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La batalla abierta entre Netanyahu y el Ejército por la guerra contra Irán, el otro frente de las elecciones en Israel

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, junto al ministro de Defensa, Israel Katz (i), y el jefe del Ejército, el general Eyal Zamir (d)

Este martes Israel se enfrentaba a una elección histórica. El país ha acudido a las urnas para decidir si revalida a Benjamín Netanyahu al frente del gobierno o, si por el contrario, se abre una nueva etapa en la política israelí. Durante la campaña, el bloque de la oposición se ha centrado en atacar al primer ministro por sus fallos estratégicos en la guerra de Gaza y los casos de corrupción que tiene pendientes. Pero en las últimas horas se ha abierto un nuevo frente para Bibi. Nada menos que un enfrentamiento con el Ejército.

La raíz del conflicto estaría en Irán. La semana pasada, el Financial Times desveló que el primer ministro israelí estaba presionando para volver a atacar a la República Islámica. En aquel momento, el diario británico aseguró que Netanyahu habría ordenado al Ejército preparar una "gran ofensiva" a comienzos de este mes, que habría sido frenada por Donald Trump. Sin embargo, nuevas revelaciones apuntan a que el freno a los planes de Bibi habría llegado desde dentro.

El Canal 12, el más visto en el país y de tendencia centrista, ha desvelado que en los últimos días se ha producido un "enfrentamiento sin precedentes" entre el primer ministro y el jefe del Estado Mayor del Ejército, Eyal Zamir. ¿El motivo? Una instrucción de Netanyahu para una acción militar que habría podido provocar un recrudecimiento de las tensiones con Irán poco antes de las elecciones, según funcionarios de Defensa citados por la cadena. Estas fuentes no han especificado qué fue lo que ordenó el primer ministro.

Intento de retraso electoral

Según la prensa israelí, Zamir se habría negado a llevar a cabo dicha acción militar. Citando fuentes anónimas, el Canal 12 asegura que existía preocupación entre los líderes militares por un posible intento de la cúpula política de "utilizar la cuestión iraní para obtener beneficios políticos". De haberse reanudado la guerra con Irán, las elecciones se habrían visto suspendidas.

Fuentes iraníes consultadas por El Independiente confirmaron que la República Islámica se estaba preparando para este escenario. Y es que el conflicto con Teherán no es impopular entre sus votantes. Cuando se anunció el fin de los ataques en junio, más del 65% de los israelíes consideraba que detener la guerra no beneficiaba a los intereses de su país, según un estudio del Instituto Israelí para la Democracia.

La tensión entre Netanyahu y Zamir quedó al descubierto en una reunión celebrada el domingo, donde supuestamente el ambiente era "extremadamente tenso". Otros medios ya habían informado en los días anteriores de que el general veía innecesario atacar Irán antes de las elecciones. Aunque el primer ministro ha negado la veracidad de la información sobre su supuesto enfrentamiento con el jefe del Ejército, algunos medios han afirmado que Bibi lo cesará de su cargo si es reelegido primer ministro.

Nuevo traspié en las relaciones con el Ejército

La relación entre las Fuerzas de Defensa israelíes y el primer ministro se ha ido tensando durante las últimas semanas. Durante la campaña, Netanyahu ha llegado a culpar a los responsables de seguridad de no haberle despertado en la mañana de los ataques de Hamás del 7 de octubre. "¿Por qué no me despertaron? Porque sabían que yo, como primer ministro de Israel, habría ordenado inmediatamente poner a todo el ejército en alerta", aseguró en una entrevista.

No era la primera vez que el líder del Gobierno realizaba este tipo de declaraciones. En los días previos a los atentados de Hamás, Netanyahu escribió en X que "todos los funcionarios de seguridad, incluido el jefe de la inteligencia militar y el jefe del Shin Bet (la inteligencia interior)" estimaron que la milicia palestina no atacaría Israel. La indignación que desató este mensaje le obligó a borrarlo y a pedir disculpas.

