, el resto del planeta se echó a temblar. No era para menos. Casi ocho meses después, el estrecho de Ormuz continúa bloqueado –no lo estaba antes del comienzo de la guerra– y los precios se encuentran por las nubes. Sin embargo, más allá del impacto en los bolsillos el conflicto está provocando un efecto dominó en Oriente Medio. Y es que, los misiles de Irán y sus aliados siguen cayendo por toda la región, lo que ha llevado al resto de países a reconsiderar sus afinidades.

Bien está que el conflicto entre Estados Unidos y la República Islámica se ha estancando desde hace meses, aunque en los últimos días se han intensificado los ataques a petroleros en Ormuz. Sin embargo, el foco ahora está en Yemen. Allí, una ofensiva de los rebeldes hutíes a principios de septiembre ha cogido por sorpresa a sus enemigos: el gobierno oficial del país y Arabia Saudí.

En cuestión de semanas, Riad ha visto cómo su poderío militar en la región es incapaz de hacer frente a un grupo insurgente de un país vecino. Sus ataques contra el aeropuerto de la capital saudí han dejado un reguero de muertos. También la empresa petrolera estatal –que engloba en torno al 10% de la producción mundial– ha sido objetivo de los hutíes. Los rebeldes están golpeando donde más duele.

El nuevo frente ha puesto de manifiesto que la lógica de alianzas en Oriente Medio ha cambiado. El estatus de major non-NATO ally ("aliado importante no-OTAN") de Arabia Saudí da buena cuenta del lugar privilegiado de los saudíes en la red de socios de Washington. Al menos así era hasta ahora. Pero, cuando el príncipe heredero Mohamed bin Salmán pidió auxilio a Donald Trump para frenar los ataques hutíes, éste le cerró la puerta en las narices.

EEUU ni está ni se le espera

A lo largo de estos meses, Trump ha mostrado su incapacidad o, directamente, indiferencia hacia la protección de sus aliados en el Golfo. Este semana, una investigación de Reuters ha desvelado que los ataques de Irán y sus aliados han alcanzado 135 objetivos críticos para las cadenas de suministro energético en la región. Mientras los misiles llovían sobre sus socios, la Casa Blanca miraba hacia otro lado.

Washington estaba centrado en los ataques contra sus bases militares en la región, cuyos daños ha tratado de minimizar durante estos meses. Sin embargo, la cadena CBS reveló el pasado mes de septiembre imágenes que mostraban los daños generalizados y la destrucción en múltiples posiciones estadounidenses en todo Oriente Medio como resultado de los ataques.

Manifestación contra de Arabia Saudí en Sanaa, la capital de Yemen, controlada por los hutíes
Manifestación contra de Arabia Saudí en Sanaa, la capital de Yemen, controlada por los hutíes | EFE/EPA/YAHYA ARHAB

La sensación de abandono en los Estados del Golfo es generalizada. Se suponía que las bases estadounidenses eran su garantía de seguridad. En cambio, esas instalaciones han sido el principal motivo por el que han sufrido los ataques de Irán. Y la Casa Blanca no ha movido un dedo para evitarlos.

Ahora, con su no intervención para auxiliar a los saudíes, EEUU refuerza aún más esta percepción. En un análisis para el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, un think tank con sede en Washington, Michael Ratney lo explica así: "La reticencia de Estados Unidos a involucrarse alimenta la percepción de que ha abandonado a un socio en su momento de mayor necesidad. Mientras Arabia Saudí, su aliado, está siendo atacado, el presidente estadounidense le dice al mundo que no lo está ayudando". En este mismo análisis, sugiere que Riad buscará nuevos socios, como bien demuestra el reciente Pacto de la Meca.

Turquía y Pakistán al rescate

El pasado agosto Arabia Saudí, Pakistán y Turquía firmaron el Pacto de la Meca. Algunos analistas lo han definido como una "OTAN musulmana", bien está que solo lo componen tres países. Aunque en un primer momento los pakistaníes y los turcos se mostraron reacios a ayudar a Riad, finalmente han aceptado acudir en su auxilio. Tropas enviadas por Islamabad ya se encuentran en suelo saudí, mientras que en el caso de Ankara, el Parlamento turco debe dar el visto bueno.