En los últimos meses, varias investigaciones periodísticas han desvelado que el primer ministro recibió múltiples avisos de que Hamás planeaba lanzar un ataque a gran escala contra Israel, pero decidió ignorarlos. Las advertencias habrían llegado de países aliados en la zona, como Emiratos Árabes Unidos o Egipto, según estas informaciones.

Sara Netanyahu también metió la pata

Desde la oposición han aprovechado estas revelaciones para cargar duramente contra Netanyahu, al que señalan como responsable de la muerte de más de 1.200 personas. Otras 251 fueron capturadas y llevadas como rehenes a la Franja de Gaza. Sus rivales políticos anunciaron en septiembre que, de llegar al poder, abrirían una "comisión de investigación estatal que investigue los fallos que llevaron al desastre".

De hecho, varios líderes de la oposición se han desempeñado como altos cargos militares. Es el caso del líder de Yhasar, el general Gadi Eisenkot, ex jefe del Estado Mayor del Ejército. También Yair Golan, dirigente de Los Demócratas, es un mayor general de reserva. El 7 de octubre se dirigió al sur de Israel, donde rescató a varios supervivientes de los atentados. Un suceso que ha desembocado en otra polémica.

A comienzos de septiembre, la esposa del primer ministro, Sara Netanyahu, se refirió a que Golan fuese uno de los primeros en llegar al lugar de la tragedia. La primera dama aseguró que le hecho de que el líder opositor estuviese "vestido y preparado" al amanecer de ese día "mientras que los demás no sabían nada" prueba que Golan estaba al tanto de los planes de Hamas.

El líder de Los Demócratas ya ha demandado a Sara Netanyahu, que no se ha disculpado por esta polémica declaración, realizada en una entrevista al Canal 14, alineado con el Gobierno. Su opinión iba sintonía con las teorías conspirativas que circulan por Israel, donde el 63 % de los votantes de la coalición de gobierno creen que la traición interna fue la causa de los atentados.

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Claves de las elecciones en Israel, un país en guerra y con el futuro judicial de Netanyahu en juego

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu

Este martes Israel se enfrenta a una cita electoral que podría dar un vuelco a la política en Oriente Medio. Muchas cosas han pasado tanto a nivel interno como externo en el país durante los últimos cuatro años. Son las primeras elecciones desde el inicio de la guerra en Gaza y la ofensiva contra Irán, pero también desde la vuelta de Donald Trump a la Casa Blanca. En cambio, no son los primeros comicios a los que el primer ministro, Benjamín Netanyahu, se presenta en medio de un proceso judicial por presunta corrupción.

Más de siete millones de israelíes están llamados a las urnas este 27 de octubre. De ellos depende la continuidad del actual Ejecutivo o la apertura de un nuevo ciclo político en su país. Del resultado de las urnas saldrá la composición de la Knesset (Parlamento), que será la encargada de elegir al próximo gobierno. Sin embargo, no va a ser tarea fácil. La distancia entre el bloque oficialista y el de la oposición es muy ajustada, tanto que unos pocos escaños lo decidirán todo.

El pactómetro

Las encuestas arrojan un panorama muy complicado para formar gobierno. Según el Canal 11 (la televisión pública israelí), la coalición de Netanyahu obtendría 50 escaños en la Knesset, mientras que el bloque opositor gana solo dos puestos más. Quedarían 18 asientos para los "no alineados" de los 120 que componen el Parlamento.

El principal rival del primer ministro es el líder de Yashar, el general Gadi Eisenkot. Ex jefe del Estado Mayor del Ejército israelí, sus críticas a los fallos estratégicos de Netanyahu tras los ataques del 7 de octubre de 2023 le han valido una gran popularidad entre los israelíes. La mayoría de las encuestas le dan entre 20 y 22 diputados, muy lejos de los 61 que confieren la mayoría absoluta. Es aquí cuando entra en acción el juego de alianzas.

Junto a Eisenkot, en el bloque de la oposición está Juntos, el partido de Yair Lapid y Naftali Bennett, ambos ex primeros ministros. Al igual que Yashar, su formación se ubica en el centroderecha liberal. A ellos se unen Los Demócratas de centroizquierda e Israel Beitenu, un partido nacionalista y laico.

El bloque oficialista lo lidera el Likud, el partido de Netanyahu. Su alianza la integran una amalgama de partidos que ven desde el judaísmo ultraortodoxo del Shas a la extrema derecha de Otzma Yehudit, la formación del polémico ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir. Les unen sus posiciones ultraconservadoras y sionistas.

Los partidos árabes serán determinantes

Las encuestas de los medios más conservadores le dan la mayoría absoluta al bloque de Netanyahu. Sin embargo, el sondeo más reciente publicado por el Canal 12 –el más visto en Israel, de tendencia centrista–, revela que ninguna de las coaliciones llega a la mayoría absoluta. La oposición sacaría 56 escaños, seis más que los partidos agrupados en torno al primer ministro.

Si los cálculos del Canal 12 son ciertos, quedan otros 14 escaños a repartir y ninguno iría a los partidos integrados en las dos coaliciones. Según esta encuesta, la Lista Conjunta, una coalición de varios partidos árabes, obtendría nueve diputados. Los otros cinco restantes irían para el Ra'am (UAB), otro partido árabe. Así, todo apunta a que la gobernabilidad de Israel quedará en manos de estas dos formaciones.

Cabe recordar que el Likud, el partido de Netanyahu, intentó impedir que estas formaciones pudiesen concurrir a las elecciones, bajo la premisa de que apoyan la lucha armada de Hamás contra Israel. En un primer momento, la Corte Electoral aceptó la petición. Sin embargo, el Tribunal Supremo israelí acabó anulando esta decisión y levantó el veto contra los partidos árabes.

"Regateos" para formar gobierno

En Israel, forma gobierno la coalición que obtiene más "síes" que "noes" en la Knesset. En el caso de que el bloque de la oposición se hiciese con la ventaja, necesitaría que, al menos, los partidos árabes se abstuviesen durante la votación. Estos les colocará en una posición privilegiada para sacar concesiones del futuro gobierno.

Aun así, otras fuerzas podrían tener la llave del gobierno. En Israel, solo aquellos partidos partidos que logren el 3,5% de los votos entran al Parlamento. De tal manera que unas pocas papeletas pueden modificar radicalmente el reparto de escaños. Ahora mismo, hay un tercera formación no alineada con ninguna de las dos coaliciones en el umbral de acceso: Los Reservistas. Es un partido de centro-derecha, enfocado principalmente en el servicio militar universal que incluya a los ultraortodoxos, que ahora mismo están exentos. El viernes, al cierre de las encuestas, algunas lo dejaban fuera de la Knesset, pero otras lo situaban dentro del Parlamento.

"Son unas elecciones muy reñidas, una carrera muy ajustada entre dos bandos opuestos", resume Kawa Hassan, experto en Oriente Próximo y norte de África del centro de análisis Stimson. Este analista ve posible que unos comicios tan apretados terminen en "un punto muerto" de bloqueo institucional. Por eso, vaticina que el gobierno que salga de las urnas dependerá de "regateos y negociaciones" entre distintas facciones, que podrían extenderse durante varios meses.

Netanyahu, a un paso del banquillo

Una victoria de la oposición implicaría la salida de Netanyahu del poder después de cuatro años al frente del gobierno. En total han sido 19 años dirigiendo el país –con periodos intermedios en la oposición–, el mandato más largo en la historia de Israel. Supondría un cambio de época. Pero también complicaría el futuro judicial del hasta ahora primer ministro israelí.

Desde 2020, Netanyahu está enfrascado en un juicio por corrupción. En total son tres causas, en las que se le acusa de soborno, fraude y abuso de confianza. Ahora mismo, el Tribunal de Distrito de Jerusalén está escuchando los testimonios de los testigos, después de que el primer ministro terminase de declarar a comienzos de verano.