Un acuerdo de este tipo pone a Irán en un lugar especialmente comprometido. Los saudíes son unos de sus principales rivales en la región. Sin embargo, el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, ha valorado la triple alianza como "un paso adelante" en la unión entre musulmanes, asegurando que su país está "listo" para participar en el proceso.

Prisioneros leales al Gobierno oficialista de Yemen liberados este sábado por los hutíes
Prisioneros leales al Gobierno oficialista de Yemen liberados este sábado por los hutíes | EFE/EPA/YAHYA ARHAB

Tras conocerse el acuerdo, el Institute for National Security Studies, un think tank israelí vinculado a la Universidad de Tal Aviv, analizó las implicaciones del pacto para Irán. Aunque el declive de la hegemonía militar estadounidense en la región es una pequeña victoria para la República Islámica, el acuerdo entraña riesgos. ¿Y si en un futuro supusiese una amenaza?

Fuentes iraníes consultadas por El Independiente se limitan a subrayar que el Pacto de la Meca es un acuerdo de defensa, no ofensivo. Además, señalan que Pakistán es un buen aliado de Teherán. No obstante, algunos análisis publicados en medios iraníes han cargado contra Islamabad, a quien acusan de estar jugando a dos bandas.

Las milicias hutíes de Yemen forman parte del Eje de Resistencia, la red de alianzas orquestada por Teherán contra EEUU, Israel y sus aliados. A su vez, son enemigos de Arabia Saudí, que apoya al Gobierno oficialista yemení, en guerra con los rebeldes desde hace más de una década. Así, Pakistán, amigo de los ayatolás, colabora ahora con los saudíes para acabar con los socios iraníes en la región.

El factor israelí

Quizás el elemento más complicado de encajar en la ecuación sea Israel. El periódico Haaretz ha revelado los supuestos planes de Benjamín Netanyahu para unirse a Arabia Saudí en los ataques contra los hutíes. El primer ministro israelí anda buscando la normalización de las relaciones con los saudíes desde hace tiempo. Sumarse a su ofensiva contra las milicias rebeldes sería un buen aliciente.

No obstante, el príncipe israelí se muestra reticente a dar este paso. Aunque Riad y Tel Aviv colaboren al margen de los canales oficiales, aunar a Netanyahu a su alianza contra los hutíes son palabras mayores. Las fuentes iraníes consultadas por este medio no creen que esto vaya a suceder. También descartan que la República Islámica acudiese en auxilio de los rebeldes de Yemen si Israel se uniese a los ataques. Están centrados en su propia guerra con EEUU.

Cartel en contra de Benjamín Netanyahu en el centro de Teherán
Cartel en contra de Benjamín Netanyahu en el centro de Teherán | EFE/EPA/ABEDIN TAHERKENAREH

Además, está la barrera de Turquía, con quien Israel mantiene una intensa rivalidad desde hace meses. Hasta el punto de que Netanyahu ha llegado a afirmar que este país "es el nuevo Irán". La pugna entre estos dos Estados tiene mucho que ver con Siria, donde el Gobierno de Recep Tayyip Erdoğan ha ido ganando influencia desde la llegada del islamista Ahmed al Sharaa al poder. Desde Tel Aviv ven la creciente cooperación entre Damasco y Ankara como una amenaza a sus intereses en los Altos del Golán, territorio sirio que ocupan desde hace dos años.

De hecho, el portal estadounidense Axios aseguró a principios de mes que el Gobierno sirio estaba barajando también la posibilidad de enviar tropas a Yemen a luchar contra los hutíes. Un movimiento sorpresa desmentido por Damasco, aunque siguen llegando informes que apuntan en esta dirección.

Así, mientras los combates se recrudecen en Yemen –donde los desplazados internos superan los 233.000, según la Organización Internacional para las Migraciones–, el juego continúa en el tablero geopolítico en Oriente Medio. El vació dejado por Washington está siendo aprovechado por las potencias regionales, aunque todavía no queda claro hacia dónde terminarán de realinearse estos nuevos intereses.

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