Su posición como jefe del Ejecutivo no le confiere inmunidad, pero sí influencia política. Así, su salida del gobierno le complicaría la posibilidad de presionar para recibir un indulto del presidente israelí, Isaac Herzog. Varios líderes de la oposición han dejado clara su negativa a que Netanyahu sea perdonado. Si llegasen al gobierno, Bibi lo tendría complicado para esquivar la cárcel –en el caso de ser hallado culpable–. Se enfrenta a una condena de más de diez años de prisión.

A esto se suma que la oposición ha anunciado que, de llegar al poder, iniciarán una "comisión de investigación estatal" sobre los atentados del 7 de octubre. Diversas investigaciones periodísticas han revelado que Netanyahu recibió varios avisos desde países vecinos que alertaban de las intenciones de Hamás, pero el primer ministro ignoró estas advertencias. Sus rivales políticos han aprovechado estas informaciones para cargar duramente contra su papel en el peor atentado terrorista de la historia de Israel.

Poco cambio para Palestina

La elección de este martes se ve muy distinta desde dentro y fuera de Israel. En el interior del país, la devastación provocada en Gaza no preocupa especialmente. Pero, de los 7,3 millones de israelíes llamados a las urnas, 810.000 viven en el exterior, el 11% del censo. En Israel no está permitido el voto por correo, así que solo los que viajen hasta allí podrán votar este 27 de octubre. Algunos analistas creen que estas personas, expuestas a los mensajes contrarios a la política del Estado hacia los palestinos, podrían decantar la balanza a favor de la oposición.

Sin embargo, no queda claro que Eisenkot y sus aliados vayan a adoptar una postura radicalmente opuesta a la del actual gobierno. "No creo que debamos esperar ninguna diferencia fundamental", matiza Hassan. Consultado por El Independiente acerca de la visión de la oposición sobre la población palestina, el experto del Stimson Center cree que el general podría ser "algo más condescendiente" ante la presión internacional y permitir la entrada de más ayuda en la Franja de Gaza. También se podría mostrar más dispuesto a frenar "de algún modo" la violencia de los colonos en Cisjordania, para evitar más sanciones de los países occidentales.

Sin embargo, el analista recuerda que, cuando era el jefe de la Fuerzas Armadas, Eisenkot fue el creador de la "Doctrina Dahiya". Impulsada durante la guerra contra el Líbano en 2006, se trata de una estrategia basada en el uso de la fuerza desproporcionada contra de la población civil. Es la que se ha usado en Gaza estos tres últimos años.

Hassan tampoco cree que vaya a haber grandes cambios en la diplomacia regional. "Es probable que Eisenkot sea, al menos retóricamente, menos agresivo, pero en el fondo tampoco aprecio ninguna diferencia en las relaciones con Irán o con Hizbulá", sentencia.

Dos visiones distintas sobre Israel

¿Qué se juegan los israelíes en estas elecciones? El analista del Stimson Center cree que los comicios son especialmente "trascendentales" para el componente judío de la sociedad israelí, que representa cuatro quintas partes de la población. Así, a nivel interno, los votantes deberán elegir entre "dos visiones diferentes" de Estado.

Por un lado, está la derecha nacionalista ultrarreligiosa liderada por Netanyahu. Es, según Hassan, "la coalición más derechista en la historia de Israel". En el otro extremo, el bloque opositor, en sintonía con políticas laicas y que busca la rendición de cuentas de Netanyahu y todos aquellos que colaboraron en su gestión del 7 de octubre. Pero también se entremezclan otras cuestiones, como las reformar judiciales o la exención de los ultraortodoxos del servicio militar.

Desde el exterior, estas elecciones se ven como una batalla entre el centro-derecha y la extrema derecha. No obstante, tal y como subraya el experto: "En términos de las dinámicas sociopolíticas internas dentro de la sociedad judía israelí, estas elecciones son fundamentales respecto a las dos ideas diferentes sobre el futuro de Israel como Estado". Sin embargo, el reducido margen entre los dos bloques apunta a que la sociedad israelí se enfrentará a un punto muerto tras las elecciones.

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